Resulta que se han
liquidado los sesenta y ocho mil millones que al llegar el PP al gobierno había
en la célebre hucha de las pensiones. ¿Alguien se ha molestado en explicar en
qué se han gastado? Es curioso y muy sorprendente que nadie haya hecho hasta la
fecha tan obvia pregunta. Según numerosas informaciones publicadas y nunca
desmentidas por ninguna autoridad ese capital se ha gastado en parte en pagar
pensiones pero otra probablemente mucho mayor en la compra masiva de deuda
pública española. ¿Cuánto? ¿A qué plazos? Nadie ha dado explicaciones hasta la
fecha. Pero eso no es más que una parte de la impresentable falacia.
Si se ha utilizado en la
compra de deuda pública del Estado habrá ocurrido en primer lugar que se han
falsificado burdamente las cuentas públicas y nuestro déficit oficial debe
sumar esa cantidad que se ha extraído de otra cuenta pública española, sean los
sesenta y pico mil millones o la que corresponda si es que alguien se aviene a
explicar cuanto es lo utilizado. Eso es un mayúsculo fraude en la contabilidad
general que ni Bruselas, ni el FMI, ni ninguna autoridad ha querido poner sobre
la mesa porque sería la quiebra, no de la Seguridad Social, sino del Estado. Se
ha admitido esta absurda situación para evitar la debacle internacional que
sería la quiebra de nuestra economía, cuestión que arrastraría primero a la
zona euro y probablemente afectaría a medio plazo de forma desastrosa e
irreversible a la economía mundial. Son trucos de contable cutre no de alta
ingeniería financiera ante los que todos pretenden mirar hacia otro lado
simplemente porque son muchos los que también lo hacen con otros fondos
parecidos, especialmente los propios EEUU, que utilizan el sistema más simple
de imprimir indefinidamente por parte de la Reserva Federal billetes de banco y
prestárselos al Estado.
Pero la gran falacia no es
esa, es la de que si esa hucha se ha utilizado para comprar deuda pública
española, es que la Seguridad Social se lo ha prestado al Estado, al plazo que
sea que nunca será de más de dieciocho meses, y que cuando ha vencido en vez de
reintegrarse al fondo prestatario se ha peloteado reinvertido en nueva deuda
pública del Estado español. ¿Cuánto tiempo llevamos jugando a este peloteo de
deuda pública? Nadie lo explica. Creíamos que los créditos se daban para al
vencimiento recuperar lo prestado con sus correspondientes intereses ¿o en según qué acreedor y que deudor no hay
que hacerlo así?
Luego la solución es fácil,
pero nadie la va a aplicar. Al vencimiento de esa deuda, de ese préstamo al
Estado, cada semestre o año o año y medio según sea, devuelva el Estado ese
dinero a su legítimo propietario, el prestatario llamado hucha de las pensiones,
páguense las pensiones con arreglo al menos al IPC, y busque el Estado otro
prestamista que le deje ese dinero. ¿Qué no existen prestamistas independientes
tan tontos como para conceder un préstamo de sesenta mil millones a un Estado
que en la realidad está en quiebra técnica? Pues habrá que afrontar esa
situación extrema o al menos tener la decencia de explicárselo así a los
pensionistas.
Díganlo ya: no podemos
pagar más pensiones porque estamos usando su dinero, sin su permiso, para
intentar dar el pego de que nuestro déficit es sólo del tres y pico por ciento,
cuando todo el mundo sabe que si contabilizamos también el dinero sacado de la
hucha el déficit sería el real, de cerca del diez por ciento. Inasumible, porque
eso es la quiebra, cierto, pero es la verdad.
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