El Sr.
Rajoy se nos presenta habitualmente sonriente y seguro de sí mismo. El Sr.
Hollande acaba de comenzar su trayectoria al frente de la poderosa Francia, no
podemos saber, independientemente de que muestre tener ideas más afines a la
derechona mundial o más moderadamente socialistas, si dará esa talla de
estadista que Europa precisa con urgencia. Llama sin embargo la atención, el
hecho de que al igual que Rajoy, todos los dirigentes europeos, salvo quizás el
presidente de la Comisión Sr.
Barroso, aparecen generalmente en las fotos de prensa con amplias sonrisas en
medio del actual desastre y el Sr. Hollande por ahora aparece más bien con
aspecto de preocupación y escasas sonrisas de pura circunstancia a la hora de
saludar. Es un dato ligero, pero es un dato a tener en cuenta. Y otro dato es
que en sus declaraciones parece no saberse poseedor de infalibilidad papal,
cosa que le diferencia mucho de ese conjunto de grandes infalibles mundiales
que casi podría presidir nuestro querido Sr. Rajoy, o su antecesor Zapatero.
Y el
Sr. Rajoy y sus amigos, los insignes próceres europeos, arman un gran follón
cada vez que se reúnen. Parece que van a tomar decisiones trascendentales, que
tras cada cumbre amanecerá una nueva Europa, cada cumbre se autoproclama como
decisiva, olvidando que las veintiocho anteriores también se definieron de esta
guisa. Y cada cumbre considera que ha conseguido un gran triunfo, pero olvida
que a un demasiado elevado precio. El triunfo consiste habitualmente en
retrasar unos meses el desastre que nos amenaza, el fracaso en que el “vuelva
usted mañana” que con tanto acierto nos han copiado acelera cada vez más la
marcha hacia ese inevitable desastre. El problema a resolver no es el de qué
hacer y qué decisiones tomar por estos grandes dirigentes, sino el de hasta
cuando podrán mantener el inmenso edificio de cartón piedra en el que se
asientan sus desordenadas decisiones.
Cabe
creer en dos posibilidades que puedan darse en estado puro o mestizo. Que saben
perfectamente lo que está pasando y pretenden engañar a todo el mundo excepto a
sus más íntimos amigos del agiotismo y la banca, que no tienen ni idea de lo
que está pasando y viven entre la más inmediata convocatoria electoral parcial
y el despiste más absoluto o, lo que parece lo más probable, que no están
dispuestos bajo ningún concepto a aceptar que saben lo que pasa pero que no
pueden decirlo, y por tanto necesariamente han de creerse lo que nos cuentan.
No que hacen como que se lo creen, sino que realmente se lo creen.
Y de
qué nos quieren convencer cuando lo que pasa es transparente: nadie podrá pagar
nunca la totalidad de las cantidades que unos, otros, y casi todos, han firmado
que deben a terceros. No hay, no existe, dinero en el mundo para cubrir la totalidad
de esos pagos. Más aún, no existen bienes en el mundo que aunque se imprimieran
miles de millones de billetes de banco por los bancos centrales dominantes,
puedan cubrir materialmente la totalidad de esas deudas.
Si se
imprimieran esos miles de millones, como hacen los EEUU por ejemplo, sin bienes
reales que los respalden, el resultado es bien conocido, ese dinero vale cada
vez menos, los precios de los objetos a comprar o vender en ese dinero, en
consecuencia, suben cada vez más para compensar lo menos que vale ese dinero, y
la situación no sólo no mejora sino que empeora más gravemente todavía cada vez
más para sectores cada vez mayores, mientra sectores cada vez menores sufren el
pánico de verse en primera fila de la inmediata caída. Y mientras, unos pocos,
cada vez muchos menos, ven incrementarse sus carteras a costa de todos los
otros.
Y es
que hay sólo tres razones que nos permitan saber cómo no pagar las deudas
firmadas y reconocidas: por no darle la gana al acreedor y poder darse el lujo
de no pagar sin esperar represalias, lo que es el caso de tramposos, liantes y
chorizos con poder, por no estar nada claro qué es lo que se debe y a cambio de
qué, lo que es el caso de los estafados y engañados, y porque simplemente no se
tenga el dinero para pagarlas, lo que de principio elimina cualquier otro
razonamiento si es ese el caso.
Ya
explicamos en otro artículo de este blogg que en medio del pasado bum económico
todo el que quisiera pedirlo recibía dinero de los bancos a intereses muy bajos
y plazos muy largos y que estos bancos lo pedían prestado a su vez a fondos,
agiotistas y especuladores internacionales incontrolables y que estos últimos y
sus bancos y fondos soberanos, simplemente se limitaban a escribir en un papel
tantos y cuantos millones de dólares o euros, pero que tampoco los tenían. Era
una nada fragmentada cuidadosamente y adobada con objetos reales de mayor o
menor valor, paquetes que en vez de sentirse capitidisminuidos con su parte de
nada, se engordaban mágicamente con esa parte absurda de nada, nadas que
algunos simplones y muchos cínicos dieron en llamar nada menos que confianza.
La
conclusión es simple, aunque todos los poderes reales del mundo y sus altos
dirigentes se vean obligados a decir que no lo saben: nada respalda una enorme
proporción de los miles de millones de deudas pendientes que circulan por el
mundo, pero sólo algunos, muy, muy poderosos, están en condiciones de exigir
que se les pague a cambio de esos absurdos papelitos que ponen tantos y cuantos
millones, porque en la letra pequeña de esos papelitos ponía que quedaban
pignorados a nombre de los acreedores los bienes más valiosos de los ciudadanos
de cada país: casas, carreteras, puertos, industrias, trenes, etc., y eso
conlleva un peligro excesivo: que si se pierden esos bienes, teóricamente de
los ciudadanos de cada país, pero en realidad de los grandes empresarios, de los
promotores urbanísticos y de los banqueros de ese mismo país, la ciudadanía
decida defender su supuesta y necesaria propiedad y eso les cause problemas
irresolubles a los poderosos, problemas que si un día les empieza a fallar la
policía pueden ser de muy trágicas consecuencias, y lo de Grecia es una broma
comparado con lo que pudiera suceder en Italia, España o –no digamos- Francia.
Pero
cada país tiene su idiosincrasia. Lo de Francia es siempre algo a tener muy
seriamente en cuenta, ya que las revoluciones de verdad tienen por norma
triunfar o fracasar precisamente en Francia. Lo de Italia es también digno de
tener en cuenta porque allí se entremezclan algunas de las estructuras más
ancestralmente poderosas de Europa y del mundo: la Iglesia Católica, mafias, altas
finanzas, y sus lazos llegan a todo el mundo sin que se note demasiado, no en
vano Suiza es su principal frontera.
Cosa
aparte es el país de la eterna felicidad, también llamado España, el país de
qué hay de lo mío, el de no sabe usted con quien está usted hablando, el de deje
usted el asunto en mis manos y no tiene usted de qué preocuparse que yo tengo
muy buenos amigos, etc., etc. etc.
Todo
eso favorece al poder, ya que los bancos, los promotores urbanísticos, los
grandes empresarios y los propietarios de las sicav, cuentan con el mejor
aliado posible: una sociedad profundamente corrompida tras cuarenta años de
dictadura franquista y treinta y cuatro de democracia descafeinada. Una
sociedad incívica, inculta, partidaria fervorosa de la pequeña o no tan pequeña
trampa, del engaño, de la triquiñuela, del favoritismo, del servilismo más
mezquino.
Así
frente a unos políticos que tienen por norma mentir descaradamente, y entre los
que el saqueo de las arcas públicas es excesivamente habitual, y que se
reparten las prebendas del poder escondiéndose de la ciudadanía tras pedirles y
conseguir el voto ciudadano, encontramos miles y miles de ciudadanos que buscan
su hueco a codazos en las filas del pequeño poder, del favor del alcalde, del
enchufe del presidente de la diputación provincial, del apoyo amistoso del
director de la agencia local de tal o cual banco, del registrador de la
propiedad, del notario, del cabo comandante de la guardia civil, o del
interventor municipal.
Y el
pequeño director de agencia local del banco tiene como misión sonreír a los
abuelos que han vendido un terrenito a una promotora, y a los que deberá
convencer para que entreguen ese dinero al banco a cambio de un papel confuso y
engañoso que les hará perder al cabo de pocos años ese dinero que, por cierto, el
mismo banco había prestado al promotor y con el que el promotor pago el terreno
de esos abuelos cuando fueron convencidos por sus hijos de que vendieran de una
vez la vieja casa y la vieja huerta en que habían vivido toda la vida, y que en
realidad esos hijos lo que pretendían era aprovechar ellos ese dinero y meter a
los padres en la residencia en vez de tenerles en casa molestando todo el día. En
fin, demasiada gente de acuerdo, todos dispuestos a meter la cuchara en un
sencillo guiso que era sólo de los estafados y olvidados abuelos.
Ahora
esos estafados hijos y abuelos, se indignan y son llamados a asociarse para
exigir responsabilidades a Rato, a Oliva, a Bielsa, a los directivos de la CAM, que tienen todas las
papeletas para esquivar tales responsabilidades penales y civiles, y a esos
estafados hijos y abuelos no se les ocurre poner una querella criminal contra
el simpático director de la agencia local del banco que es quien por una
pequeña prima que le daban sus jefes por cada abuelo engañado, habían estafado
directamente a sus cándidos y a veces agoniosos convecinos, lo que no quitaría
la necesaria persecución de los Rato y los Bielsa, y además la animaría
bastante.
Claro
que a la vez se descubre que banqueros, policías corruptos, funcionarios del
INEM, empresas de seguros y otras buenas gentes, tenían montada una red de
venta de datos privados de decenas de miles de ciudadanos, y que esta red
sacaba de un buen puñado de funcionarios de base corruptos los datos útiles
para desangrar un poco más a los ciudadanos, y los vendían por medio de
agencias de detectives y expolicías corruptos a los bancos y las aseguradoras,
y que gracias a esos datos obtenidos de forma ilegal pero ciertos, miles de
ciudadanos pueden ser desahuciados, ver su sueldo secuestrado por jueces y
bancos, y ver a sus familias o a sus pequeños negocios o comercios destruidos
para engordar a esos mismos bancos.
Y esas
redes sociales gigantescas de directores de agencias locales de banco,
vendedores de apartamentos en condiciones oscuras, traficantes de datos
privados y funcionarios corruptos, resultan difícilmente perseguibles, porque nada es más
corrupto en el país de la eterna felicidad que el propio sistema judicial.
Con
estos mimbres van nuestros grandes dirigentes a Bruselas y Washington a
resolvernos los problemas. Estamos aviados, y desde luego con tales mimbres
tenemos para muy largo. Esta ciudadanía será paciente en los dos sentidos de la
palabra paciente.
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