viernes, 11 de mayo de 2012

OLVIDAR LAS FANTASÍAS

Volviendo a la dura realidad los ciudadanos nos encontramos con que nadie quiere explicarnos qué es lo que está pasando de verdad con la economía.
Eso que ha dicho Felipe González de que ahora sabemos que el PP no tenía un programa oculto, si no que simplemente no tenía ningún programa, resulta más que evidente. Cada día el gobierno inventa cualquier cosa, tenga o no que ver con cosas que haya inventado pocos días antes, y la aplica sin consultar para nada con los afectados por tales medidas, y en lo único que coinciden esas medidas es que son cada día un nuevo mazazo en las cabezas de los sufridos ciudadanos.
Esta continua improvisación se debe sin duda tanto a su propia idiosincrasia como a un absoluto vacío acerca de la posible previsión de futuro, acerca de algún proyecto de país para el día de mañana. Simplemente actúan de bomberos aficionados que echan cubos de agua, generalmente mezclada con gasolina, en cualquier lugar por donde va avanzando el incendio.
Cualquiera que se separe un poco del día a día, observa con meridiana claridad que jamás se podrá pagar ni lo que debe el Estado a los agiotistas y prestamistas internacionales con los que se han firmado préstamos a altos intereses, ni jamás podrán pagar las CCAA lo que deben tanto a esos mismos fondos, a los proveedores y a sus funcionarios, ni jamás podrán pagar los bancos a sus prestamistas lo que les deben tras su exitoso paso por el tempestuosos océano del ladrillo, ni jamás podrán pagar las inmobiliarias lo que tomaron prestado de los bancos, ni jamás podrán los particulares pagar las deudas e hipotecas que firmaron con los bancos. No hay en el mundo dinero disponible para tal cosa. Esta situación se llama técnicamente bancarrota, guste o no guste a nuestros pésimos políticos.
También ese mismo observador imparcial puede ver cómo todas las medidas tomadas tanto por el anterior gobierno como por el actual no hacen sino empeorar la situación económica y, arrasar la social.
Por ejemplo, se le da dinero a los bancos que no pueden pagar sus créditos a terceros, sacándoselo a la ciudadanía de sus servicios e impuestos, y los bancos no hacen más que empeorar su situación de quiebra. ¿Dónde va a parar ese dinero? Una parte a pagar sus deudas con los fondos internacionales a los que deben y otra parte a repartir beneficios y pagar sueldos increíbles a sus dirigentes, incluidas pensiones de por vida absolutamente inaceptables. A continuación, cada día que pasa tienen esos bancos más créditos fallidos, sobre todo de las inmobiliarias y no como se publica de los particulares, ya que la suma de las deudas de las inmobiliarias cuadruplica la de los particulares en cuanto a hipotecas. Y cada día empeora su situación más porque al repartir cada día menos dividendos entre sus accionistas, estos procuran vender sus acciones antes de que llegue el más que previsible final desastroso que todos sabemos que ha de ocurrir, y así cada día el valor de ese banco es menor en la bolsa, y nadie le da entonces ni un céntimo salvo con intereses usurarios.
Cierto que esto afecta muchísimo más a las cajas que a los bancos, ya que el saco sin fondo de la corrupción inmobiliaria es mayor en cajas que en bancos, pero los grandes créditos a las grandes inmobiliarias sí que están también en manos de los bancos, y ahí hay una madeja que envuelve también a las grandes empresas de la energía, especialmente a las de electricidad y petróleo, y que el observador objetivo sabe bien que si cae una caen la inmensa mayoría. Sacyr, Repsol, Iberdrola, ACS, y un largo etcétera de impresentables están simplemente esperando su caída moviendo papeles de sitio sin que nadie les ponga el menor reparo desde el gobierno. Nadie piensa mientras tanto en el futuro.
Si esto que se sabe que está ocurriendo y que va necesariamente a acabar ocurriendo, es algo nítido, lo propio de cualquier estadista sería prever un futuro a largo plazo. ¿Qué podrá ser este país, si subsiste, dentro de diez o quince años?
Por desgracia nuestros antiestadistas creen alegremente que algún día volverá el ladrillo, la especulación, las estafas bancarias y todo eso con un euro fuerte en una Comunidad Europea sólida. Seguramente no mienten al decirlo, si no que se lo tienen que creer para subsistir cada día sin demasiadas interrogantes desagradables.
Por el contrario y simplemente por puro sentido común, se escuchan tímidamente algunas cosas normales.
A corto plazo el euro no podrá subsistir tal como es ahora. No puede un país de economía débil tener una moneda fuerte porque no venderá bienes suficientes que sostenga esa economía, sólo podría subsistir esa situación con salarios muy débiles y siempre mantendrá escasa productividad y competividad. Ese fue un error de principio hace ahora trece años. Ahora es impositivo subsanarlo: Dicen en tales y cuales foros que volver a la peseta, al dracma, al escudo, etc. es una barbaridad. Cierto sin duda. Probablemente la única solución al desquicie provocado con la moneda única será pasar a la coexistencia de dos euros, el fuerte para los países de economía más fuerte, y otro devaluado para los de economía más débil. O sea uno al valor más o menos actual, y otro más o menos un treinta por ciento más bajo, o sea al par aproximada del dólar USA. Eso, si se llega a tiempo, pues cuando la crisis toque el corazón de Europa, los países del centro y norte, será demasiado tarde para esa solución y prácticamente se disolvería la mayor parte de la Comunidad Europea, o quedaría reducida a un simple conjunto de acuerdos comerciales.
En segundo lugar, la sombra de la quiebra de la mayoría de los bancos se yergue cada día más impresionante, incluidos Santander y BBVA. Se podrá disimular con extrañas figuras improvisadas, pero el hecho es que en algún momento tendrán que decir a sus acreedores que no les van a pagar sencillamente porque no tienen suficiente dinero para pagarles, y cuando vayan esos grandes bancos al papa Estado, papa Estado les dirá que no tiene dinero para cubrirles las vergüenzas, y cuando el papa Estado vaya al gran patriarca de Bruselas, en Bruselas le dirán que allí no hay dinero para tapar las vergüenzas del Estado español.
Improvisando, improvisando el gobierno cree que al tomar ahora y por vía de urgencia el control de Bankia está organizando una especie de explosión controlada. La impresión real es que les está explotando la crisis en las manos sin control ninguno. El caos con el que han tomado cualquier medida sin conexión ninguna con cualquier otra, y sobre todo sin dar explicaciones a nadie, lo que resultaría imposible ya que ni ellos saben qué es lo que están haciendo, crea una sensación de pánico que está a punto de tomar proporciones incontrolables. No pasará ahora, no todavía, pero el error cometido es de tal tamaño que las consecuencias se vuelven ya difícilmente evitables.
En primer lugar recordemos que la unión de siete cajas y un banco, bajo la égida del nefasto Rato, dio lugar a un banco verdaderamente putrefacto. Entonces decidieron sus jefes, bajo la égida del nefasto Rato, dividirlo en dos bancos, uno con todos los fondos putrefactos y otro con sólo parte de activos fétidos, pero más disimuladitos que los claramente muertos del primero. A continuación la genial idea de crear un banco cuyos activos estaban perfectamente muertos, obliga a meterle dinero para que no quiebre, lo que es imposible porque en la realidad nace quebrado. El gobierno del PSOE le mete cuatro mil quinientos millones de euros que saca de las arcas públicas y le exige a los demás bancos y a muchas de las grandes empresas que compren acciones del supuesto banco bueno para evitar que ese también quiebre. A continuación se le ofrece ser absorbido por el tercer banco español, Caixabank, pero el nefasto Rato piensa que eso es su final político, porque ante Caixabank y el gobierno catalán él personalmente no sería más que un cero a la izquierda. El nefasto Rato probablemente tenía mejores ambiciones, quería que le absorbieran los del Santander para así pretender trepar dentro con la ayuda de sus amigos del PP. Obviamente la negativa del también nefasto Botín fue absoluta. El nefasto Rato se quedó sólo.
Ya al final del sorpasso, sus “amigos” del gobierno deciden quitárselo de encima antes de que su caída arrastre a todo el sistema bancario. De pronto le dan una buena patada en el trasero y declaran que convierten la deuda de esos cuatro mil quinientos millones que había recibido el banco malo, BFA, del anterior gobierno, en acciones de ese banco, afirman que eso les da el cien por ciento del capital, de donde se deduce que o bien mienten o bien su capital real antes de la inyección era exactamente de cero euros, o ambas cosas a la vez. Nadie sale a aclararlo. Luego dicen que lo valorarán más adelante ¿en qué quedamos? Afirman que con esta operación se convierten en propietarios del 45 % del capital de Bankia. ¿Será verdad? Porque dejan caer a la vez que tendrán que meter ahora entre siete mil y quince mil millones más para evitar la caída de ambos. Y tienen el cinismo de afirmar que esto forma parte de su gran reforma del sistema bancario español, como si tuvieran algo pensado al respecto.
Todo esto se ha vuelto necesario y hasta urgente porque tan sólo los tres principales bancos españoles –Santander, BBVA y Caixabank- tienen unos activos en el papel, pero irreales, que duplican el PIB del Estado, 1’4 billones de PIB contra 2’7 billones de activos en papel, que a pesar de todo seguramente representan unos activos reales a precio de mercado cercanos al PIB, Bankia tiene unos activos en papel que representan un tercio del PIB español. La conclusión es que no hay dinero en el Estado para rescatar ni siquiera a su precio de mercado a la mayoría de los bancos y cajas en quiebra técnica real. Luego es evidente que sólo cabría la nacionalización vendiendo a precio de saldo todos esos activos inmobiliarios, de valor menor que la mitad de su valor contable actual, dándo de baja a lo que es puro suelo sin salida, vendiendo a piratas internacionales las deudas incobrables de las inmobiliarias, para que éstas apechuguen con su ruina y no el Estado, y dejándolas caer en quiebra antes de que esa quiebra arrastre al Estado. Y además pagando las deudas creadas sólo por el valor de la venta de esos activos infumables y pagando en la práctica esa nacionalización a medida que se puedan liquidar los activos al precio que se pueda, y ese será al final su valor de mercado real por el que habrán sido nacionalizados. Probablemente ese será el final que exija Bruselas, salvando precisamente a los tres monstruos, de los que precisamente los menos infectados por activos falsos serían los dos grandes bancos, precisamente por tener una muy importante parte de su negocio fuera ya de España.
Se les puede ahora meter todavía varias decenas de miles de millones de euros para evitar su caída, como se pretende ahora hacer con Bankia, pero el resultado es manifiesto: se perderán esas decenas de miles de millones que simplemente engrosaran las abultadas arcas de los Rato en forma de pasmosa pensión vitalicia, y de su flamante sustituto, el de la pensión a la que no se ve que haya renunciado de 53 millones de euros por su salida hace un par de años del BBVA, y demás congéneres y amigos de la banca y fondos internacionales, y pocos meses después se producirá la quiebra real de cada uno de los rescatados, mientras faltan medicinas, hospitales, escuelas y servicios para los ciudadanos de a pie.
Claro que nuestros grandes dirigentes se hartan de decirnos que lo importante es dar confianza a los agiotistas y prestamistas internacionales. Creemos que sería no menos importante dar confianza a la ciudadanía. Cuando veamos entre rejas a los Rato, Botín y a media docena de políticos corruptos seguramente la sociedad tendrá confianza, y los banqueros y muchos corruptos, pánico, y eso sí que será dar confianza. Lo demás son paños calientes para tratar un cáncer. Esto por desgracia no lo veremos con toda probabilidad nunca, y eso hará a la sociedad ingobernable. Al poder, nos guste o no, sólo le quedará una forma de dar confianza a los mercaderes internacionales: la policía. Ese será el tercer acto de esta tragedia. Puede evitarse, pero para eso harían falta medidas y personajes en nuestra vida política que no se ven por ninguna parte, y así al final los hechos ocurrirán sin control y el poder recurrirá a eso tan obvio de sacar la policía a matar ciudadanos indignados. Y naturalmente el corrupto sistema judicial mirando para otro lado, no sea que se toquen los intereses inmediatos de sus miembros. Ni uno de los verdaderos culpables de la quiebra será investigado por la supuesta justicia española. Al tiempo.











Nos dejó escrito aquel gran maestro de maestros que fue José Castillejo, en su magnífica Historia del Derecho Romano, el siguiente párrafo en referencia a los turbulentos años del final de la República en Roma, describiéndonos las posiciones que tomaron respectivamente los revolucionarios, los progresistas y los conservadores, cuando ya la situación se intuía que se estaba volviendo insostenible:

“(Diferentes textos de época) revelan la acusación de codicia insaciable, usura y acumulación de tierras, que los caudillos populares lanzaban contra los ricos, y la opinión reformista, temerosa de que la miseria pudiera hacer perder a las clases bajas su amor a la patria, e inclinada por tanto a condonación de deudas y repartos de tierra para prevenir la revolución. Frente a aquel radicalismo y a esta transigencia, aparece la concepción conservadora puesta en boca de Appio Claudio en el Senado, al sostener que las reformas sociales arrancan la riqueza a los que, por su mayor capacidad la adquirieron, y la entregan a los peores; irritan a aquellos sin favorecer a éstos, porque los hace aborrecer más el trabajo; dañan al crédito, a la agricultura y al comercio, y alientan la insaciable avaricia de las masas, hasta llevarlas al Poder, que es como cuando en el individuo las pasiones se apoderan del espíritu. Como deducción práctica sostenía que la revolución no será de temer en tanto que la policía permanezca fiel.”

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