domingo, 1 de julio de 2012

EL PAÍS DE LA ETERNA FELICIDAD



El Sr. Rajoy se nos presenta habitualmente sonriente y seguro de sí mismo. El Sr. Hollande acaba de comenzar su trayectoria al frente de la poderosa Francia, no podemos saber, independientemente de que muestre tener ideas más afines a la derechona mundial o más moderadamente socialistas, si dará esa talla de estadista que Europa precisa con urgencia. Llama sin embargo la atención, el hecho de que al igual que Rajoy, todos los dirigentes europeos, salvo quizás el presidente de la Comisión Sr. Barroso, aparecen generalmente en las fotos de prensa con amplias sonrisas en medio del actual desastre y el Sr. Hollande por ahora aparece más bien con aspecto de preocupación y escasas sonrisas de pura circunstancia a la hora de saludar. Es un dato ligero, pero es un dato a tener en cuenta. Y otro dato es que en sus declaraciones parece no saberse poseedor de infalibilidad papal, cosa que le diferencia mucho de ese conjunto de grandes infalibles mundiales que casi podría presidir nuestro querido Sr. Rajoy, o su antecesor Zapatero.
Y el Sr. Rajoy y sus amigos, los insignes próceres europeos, arman un gran follón cada vez que se reúnen. Parece que van a tomar decisiones trascendentales, que tras cada cumbre amanecerá una nueva Europa, cada cumbre se autoproclama como decisiva, olvidando que las veintiocho anteriores también se definieron de esta guisa. Y cada cumbre considera que ha conseguido un gran triunfo, pero olvida que a un demasiado elevado precio. El triunfo consiste habitualmente en retrasar unos meses el desastre que nos amenaza, el fracaso en que el “vuelva usted mañana” que con tanto acierto nos han copiado acelera cada vez más la marcha hacia ese inevitable desastre. El problema a resolver no es el de qué hacer y qué decisiones tomar por estos grandes dirigentes, sino el de hasta cuando podrán mantener el inmenso edificio de cartón piedra en el que se asientan sus desordenadas decisiones.
Cabe creer en dos posibilidades que puedan darse en estado puro o mestizo. Que saben perfectamente lo que está pasando y pretenden engañar a todo el mundo excepto a sus más íntimos amigos del agiotismo y la banca, que no tienen ni idea de lo que está pasando y viven entre la más inmediata convocatoria electoral parcial y el despiste más absoluto o, lo que parece lo más probable, que no están dispuestos bajo ningún concepto a aceptar que saben lo que pasa pero que no pueden decirlo, y por tanto necesariamente han de creerse lo que nos cuentan. No que hacen como que se lo creen, sino que realmente se lo creen.
Y de qué nos quieren convencer cuando lo que pasa es transparente: nadie podrá pagar nunca la totalidad de las cantidades que unos, otros, y casi todos, han firmado que deben a terceros. No hay, no existe, dinero en el mundo para cubrir la totalidad de esos pagos. Más aún, no existen bienes en el mundo que aunque se imprimieran miles de millones de billetes de banco por los bancos centrales dominantes, puedan cubrir materialmente la totalidad de esas deudas.
Si se imprimieran esos miles de millones, como hacen los EEUU por ejemplo, sin bienes reales que los respalden, el resultado es bien conocido, ese dinero vale cada vez menos, los precios de los objetos a comprar o vender en ese dinero, en consecuencia, suben cada vez más para compensar lo menos que vale ese dinero, y la situación no sólo no mejora sino que empeora más gravemente todavía cada vez más para sectores cada vez mayores, mientra sectores cada vez menores sufren el pánico de verse en primera fila de la inmediata caída. Y mientras, unos pocos, cada vez muchos menos, ven incrementarse sus carteras a costa de todos los otros.
Y es que hay sólo tres razones que nos permitan saber cómo no pagar las deudas firmadas y reconocidas: por no darle la gana al acreedor y poder darse el lujo de no pagar sin esperar represalias, lo que es el caso de tramposos, liantes y chorizos con poder, por no estar nada claro qué es lo que se debe y a cambio de qué, lo que es el caso de los estafados y engañados, y porque simplemente no se tenga el dinero para pagarlas, lo que de principio elimina cualquier otro razonamiento si es ese el caso.
Ya explicamos en otro artículo de este blogg que en medio del pasado bum económico todo el que quisiera pedirlo recibía dinero de los bancos a intereses muy bajos y plazos muy largos y que estos bancos lo pedían prestado a su vez a fondos, agiotistas y especuladores internacionales incontrolables y que estos últimos y sus bancos y fondos soberanos, simplemente se limitaban a escribir en un papel tantos y cuantos millones de dólares o euros, pero que tampoco los tenían. Era una nada fragmentada cuidadosamente y adobada con objetos reales de mayor o menor valor, paquetes que en vez de sentirse capitidisminuidos con su parte de nada, se engordaban mágicamente con esa parte absurda de nada, nadas que algunos simplones y muchos cínicos dieron en llamar nada menos que confianza.
La conclusión es simple, aunque todos los poderes reales del mundo y sus altos dirigentes se vean obligados a decir que no lo saben: nada respalda una enorme proporción de los miles de millones de deudas pendientes que circulan por el mundo, pero sólo algunos, muy, muy poderosos, están en condiciones de exigir que se les pague a cambio de esos absurdos papelitos que ponen tantos y cuantos millones, porque en la letra pequeña de esos papelitos ponía que quedaban pignorados a nombre de los acreedores los bienes más valiosos de los ciudadanos de cada país: casas, carreteras, puertos, industrias, trenes, etc., y eso conlleva un peligro excesivo: que si se pierden esos bienes, teóricamente de los ciudadanos de cada país, pero en realidad de los grandes empresarios, de los promotores urbanísticos y de los banqueros de ese mismo país, la ciudadanía decida defender su supuesta y necesaria propiedad y eso les cause problemas irresolubles a los poderosos, problemas que si un día les empieza a fallar la policía pueden ser de muy trágicas consecuencias, y lo de Grecia es una broma comparado con lo que pudiera suceder en Italia, España o –no digamos- Francia.
Pero cada país tiene su idiosincrasia. Lo de Francia es siempre algo a tener muy seriamente en cuenta, ya que las revoluciones de verdad tienen por norma triunfar o fracasar precisamente en Francia. Lo de Italia es también digno de tener en cuenta porque allí se entremezclan algunas de las estructuras más ancestralmente poderosas de Europa y del mundo: la Iglesia Católica, mafias, altas finanzas, y sus lazos llegan a todo el mundo sin que se note demasiado, no en vano Suiza es su principal frontera.
Cosa aparte es el país de la eterna felicidad, también llamado España, el país de qué hay de lo mío, el de no sabe usted con quien está usted hablando, el de deje usted el asunto en mis manos y no tiene usted de qué preocuparse que yo tengo muy buenos amigos, etc., etc. etc.
Todo eso favorece al poder, ya que los bancos, los promotores urbanísticos, los grandes empresarios y los propietarios de las sicav, cuentan con el mejor aliado posible: una sociedad profundamente corrompida tras cuarenta años de dictadura franquista y treinta y cuatro de democracia descafeinada. Una sociedad incívica, inculta, partidaria fervorosa de la pequeña o no tan pequeña trampa, del engaño, de la triquiñuela, del favoritismo, del servilismo más mezquino.
Así frente a unos políticos que tienen por norma mentir descaradamente, y entre los que el saqueo de las arcas públicas es excesivamente habitual, y que se reparten las prebendas del poder escondiéndose de la ciudadanía tras pedirles y conseguir el voto ciudadano, encontramos miles y miles de ciudadanos que buscan su hueco a codazos en las filas del pequeño poder, del favor del alcalde, del enchufe del presidente de la diputación provincial, del apoyo amistoso del director de la agencia local de tal o cual banco, del registrador de la propiedad, del notario, del cabo comandante de la guardia civil, o del interventor municipal.
Y el pequeño director de agencia local del banco tiene como misión sonreír a los abuelos que han vendido un terrenito a una promotora, y a los que deberá convencer para que entreguen ese dinero al banco a cambio de un papel confuso y engañoso que les hará perder al cabo de pocos años ese dinero que, por cierto, el mismo banco había prestado al promotor y con el que el promotor pago el terreno de esos abuelos cuando fueron convencidos por sus hijos de que vendieran de una vez la vieja casa y la vieja huerta en que habían vivido toda la vida, y que en realidad esos hijos lo que pretendían era aprovechar ellos ese dinero y meter a los padres en la residencia en vez de tenerles en casa molestando todo el día. En fin, demasiada gente de acuerdo, todos dispuestos a meter la cuchara en un sencillo guiso que era sólo de los estafados y olvidados abuelos.
Ahora esos estafados hijos y abuelos, se indignan y son llamados a asociarse para exigir responsabilidades a Rato, a Oliva, a Bielsa, a los directivos de la CAM, que tienen todas las papeletas para esquivar tales responsabilidades penales y civiles, y a esos estafados hijos y abuelos no se les ocurre poner una querella criminal contra el simpático director de la agencia local del banco que es quien por una pequeña prima que le daban sus jefes por cada abuelo engañado, habían estafado directamente a sus cándidos y a veces agoniosos convecinos, lo que no quitaría la necesaria persecución de los Rato y los Bielsa, y además la animaría bastante.
Claro que a la vez se descubre que banqueros, policías corruptos, funcionarios del INEM, empresas de seguros y otras buenas gentes, tenían montada una red de venta de datos privados de decenas de miles de ciudadanos, y que esta red sacaba de un buen puñado de funcionarios de base corruptos los datos útiles para desangrar un poco más a los ciudadanos, y los vendían por medio de agencias de detectives y expolicías corruptos a los bancos y las aseguradoras, y que gracias a esos datos obtenidos de forma ilegal pero ciertos, miles de ciudadanos pueden ser desahuciados, ver su sueldo secuestrado por jueces y bancos, y ver a sus familias o a sus pequeños negocios o comercios destruidos para engordar a esos mismos bancos.
Y esas redes sociales gigantescas de directores de agencias locales de banco, vendedores de apartamentos en condiciones oscuras, traficantes de datos privados y funcionarios corruptos, resultan difícilmente perseguibles, porque nada es más corrupto en el país de la eterna felicidad que el propio sistema judicial.
Con estos mimbres van nuestros grandes dirigentes a Bruselas y Washington a resolvernos los problemas. Estamos aviados, y desde luego con tales mimbres tenemos para muy largo. Esta ciudadanía será paciente en los dos sentidos de la palabra paciente.