domingo, 28 de diciembre de 2014

Podemos, o no



Podemos ha adelantado de mano de dos muy destacados economistas socialdemócratas las líneas básicas de su programa económico. Pocos días después los componentes del equipo económico de Podemos han hecho públicas alguna precisiones sobre este programa.          
Tanto Vicenç Navarro como Juan Torres, redactores de estas líneas básicas, son economistas de reconocidísimo prestigio, si bien tenidos como poco ortodoxos con las propuestas hoy en boga en nuestro ámbito académico. Otros economistas profundamente críticos con la ortodoxia como Santiago Niño Becerra o Juan Laborda llevan mucho tiempo defendiendo posturas parecidas e incluso Santiago Niño ha elogiado la coherencia de este avance de programa.
En contra todavía no se han oído voces serias y prestigiosas, pero si alaridos e improperios de diferentes políticos de la derecha.
Las propuestas de este avance de programa se reducen a algo tan simple como tomar medidas típicamente socialdemócratas sobre la fiscalidad, el crédito, y la deuda, incluyendo imprescindibles reformas sociales progresivas.
Consideran que es imprescindible gravar la fiscalidad de los más altos niveles económicos, y reformar una Hacienda pública demasiado laxa para los poderosos a pesar de la excelente actitud de la inmensa mayoría de sus funcionarios. Utilizan tan solo una actitud comparativa con los países de nuestro entorno, como por ejemplo indicar que en España proporcionalmente hay menos de la mitad de inspectores de hacienda que en nuestra vecina Francia y la cuarta parte que en un Estado tan poco serio como Luxemburgo, que al fin y al cabo el sindicato de inspectores de hacienda considera que casi tres cuartas partes del fraude se concentra en tan sólo tres mil grandes empresas, que la tributación de los más poderosos se encuentra entre el 1% y el 3,5 % mientras que la de los más débiles se encuentra alrededor del 45 %, que la tributación por la renta recae más en los más débiles que en los mejor retribuidos, que se protege fiscalmente la privatización antes que lo público, y que, en suma, en nuestro entorno europeo sucede justo lo contrario y eso lleva funcionando muchísimos años y nadie lo ha considerado equiparable a la toma del palacio de invierno, en plena revolución bolchevique.
Respecto a la ya tan debatida cuestión del pago de la deuda, se han limitado a proclamar que la contraída por la ciudadanía en general es obligado pagarla siempre que no ahogue a los ciudadanos con menos recursos. Esto quiere decir que tal como proponen, e igual que pasa en casi todo nuestro entorno comunitario, no se pueda cortar la luz entre octubre y marzo a quienes no puedan pagarla y se les han de conceder moratorias prorrateadas al resto del año, que la dación en pago ha de liquidar las deudas hipotecarias pendientes dado que el bien que las respaldaba ha de considerarse suficiente para liquidarla y los intereses posteriores son ajenos a tal importante garantía, que haya una limitación a las condiciones de desahucios que permitan trasformar la deuda pendiente en pago de alquiler social, y algunas medidas de sentido común social más.
Pero lo importante es que parten de una base ciertísima: que la deuda total firmada por Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, empresas y particulares es manifiestamente injusta y claramente impagable.
Por una parte la banca y los fondos de inversión han condonado deudas descomunales a las inmobiliarias arruinadas tras el estallido de la burbuja inmobiliaria por el procedimiento de la dación en pago que ha alcanzado según parece hasta incluso el 80 o 90 % de los créditos inmobiliarios que respaldaban tales operaciones. Además han vendido buena parte de esos créditos de las pequeñas y medianas inmobiliarias a fondos buitre que los han adquirido a menos del 40 %  de su valor nominal, luego, esos bancos han ido al Estado y le han dicho que si no pagan a su vez los créditos que deben a otros bancos mayores o a fondos internacionales de inversión se verían abocados a la quiebre, y por fin el Estado, o sea los ciudadanos les hemos regalado esas diferencias para evitar su quiebra. Exactamente el Estado les ha prestado esa descomunal diferencia a sabiendas de que tarde o temprano se les habrá de condonar, y de hecho ya ha declarado el gobierno que muchos de esos miles de millones no se recuperarán jamás. Gracioso ¿verdad?
La propuesta es sencilla: lo que los bancos y fondos prestaron a las inmobiliarias y a los gobiernos locales autonómicos y ayuntamientos con evidentes créditos temerarios, lo hicieron porque así lo decidieron, lo que condonaron a las inmobiliarias lo hicieron porque les resultaba rentable ya que sabían que nunca cobrarían esos créditos fallidos en su totalidad, lo que pasaron con importantes pérdidas a fondos buitres lo hicieron para hacer caja porque así les resultaba conveniente. Páguenlo ellos, no los ciudadanos que nada tuvimos que ver con semejantes especulativas operaciones.
En el fondo algo así, aunque no pueden explicitarlo ahora, es la propuesta de Podemos, calcular la deuda real de los ciudadanos para construir carreteras, trenes o dar crédito a simples ciudadanos y el resto que se lo apañen entre ellos. ¿No parece más razonable que hacérnoslo pagar a los demás?
¿Qué habría bancos que irían a la quiebra? Pues claro, estaban quebrados desde el principio y no hay problema en comprarlos por parte del Estado por el clásico precio de 1 euro y crear una imprescindible banca estatal ¿o no la hay en buena parte de los ultraliberales países de nuestro entorno? Pues claro que la hay, o bien propiedad total del Estado o parcial.
Y los créditos vendidos a fondos buitres a precios de saldo, generalmente menos del 40 % de su valor nominal, ¿no son perfectamente recomprables por parte del Estado a esos precios de saldo para dedicar esos activos, sobre todo inmobiliarios a finas sociales o a su venta a precios ya ajustados a la realidad?
Todo son fórmulas simples que lo que sabemos es que son perfectamente coherentes, ajustadas y que resultan habituales en nuestro entorno geográfico, político e histórico.
Queda por responder la pregunta clave ¿Aceptarían estos bancos fondos y grandes empresas estas condiciones? Pues es bien simple. Si un partido socialdemócrata gana las elecciones en situación explosiva de crisis económica es ciertísimo que esas entidades sabrán sentarse a negociar con ese gobierno y se negociará simplemente cuanta deuda se condona, en qué condiciones, y a que plazos e intereses, pero nada más.
¿Cree alguien que no? Pues las grandes empresas ya han dicho que si ganara Podemos ya se sentarán a negociar. Los que no lo ven nada bien son los partidos del poder que viven de cambalachear con esos bancos y megaempresas. La ventaja es no partir de deber el poder a esos bancos y empresas. Es el caso de Podemos ¿curioso, verdad?
Todas esas empresas y bancos preferirán cobrar un 50 o 60 % de las deudas firmadas que no cobrar nada, todas preferirán alargar los plazos de pago y reducir los intereses antes que verse abocadas a la quiebra, todas preferirán llegar a acuerdos que entrar en el caos generalizado. Ese es el caso. O ese caos con sus inevitables quiebras, con el que esas empresas y bancos no simpatizan excesivamente.
Y ante las subidas de impuestos a los más ricos y la fiscalización rigurosa de las grandes empresas pueden optar por tragar o nada, no tienen otras posibilidades.
Y queda otra vía que ya han dejado caer para recapitalizar el Estado. Es la vía penal. Hay que devolver el dinero indebidamente apropiado por políticos y empresarios corruptos. Y eso consiste simplemente en aprobar unas pocas reformas penales: declarar imprescriptibles los delitos ligados a la corrupción: prevaricación, cohecho, falsedad en documentos público, malversación de caudales públicos, etc., y reglamentar el tercer grado de tal forma que los condenados por estas causas y no devuelvan dineros irregularmente apropiados no puedan acceder a él. También es sencillo teniendo suficiente mayoría.
Y todo esto no es más que tradicional política socialdemócrata, con al más absoluto respeto al mercado libre, a las libertades y a las reglas democráticas más estrictas.
Claro que tiene dos peligros, pero nadie piense que por parte de banqueros y grandes monopolios y grandes empresarios. Todo esto sólo es posible si ese gobierno tiene las leyes y la calle
El primero es que la calle es muy peligrosa para un sencillo partido socialdemócrata. Tiene que saber utilizarla sin que se le escape de las manos y resulte incontrolable y eso acostumbra a dar algo de miedo al poder socialdemócrata. Con la actual legislación ultrarreaccionaria es una baza arriesgada y para llegar realmente al poder es preciso utilizarla aún a sabiendas del riesgo que se corre. Veremos si Podemos sabe hacerlo. Y además carece de poder sindical y el plazo para organizarlo se le echa encima, y sin poder sindical es improbable tener la calle realmente. Ese es el primer gran desafío.
Y el segundo no viene por banqueros y empresarios que son gente que sabe negociar si no les queda más remedio, viene de los que no saben ni quieren nunca negociar, por las cavernas: la Iglesia y el Ejército. Esa será la clave, lo demás es cosa difícil pero perfectamente viable. Es simple política socialdemócrata, y desaparecida del ámbito español hace ya mucho tiempo Podemos está ocupando ese espacio, con acierto y con propuestas de lo más tradicional y razonable, con propuestas perfectamente coherentes y negociables. A su derecha quedan los que llaman ellos de la casta, los dos partidos de derechas: PP y PSOE, sus posibles aliados están a su izquierda pero son tan moderados como ellos, con la diferencia de que tienen cuadros y presencia en la calle, en las fábricas y polígonos y en los municipio. Ahí están las cartas ya casi acabadas de repartir. La partida va a empezar y parece muy dura pero muy interesante.

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