Se busca presidente de
gobierno, abstenerse usados y de segunda mano. Este parecería el anuncio que
los poderes fácticos están insertando en la parte oscura de internet y haciendo
circular en los partidos de poder. Así las puñaladas traperas en el seno del PP
son de categoría suprema, unos se ven forzados a echar como sea a Rajoy y su
caterva de corruptos notorios que entorpecen la gran coalición y otros se ven
obligados a defender con uñas y dientes su fastidiosa preeminencia ante la probabilidad
más cierta que nunca de que si caen verán la cárcel en pocos meses. Así, hoy te
asesino a un ministro corrupto pero yo a ti te pongo en la picota a un Aznar
igualmente corrupto, y mañana ya veremos, y aunque parezca que nos
acostumbramos a todo aún veremos cosas que harán fablar a las piedras.
Porque hay una única
decisión de esos poderes reales, fácticos: la gran coalición, única fórmula que
permitiría mantener a la banca apuntalada ante su cada vez más inminente
situación de descalabro total. La cuestión no es resolver los gravísimos
problemas de la actual fase de la gran crisis, sino alargar el tiempo antes del
desastre pensando que ese tiempo se podrá alargar indefinidamente, es la que
llamaríamos la táctica israelí: ganar tiempo y después ya veremos cómo seguir
ganando tiempo.
Y si la intención era
quitarse de encima a Rajoy y su banda antes de que fueran imperativas por ley
nuevas elecciones han comprobado que el boss gallego es un hueso demasiado duro
de roer.
Así que si en cuatro días
no le liquidan iremos a unas elecciones en las que el PP sabe que perderá un
millón de votos más o menos pero seguirá contando con su vastísima red de
clientelismo caciquil local, sobre todo en las poblaciones pequeñas donde
demasiada gente está demasiado comprometida con la corruptela permanente del PP
como para dejarle de votar.
Efectivamente, vivimos en
un país esencialmente corrupto, y demasiados ciudadanos son no simples
colaboradores sino verdaderos cómplices movidos por sus pequeñísimos intereses
a nivel local que garantizan pequeñas o no tan pequeñas prebendas, y sobre todo
fidelidades temerosas de perder sus pequeños o no tan pequeños apaños en sus
pequeños o no tan pequeños negocios familiares, sus arbitrarios puestos de
trabajo para yernos, sobrinos o padres o su cierta seguridad dentro de lo que
cabe de que no va a venir el comunismo y les va a expropiar sus casas, que
aunque parezca increíble hay mucha gente escasamente cultivada y escasamente
política que tiene la desgracia de creer tales barbaridades si pierde el PP.
Y esos votos perdidos no
sujetos a la red clientelar corrupta del PP o bien porque no lo habían estado
antes, eran votos honestos de gente de derechas, o bien porque en su pueblo o
ciudad el PP ha perdido el poder y el PSOE no lo ha ganado totalmente y ni aún
parcialmente, irán necesariamente a Ciudadanos, que verá incrementada su cuota
en ese millón que gracias a nuestro perverso sistema electoral sí les valdrá
para subir en escaños algo más de lo que representan.
Y el confuso, difuso y
afuso PSOE verá comidos indefectiblemente sus ya magros escaños por la derecha
hacia Ciudadanos ante el temor a un deslizamiento ni tan siquiera mínimo a la
izquierda de su derechoso partido, y por la izquierda ante la evidencia de la
inutilidad de seguir votando PSOE cuando hay otro partido que es más
auténticamente socialdemócrata y que va por la izquierda de ganador manifiesto.
Luego vendrán las vendettas y a un tal Sánchez posiblemente le encontremos
olvidado en los rincones de la política ficción dentro de pocos meses.
Y así ese conjunto disjunto
que se llamará como sea pero que resulta inevitable para ganar, por más que a
los timoratos de la casta de Podemos les resulte peligroso llevar a cuestas la
alianza con los restos peceros de esa organización siempre moribunda llamada
Izquierda Unida, ese conjunto ganador compuesto por un adecuado ensamblaje de
confluencias, mareas, afluencias, izquierdaunidas, iniciativas y podemidades, se
encontrará al menos con sus propios seis millones de votos que le coloque a la
par en votos del PP pero un tanto por debajo en escaños gracias una vez más al
alto precio del diputado en ciudades grandes y el bajo precio en pueblos,
ciudades pequeñas y territorios despoblados. Al fin y al cabo salvo en
Andalucía el voto de izquierdas sigue siendo fundamentalmente urbano, y el de
Podemos más aún.
Así que ya tendremos los
huevos para la tortilla. 6 / 6 / 4 / 4 = Gran coalición inevitable
PP+PSOE+Ciudadanos, ¿o alguien cree que después de la broma de estos meses y de
nuevas elecciones, el PSOE podría tan siquiera pensar en formar parte en
minoría de un gobierno de izquierdas?
¡Ah! Y falta encontrar ese
mirlo blanco llamado presidente independiente ¿De Guindos, quizás?, aunque
pasadas las nuevas elecciones tiene algunos contrincantes peligrosos y tan
supuestamente independientes o quizás algo menos pero no importa, que él.
Es trágico, sin duda, pero
cuatro años de oposición verdadera y en la calle, son imprescindibles para que
lleguemos a tener unos partidos vivos y representativos y un gobierno que pueda
titularse al menos socialdemócrata, y sobre todo para que por fin salgamos a la
calle los ciudadanos sin sentirnos mediatizados por nadie, sino arrastrando a
esos partidos quizás un poco excesivamente parlamentarios.
Y en realidad eso no será
precisamente un inconveniente sino más bien un acicate absolutamente
imprescindible. Podemos ha querido ser un partido de elite, parlamentario y
medroso ante la calle. Mucho móvil y mucho virtualismo, pero poca vida real. Nos
falta toda esa calle que eclosionó el 15M y que la vida de partido ha
conseguido marginar, nos faltan las mareas, la discusión pública, la vida de
los barrios, de los polígonos, de los pueblos, nos falta ese aire llamado
espontaneidad y libertad sin los que la izquierda se ahoga. Ese aire que sí que
tienen las mareas, las confluencias, Iniciativa y hasta Izquierda Unida, pero
que Podemos creía que era –como Laplace respecto a Dios- una hipótesis que no
resulta necesaria.
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