jueves, 31 de octubre de 2013

MANIFIESTO POR UNAS CORTES CONSTITUYENTES


 Agotado ya el sistema surgido al final de la dictadura franquista, es la hora de establecer nuevas normas que cumplan con aquellos objetivos que entonces se frustraron.

No ha de ser echar la vista atrás e intentar recrear artificiosamente aquello a lo que entonces nuestra sociedad fue incapaz de dar vida, ni podría ser copiar miméticamente sistemas conocidos. Es la hora de dar rienda suelta a la genuina participación ciudadana, es la hora de organizar nuestra convivencia libre y naturalmente.  

Tuvimos y tenemos unas Cortes construidas artificialmente, desde pactos que nunca pudieron explicarse entre fuerzas políticas y económicas que actuaban más en la sombra que a la luz del sol. Establecieron unas bases de partida que en poco se correspondían con aquellos ideales democráticos por los que tantos ciudadanos habían luchado, sufrido cárcel, exilio, torturas y hasta la muerte y la desaparición. Tomaron decisiones trascendentales para nuestras vidas y nuestro futuro sin contar con los intereses más verídicos del pueblo.

Acordaron procedimientos, formas electorales, salvaguardas de los poderes fácticos más reaccionarios, la Iglesia, la banca, el ejército, las grandes familias del poder franquista, estructuras de poder firmes y sólidas que la Constitución consagró como intocables, inabordables y,  a la postre, que han resultado para la ciudadanía inasumibles.

Ahora el sistema se agota. No por que no funcione, sino precisamente por que ha funcionado de forma casi perfecta, ahogando, sofocando, marginando, olvidando lo que más importaba: las libertades ciudadanas contempladas como tales, y no como un listado de derechos limitados, constreñidos y susceptibles de ser menguados cuanto el poder necesite. Han olvidado los derechos ciudadanos, sustituyéndolos por normas cada vez más estrechas, cada vez más controladas, cada vez más mezquinas. Han olvidado la imprescindible separación de poderes, creando un magma de jueces, fiscales, legisladores, poderes económicos, poderes civiles y poderes policiales que es quien nos gobierna sin tapujos, usando de la arbitrariedad más indecente, de la corrupción más grosera, de la altanería y la soberbia de creer y hacer creer a muchos que a los que detentan el poder nunca les puede llegar la mano de la verdadera justicia, y que a quienes denuncian la corrupción la vida se les pueda volver insoportable, y hasta puedan perderla oscuramente.

Ese es el sistema en el que vivimos, sin que nunca se hubiera consultado a la ciudadanía acerca de cada uno de sus aspectos más decisivos, más trascendentes. Nunca se consultó cómo controlar a la Iglesia, a la banca, a los políticos y jueces corruptos, nunca se nos consultó sobre la estructura del Estado ni sobre su cúpula, ni se nos consultó sobre los sistemas electorales que permitiesen claridad y libertad en la elección de candidatos a cada uno de los puestos del poder real.

Hemos sido simples muñecos de feria manejados por poderes que resultan inescrutables, oscuros, muchas veces incluso anónimos, siempre incontrolables.

No votamos a nuestros representantes, elegimos entre las listas que fuerzas ajenas a la ciudadanía deciden. Podemos decidir si de esas fuerzas nos caen mejor los de tales o cuales siglas, pero nunca a nuestros representantes libremente marcados, seleccionados y decididos por cada ciudadano.

No controlamos jueces ni fiscales, nada podemos hacer para investigar a banqueros, especuladores financieros, grandes empresarios. Los supuestos organismos del tipo Tribunal de Cuentas, Fiscalía Anticorrupción, Unidad Policial de Delitos Económicos, y tantos otros organismos creados no para descubrir el dolo sino más bien para encubrir al delincuente, funcionan desde el poder y no desde el pueblo, son instrumentos del poder y no defensores de la ciudadanía, son ejecutores de la corrupción por acción o por simple connivencia. Son parte en suma de ellos, no engranaje vivo de una sociedad despierta y exigente.

Es pues ya la hora de construir una democracia nacida de las verdaderas exigencias populares, sociales, ciudadanas. Y eso sólo pueden hacerlo unas auténticas Cortes Constituyentes.

Exijamos la convocatoria de Cortes Constituyentes desde ya. Organicémonos de cara a las próximas elecciones generales alrededor de un programa que contenga un único punto:


CONVOCATORIA DE CORTES CONSTITUYENTES


No queramos crear complejos programas que propongan tales o cuales sistemas electorales, tales o cuales controles democráticos, tales o cuales largas propuestas de reformas económicas, sociales, tales o cuales cambios en códigos inoperantes de conducta.

Sólo una exigencia, sólo una voz, sólo un cambio, pero esencial, radical, excepcional: Convocatoria libre, universal y abierta de Cortes Constituyentes. 

                                                                                         Colectivo El Grito

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