miércoles, 20 de abril de 2016

GRAN COALICIÓN: ¿INCERTIDUMBRE?



Se busca presidente de gobierno, abstenerse usados y de segunda mano. Este parecería el anuncio que los poderes fácticos están insertando en la parte oscura de internet y haciendo circular en los partidos de poder. Así las puñaladas traperas en el seno del PP son de categoría suprema, unos se ven forzados a echar como sea a Rajoy y su caterva de corruptos notorios que entorpecen la gran coalición y otros se ven obligados a defender con uñas y dientes su fastidiosa preeminencia ante la probabilidad más cierta que nunca de que si caen verán la cárcel en pocos meses. Así, hoy te asesino a un ministro corrupto pero yo a ti te pongo en la picota a un Aznar igualmente corrupto, y mañana ya veremos, y aunque parezca que nos acostumbramos a todo aún veremos cosas que harán fablar a las piedras.
Porque hay una única decisión de esos poderes reales, fácticos: la gran coalición, única fórmula que permitiría mantener a la banca apuntalada ante su cada vez más inminente situación de descalabro total. La cuestión no es resolver los gravísimos problemas de la actual fase de la gran crisis, sino alargar el tiempo antes del desastre pensando que ese tiempo se podrá alargar indefinidamente, es la que llamaríamos la táctica israelí: ganar tiempo y después ya veremos cómo seguir ganando tiempo.
Y si la intención era quitarse de encima a Rajoy y su banda antes de que fueran imperativas por ley nuevas elecciones han comprobado que el boss gallego es un hueso demasiado duro de roer. 
Así que si en cuatro días no le liquidan iremos a unas elecciones en las que el PP sabe que perderá un millón de votos más o menos pero seguirá contando con su vastísima red de clientelismo caciquil local, sobre todo en las poblaciones pequeñas donde demasiada gente está demasiado comprometida con la corruptela permanente del PP como para dejarle de votar.
Efectivamente, vivimos en un país esencialmente corrupto, y demasiados ciudadanos son no simples colaboradores sino verdaderos cómplices movidos por sus pequeñísimos intereses a nivel local que garantizan pequeñas o no tan pequeñas prebendas, y sobre todo fidelidades temerosas de perder sus pequeños o no tan pequeños apaños en sus pequeños o no tan pequeños negocios familiares, sus arbitrarios puestos de trabajo para yernos, sobrinos o padres o su cierta seguridad dentro de lo que cabe de que no va a venir el comunismo y les va a expropiar sus casas, que aunque parezca increíble hay mucha gente escasamente cultivada y escasamente política que tiene la desgracia de creer tales barbaridades si pierde el PP.
Y esos votos perdidos no sujetos a la red clientelar corrupta del PP o bien porque no lo habían estado antes, eran votos honestos de gente de derechas, o bien porque en su pueblo o ciudad el PP ha perdido el poder y el PSOE no lo ha ganado totalmente y ni aún parcialmente, irán necesariamente a Ciudadanos, que verá incrementada su cuota en ese millón que gracias a nuestro perverso sistema electoral sí les valdrá para subir en escaños algo más de lo que representan.  
Y el confuso, difuso y afuso PSOE verá comidos indefectiblemente sus ya magros escaños por la derecha hacia Ciudadanos ante el temor a un deslizamiento ni tan siquiera mínimo a la izquierda de su derechoso partido, y por la izquierda ante la evidencia de la inutilidad de seguir votando PSOE cuando hay otro partido que es más auténticamente socialdemócrata y que va por la izquierda de ganador manifiesto. Luego vendrán las vendettas y a un tal Sánchez posiblemente le encontremos olvidado en los rincones de la política ficción dentro de pocos meses.
Y así ese conjunto disjunto que se llamará como sea pero que resulta inevitable para ganar, por más que a los timoratos de la casta de Podemos les resulte peligroso llevar a cuestas la alianza con los restos peceros de esa organización siempre moribunda llamada Izquierda Unida, ese conjunto ganador compuesto por un adecuado ensamblaje de confluencias, mareas, afluencias, izquierdaunidas, iniciativas y podemidades, se encontrará al menos con sus propios seis millones de votos que le coloque a la par en votos del PP pero un tanto por debajo en escaños gracias una vez más al alto precio del diputado en ciudades grandes y el bajo precio en pueblos, ciudades pequeñas y territorios despoblados. Al fin y al cabo salvo en Andalucía el voto de izquierdas sigue siendo fundamentalmente urbano, y el de Podemos más aún.
Así que ya tendremos los huevos para la tortilla. 6 / 6 / 4 / 4 = Gran coalición inevitable PP+PSOE+Ciudadanos, ¿o alguien cree que después de la broma de estos meses y de nuevas elecciones, el PSOE podría tan siquiera pensar en formar parte en minoría de un gobierno de izquierdas?
¡Ah! Y falta encontrar ese mirlo blanco llamado presidente independiente ¿De Guindos, quizás?, aunque pasadas las nuevas elecciones tiene algunos contrincantes peligrosos y tan supuestamente independientes o quizás algo menos pero no importa, que él.
Es trágico, sin duda, pero cuatro años de oposición verdadera y en la calle, son imprescindibles para que lleguemos a tener unos partidos vivos y representativos y un gobierno que pueda titularse al menos socialdemócrata, y sobre todo para que por fin salgamos a la calle los ciudadanos sin sentirnos mediatizados por nadie, sino arrastrando a esos partidos quizás un poco excesivamente parlamentarios.
Y en realidad eso no será precisamente un inconveniente sino más bien un acicate absolutamente imprescindible. Podemos ha querido ser un partido de elite, parlamentario y medroso ante la calle. Mucho móvil y mucho virtualismo, pero poca vida real. Nos falta toda esa calle que eclosionó el 15M y que la vida de partido ha conseguido marginar, nos faltan las mareas, la discusión pública, la vida de los barrios, de los polígonos, de los pueblos, nos falta ese aire llamado espontaneidad y libertad sin los que la izquierda se ahoga. Ese aire que sí que tienen las mareas, las confluencias, Iniciativa y hasta Izquierda Unida, pero que Podemos creía que era –como Laplace respecto a Dios- una hipótesis que no resulta necesaria.





sábado, 2 de abril de 2016

ABRAN PASO A LA AUTORIDAD





La partida se juega en dos niveles casi inmiscibles. El primero ese que vemos a diario en televisiones, prensa, tertulias y en la misma calle, en el que parece discutirse cómo formar un gobierno entre varios partidos que necesitarían coaligarse de diversas formas, con unos dirigentes que negocian diversas piezas de ensamble, y que conformarían diversas minorías dominantes.

Pero el que quizás importe más es ese otro en el que los que mueven las piezas, y las piezas son en realidad esos políticos, partidos y combinaciones que hemos citado, deciden los verdaderos acuerdos, los verdaderos gobiernos, las verdaderas minorías silenciosas o mayorías estridentes que habrán de gobernar el país los próximos años. Son poderes que se mueven sin tertulias, teles, muy poca prensa, poquísima calle, pero grandes despachos y fortísimos aparatos mediáticos, financieros y hasta coercitivos por la fuerza.

Parecen jugar en otro planeta, y sus movimientos son difíciles de seguir. De momento han movido una gran pieza. El pulgar de Aznar señala hacia abajo ante la interpérrita figura de D. Tancredo vestido de Rajoy. Falta saber cuántos días son precisos para ver caer el filo agudo de la guillotina política. A su vera esos mismos jugadores desplazan lenta pero sólidamente la silla en la que tontamente se sienta un tal Sánchez, a quien pusieron para salir de un apuro, pero no para más altos vuelos. ¿Cuánto tardará en caer?

Al lado de estos figuras vemos al pequeño nuevo hombre prudente de la gran derecha avanzar sin prisa, quizás sepa que aún no es llegada su hora y parece no importarle, sabe a dónde va y lo hace con prudencia, si no es para ahora será para mañana, es eso que llamaríamos una sólida promesa de futuro.

Y también a la voz de lo que tradicionalmente hemos llamado la ciudadanía, el pueblo, los trabajadores y que ahora tímidamente hemos de llamar con un tonto anglicismo: la gente. Y esa voz tiene nombres y varias caras, y todas o casi todas también con aire de futuro pero no de triunfo, lamentablemente.

Desde arriba el objetivo primero y más importante es quitarse de en medio a estos portavoces de la llamada gente, o sea de la ciudadanía, del pueblo, de los trabajadores, y para ello valen todas las armas, sobre todo esas armas mediáticas de las insidias, las calumnias y el levantar sospechas aunque sean tan poco creíbles que haga falta un esfuerzo de voluntad y mala fe para que corran de boca en boca.

El segundo objetivo es formar ese serio, riguroso y eficiente gobierno de la gran coalición formado por los partidos serios y patrióticos, no por chalados, excéntricos, separatistas y comunistas. Los dos grandes: PP y PSOE, y su hermano menor Ciudadanos.

¿Y a quien poner a su frente que sea aceptable aunque lo sea a regañadientes de la ciudadanía pero con imagen de independiente, sólido en sus conocimientos, ajeno a la polítiquilla partidaria, y sobre todo bien visto por ellos, o sea uno de ellos?

¿Será de Guindos como algunos ya insinúan para hacer pandan con la vecina Italia?

Si lo que en otros tableros de juego ya está decidido, fuera así, habremos de ver las siguientes jugadas: Caída y desaparición de D. Tancredo, revulsión generalizada en el PP y toma de las riendas por los caritas buenas de nueva hornada. Pulso a muerte en el PSOE con la caída y desaparición de D. Simplicio y su sustitución por la muy segura y eficiente Dª. Susanita ante el pasmo y la incredulidad de las numerosas mafaldas de base. Fabricación de escándalo morrocotudo sin pruebas ni argumentos que abra vías de agua incontrolables en Podemos. Desintegración definitiva de IU o desunida o ya más bien desintegrada.

Y un cuarto de hora antes del fatídico 2 de mayo, veríamos a los más esforzados patriotas de turno levantarse contra la invasión no tanto de los franceses sino más bien de nosotros mismos, aunque el fin último sea nuevamente como hace doscientos años traer nuevamente al poder al felón Fernando VII, llámese ahora como se le quiera llamar: FMI, Bruselas, Maastricht, Frankfurt …