sábado, 2 de abril de 2016

ABRAN PASO A LA AUTORIDAD





La partida se juega en dos niveles casi inmiscibles. El primero ese que vemos a diario en televisiones, prensa, tertulias y en la misma calle, en el que parece discutirse cómo formar un gobierno entre varios partidos que necesitarían coaligarse de diversas formas, con unos dirigentes que negocian diversas piezas de ensamble, y que conformarían diversas minorías dominantes.

Pero el que quizás importe más es ese otro en el que los que mueven las piezas, y las piezas son en realidad esos políticos, partidos y combinaciones que hemos citado, deciden los verdaderos acuerdos, los verdaderos gobiernos, las verdaderas minorías silenciosas o mayorías estridentes que habrán de gobernar el país los próximos años. Son poderes que se mueven sin tertulias, teles, muy poca prensa, poquísima calle, pero grandes despachos y fortísimos aparatos mediáticos, financieros y hasta coercitivos por la fuerza.

Parecen jugar en otro planeta, y sus movimientos son difíciles de seguir. De momento han movido una gran pieza. El pulgar de Aznar señala hacia abajo ante la interpérrita figura de D. Tancredo vestido de Rajoy. Falta saber cuántos días son precisos para ver caer el filo agudo de la guillotina política. A su vera esos mismos jugadores desplazan lenta pero sólidamente la silla en la que tontamente se sienta un tal Sánchez, a quien pusieron para salir de un apuro, pero no para más altos vuelos. ¿Cuánto tardará en caer?

Al lado de estos figuras vemos al pequeño nuevo hombre prudente de la gran derecha avanzar sin prisa, quizás sepa que aún no es llegada su hora y parece no importarle, sabe a dónde va y lo hace con prudencia, si no es para ahora será para mañana, es eso que llamaríamos una sólida promesa de futuro.

Y también a la voz de lo que tradicionalmente hemos llamado la ciudadanía, el pueblo, los trabajadores y que ahora tímidamente hemos de llamar con un tonto anglicismo: la gente. Y esa voz tiene nombres y varias caras, y todas o casi todas también con aire de futuro pero no de triunfo, lamentablemente.

Desde arriba el objetivo primero y más importante es quitarse de en medio a estos portavoces de la llamada gente, o sea de la ciudadanía, del pueblo, de los trabajadores, y para ello valen todas las armas, sobre todo esas armas mediáticas de las insidias, las calumnias y el levantar sospechas aunque sean tan poco creíbles que haga falta un esfuerzo de voluntad y mala fe para que corran de boca en boca.

El segundo objetivo es formar ese serio, riguroso y eficiente gobierno de la gran coalición formado por los partidos serios y patrióticos, no por chalados, excéntricos, separatistas y comunistas. Los dos grandes: PP y PSOE, y su hermano menor Ciudadanos.

¿Y a quien poner a su frente que sea aceptable aunque lo sea a regañadientes de la ciudadanía pero con imagen de independiente, sólido en sus conocimientos, ajeno a la polítiquilla partidaria, y sobre todo bien visto por ellos, o sea uno de ellos?

¿Será de Guindos como algunos ya insinúan para hacer pandan con la vecina Italia?

Si lo que en otros tableros de juego ya está decidido, fuera así, habremos de ver las siguientes jugadas: Caída y desaparición de D. Tancredo, revulsión generalizada en el PP y toma de las riendas por los caritas buenas de nueva hornada. Pulso a muerte en el PSOE con la caída y desaparición de D. Simplicio y su sustitución por la muy segura y eficiente Dª. Susanita ante el pasmo y la incredulidad de las numerosas mafaldas de base. Fabricación de escándalo morrocotudo sin pruebas ni argumentos que abra vías de agua incontrolables en Podemos. Desintegración definitiva de IU o desunida o ya más bien desintegrada.

Y un cuarto de hora antes del fatídico 2 de mayo, veríamos a los más esforzados patriotas de turno levantarse contra la invasión no tanto de los franceses sino más bien de nosotros mismos, aunque el fin último sea nuevamente como hace doscientos años traer nuevamente al poder al felón Fernando VII, llámese ahora como se le quiera llamar: FMI, Bruselas, Maastricht, Frankfurt …


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