El Sr.
de Guindos acaba de improvisar nuevas astutas medidas que probablemente no sepa
ni él para qué podrían servir. Según su nueva estrategia los bancos españoles
requieren ser estudiados con la lupa de dos agencias consultoras
internacionales neutrales. Además para que la credibilidad sea máxima invita,
24 horas antes de que se lo impongan, a participar de ese importante estudio al
mismísimo Banco Central Europeo y nada menos recabar la colaboración de la muy
prestigiosa entidad llamada Banco de España.
O sea,
que el Sr. de Guindos pretende ganar tres meses, para llegar al verano a la
espera de ver si se le ocurre a alguien alguna idea realmente útil o si alcanza
a pasar algo inesperado que cambie misteriosamente las cosas a mejor.
También
tiene buenos amigos, incluso en el gobierno, que se preocupan cada día de
realizar bonitos juegos malabares ante el selecto público nacional por ver si
así se entretienen con cosas simpáticas y hablan menos de su empobrecido
bolsillo. Es imprescindible, porque los que gobiernan no pueden fiarse de gente
tan egoísta que sólo piensa en su bolsillo y además están en paro, no pueden
pagar sus casas cada mes, ni comprar comida cada día, ni saben qué hacer en las
desagradables veinticuatro horas que conforman cada jornada. Es sin duda gente
peligrosa, al menos potencialmente y conviene que los mejores de nuestro
gobierno les dediquen la atención precisa. Por ejemplo, el presidente
valenciano afirma que no permitirá que haya imputados judiciales en su partido
conteniéndose con grandes esfuerzos la risa mientras lo dice, mientras, su
consejera de educación solicita a los maestros que hagan las huelgas fuera del
horario laboral, y el ministro de justicia afirma que sus previstas numerosas
propuestas de prohibiciones son en realidad para que haya más libertad. Se nota
que deben haber seguido algún curso del método Stanilavski porque efectivamente
no se ríen nada mientras actúan.
Y
mientras contemplamos pasmados tales juegos malabares la ruina económica y financiera
avanza ya al galope mientras todos miran despistadamente hacia otro lado
afirmando, también sin reírse, que no pasa nada, y el capitán grita
nerviosamente eso de ¡Que no panda el cúnico!
Y
efectivamente no cunde el pánico, sino la desesperación y la pobreza. En los
barrios y los pueblos hay ya demasiada gente que no puede comprar comida ni
tiene donde dormir ni tiene tan siquiera ya esperanza de salir adelante.
Y esta
comedia de enredo y tragedia griega combinada no es artificial, cuando los
jefes se mueven confusos diciendo diversas tonterías sobre cómo salir de la
crisis y la población mira angustiada al día a día de su supervivencia, los
teóricos afirman diversas teorías profundamente inanes.
Hay que
decirlo claramente aunque nadie lo quiera escuchar: la crisis no tiene solución
dentro del sistema. Y el colofón más duro, es que no existe ninguna propuesta
para la creación de ningún otro sistema. Esa es la verdad que todos sabemos y
nadie quiere decir en público.
Y en eso llegó el 15M. Su protesta es fuerte
pero nadie acaba de saber contra qué es exactamente. Se afirma contra el
sistema, pero se proponen soluciones estrictamente dentro del sistema, mejoras
en los sistemas concretos de representación ciudadana, o críticas a aspectos
del sistema, como las que se hacen a los bancos, pero esas críticas no parecen
hacer la menor mella en los banqueros que siguen a lo suyo seguros de que están
defendidos por el propio sistema y que incluso son el hígado del sistema, el
que fabrica su sangre y no el que la hace circular.
Tras un
año de vida este conjunto de movimientos ciudadanos ha conseguido impulsar las
numerosas dudas de la ciudadanía sobre los errores del sistema, pero no poner
en duda el sistema, ha conseguido poner en evidencia a los bancos, pero no
poner en duda su papel en el sistema, ha conseguido incrementar enormemente la
desconfianza de la ciudadanía sobre la labor de los políticos profesionales que
nos gobiernan, pero sin iniciar sistemas políticos alternativos al que tenemos.
La afirmación del valor de los mecanismos asamblearios en sí, no resuelve
ningún problema sobre las dudas de la corrupción casi total que corroe al
sistema representativo parlamentario que constituye la médula del sistema.
Cuando
el gobierno explica –también sin reírse nada- que van a aprobar una legislación
sobre la dación en pago para desahucios, y añaden que esta sería siempre
voluntaria por parte del banco, hay quienes explican que las propuestas del 15M
van siendo aceptadas hasta por el gobierno, y resulta ser una importante noticia
que se ha detenido por unos días un solo desalojo por la acción de un numeroso
piquete de indignados, mientras se producían trescientos más en otras casas.
¿Qué triunfo? Ha ido el piquete de activistas antidesahucios a evitar ese
desalojo e incluso lo han conseguido por un mes o dos, pero ¿dónde estaban los
cientos de vecinos en peligro de desalojo de ese mismo barrio?
Y
mientras se discuten estas cuestiones un tanto abstractas, siguen los
desahucios, el hambre, el paro, la descomposición social en barrios y pueblos
de todo el Estado.
El 15M
discute y discute temas sin duda muy importantes de tipo ciudadano, civil, pero
está lejos de los problemas sociales y muy lejos de los problemas políticos. Su
labor sin duda es digna de ser tenida en cuenta por quienes quieren luchar
contra la gravísima situación social y política, pero resulta claramente
insuficiente para quienes trabajan cada día en estas luchas. Mientras, a los grandes
sindicatos oficiales cuando ven estos movimientos les entra la misma risa tonta
que a los políticos cuando nos explican cómo salir ya mismo de la crisis o a
los banqueros cuando desde el piso cincuenta de sus rascacielos ven a los
manifestantes a sus pies moviendo las manos alegremente sobre sus cabezas.
Nadie
está dando las clásicas alternativas sociales que tampoco saben cómo salir de
la crisis ni pretenden crear otro sistema, pero ayudan a mucha gente a resolver
problemas reales y lo que es tan o más importante aún, a la vez hacen pensar,
crean espacios de libertad, y hacen crítica inasimilable por el sistema. Nos lo
enseñaron en América en ese último tercio del siglo pasado, nos lo enseñaron en
medio mundo, lo aprendemos fácilmente de nuestro propio pasado. Sabemos perfectamente
cómo se crean talleres populares de autogestión, comedores de barrio, conocemos
bien cómo tienen que montarse piqueteros en las carreteras y calles, y sabemos
bastante de otras alternativas de lucha social, pero nuestra sociedad produce
críticos teóricos de muy alto nivel y sigue dejando en manos de Caritas el
enfrentamiento a la situación social, que obviamente lleva un mensaje más bien
conservador y apaga la crítica real y profunda que no pueda ser de verdad
asimilable por el sistema.
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