martes, 13 de enero de 2015

LA QUITA DE LA DEUDA



Docenas de artículos analizan las consecuencias del posible triunfo de Siriza en las próximas elecciones griegas. Raramente se plantean la parte social de esa alternativa, la calle, el desvío de votos al emergente partido fascista, la corrupción generalizada que abarca a los dos grandes partidos tradicionales, etc.
Toda la discusión parece centrarse en la deuda a pagar por el Estado y las presiones de la banca internacional, europea y especialmente alemana sobre estos pagos.
Tanto cuando Siriza en Grecia, como Podemos en España, afirman que el problema a resolver es la imposibilidad material de pagar la deuda, toda la derecha, la derechota y los banqueros y representantes de la gran patronal, saltan como fieras afirmando que si se dejara de pagar la deuda el país se hundiría en cosa de horas. 
Vayamos por partes, que dirían un cirujano o Jack el Destripador.
En el caso de España la deuda total del Estado, la banca, las empresas y las familias es del orden de 4,4 billones de euros. Esto quiere decir que siendo el PIB español de alrededor de 1 billón de euros, si la totalidad del país estuviera produciendo lo mismo que ahora pero sin consumir absolutamente nada, la deuda quedaría pagada en cuatro años y tres meses.
Como salta a la vista la imposibilidad de tirarnos cuatro años largos sin comer, encender la luz o comprar al menos unas pobres alpargatas, está claro que la deuda habría de pagarse en otro plazo, y mientras ir pagando principal e intereses según vaya venciendo cada crédito.
Como lo que hay que pagar sólo en intereses, cada año es superior a los ingresos previsibles según opina el chusco ministro de hacienda que tenemos, aproximadamente este año 2015 unos treinta y cinco mil millones de pagos, unos treinta mil millones de ingresos, quedará claro que o no se paga parte de la deuda o se piden nuevos préstamos internacionales para hacerle frente.
En total hay que pagar una deuda en el 2015 unos 240.000 millones de euros en deuda soberana, y el gobierno ha comprendido que para pagarlos lo mejor es pedir prestado a bancos y fondos  de inversión, ¿Adivinan qué cantidad? Pues efectivamente 240.000 millones de euros. Luego, nos explican que esos nuevos créditos que se piden son para pagar a los funcionarios, a las nuevas inversiones productivas, a la sanidad y a la educación, pero es muy curioso que la cantidad que se va a pedir es casi igual a la que se va a pagar a los propios prestamistas internacionales. Se deduce que han pensado una solución fácil, pidamos el dinero necesario para pagar los vencimientos y reservemos todos los ingresos para los gastos corrientes del Estado, las empresas, etc.
El único problema es que todo el mundo sabe que pedir prestado para pagar créditos vencidos es la más absoluta de las soluciones ruinosas.
Y algo más, si se piden los fondos precisos para pagar la deuda, sabemos que, desde hace años, al final de año no se pueden pagar con los ingresos previsibles la totalidad de los pagos del gasto corriente y la inversión imprescindible. Eso se llama déficit, y está en cantidades bastante altas, actualmente en unos cuarenta mil millones de euros, y los bancos y fondos de inversión a los que se debe dinero dicen que no se fían de un país que no puede pagar de forma indefinida sus gastos corrientes e impulsar un mínimo crecimiento porque de esta forma cada vez se deberá más y se ingresará menos, y será más incobrable la deuda. Luego, sólo aceptarían renovar créditos que van venciendo o dar créditos nuevos a intereses cada vez más elevados, con lo que si bien saben que nunca cobrarán las deudas pendientes cada vez más crecientes, al menos cobran elevados intereses y a su vez venden los bonos correspondientes a las deudas a otros fondos de inversión a precios más bajos.
Eso es exactamente lo que se hace con los bonos de deuda española desde hace años en el mercado internacional.
Queda además el problema de averiguar quienes son nuestros acreedores: Los del Estado son en primer lugar la propia banca española, la banca internacional y para el famoso rescate de los bancos de hace unos años, el Banco Central Europeo y el Banco Mundial, a través del Fondo Monetario Internacional. Pero lo peor no es eso, sino que una buena parte de esa deuda se la ha encajado a espaldas de la ciudadanía nada menos que al fondo español de reserva de las pensiones, cuyo casi 90 % está prestado al Estado a cambio de bonos de deuda.  
Y ¿qué hacen los acreedores bancarios con esos bonos de deuda? Pues simplemente los revenden mezclados en extraños paquetes con otras deudas soberanas, créditos inmobiliarios, deuda de otros bancos y papelería diversa que en buen coctel explosivo lo ofrecen a otros inversores internacionales a precios bajos, que a su vez hacen exactamente lo mismo una vez disuelto el paquete envenenado y reagrupados los diferentes bonos en nuevos paquetes irreconocibles.
Querido lector, su estupor, si no lo sabía, es tan grande que no acepta creérselo. Está Vd. equivocado. Es exactamente así, y en esa ruleta rusa mundial ni siquiera los fondos saben exactamente qué compran y venden, sino las probabilidades de obtener en cada operación beneficios de al menos un 1%. Si, un uno por ciento, que en las cantidades de las que hablamos representa generalmente millones de euros o dólares.
Esa es, por cierto, la razón de la propuesta de la tasa Tobin, ya que si se tasaran las operaciones especulativas internacionales con simplemente un 1% resultaría que la mayoría ya no serían suficientemente rentables y se forzaría a los mercados financieros internacionales a dejar de hacerlas, tendiendo a estabilizar así el mercado de capitales mundial.
Esto se llama en realidad la burbuja financiera, que lleva unos pocos años siendo llevada a límites insostenibles y está cercana ya a estallar, no porque falte dinero (billetes de banco que sigue fabricando sin límite la Reserva Federal Americana y que pronto veremos imprimir al Banco Central Europeo) para seguir hinchándola indefinidamente, sino porque cualquier cambio financiero de importancia externo a esta burbuja la puede hacer estallar. Por ejemplo la quiebra de la Federación Rusa, o la de ciertas empresas, fondos y bancos ligados al petróleo, que son cosas que están en peligro real de ocurrir ahora mismo.
Pero dejando hoy al margen estos dos temas, y volviendo a la deuda griega o española, diremos que efectivamente es impagable según simplemente las cifras reales de nuestras dos economías y finanzas. Pero advirtamos que tampoco se podrá pagar nunca la deuda francesa, italiana, alemana, británica, japonesa o sobre todo norteamericana.
Quedan por discutir los aspectos prácticos, a saber: si es inevitable una quita, que parte es renegociable en intereses y plazos, y cómo reabsorberla sin pérdidas notables.
La quita es inevitable, simplemente porque no existe dinero en el Estado para pagarla ni siquiera en cientos de años y se retroalimenta cada año más todavía. Y quede claro que las deudas de un Estado como el español son demasiado grandes como para que los grandes capitales y las grandes capitales del mundo le asfixien hasta la quiebra. Ni siquiera a la más pequeña Grecia. Y de todas maneras ya se ha hecho en España una enorme quita, pero a costa de la ciudadanía. Se pidieron miles de millones a la Troika para evitar, prestándoselo, a los bancos y cajas en quiebra, se les prestó a esas cajas y bancos y se dijo que cuando se hubieran recuperado los devolverían. Y ahora ya se explicita que los bancos rescatados no van a devolverlo porque no lo tienen y que se les condona sin mas ya que ese dinero lo pone el Estado, o sea los ciudadanos. ¿Es eso una quita de cientos de miles de millones? Lo es, e igual se estructurará el medio para disimular una gigantesca quita de la deuda española. Al tiempo, que ya no será mucho.
Y las deudas contraídas con esos bancos españoles se ha resuelto puramente por ese sistema ya que si estos no pueden pagar a su vez a sus deudores, se les ha rescatado, y al final la fórmula es simplemente nacionalizándolos a precio real de activo menos pasivo. Ciertamente no conviene a ningún país dejar caer su banca en quiebras multimillonarias, pero no tiene sentido prestarles un dinero para evitar su quiebra sabiendo que nunca podrán devolverlo y al cabo de los años reconocer que no los pueden devolver y venderlos al saldo como se ha hecho ya en España, por un simbólico euro. Insistimos, una descomunal quita.
La reabsorción de la deuda que circula por bancos y fondos de todo el mundo no es demasiado discutible porque los bonos de la deuda pública española o griega están circulando en los mercados internacionales a precios de saldo. Hay que localizar a los propietarios de parte de esos bonos y recomparárselos a su precio de mercado que es lo mismo que decirle a los acreedores que al nominal no se puede ya recomprar. Eso es una quita real que desde luego la inmensa mayoría de los poseedores secundarios de estos bonos están perfectamente dispuestos a aceptar siempre que obtengan algún beneficio por pequeño que este sea.
Claro que a los grandes bancos alemanes, franceses y españoles que son primeros compradores de esas deudas, y sobre todo al Banco Central Europeo y al FMI, esa propuesta no le va a gustar ni un pelo ya que eso tiraría los precios internacionales de la deuda española y ellos tienen aún excesiva, varios miles de millones entre Grecia y España.
Desde luego que otra parte es perfectamente renegociable, que es de hecho lo que estamos haciendo desde hace años, al refinanciarla con nuevos créditos. El asunto es sustituir esa continua petición exterior de créditos para pagar deudas vencidas por un acuerdo general con suficientes garantías a largo plazo. Y esto incluiría incluso con algunos acreedores el sustituir la deuda a los plazos en que se hubiera vendido por la llamada deuda perpetua que no devuelve nunca el capital pero paga intereses bastante bajos indefinidamente. No es nada novedoso, lo ha hecho todo el mundo el siglo XIX y el XX y el único riesgo del tenedor de la deuda es que el Estado acabe quebrando por causas incontrolables, como las guerras o las catástrofes naturales. Es uno de los caminos aceptables para renegociar deudas excesivamente importantes.
Claro que esto no se puede llevar a cabo tan fácilmente porque reestructurar así las deudas de un país zona euro requiere un acuerdo general que desde luego la gran banca no va a facilitar. El problema es que es esto o nada. Y alguien tiene que llevar a Bruselas, Frankfurt, Nueva York y Londres la primera proposición, luego ya irán entrando otros países poco a poco. Será difícil y duro pero inevitable, y esto requiere un poder del Estado muy sólido y un fuerte convencimiento ciudadano y político. Y eso está por ver en todos los casos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario