Docenas de
artículos analizan las consecuencias del posible triunfo de Siriza en las
próximas elecciones griegas. Raramente se plantean la parte social de esa
alternativa, la calle, el desvío de votos al emergente partido fascista, la
corrupción generalizada que abarca a los dos grandes partidos tradicionales,
etc.
Toda la
discusión parece centrarse en la deuda a pagar por el Estado y las presiones de
la banca internacional, europea y especialmente alemana sobre estos pagos.
Tanto cuando
Siriza en Grecia, como Podemos en España, afirman que el problema a resolver es
la imposibilidad material de pagar la deuda, toda la derecha, la derechota y
los banqueros y representantes de la gran patronal, saltan como fieras
afirmando que si se dejara de pagar la deuda el país se hundiría en cosa de
horas.
Vayamos por
partes, que dirían un cirujano o Jack el Destripador.
En el caso
de España la deuda total del Estado, la banca, las empresas y las familias es
del orden de 4,4 billones de euros. Esto quiere decir que siendo el PIB español
de alrededor de 1 billón de euros, si la totalidad del país estuviera
produciendo lo mismo que ahora pero sin consumir absolutamente nada, la deuda
quedaría pagada en cuatro años y tres meses.
Como salta a
la vista la imposibilidad de tirarnos cuatro años largos sin comer, encender la
luz o comprar al menos unas pobres alpargatas, está claro que la deuda habría
de pagarse en otro plazo, y mientras ir pagando principal e intereses según
vaya venciendo cada crédito.
Como lo que
hay que pagar sólo en intereses, cada año es superior a los ingresos
previsibles según opina el chusco ministro de hacienda que tenemos,
aproximadamente este año 2015 unos treinta y cinco mil millones de pagos, unos
treinta mil millones de ingresos, quedará claro que o no se paga parte de la
deuda o se piden nuevos préstamos internacionales para hacerle frente.
En total hay
que pagar una deuda en el 2015 unos 240.000 millones de euros en deuda
soberana, y el gobierno ha comprendido que para pagarlos lo mejor es pedir
prestado a bancos y fondos de inversión,
¿Adivinan qué cantidad? Pues efectivamente 240.000 millones de euros. Luego,
nos explican que esos nuevos créditos que se piden son para pagar a los
funcionarios, a las nuevas inversiones productivas, a la sanidad y a la
educación, pero es muy curioso que la cantidad que se va a pedir es casi igual
a la que se va a pagar a los propios prestamistas internacionales. Se deduce
que han pensado una solución fácil, pidamos el dinero necesario para pagar los
vencimientos y reservemos todos los ingresos para los gastos corrientes del
Estado, las empresas, etc.
El único
problema es que todo el mundo sabe que pedir prestado para pagar créditos
vencidos es la más absoluta de las soluciones ruinosas.
Y algo más,
si se piden los fondos precisos para pagar la deuda, sabemos que, desde hace
años, al final de año no se pueden pagar con los ingresos previsibles la
totalidad de los pagos del gasto corriente y la inversión imprescindible. Eso
se llama déficit, y está en cantidades bastante altas, actualmente en unos
cuarenta mil millones de euros, y los bancos y fondos de inversión a los que se
debe dinero dicen que no se fían de un país que no puede pagar de forma
indefinida sus gastos corrientes e impulsar un mínimo crecimiento porque de
esta forma cada vez se deberá más y se ingresará menos, y será más incobrable
la deuda. Luego, sólo aceptarían renovar créditos que van venciendo o dar
créditos nuevos a intereses cada vez más elevados, con lo que si bien saben que
nunca cobrarán las deudas pendientes cada vez más crecientes, al menos cobran
elevados intereses y a su vez venden los bonos correspondientes a las deudas a
otros fondos de inversión a precios más bajos.
Eso es
exactamente lo que se hace con los bonos de deuda española desde hace años en
el mercado internacional.
Queda además
el problema de averiguar quienes son nuestros acreedores: Los del Estado son en
primer lugar la propia banca española, la banca internacional y para el famoso
rescate de los bancos de hace unos años, el Banco Central Europeo y el Banco
Mundial, a través del Fondo Monetario Internacional. Pero lo peor no es eso,
sino que una buena parte de esa deuda se la ha encajado a espaldas de la
ciudadanía nada menos que al fondo español de reserva de las pensiones, cuyo
casi 90 % está prestado al Estado a cambio de bonos de deuda.
Y ¿qué hacen
los acreedores bancarios con esos bonos de deuda? Pues simplemente los revenden
mezclados en extraños paquetes con otras deudas soberanas, créditos inmobiliarios,
deuda de otros bancos y papelería diversa que en buen coctel explosivo lo
ofrecen a otros inversores internacionales a precios bajos, que a su vez hacen
exactamente lo mismo una vez disuelto el paquete envenenado y reagrupados los
diferentes bonos en nuevos paquetes irreconocibles.
Querido
lector, su estupor, si no lo sabía, es tan grande que no acepta creérselo. Está
Vd. equivocado. Es exactamente así, y en esa ruleta rusa mundial ni siquiera
los fondos saben exactamente qué compran y venden, sino las probabilidades de
obtener en cada operación beneficios de al menos un 1%. Si, un uno por ciento,
que en las cantidades de las que hablamos representa generalmente millones de
euros o dólares.
Esa es, por
cierto, la razón de la propuesta de la tasa Tobin, ya que si se tasaran las
operaciones especulativas internacionales con simplemente un 1% resultaría que la
mayoría ya no serían suficientemente rentables y se forzaría a los mercados
financieros internacionales a dejar de hacerlas, tendiendo a estabilizar así el
mercado de capitales mundial.
Esto se
llama en realidad la burbuja financiera, que lleva unos pocos años siendo
llevada a límites insostenibles y está cercana ya a estallar, no porque falte
dinero (billetes de banco que sigue fabricando sin límite la Reserva Federal
Americana y que pronto veremos imprimir al Banco Central Europeo) para seguir
hinchándola indefinidamente, sino porque cualquier cambio financiero de
importancia externo a esta burbuja la puede hacer estallar. Por ejemplo la quiebra
de la Federación Rusa,
o la de ciertas empresas, fondos y bancos ligados al petróleo, que son cosas
que están en peligro real de ocurrir ahora mismo.
Pero dejando
hoy al margen estos dos temas, y volviendo a la deuda griega o española,
diremos que efectivamente es impagable según simplemente las cifras reales de
nuestras dos economías y finanzas. Pero advirtamos que tampoco se podrá pagar
nunca la deuda francesa, italiana, alemana, británica, japonesa o sobre todo
norteamericana.
Quedan por
discutir los aspectos prácticos, a saber: si es inevitable una quita, que parte
es renegociable en intereses y plazos, y cómo reabsorberla sin pérdidas
notables.
La quita es
inevitable, simplemente porque no existe dinero en el Estado para pagarla ni
siquiera en cientos de años y se retroalimenta cada año más todavía. Y quede
claro que las deudas de un Estado como el español son demasiado grandes como
para que los grandes capitales y las grandes capitales del mundo le asfixien
hasta la quiebra. Ni siquiera a la más pequeña Grecia. Y de todas maneras ya se
ha hecho en España una enorme quita, pero a costa de la ciudadanía. Se pidieron
miles de millones a la Troika
para evitar, prestándoselo, a los bancos y cajas en quiebra, se les prestó a
esas cajas y bancos y se dijo que cuando se hubieran recuperado los
devolverían. Y ahora ya se explicita que los bancos rescatados no van a
devolverlo porque no lo tienen y que se les condona sin mas ya que ese dinero
lo pone el Estado, o sea los ciudadanos. ¿Es eso una quita de cientos de miles
de millones? Lo es, e igual se estructurará el medio para disimular una
gigantesca quita de la deuda española. Al tiempo, que ya no será mucho.
Y las deudas
contraídas con esos bancos españoles se ha resuelto puramente por ese sistema
ya que si estos no pueden pagar a su vez a sus deudores, se les ha rescatado, y
al final la fórmula es simplemente nacionalizándolos a precio real de activo
menos pasivo. Ciertamente no conviene a ningún país dejar caer su banca en
quiebras multimillonarias, pero no tiene sentido prestarles un dinero para
evitar su quiebra sabiendo que nunca podrán devolverlo y al cabo de los años
reconocer que no los pueden devolver y venderlos al saldo como se ha hecho ya
en España, por un simbólico euro. Insistimos, una descomunal quita.
La
reabsorción de la deuda que circula por bancos y fondos de todo el mundo no es
demasiado discutible porque los bonos de la deuda pública española o griega
están circulando en los mercados internacionales a precios de saldo. Hay que
localizar a los propietarios de parte de esos bonos y recomparárselos a su
precio de mercado que es lo mismo que decirle a los acreedores que al nominal
no se puede ya recomprar. Eso es una quita real que desde luego la inmensa
mayoría de los poseedores secundarios de estos bonos están perfectamente
dispuestos a aceptar siempre que obtengan algún beneficio por pequeño que este
sea.
Claro que a
los grandes bancos alemanes, franceses y españoles que son primeros compradores
de esas deudas, y sobre todo al Banco Central Europeo y al FMI, esa propuesta
no le va a gustar ni un pelo ya que eso tiraría los precios internacionales de
la deuda española y ellos tienen aún excesiva, varios miles de millones entre
Grecia y España.
Desde luego
que otra parte es perfectamente renegociable, que es de hecho lo que estamos
haciendo desde hace años, al refinanciarla con nuevos créditos. El asunto es
sustituir esa continua petición exterior de créditos para pagar deudas vencidas
por un acuerdo general con suficientes garantías a largo plazo. Y esto
incluiría incluso con algunos acreedores el sustituir la deuda a los plazos en
que se hubiera vendido por la llamada deuda perpetua que no devuelve nunca el
capital pero paga intereses bastante bajos indefinidamente. No es nada novedoso,
lo ha hecho todo el mundo el siglo XIX y el XX y el único riesgo del tenedor de
la deuda es que el Estado acabe quebrando por causas incontrolables, como las
guerras o las catástrofes naturales. Es uno de los caminos aceptables para
renegociar deudas excesivamente importantes.
Claro que
esto no se puede llevar a cabo tan fácilmente porque reestructurar así las
deudas de un país zona euro requiere un acuerdo general que desde luego la gran
banca no va a facilitar. El problema es que es esto o nada. Y alguien tiene que
llevar a Bruselas, Frankfurt, Nueva York y Londres la primera proposición,
luego ya irán entrando otros países poco a poco. Será difícil y duro pero
inevitable, y esto requiere un poder del Estado muy sólido y un fuerte
convencimiento ciudadano y político. Y eso está por ver en todos los casos.
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