LOS TIEMPOS ESTÁN CAMBIANDO
Mirando muy de cerca los cambios parecen bruscos y tremendos, pero
cuando nos alejamos vemos una lógica que a primera vista se escapaba. Los
frentes no están especialmente definidos, a veces sus límites son difusos
aunque el perfil de los grandes bloques aparece claro como grandes conjuntos.
La OTAN parece un bloque claro, pero incluye a una Turquía con cierto
grado de indefinición, y deja fuera en Europa a Austria, Irlanda, Suiza,
Serbia, Bosnia y Herzegovina, Kósovo, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Moldavia y
en el límite europeo a Malta y Chipre, y obviamente Ucrania. Naturalmente
excluye a la Federación Rusa y a Bielorrusia. La mayoría de ellos mantienen
algún tipo de tratado de colaboración más o menos difuso con la OTAN.
Y al Este y al Sur se ha formalizado recientemente el AUKUS, tratado
militar formado por Reino Unido, EEUU y Australia, por el cual este último pasa
a engrosar el grupo de naciones con armamento nuclear propio. En la misma zona,
al norte, Japón y Corea del Sur tienen sus propios tratados militares con EEUU
mucho más sólidos que si aparecieran integrados en cualquier organización
mayor. De hecho en la recién pasada cumbre OTAN estuvieron presentes como
invitados los primeros ministros de Japón, Corea del Sur y Australia.
El mundo ha cambiado ya. Desde principios de siglo el grupo llamado
BRICS, compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, representa las
grandes economías emergentes. A este grupo se están sumando los ahora llamados
MINT, México, Indonesia, Nigeria y Turquía, y el BRICS está negociando la integración
de Irán y Argentina. Son en total las grandes economías emergentes. Prácticamente
entre unos y otros dos tercios de la población mundial, casi la mitad del PIB
mundial y la red comercial más grande hasta ahora existente.
Y esta red tiene un nombre: la Nueva Ruta de la Seda, esencialmente lo
mismo que la llamada BRI, Belt & Road Initiative, Una iniciativa china que
ha trastocado los fundamentos de la economía y el comercio mundial. Lo que
Estados Unidos llama un gravísimo peligro y el resto del mundo una oportunidad.
Esencialmente es el proyecto de un conjunto de comunicaciones terrestres
y algunas marítimas que pondrían en relación fácil, directa y rápida a la mayor
parte de países del mundo, incluyendo a los de la UE e incluso a los países de
Norteamérica, pero para la cual estos últimos no son necesarios.
La red incluye grandes trazados de ferrocarril y autopistas entre la
costa china del Pacífico y Europa occidental, con grandes ramificaciones al
sudeste asiático, el Golfo Pérsico, el cuerno de África, cubre todo el Asia
Central y tiene su centro real, justo como hace mil años, en estos países y en
la gigantesca Rusia. La propuesta considera la posibilidad de atravesar el
Estrecho de Bering y conectar EEUU y Canadá, y desde el sur plantea crear una
enorme red transpacífica que abarcaría Chile, Perú, Ecuador, Colombia, las
repúblicas centroamericanas y México. Y desde allí el Caribe y los grandes
países de la costa atlántica. Y es sólo una red de comunicaciones y tráfico
comercial, no una alianza política o militar. Y de esta red
ferroviario-marítima hay un núcleo clave que es Asia Central. El proyecto en
desarrollo INSTC, International North South Transport Corridor, Unirá San
Petersburgo en el Báltico con Mumbay en la India, el Euroasian Land Bridge une
los puertos del pacífico de China con los nodos de comunicación ferroviarios en
el Asia Central enlazando y atravesando las rutas de todas las antiguas
repúblicas soviéticas, y Turquía, y llegando igualmente a la India, Irán y en
el otro extremo la red rusa de ferrocarril, y actualmente el proyecto de la vía
Khaf-Herat pone todo Afganistán en relación directa con las redes iraníes. Este
último fue bloqueado hace un par de años por los EEUU al incluirlo en las
sanciones a Irán y actualmente está en pleno desarrollo.
Y la clave es saber quién está dispuesto a financiar esta nueva red
mundial, porque sólo un país lo está haciendo ampliamente: China, y a China no
le preocupa demasiado si se desarrolla en tres, cuatro, diez o treinta años,
sino que se está desarrollando de forma continuada e imparable.
Pero la otra clave del futuro está en África. La población de África
era en 1960 de 275 millones, en 1990 de 640 millones y en 2022 de 1.400 millones.
Ha pasado de ser el 9% del total mundial al 20%, en poco más de medio siglo. La
previsión es de creciente incremento. El 40% de nacimientos en el mundo se
produce actualmente en África. Este crecimiento no tiene parangón ni con el de
Latinoamérica, ni con el de Asia, y además es el contrario al de Europa. En
EEUU el crecimiento entre 1960 y 2020 ha representado pasar de 180 millones de
habitantes a 330 millones, pero de estos últimos 50 millones son inmigrantes
que carecen de nacionalidad norteamericana. La población mundial actual se
estima en 7.300 millones.
Y las comunicaciones no son ya puramente mecánicas, son
fundamentalmente tecnológicas, y las lidera China con su control del 5G, que
marcha por delante de las tecnologías de la UE y USA que no tienen más remedio
que sujetarse a la tecnología implementada por China.
Además, también ha sufrido grandes cambios la economía financiera actualmente,
ya que desde los tiempos de Nixon el valor de los intercambios comerciales y
financieros se respalda por la nada, por el supuesto valor en la confianza del
dólar, que efectivamente ha sido fiable hasta ahora y que ya va presentando
demasiadas desconfianzas. Nadie pretende volver al patrón oro, pero, por si las
moscas, todos pretenden acumular los mayores depósitos posibles de oro, y una
muy importante parte de los principales productores de oro, salvando a EEUU,
Australia y Canadá, son precisamente los países BRICS, especialmente China y
Rusia, que en la actualidad son los mayores extractores de oro en el mundo. Y
como la nada, divinizada en supuesta confianza, mantenía el valor del comercio
y las finanzas en el mundo, China que posee la más alta cantidad de deuda en
dólares de todo el planeta ha empezado a considerar que esa deuda vale tanto
como unos papeles firmados por el tesoro norteamericano diciendo que vale todo
lo que pone que vale, y en consecuencia sabiendo que nunca podrán cobrar a sus
deudores tales cantidades imaginarias, están estudiando cómo se derrumba el
patrón dólar y se abre una nueva etapa en la que el dólar no contará más que
por lo que realmente valga, y no por lo que digan en la Reserva Federal que
vale. No olvidemos que la Reserva Federal, como la mayoría de los bancos
centrales del mundo son empresas privadas, creadas simplemente por la banca de
cada país para responder a las necesidades de estabilidad que la banca exige
para funcionar sin sobresaltos. Su objetivo no es la estabilidad económica de
cada país, si no la estabilidad del sistema bancario, lo que necesariamente,
pero no suficientemente, permite la estabilidad económica, aunque puede hacer
pensar que en última instancia garantiza tan solo la estabilidad financiera.
Volvamos al tema: la clave es África y lo saben desde hace tiempo los
chinos, los rusos, también los franceses, pero los norteamericanos parece como
que se acabaran de dar cuenta y no supieran qué hacer. Mirando siempre para
dentro, para el viejo mundo anglo del Reino Unido (un tanto desunido ahora),
Australia, Canadá, y su patio trasero, los USA se caen ahora del guindo para
ver cómo se quedan atrás en cuestiones decisivas.
¡Hasta ahí podíamos llegar! Los estrategas se encuentran de pronto a la
defensiva cuando toda la vida han estado a la ofensiva, han perdido demasiados
trenes y ven con horror como el mundo que ellos manipulaban a su antojo se ha
derrumbado y el nuevo mundo, ni más ni menos justo, reemplaza sin piedad sus
viejas estructuras de poder. Y para colmo, en consecuencia su propio mundo
interior se está derrumbando cada vez más cerca de la guerra civil y el golpe
de estado militar y financiero. El primer intento de reaccionar lo organiza el
tal Trump llamando a replegarse y reorganizarse sobre esquemas que más
recuerdan al nazifascismo que a otra cosa. De momento fracasa por falta de
apoyos internos suficientes. El segundo lo organiza Biden buscando a la
desesperada imponer una hegemonía que ya no funciona.
O si podría funcionar, pero al alto precio de la guerra, primero lejos
de sus fronteras, pero mañana mismo podría ser que recibiendo las oscuras sacas
plateadas de cadáveres, de sus cadáveres norteamericanos. Es el descubrimiento
de lo obvio, es la jugada suicida, pero inevitable en el orgullo herido de la
nación hasta ahora todopoderosa y hoy en retroceso. Ambas soluciones son
trágicas, pero para ellos, su gran industria, su banca, sus fondos de
inversión, sus petroleras, y sus hipertecnológicas, no hay más que una u otra
opción. O rendirse, que no lo harán. Estos son los nuevos tiempos.
Pero la guerra es hoy un juego demasiado peligroso. Hay que reducirla a
guerras controladas en pequeños países, hay que aprender a utilizar estas
guerras locales como un instrumento para socavar el nuevo mundo, para deshacer
la nueva estrategia liderada por China y apoyada por Rusia, India, y los demás
grandes emergentes, hay que hacer de las guerras locales un arma táctica para
destruir lo más ordenadamente posible el edificio que desde enfrente se está
levantando.
Y el punto más débil, han pensado los estrategas occidentales que es la
inmensa Rusia. Desordenar su economía, herir y desgastar su enorme ejército,
desarticular su compleja integración federal, arrastrarla hacia la
descomposición social y política es el camino elegido. Quizás debamos pensar
que esa es la clave principal de la guerra de Ucrania, que se podía haber evitado
con un buen pacto europeo de acercamiento económico entre Ucrania y la UE y un
proceso de desarrollo algo más democrático en sus instituciones que permitiera
alejar el enfrentamiento nacionalista entre ucranianos pata negra y ucranianos
rusoparlantes. Rusia lo ofreció, a Alemania le interesaba sobremanera, Francia
tenía ahí una gran baza diplomática y política, Italia se vería favorecida,
Polonia, República Checa, Eslovaquia y Hungría tendrían un nuevo apoyo para el
grupo de Visegrado, y España tendría una buena oportunidad de negocio a
desarrollar.
¿Quién y por qué impidió esta solución lógica? Porque quien lo hizo, lo
hizo en contra de los intereses económicos de los países miembros de la UE,
especialmente de Alemania que desde los tiempos de Merkel estaba construyendo
una gran entente económica con Rusia que iba dirigida a ir definiendo aquella
Europa que De Gaulle soñó “del Atlántico a los Urales”.
Fue un error el de Merkel, que no quería creer que vivimos en la era
del capitalismo financiero, y que la mayor tasa de beneficio de los inversores
europeos no está en Europa, ni mucho menos en economías más débiles como la
rusa, sino que esa maximización del beneficio la consiguen los fondos de
inversión, la banca y los grandes financieros invirtiendo su capital
precisamente en los EEUU. Y a estos fondos especulativos, a esta banca
financiera y a estos oligarcas europeos no les importa tanto la estabilidad
económica europea como la americana. Y si la consecuencia es el corte de
suministro de gas, petróleo y otras materias primas desde Rusia, destrozando la
economía productiva alemana y europea, no será mal negocio precisamente comprar
esta energía y estas materias primas, más caras naturalmente, en los EEUU. A
ningún fondo especulativo le preocupa más el futuro de la industria alemana que
el inmediato incremento de su cuenta de resultados. El mismo gravísimo error de
los fondos especulativos de 2008.
Y mientras sigue su marcha inexorable la Nueva Ruta de la Seda porque
el comercio es imparable, los intereses económicos al final pesan mucho más que
los puramente financieros y especulativos y la población no para de crecer.
En La India hay cuatrocientos millones de habitantes que tienen un nivel
de vida semejante al nivel medio de la Comunidad Europea, en China pasa algo
semejante. Los gobiernos no se preocupan ya por los desfavorecidos. Su objetivo
es crear esas llamadas clases medias, trabajadores bien remunerados, empleados
públicos, profesionales que vivan consumiendo, en silencio, tranquilos, en
suma: contentos con lo que han conseguido, dejando de lado a los que no
conquistan su sueño feliz, y sin molestar a los que de verdad manejan todo. De
esta manera se pretende construir sociedades poco agresivas con los poderes
constituidos y estructurar sociedades de consumidores. Esto debería desmantelar
el mundo de los trabajadores organizados, y aparcar cualquier forma de
conciencia de clase para sustituirla por la conciencia de triunfadores a
pequeña escala, de pequeños acomodados, enfrentados a los que no alcanzan esos
niveles y quedan en el submundo de la precariedad. Y claro está, ir derivando
hacia el submundo de lo inútil socialmente a los que quedan por debajo de esos
sectores emergentes socialmente, procurando que ese tercio de la sociedad se
reduzca o al menos que nunca supere un límite crítico que pudiera poner en
peligro la estabilidad del sistema. Es sustituir la conciencia de trabajadores
asalariados por la de consumidores. Europa occidental lo ha conseguido con
notable éxito, los EEUU lo lleva en su ADN aunque con las más confusas
tensiones, Rusia, China, India lo están consiguiendo, Brasil, México, Irán lo
tienen incorporado, y muchas otras sociedades lo ofrecen como una alternativa
esperanzadora. Y al fin y al cabo el problema de ese tercio que inexorablemente queda fuera,
piensan que siempre se podrá resolver más o menos fácilmente. Existe la
policía, las cárceles, los jueces y fiscales, en suma, la ley y el orden.
Claro está que esto exige cambiar algunos paradigmas que habíamos
heredado de la Revolución Francesa y había proclamado la Revolución Rusa. Este
es el cambio profundo que ya se ha dado en el mundo de forma irreversible.
Volvamos a África. La guerra en Ucrania ha hecho carambola. Uno de sus
principales objetivos se está cumpliendo: los acuerdos para que Europa central
y occidental alimenten su industria con el gas ruso se están derrumbando. Muy
en contra de los intereses de estos países comunitarios, pero a cambio los EEUU
ofrecen sustituir ese gas por el vendido por las petroleras norteamericanas,
desde luego a mayor precio y en menor cantidad. Pero una cuestión básicamente
económica se ha de supeditar a otra de carácter estrictamente político y
militar. Dado este salto en la política de la UE, todas las grandes
corporaciones de la energía, salvo la rusa Gazprom profundamente imbricada en
el mundo económico alemán, salen enormemente beneficiadas.
Y aquí entramos en las opacas entrañas de la política de la UE. Puestos
a manifestar un temerario desprecio a la verdad de forma bastante grosera, ¡qué
importa seguir por ese camino hasta crear un mundo de propaganda oscuro en el
que los más absurdos contrasentidos se presentan como verdades obvias!
El alza de los precios de la gasolina, nada tiene que ver con la actual
guerra en Ucrania. Los datos son totalmente públicos y están publicados en
todas las páginas serias de análisis económico del mundo. Las gráficas son
diáfanas. Los precios del petróleo comenzaron a subir en enero de 2021 y han
seguido en esa línea ascendente desde entonces indiferentes a la guerra actual
o a cualquier otra circunstancia episódica. Su causa está también perfectamente
estudiada y divulgada en páginas económicas y estudios técnicos.
Se han juntado dos factores casi independientes pero coincidentes en el
tiempo: por un lado el primer año de pandemia representó la toma de medidas muy
radicales por la mayoría de los gobiernos del mundo, sobre todo de los países
más importantes y más habitados. Se cerró casi totalmente la actividad
económica y se confinó a millones de ciudadanos que debieron incluso dejar sus
trabajos durante meses, y en consecuencia cayó de forma descomunal el consumo
de gasolina, sin coches, sin aviones, sin trenes, sin barcos, sin fábricas, sin
más que el consumo indispensable para sobrevivir. El petróleo que hasta el día
antes se producía, dejo de consumirse pero no de producirse porque es muy
difícil detener de golpe el funcionamiento de miles de refinerías y de millones
de pozos de petróleo. En consecuencia en el año 2020 el precio del petróleo
bajó hasta cantidades ínfimas, lo que a su vez hacía inviable la producción por
los métodos más caros como el fracking. Al llegar diciembre de ese año y ante
la imposibilidad de admitir un colapso total se fueron abriendo las duras
condiciones exigidas por los gobiernos, lo cual se hizo progresivamente más
laxo a lo largo del año 21 y desde luego del 22. En consecuencia los precios
empezaron nuevamente a escalar de forma continuada e imparable. Nada que ver
con la muy posterior guerra en Ucrania.
A su vez los grandes consorcios petroleros hace ya tiempo que han
comprendido que la era del petróleo está llegando a un confuso pero cierto fin.
Primero porque el petróleo no existe en cantidades infinitas, y según se va
agotando en las explotaciones actuales, las nuevas son más complejas, más
difíciles, más profundas y desde luego mucho más caras. Esto no anima a
proseguir en la línea que desde finales del XIX ha sido la norma única del
negocio del petróleo. Y para colmo la electricidad producida a partir de las
fuentes llamadas verdes, es más barata cada día, los coches eléctricos son más
eficientes y baratos y los ferrocarriles van siendo electrificados en todo el
mundo de forma continua. En conclusión, las grandes petroleras se están pasando
a invertir en las energías alternativas y van, lenta pero firmemente,
abandonando cualquier mejora o reparación de sus viejas estructuras de
extracción y refino. En consecuencia el petróleo que sigue circulando es cada
vez más caro. Y esto no tiene nada que ver con la guerra en Ucrania.
Todo esto afecta de forma impactante al petróleo pero mucho más
lentamente al gas, ya que la gran industria depende más del gas que del
petróleo. Pero inexorablemente ambas fuentes van en paralelo, una más deprisa,
la otra más lentamente, pero para llegar ambas al mismo fin en un futuro no
demasiado lejano. Aún hay que invertir y desarrollar tecnología en el gas,
aunque cada vez menos en la industria del petróleo. El gas sube ahora de precio
por las decisiones estrictamente políticas de la OTAN y los EEUU y los grandes
oligarcas financieros europeos, y eso sí que tiene que ver con la guerra, y es
consecuencia de decisiones estrictamente políticas tomadas en Washington, Londres
y Bruselas, porque todas las infraestructuras de producción y distribución están
perfectamente disponibles y tienen la máxima eficiencia, y el cierre de su
distribución y venta a Europa central y occidental es consecuencia de tan sólo
decisiones políticas tomadas en esas ciudades. Ahí está la carambola.
Y volviendo a la Ruta de la Seda o Belt & Road
Initiative, y hablando de las
grande economías emergentes. Hay un interesante proyecto que están cerrando
Argelia y Nigeria, los dos mayores productores de petróleo y gas de África,
para construir un gasoducto a través del Sahel que uniría ambos países. Juntas
ambas producciones abastecerían a toda Europa en concordancia con la estructura
de gasoductos de Rusia y convertiría a la UE en absolutamente independiente del
gas norteamericano. Nigeria es el país más poblado de África con ciento treinta
millones de habitantes, cuya capital, Lagos, tiene una población de más de
veinte millones y uno de los puertos más activos del mundo, Argelia tiene el
ejército, a la par que el de Egipto, más poderoso de África. Parece un buen
proyecto, rentable para todos, o para casi todos, y seguro, si se controla
adecuadamente el Sahel. Nótese que aquí se habla poco de política y de
ideologías, se habla de economía y del nuevo mundo en creación. El difícil
control del Sahel hay que confiarlo a fuerzas militares muy eficaces y bien
preparadas y pertrechadas, de tal manera que el país más extenso, Mali, ha
llamado a las muy eficientes y seguras fuerzas armadas rusas y a los ejércitos
mercenarios privados que organiza Rusia, para enfrentar al peón de Arabia Saudí
y sus aliados: el yihadismo terrorista. Fuerzas que ya están en otro de los
grandes del Sahel, Tchad desde hace unos años.
Así que los EEUU han lanzado su Delenda est Argelia, que al fin y al cabo no queda lejos de Cartago. El Imperio es
el Imperio.
Su socio estratégico en este juego táctico de guerras locales decisivas
se llama Reino de Marruecos, a quien ha decidido armar con su armamento más
avanzado, con la tecnología punta y con los asesores convenientes. Pronto su
ejército podrá llegar a ser tan poderoso como el de la vecina Argelia.
La guerra es inevitable. Es la segunda de las guerras tácticas entre la
OTAN y los BRICS-MINT et alter, de ella dependerá el control de África en los
próximos cincuenta años. Es difícil pensar que no se va a producir en un plazo
más bien muy corto. Son dos países con cerca de cuarenta millones de habitantes
cada uno y en los que la pieza decisiva es el control del Sahara, del Sahel,
claro, pero sobre todo de los territorios del antiguo Sahara español, los
territorios de la República Árabe Saharaui Democrática.
Al margen del cataclismo descomunalmente mayor que el que está
produciendo la guerra en Ucrania, esta guerra produce en el sur de Europa un
desastre aún mayor. ¿Alguien piensa que será posible impedir a los cuatro, cinco
o seis millones de magrebíes que huirán de la guerra atravesar el Estrecho y
desembarcar en Algeciras, Málaga, Almería, Alicante o Mallorca. O incluso en
Marsella? ¿Serán tan amistosamente recibidos como los cinco o seis millones de
refugiados ucranianos? Es cosa probablemente de meses.
Y sin olvidar que en este juego de alianzas militares sin prejuicios ni
ascos por parte de nadie se acaba de conformar el foro de Sde Boker, la recién
creada alianza militar entre Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Israel
y Egipto, bajo la larga capa de los saudíes y los EEUU. Desde el punto de vista
militar y económico, la fuerza más poderosa del mundo en la actualidad.
Curiosamente creado y formalizado pocos meses antes de estallar la guerra en
Ucrania. Solo tiene un pequeño fallo, y es que los EAU están siendo tentados
económicamente por la coalición indoiraní de estudiar su provechosa oferta.
Es evidente que hablamos de armamento, fuentes y comercialización de
energías y poder político. Nadie habla de esas tontunas de los valores
democráticos reales, ni de la paz, ni del las políticas de bienestar, salvo
para reírse en la cara de los estupefactos ciudadanos. Hablamos de energía, de
cambio de ciclo económico, de cambio estructural de las relaciones comerciales del
mundo y en consecuencia hablamos de la catástrofe medioambiental en la que ya
hemos entrado y de la que no se puede salir. Es lo más grave, que esa, que es
la llave de todas las esperanzas de futuro, ni se plantea. No existe más que en
la publicidad cutre de las empresas energéticas, no hay la menor intención de
contenerla. Y unos y otros tienen o al menos manifiestan tener, necesidad de
proseguir en la carrera de la destrucción si quieren hacer triunfar unas u
otras posiciones, No hay neutrales, sólo agresores.
Y hay que hablar de publicidad, más que de propaganda, las energéticas,
los poderes políticos, las oligarquías hablan un lenguaje puramente
publicitario, ni siquiera propagandístico, parecería como que le hubieran
encargado las campañas de propaganda política a empresas de marketing
comercial, a vendedores de lavadoras o de coches, difícilmente pueden ser
campañas más bastas. Son empresas energéticas que no pueden explicar lo que
están haciendo y llenan los medios de confusas doctrinas estrafalarias que
difuminan sus verdaderos intereses.
Siempre hay truco, porque el beneficio empresarial no debe poder
discutirse. Y el negocio complementario al del gas y el petróleo es el de la
venta de electricidad, no el de su producción, sino el de su venta. Y dado que
el precio del gas aumenta sin cesar se pretende justificar el aumento
descomunal del precio de la electricidad por ese incremento, como si la mayor
parte de la producción de electricidad dependiera del gas. Ante la evidencia de
que esto no sólo no es así, sino que la producción verde es cada vez más
mayoritaria, se toman una vez más fuertes decisiones puramente políticas desde
Bruselas. Se repite machaconamente que en Bruselas se tomó (Nótese el uso de un
impersonal) la decisión de poner el precio de venta de la electricidad al
precio de la que se produjera en cada día y cada momento más cara, y se añade
misteriosamente que eso se hacía para forzar a las productoras a desarrollar la
producción a partir de energías limpias. Misterio total.
Es groseramente falso. La decisión que tomaron la Comisión y el Consejo,
de obligado cumplimiento, no dice exactamente eso. Dice que el precio se
establecerá a partir de un algoritmo en el que se balancean los diferentes
precios de las energías de diferentes orígenes en base a un conjunto de
fórmulas de difícil desentrañamiento. A ese algoritmo se le puso el curioso
nombre de Euphemia, sin duda para acabar de desternillarse con la gigantesca
estafa que esconde. Euphemia quiere decir en su traducción del griego cásico la
capacidad de hacerse entender bien. ¡Muy gracioso el chiste!
Euphemia es un complejísimo algoritmo, que fue creado hace cuatro años
por una empresa privada llamada N-SIDE, con el fin de combinar todos los
precios de producción, distribución y el consumo de todas las fuentes de
energía de la Comunicad Europea. Su estructura es secreta y no puede ser
desestructurado sin conocerse las bases informáticas sobre las que desarrolla esas
fórmulas. El algoritmo acaba simplemente indicando el precio de venta de la
electricidad en cada momento para todos los países de la UE, primando la
producción con gas, pero no porque sea la más cara ni por otras razones más que
por las de la decisión tomada por los fabricantes del algoritmo. La empresa es
privada y tiene subcontratado este servicio por la Comisión desde hace tres
años. Por decisión de Comisión y Consejo, pero sin que se haya consultado jamás
al Parlamento, estos precios resultan obligatorios en todos los países de la
UE.
N-SIDE es una poderosa empresa dedicada a estos fines y a muchos otros
ligados a la energía. Y cobra de la Comunidad Europea por este trabajo, pero no
se sostiene sobre el cobro de este “servicio”, N-SIDE tiene su principal fuente
de ingresos en las cuantiosas subvenciones que recibe a través de su sistema de
cursos, seminarios, labores de promoción y simple publicidad de las empresas
eléctricas europeas. Aunque esto puede ser que les cueste más a los ciudadanos
de a pie encontrarlo en publicaciones accesibles, si tienen paciencia y
habilidad lo podrán ver en Internet, si bien casi siempre en inglés y en
páginas muy técnicas, o leyendo las páginas de las actividades de publicidad
comercial de esta misma empresa.
Todo es mentira, concluirá el lector de estas páginas. Cierto, todo lo
que nos cuentan los medios más accesibles, todos los tertulianos
radiotelevisivos todoespecialistas, todos los empresarios del ramo, todos los
poderes fácticos, los políticos de poder, y casi todos los cuñados de turno,
son como ya deberíamos suponer, groseras mentiras. Por favor, haga Vd. el
esfuerzo de pensar por su cuenta, asombrarse ante las incongruencias que le
están ofreciendo desde esos medios, y buscar datos algo más fiables que los de
El País, OKdiario, las TVs o la tertulia del bar.
julio 2022
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