domingo, 27 de mayo de 2012

¿POR QUÉ NO TIENE SOLUCIÓN LA CRISIS?

Nació el sistema sobre la base de que la única regulación de los movimientos de capital y de trabajo era la que daban las fuerzas reales del propio capital y del trabajo. La única intervención exterior venía, como ha pasado siempre, por fuerzas políticas que más que regular, lo único que hacían era ordenar a favor de unos u otros algunas actitudes y posiciones. Digamos que puro oportunismo del poder, no una concepción arbitral equilibrada.
Así ocurrió durante muchos años hasta que esa presión salvaje del capital provocó las reacciones más duras del mundo obrero. Nació un nuevo objetivo: imponer al capital reglas que les recortaran beneficios a favor de superar miseria y sobreexplotación.
Durante ciento y pico años esa tensión, además de arrastrar algunos centenares de miles de muertes y atropellos, acabó convenciendo al poder político de las ventajas para todos de arbitrar cierto equilibrio con tal de que no se entrase a discutir el núcleo del problema.
Fue inútil. Ya estaba en discusión el propio sistema. Nació un nuevo objetivo: el comunismo, en sus dos conocidas versiones, la dictadura del proletariado y el comunismo libertario. Ambas provocaron el pánico entre los amos del capital y del poder político.
Aplastados los intentos de revolución anarquista, el mundo entero se asombró ante el triunfo de la revolución comunista en Rusia. Se impuso la dictadura del proletariado, transformada hábilmente en dictadura a secas del partido.
El poder político y el capital hubo de retroceder. Ya lo dijo Jrushov en los años de la guerra fría, cuando indicaba que no le preocupaba el mundo desarrollado de Europa y América porque era donde los trabajadores estaban mejor organizados. Gracias entre otras circunstancias a esa visión se produjo la descolonización de todo el mundo colonial, y con ello comenzó una nueva alternativa para el capital.
Luego se demostró con hechos que el duro sistema soviético no tenía salidas, que era tan corrupto y explotador como el otro y que además era incapaz de competir con las economías de capital libre. Se hundió sin más. La suma de guerra fría con unos gastos en armamento insoportables y una economía cada vez más atrasada hacía evidente que ni a los poderosos de ese sistema les convenía mantenerlo.
Y entonces llegó la Sra. Tatcher que se dio cuenta de pronto de que ya no existía el peligro comunista para su sistema económico y que por tanto no había ya razón para tener miedo alguno a los sindicatos y no había porque mantener regulaciones y mecanismos que limitaran absurdamente los beneficios y el más absoluto libre juego de los poderes reales económicos. Aunque su colega Reagan el otro lado del océano no resultaba ser precisamente una lumbrera, la idea la pareció tan perfecta como simple, justo lo que él necesitaba. Y ahí comenzó la carrera por la más completa libertad. Claro que como antaño, libertad cada vez mayor para los patronos y banqueros y cada vez menor para los trabajadores.
Cuarenta años después hemos llegado a un callejón sin salida. La presión sobre la ciudadanía es insoportable y sin embargo la propia ciudadanía carece de objetivos y salidas realmente posibles. Y por otro lado la guerra interna a muerte entre los amos del capital ha alcanzado tales proporciones que el propio sistema se tambalea. ¿Es algo nuevo? No precisamente, es algo casi idéntico a lo que pasaba hace ciento y pico años antes de la aparición del socialismo, de la protesta social organizada La diferencia está en la globalización y en los mecanismos financieros, pero el fondo es el mismo.
Ahora las claves son al menos estas tres: el capitalismo en estado puro, esto es, el mundo del dinero negro y del dinero púdicamente llamado opaco, los mercados de futuro, incontrolables per se, y la sustitución de un patrón monetario tangible, como lo fue hace ya tiempo el oro, por el intangible llamado curiosamente confianza de los mercados.
El capitalismo puro en sí, es el de la otra economía, probablemente entre un tercio y la mitad de la economía mundial, aunque es claro que nadie lo podría calcular. Se compone de dos partes que se entremezclan, se mechan una en otra y se complementan: el puro dinero negro de la droga, la prostitución, el tráfico de armas, y otras lindezas parecidas, y el de las comisiones del petróleo, la especulación financiera, la especulación inmobiliaria, la corrupción política y el trabajo asalariado en sus diversas formas marginales, incluido el trabajo esclavo o semiesclavo. Como se puede deducir fácilmente las primeras son manifiestamente ilegales, las segundas pueden ser más o menos legales, e incluso son generalmente totalmente legales.
Al margen queda una excrecencia inevitable por ahora del sistema que es la que constituye el capitalismo regulado, con sus impuestos, limitaciones, organizaciones sindicales y patronales, y gobiernos estrictamente democráticos. Este sector marginal resulta por ahora inevitable, pero tiene su inmensa utilidad al hacer creer a la inmensa mayoría de la ciudadanía que este es el sector real y el otro, como no se ve, es como si no existiera demasiado. Es la clave del sistema social, mientras que el del dinero negro es la clave verdadera del sistema económico real.
Quede pues claro por qué la actual crisis, calificada de sistémica, no puede solucionarse: nadie discute el sistema, sino su parte marginal: el mundo oficial del dinero y las finanzas, nadie discute la economía real, sino la oficial, que es la de menor importancia, nadie discute al sistema, sino a sus manifestaciones más superficiales, nadie quiere de verdad solucionar la crisis, porque mientras dura, crece cada día más el capitalismo real, incontrolado, duro, y decrece la estúpida y sobrante economía reglada oficial.
Y nadie discute el sistema porque nadie tiene ningún otro sistema que proponer. Sigue pesando el mito de que al sistema hay que oponerle otro sistema radicalmente diferente, de carácter más bien utópico, donde todos los humanos seamos felices y se de a cada uno según sus necesidades y se aporte por cada uno según sus posibilidades. Una meta tal queda demasiado lejana, y las experiencias pasadas no dan demasiada confianza a casi nadie.
De esta manera la evolución parece seguir realmente la alternativa que propuso hace ciento cuarenta años el ya anciano Marx: socialismo o barbarie. Todos creíamos hace años que esto quería decir que como nadie querría la barbarie, el socialismo resultaba inevitable, pero Marx, en esto tenía mucha razón: socialismo o barbarie, ergo ahora ya lo sabemos: barbarie.
Y salvo desastres totales, tras la barbarie volveremos a empezar. Ya veremos cómo y hacia donde.
La crisis llamada del 29 empezó más o menos en el año 29 y nadie quiere preguntarse cuando acabó.
Acabó en el 46 cuando se hicieron operativos los acuerdos de la llamada Conferencia de Bretton Woods, y se sentaron las bases tanto del nuevo sistema financiero, comercial e industrial actual, y complementariamente se estabilizó un tercio del mundo bajo sistemas económicos con mercado controlado en su totalidad por el estado, sistemas de dictadura comunista.  
En los casi veinte años que duró aquella crisis, se impuso la barbarie, se impuso a sangre y fuego en casi toda Europa el fascismo, se consolidó el comunismo, millones de personas acabaron sus días en cárceles, campos de exterminio y gulags, la tortura, el asesinato, el atentado, la guerrilla, y la guerra generalizada acabaron con doscientos millones de personas. El hambre resultó cotidiana, el racismo, la xenofobia, la explotación esclava, la liquidación de todo derecho ciudadano, fueron la norma en la que se hubo de vivir cada día más, en cada día más lugares del mundo, durante esos veinte años.
Sólo la liquidación física de millones de seres humanos, y un invento genial, la guerra, resolvió per se la crisis. Las mujeres trabajaban en las fábricas casi gratis en jornadas de 10 o 12 horas, los hombres combatían en las trincheras a cambio de un paquete de tabaco y un podrido rancho, y el principal producto a fabricar tenía la enorme ventaja de destruirse en su primera y única utilización: bombas, tanques, aviones, fusiles, balas. Eso es lo que verdaderamente resolvió por más de medio siglo la crisis iniciada el 29. ¿Alguien está, hoy por hoy, dispuesto a discutir la crisis desde ésta, su verdadera perspectiva, o preferimos seguir mirando hacia bellos paraísos inexistentes o declararnos prudentes indignados y no enfrentarnos de verdad a la raíz del problema? No hay verdadera desesperación, y lo contrario a la desesperación no es ni la esperanza ni la resignación, sino la acción, aunque carezca de objetivos.

jueves, 17 de mayo de 2012

BANCOS, POLÍTICOS Y QUINCEEMES

    El Sr. de Guindos acaba de improvisar nuevas astutas medidas que probablemente no sepa ni él para qué podrían servir. Según su nueva estrategia los bancos españoles requieren ser estudiados con la lupa de dos agencias consultoras internacionales neutrales. Además para que la credibilidad sea máxima invita, 24 horas antes de que se lo impongan, a participar de ese importante estudio al mismísimo Banco Central Europeo y nada menos recabar la colaboración de la muy prestigiosa entidad llamada Banco de España.

O sea, que el Sr. de Guindos pretende ganar tres meses, para llegar al verano a la espera de ver si se le ocurre a alguien alguna idea realmente útil o si alcanza a pasar algo inesperado que cambie misteriosamente las cosas a mejor.
También tiene buenos amigos, incluso en el gobierno, que se preocupan cada día de realizar bonitos juegos malabares ante el selecto público nacional por ver si así se entretienen con cosas simpáticas y hablan menos de su empobrecido bolsillo. Es imprescindible, porque los que gobiernan no pueden fiarse de gente tan egoísta que sólo piensa en su bolsillo y además están en paro, no pueden pagar sus casas cada mes, ni comprar comida cada día, ni saben qué hacer en las desagradables veinticuatro horas que conforman cada jornada. Es sin duda gente peligrosa, al menos potencialmente y conviene que los mejores de nuestro gobierno les dediquen la atención precisa. Por ejemplo, el presidente valenciano afirma que no permitirá que haya imputados judiciales en su partido conteniéndose con grandes esfuerzos la risa mientras lo dice, mientras, su consejera de educación solicita a los maestros que hagan las huelgas fuera del horario laboral, y el ministro de justicia afirma que sus previstas numerosas propuestas de prohibiciones son en realidad para que haya más libertad. Se nota que deben haber seguido algún curso del método Stanilavski porque efectivamente no se ríen nada mientras actúan.
Y mientras contemplamos pasmados tales juegos malabares la ruina económica y financiera avanza ya al galope mientras todos miran despistadamente hacia otro lado afirmando, también sin reírse, que no pasa nada, y el capitán grita nerviosamente eso de ¡Que no panda el cúnico!
Y efectivamente no cunde el pánico, sino la desesperación y la pobreza. En los barrios y los pueblos hay ya demasiada gente que no puede comprar comida ni tiene donde dormir ni tiene tan siquiera ya esperanza de salir adelante.
Y esta comedia de enredo y tragedia griega combinada no es artificial, cuando los jefes se mueven confusos diciendo diversas tonterías sobre cómo salir de la crisis y la población mira angustiada al día a día de su supervivencia, los teóricos afirman diversas teorías profundamente inanes.
Hay que decirlo claramente aunque nadie lo quiera escuchar: la crisis no tiene solución dentro del sistema. Y el colofón más duro, es que no existe ninguna propuesta para la creación de ningún otro sistema. Esa es la verdad que todos sabemos y nadie quiere decir en público.
 Y en eso llegó el 15M. Su protesta es fuerte pero nadie acaba de saber contra qué es exactamente. Se afirma contra el sistema, pero se proponen soluciones estrictamente dentro del sistema, mejoras en los sistemas concretos de representación ciudadana, o críticas a aspectos del sistema, como las que se hacen a los bancos, pero esas críticas no parecen hacer la menor mella en los banqueros que siguen a lo suyo seguros de que están defendidos por el propio sistema y que incluso son el hígado del sistema, el que fabrica su sangre y no el que la hace circular. 
Tras un año de vida este conjunto de movimientos ciudadanos ha conseguido impulsar las numerosas dudas de la ciudadanía sobre los errores del sistema, pero no poner en duda el sistema, ha conseguido poner en evidencia a los bancos, pero no poner en duda su papel en el sistema, ha conseguido incrementar enormemente la desconfianza de la ciudadanía sobre la labor de los políticos profesionales que nos gobiernan, pero sin iniciar sistemas políticos alternativos al que tenemos. La afirmación del valor de los mecanismos asamblearios en sí, no resuelve ningún problema sobre las dudas de la corrupción casi total que corroe al sistema representativo parlamentario que constituye la médula del sistema.
Cuando el gobierno explica –también sin reírse nada- que van a aprobar una legislación sobre la dación en pago para desahucios, y añaden que esta sería siempre voluntaria por parte del banco, hay quienes explican que las propuestas del 15M van siendo aceptadas hasta por el gobierno, y resulta ser una importante noticia que se ha detenido por unos días un solo desalojo por la acción de un numeroso piquete de indignados, mientras se producían trescientos más en otras casas. ¿Qué triunfo? Ha ido el piquete de activistas antidesahucios a evitar ese desalojo e incluso lo han conseguido por un mes o dos, pero ¿dónde estaban los cientos de vecinos en peligro de desalojo de ese mismo barrio?
Y mientras se discuten estas cuestiones un tanto abstractas, siguen los desahucios, el hambre, el paro, la descomposición social en barrios y pueblos de todo el Estado.
El 15M discute y discute temas sin duda muy importantes de tipo ciudadano, civil, pero está lejos de los problemas sociales y muy lejos de los problemas políticos. Su labor sin duda es digna de ser tenida en cuenta por quienes quieren luchar contra la gravísima situación social y política, pero resulta claramente insuficiente para quienes trabajan cada día en estas luchas. Mientras, a los grandes sindicatos oficiales cuando ven estos movimientos les entra la misma risa tonta que a los políticos cuando nos explican cómo salir ya mismo de la crisis o a los banqueros cuando desde el piso cincuenta de sus rascacielos ven a los manifestantes a sus pies moviendo las manos alegremente sobre sus cabezas.
Nadie está dando las clásicas alternativas sociales que tampoco saben cómo salir de la crisis ni pretenden crear otro sistema, pero ayudan a mucha gente a resolver problemas reales y lo que es tan o más importante aún, a la vez hacen pensar, crean espacios de libertad, y hacen crítica inasimilable por el sistema. Nos lo enseñaron en América en ese último tercio del siglo pasado, nos lo enseñaron en medio mundo, lo aprendemos fácilmente de nuestro propio pasado. Sabemos perfectamente cómo se crean talleres populares de autogestión, comedores de barrio, conocemos bien cómo tienen que montarse piqueteros en las carreteras y calles, y sabemos bastante de otras alternativas de lucha social, pero nuestra sociedad produce críticos teóricos de muy alto nivel y sigue dejando en manos de Caritas el enfrentamiento a la situación social, que obviamente lleva un mensaje más bien conservador y apaga la crítica real y profunda que no pueda ser de verdad asimilable por el sistema.

viernes, 11 de mayo de 2012

OLVIDAR LAS FANTASÍAS

Volviendo a la dura realidad los ciudadanos nos encontramos con que nadie quiere explicarnos qué es lo que está pasando de verdad con la economía.
Eso que ha dicho Felipe González de que ahora sabemos que el PP no tenía un programa oculto, si no que simplemente no tenía ningún programa, resulta más que evidente. Cada día el gobierno inventa cualquier cosa, tenga o no que ver con cosas que haya inventado pocos días antes, y la aplica sin consultar para nada con los afectados por tales medidas, y en lo único que coinciden esas medidas es que son cada día un nuevo mazazo en las cabezas de los sufridos ciudadanos.
Esta continua improvisación se debe sin duda tanto a su propia idiosincrasia como a un absoluto vacío acerca de la posible previsión de futuro, acerca de algún proyecto de país para el día de mañana. Simplemente actúan de bomberos aficionados que echan cubos de agua, generalmente mezclada con gasolina, en cualquier lugar por donde va avanzando el incendio.
Cualquiera que se separe un poco del día a día, observa con meridiana claridad que jamás se podrá pagar ni lo que debe el Estado a los agiotistas y prestamistas internacionales con los que se han firmado préstamos a altos intereses, ni jamás podrán pagar las CCAA lo que deben tanto a esos mismos fondos, a los proveedores y a sus funcionarios, ni jamás podrán pagar los bancos a sus prestamistas lo que les deben tras su exitoso paso por el tempestuosos océano del ladrillo, ni jamás podrán pagar las inmobiliarias lo que tomaron prestado de los bancos, ni jamás podrán los particulares pagar las deudas e hipotecas que firmaron con los bancos. No hay en el mundo dinero disponible para tal cosa. Esta situación se llama técnicamente bancarrota, guste o no guste a nuestros pésimos políticos.
También ese mismo observador imparcial puede ver cómo todas las medidas tomadas tanto por el anterior gobierno como por el actual no hacen sino empeorar la situación económica y, arrasar la social.
Por ejemplo, se le da dinero a los bancos que no pueden pagar sus créditos a terceros, sacándoselo a la ciudadanía de sus servicios e impuestos, y los bancos no hacen más que empeorar su situación de quiebra. ¿Dónde va a parar ese dinero? Una parte a pagar sus deudas con los fondos internacionales a los que deben y otra parte a repartir beneficios y pagar sueldos increíbles a sus dirigentes, incluidas pensiones de por vida absolutamente inaceptables. A continuación, cada día que pasa tienen esos bancos más créditos fallidos, sobre todo de las inmobiliarias y no como se publica de los particulares, ya que la suma de las deudas de las inmobiliarias cuadruplica la de los particulares en cuanto a hipotecas. Y cada día empeora su situación más porque al repartir cada día menos dividendos entre sus accionistas, estos procuran vender sus acciones antes de que llegue el más que previsible final desastroso que todos sabemos que ha de ocurrir, y así cada día el valor de ese banco es menor en la bolsa, y nadie le da entonces ni un céntimo salvo con intereses usurarios.
Cierto que esto afecta muchísimo más a las cajas que a los bancos, ya que el saco sin fondo de la corrupción inmobiliaria es mayor en cajas que en bancos, pero los grandes créditos a las grandes inmobiliarias sí que están también en manos de los bancos, y ahí hay una madeja que envuelve también a las grandes empresas de la energía, especialmente a las de electricidad y petróleo, y que el observador objetivo sabe bien que si cae una caen la inmensa mayoría. Sacyr, Repsol, Iberdrola, ACS, y un largo etcétera de impresentables están simplemente esperando su caída moviendo papeles de sitio sin que nadie les ponga el menor reparo desde el gobierno. Nadie piensa mientras tanto en el futuro.
Si esto que se sabe que está ocurriendo y que va necesariamente a acabar ocurriendo, es algo nítido, lo propio de cualquier estadista sería prever un futuro a largo plazo. ¿Qué podrá ser este país, si subsiste, dentro de diez o quince años?
Por desgracia nuestros antiestadistas creen alegremente que algún día volverá el ladrillo, la especulación, las estafas bancarias y todo eso con un euro fuerte en una Comunidad Europea sólida. Seguramente no mienten al decirlo, si no que se lo tienen que creer para subsistir cada día sin demasiadas interrogantes desagradables.
Por el contrario y simplemente por puro sentido común, se escuchan tímidamente algunas cosas normales.
A corto plazo el euro no podrá subsistir tal como es ahora. No puede un país de economía débil tener una moneda fuerte porque no venderá bienes suficientes que sostenga esa economía, sólo podría subsistir esa situación con salarios muy débiles y siempre mantendrá escasa productividad y competividad. Ese fue un error de principio hace ahora trece años. Ahora es impositivo subsanarlo: Dicen en tales y cuales foros que volver a la peseta, al dracma, al escudo, etc. es una barbaridad. Cierto sin duda. Probablemente la única solución al desquicie provocado con la moneda única será pasar a la coexistencia de dos euros, el fuerte para los países de economía más fuerte, y otro devaluado para los de economía más débil. O sea uno al valor más o menos actual, y otro más o menos un treinta por ciento más bajo, o sea al par aproximada del dólar USA. Eso, si se llega a tiempo, pues cuando la crisis toque el corazón de Europa, los países del centro y norte, será demasiado tarde para esa solución y prácticamente se disolvería la mayor parte de la Comunidad Europea, o quedaría reducida a un simple conjunto de acuerdos comerciales.
En segundo lugar, la sombra de la quiebra de la mayoría de los bancos se yergue cada día más impresionante, incluidos Santander y BBVA. Se podrá disimular con extrañas figuras improvisadas, pero el hecho es que en algún momento tendrán que decir a sus acreedores que no les van a pagar sencillamente porque no tienen suficiente dinero para pagarles, y cuando vayan esos grandes bancos al papa Estado, papa Estado les dirá que no tiene dinero para cubrirles las vergüenzas, y cuando el papa Estado vaya al gran patriarca de Bruselas, en Bruselas le dirán que allí no hay dinero para tapar las vergüenzas del Estado español.
Improvisando, improvisando el gobierno cree que al tomar ahora y por vía de urgencia el control de Bankia está organizando una especie de explosión controlada. La impresión real es que les está explotando la crisis en las manos sin control ninguno. El caos con el que han tomado cualquier medida sin conexión ninguna con cualquier otra, y sobre todo sin dar explicaciones a nadie, lo que resultaría imposible ya que ni ellos saben qué es lo que están haciendo, crea una sensación de pánico que está a punto de tomar proporciones incontrolables. No pasará ahora, no todavía, pero el error cometido es de tal tamaño que las consecuencias se vuelven ya difícilmente evitables.
En primer lugar recordemos que la unión de siete cajas y un banco, bajo la égida del nefasto Rato, dio lugar a un banco verdaderamente putrefacto. Entonces decidieron sus jefes, bajo la égida del nefasto Rato, dividirlo en dos bancos, uno con todos los fondos putrefactos y otro con sólo parte de activos fétidos, pero más disimuladitos que los claramente muertos del primero. A continuación la genial idea de crear un banco cuyos activos estaban perfectamente muertos, obliga a meterle dinero para que no quiebre, lo que es imposible porque en la realidad nace quebrado. El gobierno del PSOE le mete cuatro mil quinientos millones de euros que saca de las arcas públicas y le exige a los demás bancos y a muchas de las grandes empresas que compren acciones del supuesto banco bueno para evitar que ese también quiebre. A continuación se le ofrece ser absorbido por el tercer banco español, Caixabank, pero el nefasto Rato piensa que eso es su final político, porque ante Caixabank y el gobierno catalán él personalmente no sería más que un cero a la izquierda. El nefasto Rato probablemente tenía mejores ambiciones, quería que le absorbieran los del Santander para así pretender trepar dentro con la ayuda de sus amigos del PP. Obviamente la negativa del también nefasto Botín fue absoluta. El nefasto Rato se quedó sólo.
Ya al final del sorpasso, sus “amigos” del gobierno deciden quitárselo de encima antes de que su caída arrastre a todo el sistema bancario. De pronto le dan una buena patada en el trasero y declaran que convierten la deuda de esos cuatro mil quinientos millones que había recibido el banco malo, BFA, del anterior gobierno, en acciones de ese banco, afirman que eso les da el cien por ciento del capital, de donde se deduce que o bien mienten o bien su capital real antes de la inyección era exactamente de cero euros, o ambas cosas a la vez. Nadie sale a aclararlo. Luego dicen que lo valorarán más adelante ¿en qué quedamos? Afirman que con esta operación se convierten en propietarios del 45 % del capital de Bankia. ¿Será verdad? Porque dejan caer a la vez que tendrán que meter ahora entre siete mil y quince mil millones más para evitar la caída de ambos. Y tienen el cinismo de afirmar que esto forma parte de su gran reforma del sistema bancario español, como si tuvieran algo pensado al respecto.
Todo esto se ha vuelto necesario y hasta urgente porque tan sólo los tres principales bancos españoles –Santander, BBVA y Caixabank- tienen unos activos en el papel, pero irreales, que duplican el PIB del Estado, 1’4 billones de PIB contra 2’7 billones de activos en papel, que a pesar de todo seguramente representan unos activos reales a precio de mercado cercanos al PIB, Bankia tiene unos activos en papel que representan un tercio del PIB español. La conclusión es que no hay dinero en el Estado para rescatar ni siquiera a su precio de mercado a la mayoría de los bancos y cajas en quiebra técnica real. Luego es evidente que sólo cabría la nacionalización vendiendo a precio de saldo todos esos activos inmobiliarios, de valor menor que la mitad de su valor contable actual, dándo de baja a lo que es puro suelo sin salida, vendiendo a piratas internacionales las deudas incobrables de las inmobiliarias, para que éstas apechuguen con su ruina y no el Estado, y dejándolas caer en quiebra antes de que esa quiebra arrastre al Estado. Y además pagando las deudas creadas sólo por el valor de la venta de esos activos infumables y pagando en la práctica esa nacionalización a medida que se puedan liquidar los activos al precio que se pueda, y ese será al final su valor de mercado real por el que habrán sido nacionalizados. Probablemente ese será el final que exija Bruselas, salvando precisamente a los tres monstruos, de los que precisamente los menos infectados por activos falsos serían los dos grandes bancos, precisamente por tener una muy importante parte de su negocio fuera ya de España.
Se les puede ahora meter todavía varias decenas de miles de millones de euros para evitar su caída, como se pretende ahora hacer con Bankia, pero el resultado es manifiesto: se perderán esas decenas de miles de millones que simplemente engrosaran las abultadas arcas de los Rato en forma de pasmosa pensión vitalicia, y de su flamante sustituto, el de la pensión a la que no se ve que haya renunciado de 53 millones de euros por su salida hace un par de años del BBVA, y demás congéneres y amigos de la banca y fondos internacionales, y pocos meses después se producirá la quiebra real de cada uno de los rescatados, mientras faltan medicinas, hospitales, escuelas y servicios para los ciudadanos de a pie.
Claro que nuestros grandes dirigentes se hartan de decirnos que lo importante es dar confianza a los agiotistas y prestamistas internacionales. Creemos que sería no menos importante dar confianza a la ciudadanía. Cuando veamos entre rejas a los Rato, Botín y a media docena de políticos corruptos seguramente la sociedad tendrá confianza, y los banqueros y muchos corruptos, pánico, y eso sí que será dar confianza. Lo demás son paños calientes para tratar un cáncer. Esto por desgracia no lo veremos con toda probabilidad nunca, y eso hará a la sociedad ingobernable. Al poder, nos guste o no, sólo le quedará una forma de dar confianza a los mercaderes internacionales: la policía. Ese será el tercer acto de esta tragedia. Puede evitarse, pero para eso harían falta medidas y personajes en nuestra vida política que no se ven por ninguna parte, y así al final los hechos ocurrirán sin control y el poder recurrirá a eso tan obvio de sacar la policía a matar ciudadanos indignados. Y naturalmente el corrupto sistema judicial mirando para otro lado, no sea que se toquen los intereses inmediatos de sus miembros. Ni uno de los verdaderos culpables de la quiebra será investigado por la supuesta justicia española. Al tiempo.











Nos dejó escrito aquel gran maestro de maestros que fue José Castillejo, en su magnífica Historia del Derecho Romano, el siguiente párrafo en referencia a los turbulentos años del final de la República en Roma, describiéndonos las posiciones que tomaron respectivamente los revolucionarios, los progresistas y los conservadores, cuando ya la situación se intuía que se estaba volviendo insostenible:

“(Diferentes textos de época) revelan la acusación de codicia insaciable, usura y acumulación de tierras, que los caudillos populares lanzaban contra los ricos, y la opinión reformista, temerosa de que la miseria pudiera hacer perder a las clases bajas su amor a la patria, e inclinada por tanto a condonación de deudas y repartos de tierra para prevenir la revolución. Frente a aquel radicalismo y a esta transigencia, aparece la concepción conservadora puesta en boca de Appio Claudio en el Senado, al sostener que las reformas sociales arrancan la riqueza a los que, por su mayor capacidad la adquirieron, y la entregan a los peores; irritan a aquellos sin favorecer a éstos, porque los hace aborrecer más el trabajo; dañan al crédito, a la agricultura y al comercio, y alientan la insaciable avaricia de las masas, hasta llevarlas al Poder, que es como cuando en el individuo las pasiones se apoderan del espíritu. Como deducción práctica sostenía que la revolución no será de temer en tanto que la policía permanezca fiel.”