jueves, 20 de abril de 2023

LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO 

 

Mirando muy de cerca los cambios parecen bruscos y tremendos, pero cuando nos alejamos vemos una lógica que a primera vista se escapaba. Los frentes no están especialmente definidos, a veces sus límites son difusos aunque el perfil de los grandes bloques aparece claro como grandes conjuntos.

La OTAN parece un bloque claro, pero incluye a una Turquía con cierto grado de indefinición, y deja fuera en Europa a Austria, Irlanda, Suiza, Serbia, Bosnia y Herzegovina, Kósovo, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Moldavia y en el límite europeo a Malta y Chipre, y obviamente Ucrania. Naturalmente excluye a la Federación Rusa y a Bielorrusia. La mayoría de ellos mantienen algún tipo de tratado de colaboración más o menos difuso con la OTAN.

Y al Este y al Sur se ha formalizado recientemente el AUKUS, tratado militar formado por Reino Unido, EEUU y Australia, por el cual este último pasa a engrosar el grupo de naciones con armamento nuclear propio. En la misma zona, al norte, Japón y Corea del Sur tienen sus propios tratados militares con EEUU mucho más sólidos que si aparecieran integrados en cualquier organización mayor. De hecho en la recién pasada cumbre OTAN estuvieron presentes como invitados los primeros ministros de Japón, Corea del Sur y Australia.

El mundo ha cambiado ya. Desde principios de siglo el grupo llamado BRICS, compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, representa las grandes economías emergentes. A este grupo se están sumando los ahora llamados MINT, México, Indonesia, Nigeria y Turquía, y el BRICS está negociando la integración de Irán y Argentina. Son en total las grandes economías emergentes. Prácticamente entre unos y otros dos tercios de la población mundial, casi la mitad del PIB mundial y la red comercial más grande hasta ahora existente.

Y esta red tiene un nombre: la Nueva Ruta de la Seda, esencialmente lo mismo que la llamada BRI, Belt & Road Initiative, Una iniciativa china que ha trastocado los fundamentos de la economía y el comercio mundial. Lo que Estados Unidos llama un gravísimo peligro y el resto del mundo una oportunidad.

Esencialmente es el proyecto de un conjunto de comunicaciones terrestres y algunas marítimas que pondrían en relación fácil, directa y rápida a la mayor parte de países del mundo, incluyendo a los de la UE e incluso a los países de Norteamérica, pero para la cual estos últimos no son necesarios.

La red incluye grandes trazados de ferrocarril y autopistas entre la costa china del Pacífico y Europa occidental, con grandes ramificaciones al sudeste asiático, el Golfo Pérsico, el cuerno de África, cubre todo el Asia Central y tiene su centro real, justo como hace mil años, en estos países y en la gigantesca Rusia. La propuesta considera la posibilidad de atravesar el Estrecho de Bering y conectar EEUU y Canadá, y desde el sur plantea crear una enorme red transpacífica que abarcaría Chile, Perú, Ecuador, Colombia, las repúblicas centroamericanas y México. Y desde allí el Caribe y los grandes países de la costa atlántica. Y es sólo una red de comunicaciones y tráfico comercial, no una alianza política o militar. Y de esta red ferroviario-marítima hay un núcleo clave que es Asia Central. El proyecto en desarrollo INSTC, International North South Transport Corridor, Unirá San Petersburgo en el Báltico con Mumbay en la India, el Euroasian Land Bridge une los puertos del pacífico de China con los nodos de comunicación ferroviarios en el Asia Central enlazando y atravesando las rutas de todas las antiguas repúblicas soviéticas, y Turquía, y llegando igualmente a la India, Irán y en el otro extremo la red rusa de ferrocarril, y actualmente el proyecto de la vía Khaf-Herat pone todo Afganistán en relación directa con las redes iraníes. Este último fue bloqueado hace un par de años por los EEUU al incluirlo en las sanciones a Irán y actualmente está en pleno desarrollo.             

Y la clave es saber quién está dispuesto a financiar esta nueva red mundial, porque sólo un país lo está haciendo ampliamente: China, y a China no le preocupa demasiado si se desarrolla en tres, cuatro, diez o treinta años, sino que se está desarrollando de forma continuada e imparable.

Pero la otra clave del futuro está en África. La población de África era en 1960 de 275 millones, en 1990 de 640 millones y en 2022 de 1.400 millones. Ha pasado de ser el 9% del total mundial al 20%, en poco más de medio siglo. La previsión es de creciente incremento. El 40% de nacimientos en el mundo se produce actualmente en África. Este crecimiento no tiene parangón ni con el de Latinoamérica, ni con el de Asia, y además es el contrario al de Europa. En EEUU el crecimiento entre 1960 y 2020 ha representado pasar de 180 millones de habitantes a 330 millones, pero de estos últimos 50 millones son inmigrantes que carecen de nacionalidad norteamericana. La población mundial actual se estima en 7.300 millones.

Y las comunicaciones no son ya puramente mecánicas, son fundamentalmente tecnológicas, y las lidera China con su control del 5G, que marcha por delante de las tecnologías de la UE y USA que no tienen más remedio que sujetarse a la tecnología implementada por China.

Además, también ha sufrido grandes cambios la economía financiera actualmente, ya que desde los tiempos de Nixon el valor de los intercambios comerciales y financieros se respalda por la nada, por el supuesto valor en la confianza del dólar, que efectivamente ha sido fiable hasta ahora y que ya va presentando demasiadas desconfianzas. Nadie pretende volver al patrón oro, pero, por si las moscas, todos pretenden acumular los mayores depósitos posibles de oro, y una muy importante parte de los principales productores de oro, salvando a EEUU, Australia y Canadá, son precisamente los países BRICS, especialmente China y Rusia, que en la actualidad son los mayores extractores de oro en el mundo. Y como la nada, divinizada en supuesta confianza, mantenía el valor del comercio y las finanzas en el mundo, China que posee la más alta cantidad de deuda en dólares de todo el planeta ha empezado a considerar que esa deuda vale tanto como unos papeles firmados por el tesoro norteamericano diciendo que vale todo lo que pone que vale, y en consecuencia sabiendo que nunca podrán cobrar a sus deudores tales cantidades imaginarias, están estudiando cómo se derrumba el patrón dólar y se abre una nueva etapa en la que el dólar no contará más que por lo que realmente valga, y no por lo que digan en la Reserva Federal que vale. No olvidemos que la Reserva Federal, como la mayoría de los bancos centrales del mundo son empresas privadas, creadas simplemente por la banca de cada país para responder a las necesidades de estabilidad que la banca exige para funcionar sin sobresaltos. Su objetivo no es la estabilidad económica de cada país, si no la estabilidad del sistema bancario, lo que necesariamente, pero no suficientemente, permite la estabilidad económica, aunque puede hacer pensar que en última instancia garantiza tan solo la estabilidad financiera.

Volvamos al tema: la clave es África y lo saben desde hace tiempo los chinos, los rusos, también los franceses, pero los norteamericanos parece como que se acabaran de dar cuenta y no supieran qué hacer. Mirando siempre para dentro, para el viejo mundo anglo del Reino Unido (un tanto desunido ahora), Australia, Canadá, y su patio trasero, los USA se caen ahora del guindo para ver cómo se quedan atrás en cuestiones decisivas.

¡Hasta ahí podíamos llegar! Los estrategas se encuentran de pronto a la defensiva cuando toda la vida han estado a la ofensiva, han perdido demasiados trenes y ven con horror como el mundo que ellos manipulaban a su antojo se ha derrumbado y el nuevo mundo, ni más ni menos justo, reemplaza sin piedad sus viejas estructuras de poder. Y para colmo, en consecuencia su propio mundo interior se está derrumbando cada vez más cerca de la guerra civil y el golpe de estado militar y financiero. El primer intento de reaccionar lo organiza el tal Trump llamando a replegarse y reorganizarse sobre esquemas que más recuerdan al nazifascismo que a otra cosa. De momento fracasa por falta de apoyos internos suficientes. El segundo lo organiza Biden buscando a la desesperada imponer una hegemonía que ya no funciona.

O si podría funcionar, pero al alto precio de la guerra, primero lejos de sus fronteras, pero mañana mismo podría ser que recibiendo las oscuras sacas plateadas de cadáveres, de sus cadáveres norteamericanos. Es el descubrimiento de lo obvio, es la jugada suicida, pero inevitable en el orgullo herido de la nación hasta ahora todopoderosa y hoy en retroceso. Ambas soluciones son trágicas, pero para ellos, su gran industria, su banca, sus fondos de inversión, sus petroleras, y sus hipertecnológicas, no hay más que una u otra opción. O rendirse, que no lo harán. Estos son los nuevos tiempos.

Pero la guerra es hoy un juego demasiado peligroso. Hay que reducirla a guerras controladas en pequeños países, hay que aprender a utilizar estas guerras locales como un instrumento para socavar el nuevo mundo, para deshacer la nueva estrategia liderada por China y apoyada por Rusia, India, y los demás grandes emergentes, hay que hacer de las guerras locales un arma táctica para destruir lo más ordenadamente posible el edificio que desde enfrente se está levantando.

Y el punto más débil, han pensado los estrategas occidentales que es la inmensa Rusia. Desordenar su economía, herir y desgastar su enorme ejército, desarticular su compleja integración federal, arrastrarla hacia la descomposición social y política es el camino elegido. Quizás debamos pensar que esa es la clave principal de la guerra de Ucrania, que se podía haber evitado con un buen pacto europeo de acercamiento económico entre Ucrania y la UE y un proceso de desarrollo algo más democrático en sus instituciones que permitiera alejar el enfrentamiento nacionalista entre ucranianos pata negra y ucranianos rusoparlantes. Rusia lo ofreció, a Alemania le interesaba sobremanera, Francia tenía ahí una gran baza diplomática y política, Italia se vería favorecida, Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría tendrían un nuevo apoyo para el grupo de Visegrado, y España tendría una buena oportunidad de negocio a desarrollar.

¿Quién y por qué impidió esta solución lógica? Porque quien lo hizo, lo hizo en contra de los intereses económicos de los países miembros de la UE, especialmente de Alemania que desde los tiempos de Merkel estaba construyendo una gran entente económica con Rusia que iba dirigida a ir definiendo aquella Europa que De Gaulle soñó “del Atlántico a los Urales”.

Fue un error el de Merkel, que no quería creer que vivimos en la era del capitalismo financiero, y que la mayor tasa de beneficio de los inversores europeos no está en Europa, ni mucho menos en economías más débiles como la rusa, sino que esa maximización del beneficio la consiguen los fondos de inversión, la banca y los grandes financieros invirtiendo su capital precisamente en los EEUU. Y a estos fondos especulativos, a esta banca financiera y a estos oligarcas europeos no les importa tanto la estabilidad económica europea como la americana. Y si la consecuencia es el corte de suministro de gas, petróleo y otras materias primas desde Rusia, destrozando la economía productiva alemana y europea, no será mal negocio precisamente comprar esta energía y estas materias primas, más caras naturalmente, en los EEUU. A ningún fondo especulativo le preocupa más el futuro de la industria alemana que el inmediato incremento de su cuenta de resultados. El mismo gravísimo error de los fondos especulativos de 2008.

 

Y mientras sigue su marcha inexorable la Nueva Ruta de la Seda porque el comercio es imparable, los intereses económicos al final pesan mucho más que los puramente financieros y especulativos y la población no para de crecer.

En La India hay cuatrocientos millones de habitantes que tienen un nivel de vida semejante al nivel medio de la Comunidad Europea, en China pasa algo semejante. Los gobiernos no se preocupan ya por los desfavorecidos. Su objetivo es crear esas llamadas clases medias, trabajadores bien remunerados, empleados públicos, profesionales que vivan consumiendo, en silencio, tranquilos, en suma: contentos con lo que han conseguido, dejando de lado a los que no conquistan su sueño feliz, y sin molestar a los que de verdad manejan todo. De esta manera se pretende construir sociedades poco agresivas con los poderes constituidos y estructurar sociedades de consumidores. Esto debería desmantelar el mundo de los trabajadores organizados, y aparcar cualquier forma de conciencia de clase para sustituirla por la conciencia de triunfadores a pequeña escala, de pequeños acomodados, enfrentados a los que no alcanzan esos niveles y quedan en el submundo de la precariedad. Y claro está, ir derivando hacia el submundo de lo inútil socialmente a los que quedan por debajo de esos sectores emergentes socialmente, procurando que ese tercio de la sociedad se reduzca o al menos que nunca supere un límite crítico que pudiera poner en peligro la estabilidad del sistema. Es sustituir la conciencia de trabajadores asalariados por la de consumidores. Europa occidental lo ha conseguido con notable éxito, los EEUU lo lleva en su ADN aunque con las más confusas tensiones, Rusia, China, India lo están consiguiendo, Brasil, México, Irán lo tienen incorporado, y muchas otras sociedades lo ofrecen como una alternativa esperanzadora. Y al fin y al cabo el problema de  ese tercio que inexorablemente queda fuera, piensan que siempre se podrá resolver más o menos fácilmente. Existe la policía, las cárceles, los jueces y fiscales, en suma, la ley y el orden.

Claro está que esto exige cambiar algunos paradigmas que habíamos heredado de la Revolución Francesa y había proclamado la Revolución Rusa. Este es el cambio profundo que ya se ha dado en el mundo de forma irreversible.

 

Volvamos a África. La guerra en Ucrania ha hecho carambola. Uno de sus principales objetivos se está cumpliendo: los acuerdos para que Europa central y occidental alimenten su industria con el gas ruso se están derrumbando. Muy en contra de los intereses de estos países comunitarios, pero a cambio los EEUU ofrecen sustituir ese gas por el vendido por las petroleras norteamericanas, desde luego a mayor precio y en menor cantidad. Pero una cuestión básicamente económica se ha de supeditar a otra de carácter estrictamente político y militar. Dado este salto en la política de la UE, todas las grandes corporaciones de la energía, salvo la rusa Gazprom profundamente imbricada en el mundo económico alemán, salen enormemente beneficiadas.

Y aquí entramos en las opacas entrañas de la política de la UE. Puestos a manifestar un temerario desprecio a la verdad de forma bastante grosera, ¡qué importa seguir por ese camino hasta crear un mundo de propaganda oscuro en el que los más absurdos contrasentidos se presentan como verdades obvias!

El alza de los precios de la gasolina, nada tiene que ver con la actual guerra en Ucrania. Los datos son totalmente públicos y están publicados en todas las páginas serias de análisis económico del mundo. Las gráficas son diáfanas. Los precios del petróleo comenzaron a subir en enero de 2021 y han seguido en esa línea ascendente desde entonces indiferentes a la guerra actual o a cualquier otra circunstancia episódica. Su causa está también perfectamente estudiada y divulgada en páginas económicas y estudios técnicos.

Se han juntado dos factores casi independientes pero coincidentes en el tiempo: por un lado el primer año de pandemia representó la toma de medidas muy radicales por la mayoría de los gobiernos del mundo, sobre todo de los países más importantes y más habitados. Se cerró casi totalmente la actividad económica y se confinó a millones de ciudadanos que debieron incluso dejar sus trabajos durante meses, y en consecuencia cayó de forma descomunal el consumo de gasolina, sin coches, sin aviones, sin trenes, sin barcos, sin fábricas, sin más que el consumo indispensable para sobrevivir. El petróleo que hasta el día antes se producía, dejo de consumirse pero no de producirse porque es muy difícil detener de golpe el funcionamiento de miles de refinerías y de millones de pozos de petróleo. En consecuencia en el año 2020 el precio del petróleo bajó hasta cantidades ínfimas, lo que a su vez hacía inviable la producción por los métodos más caros como el fracking. Al llegar diciembre de ese año y ante la imposibilidad de admitir un colapso total se fueron abriendo las duras condiciones exigidas por los gobiernos, lo cual se hizo progresivamente más laxo a lo largo del año 21 y desde luego del 22. En consecuencia los precios empezaron nuevamente a escalar de forma continuada e imparable. Nada que ver con la muy posterior guerra en Ucrania.

A su vez los grandes consorcios petroleros hace ya tiempo que han comprendido que la era del petróleo está llegando a un confuso pero cierto fin. Primero porque el petróleo no existe en cantidades infinitas, y según se va agotando en las explotaciones actuales, las nuevas son más complejas, más difíciles, más profundas y desde luego mucho más caras. Esto no anima a proseguir en la línea que desde finales del XIX ha sido la norma única del negocio del petróleo. Y para colmo la electricidad producida a partir de las fuentes llamadas verdes, es más barata cada día, los coches eléctricos son más eficientes y baratos y los ferrocarriles van siendo electrificados en todo el mundo de forma continua. En conclusión, las grandes petroleras se están pasando a invertir en las energías alternativas y van, lenta pero firmemente, abandonando cualquier mejora o reparación de sus viejas estructuras de extracción y refino. En consecuencia el petróleo que sigue circulando es cada vez más caro. Y esto no tiene nada que ver con la guerra en Ucrania.

Todo esto afecta de forma impactante al petróleo pero mucho más lentamente al gas, ya que la gran industria depende más del gas que del petróleo. Pero inexorablemente ambas fuentes van en paralelo, una más deprisa, la otra más lentamente, pero para llegar ambas al mismo fin en un futuro no demasiado lejano. Aún hay que invertir y desarrollar tecnología en el gas, aunque cada vez menos en la industria del petróleo. El gas sube ahora de precio por las decisiones estrictamente políticas de la OTAN y los EEUU y los grandes oligarcas financieros europeos, y eso sí que tiene que ver con la guerra, y es consecuencia de decisiones estrictamente políticas tomadas en Washington, Londres y Bruselas, porque todas las infraestructuras de producción y distribución están perfectamente disponibles y tienen la máxima eficiencia, y el cierre de su distribución y venta a Europa central y occidental es consecuencia de tan sólo decisiones políticas tomadas en esas ciudades. Ahí está la carambola.

Y volviendo a la Ruta de la Seda o Belt & Road Initiative, y hablando de las grande economías emergentes. Hay un interesante proyecto que están cerrando Argelia y Nigeria, los dos mayores productores de petróleo y gas de África, para construir un gasoducto a través del Sahel que uniría ambos países. Juntas ambas producciones abastecerían a toda Europa en concordancia con la estructura de gasoductos de Rusia y convertiría a la UE en absolutamente independiente del gas norteamericano. Nigeria es el país más poblado de África con ciento treinta millones de habitantes, cuya capital, Lagos, tiene una población de más de veinte millones y uno de los puertos más activos del mundo, Argelia tiene el ejército, a la par que el de Egipto, más poderoso de África. Parece un buen proyecto, rentable para todos, o para casi todos, y seguro, si se controla adecuadamente el Sahel. Nótese que aquí se habla poco de política y de ideologías, se habla de economía y del nuevo mundo en creación. El difícil control del Sahel hay que confiarlo a fuerzas militares muy eficaces y bien preparadas y pertrechadas, de tal manera que el país más extenso, Mali, ha llamado a las muy eficientes y seguras fuerzas armadas rusas y a los ejércitos mercenarios privados que organiza Rusia, para enfrentar al peón de Arabia Saudí y sus aliados: el yihadismo terrorista. Fuerzas que ya están en otro de los grandes del Sahel, Tchad desde hace unos años.

Así que los EEUU han lanzado su Delenda est Argelia, que al fin y al cabo no queda lejos de Cartago. El Imperio es el Imperio.

Su socio estratégico en este juego táctico de guerras locales decisivas se llama Reino de Marruecos, a quien ha decidido armar con su armamento más avanzado, con la tecnología punta y con los asesores convenientes. Pronto su ejército podrá llegar a ser tan poderoso como el de la vecina Argelia.

La guerra es inevitable. Es la segunda de las guerras tácticas entre la OTAN y los BRICS-MINT et alter, de ella dependerá el control de África en los próximos cincuenta años. Es difícil pensar que no se va a producir en un plazo más bien muy corto. Son dos países con cerca de cuarenta millones de habitantes cada uno y en los que la pieza decisiva es el control del Sahara, del Sahel, claro, pero sobre todo de los territorios del antiguo Sahara español, los territorios de la República Árabe Saharaui Democrática.

Al margen del cataclismo descomunalmente mayor que el que está produciendo la guerra en Ucrania, esta guerra produce en el sur de Europa un desastre aún mayor. ¿Alguien piensa que será posible impedir a los cuatro, cinco o seis millones de magrebíes que huirán de la guerra atravesar el Estrecho y desembarcar en Algeciras, Málaga, Almería, Alicante o Mallorca. O incluso en Marsella? ¿Serán tan amistosamente recibidos como los cinco o seis millones de refugiados ucranianos? Es cosa probablemente de meses.

Y sin olvidar que en este juego de alianzas militares sin prejuicios ni ascos por parte de nadie se acaba de conformar el foro de Sde Boker, la recién creada alianza militar entre Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Israel y Egipto, bajo la larga capa de los saudíes y los EEUU. Desde el punto de vista militar y económico, la fuerza más poderosa del mundo en la actualidad. Curiosamente creado y formalizado pocos meses antes de estallar la guerra en Ucrania. Solo tiene un pequeño fallo, y es que los EAU están siendo tentados económicamente por la coalición indoiraní de estudiar su provechosa oferta.

Es evidente que hablamos de armamento, fuentes y comercialización de energías y poder político. Nadie habla de esas tontunas de los valores democráticos reales, ni de la paz, ni del las políticas de bienestar, salvo para reírse en la cara de los estupefactos ciudadanos. Hablamos de energía, de cambio de ciclo económico, de cambio estructural de las relaciones comerciales del mundo y en consecuencia hablamos de la catástrofe medioambiental en la que ya hemos entrado y de la que no se puede salir. Es lo más grave, que esa, que es la llave de todas las esperanzas de futuro, ni se plantea. No existe más que en la publicidad cutre de las empresas energéticas, no hay la menor intención de contenerla. Y unos y otros tienen o al menos manifiestan tener, necesidad de proseguir en la carrera de la destrucción si quieren hacer triunfar unas u otras posiciones, No hay neutrales, sólo agresores.

Y hay que hablar de publicidad, más que de propaganda, las energéticas, los poderes políticos, las oligarquías hablan un lenguaje puramente publicitario, ni siquiera propagandístico, parecería como que le hubieran encargado las campañas de propaganda política a empresas de marketing comercial, a vendedores de lavadoras o de coches, difícilmente pueden ser campañas más bastas. Son empresas energéticas que no pueden explicar lo que están haciendo y llenan los medios de confusas doctrinas estrafalarias que difuminan sus verdaderos intereses.

 

Siempre hay truco, porque el beneficio empresarial no debe poder discutirse. Y el negocio complementario al del gas y el petróleo es el de la venta de electricidad, no el de su producción, sino el de su venta. Y dado que el precio del gas aumenta sin cesar se pretende justificar el aumento descomunal del precio de la electricidad por ese incremento, como si la mayor parte de la producción de electricidad dependiera del gas. Ante la evidencia de que esto no sólo no es así, sino que la producción verde es cada vez más mayoritaria, se toman una vez más fuertes decisiones puramente políticas desde Bruselas. Se repite machaconamente que en Bruselas se tomó (Nótese el uso de un impersonal) la decisión de poner el precio de venta de la electricidad al precio de la que se produjera en cada día y cada momento más cara, y se añade misteriosamente que eso se hacía para forzar a las productoras a desarrollar la producción a partir de energías limpias. Misterio total.

Es groseramente falso. La decisión que tomaron la Comisión y el Consejo, de obligado cumplimiento, no dice exactamente eso. Dice que el precio se establecerá a partir de un algoritmo en el que se balancean los diferentes precios de las energías de diferentes orígenes en base a un conjunto de fórmulas de difícil desentrañamiento. A ese algoritmo se le puso el curioso nombre de Euphemia, sin duda para acabar de desternillarse con la gigantesca estafa que esconde. Euphemia quiere decir en su traducción del griego cásico la capacidad de hacerse entender bien. ¡Muy gracioso el chiste!

Euphemia es un complejísimo algoritmo, que fue creado hace cuatro años por una empresa privada llamada N-SIDE, con el fin de combinar todos los precios de producción, distribución y el consumo de todas las fuentes de energía de la Comunicad Europea. Su estructura es secreta y no puede ser desestructurado sin conocerse las bases informáticas sobre las que desarrolla esas fórmulas. El algoritmo acaba simplemente indicando el precio de venta de la electricidad en cada momento para todos los países de la UE, primando la producción con gas, pero no porque sea la más cara ni por otras razones más que por las de la decisión tomada por los fabricantes del algoritmo. La empresa es privada y tiene subcontratado este servicio por la Comisión desde hace tres años. Por decisión de Comisión y Consejo, pero sin que se haya consultado jamás al Parlamento, estos precios resultan obligatorios en todos los países de la UE.

N-SIDE es una poderosa empresa dedicada a estos fines y a muchos otros ligados a la energía. Y cobra de la Comunidad Europea por este trabajo, pero no se sostiene sobre el cobro de este “servicio”, N-SIDE tiene su principal fuente de ingresos en las cuantiosas subvenciones que recibe a través de su sistema de cursos, seminarios, labores de promoción y simple publicidad de las empresas eléctricas europeas. Aunque esto puede ser que les cueste más a los ciudadanos de a pie encontrarlo en publicaciones accesibles, si tienen paciencia y habilidad lo podrán ver en Internet, si bien casi siempre en inglés y en páginas muy técnicas, o leyendo las páginas de las actividades de publicidad comercial de esta misma empresa.

Todo es mentira, concluirá el lector de estas páginas. Cierto, todo lo que nos cuentan los medios más accesibles, todos los tertulianos radiotelevisivos todoespecialistas, todos los empresarios del ramo, todos los poderes fácticos, los políticos de poder, y casi todos los cuñados de turno, son como ya deberíamos suponer, groseras mentiras. Por favor, haga Vd. el esfuerzo de pensar por su cuenta, asombrarse ante las incongruencias que le están ofreciendo desde esos medios, y buscar datos algo más fiables que los de El País, OKdiario, las TVs o la tertulia del bar.

 

                                                                                                                                       julio 2022