sábado, 31 de diciembre de 2011

LAS RAZONES DE LA CORONA, LAS RAZONES OCULTAS DEL SR. X

Desde los tiempos en que el hábil Sabino hubo de dejar La Zarzuela, parece que no ha vuelto a entrar nadie en el staff real que tenga una conexión razonable con la realidad del mundo exterior. Parecen encontrarse en una especie de mundo ilusorio, aislados de la cotidianidad verdaderamente real. Las meteduras de pata de los sucesivos directivos de esa casa se repiten siempre en la misma dirección: enajenados de la calle y la vida.
¿Cómo puede haber puesto alguien en el discurso del rey, y él mismo decirlo tan tranquilamente, que la Ley es igual para todos, cuando el artículo 56 de la constitución vigente dice explícitamente “La persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”, o lo que es lo mismo que el rey no puede ser acusado de delito alguno haga lo que haga.
¿Será que el rey, visto lo fácil que es cambiar la constitución en un par de días y a espaldas de la ciudadanía, está pensando proponer un interesante cambio constitucional y proponer que se suprima ese nada democrático artículo? Sospechamos que no, que vuelve a ser un resbalón de sus excelsos ayudantes y desde luego de él mismo.
Pero para más inri hay que ver la polvareda que ha levantado esa curiosa afirmación. Todo el mundo opina en España que la Ley no es ni mucho menos igual para todos, Se pone en la calle a banqueros y se mantienen por vida en la cárcel simples rateros, se absuelve de evidentes delitos a políticos poderosos y empresarios sin escrúpulos, mientras se pone en la calle a ciudadanos deudores de los poderosos bancos quitándoles sus casas y embargándoles sus sueldos, se deja en libertad a maltratadores que luego resultan verdaderos asesinos, se alargan años y años procedimientos que afectarían a gentes con influencias por medio de trucos extrañísimos, moviendo jueces y fiscales sin justificación alguna y se ejecutan sentencias rápidas para quien no tiene padrinos poderosos.
Ese es el corrupto sistema judicial español, como todo el mundo constata todos los días simplemente leyendo el periódico, y el rey nos suelta el insulto de que todos somos iguales ante la ley. Manifiestamente falso.

Pero es evidente que lo que más ha molestado a la ciudadanía es que haya querido excusar a su yerno, diciendo que la justicia investigará a este señor como si fuera uno más, cuando se ha publicado, y no ha sido desmentido en ningún momento, que él sabía de las corruptelas de su yerno desde al menos el año 2007 en que le exigió dimitir de su extraña fundación “sin ánimo de lucro” y lo tapó cuidadosamente enviándole con un sueldazo descomunal a cuenta de sus amigos de la Telefónica a vivir a los EEUU. Sólo cuando el asunto es ya un tremendo escándalo público se acuerda de que “la ley es igual para todos”, ¿o es que en el 2007, el 2008, el 2009 y el 2010, la ley no era todavía igual para todos?

Sin embargo lo más curioso del caso es que el tema sea conocido por un periódico conservador, bastante escandaloso, pero que hace realmente periodismo de investigación, y que bajo la dirección del Pedro J. Rodríguez ha levantado en otras ocasiones polémicas muy duras contra la izquierda.
Es cierto que la derecha española desde el siglo XIX no ha mostrado nunca ser monárquica, limitándose a apoyar más o menos a tal o cual monarca en activo según conveniencias puramente circunstanciales, como es el caso del actual rey pero no de la corona en sí.
Ciertamente, de los cuatro presidentes reales de gobierno que hemos tenido desde el fin de la dictadura, los dos socialistas se mostraron siempre respetuosos no sólo de la institución sino incluso muy afectuosos con la persona del rey, el Sr. Suárez se mostró hasta algo impositivo con aquel joven Juan Carlos de Borbón poco dado a la necesaria disciplina del cargo que debía ostentar, y el del PP se mostró en todo momento claramente antipático con el rey, procediendo a ningunearle y a situarle en todo momento como alguien prescindible y desde luego en situación de supuesta inferioridad con respecto a él, olvidándose quizás de que él era simplemente el jefe del gobierno.
Aún así es para muchos un misterio por qué el Sr. Rodríguez manifiesta tal empeño en sacudir hasta los cimientos la casa real española, eso sí, diciendo siempre con la boca pequeña que el rey no tienen nada que ver con las historias sobre su yerno que sacan a relucir en su periódico cada día.
Cierto que es vox populi que el actual jefe del Estado es un hombre enfermo que tiene cada dos meses que ser tratado hospitalariamente, aunque desde su entorno se afirme con todo rigor que son accidentes aislados y que está sano como un roble. Cierto también que la posible simpatía que tienen este hombre está lejísimos de la que puedan tener su hijo mayor y su nuera, personajes de un mundo pijo y señoritil que sólo caen bien en el misterioso ámbito de las revistas rosa, cierto que es un joven bastante antipático, al que jamás se le ha visto un solo gesto campechano, una sonrisa popular, un discurso cercano y un chascarrillo que provoque alguna complicidad popular.
Cierto también que nadie tiene idea de que ese joven tenga la menor capacidad de hombre de Estado, dado que nunca ha hecho más que actividades de ocio lujoso o de protocolo oficial vacuo.

¿Qué podría pasar si en medio de la crisis económica que no ha hecho más que empezar y de sus tremendas secuelas políticas y sociales, se planteara una crisis institucional acerca de la forma que deba tener la imprescindible jefatura del Estado?

En España la República ha sido siempre una institución querida y deseada por la izquierda social y ha tenido cuando ha triunfado un profundo sentido social y cultural. Ya en la proclamación de la IIª se intentó por la derecha fabricar una constitución que no fuera republicana más que por la cuestión de la jefatura del Estado e inmediatamente se archivó este intento aprobándose una constitución claramente social y progresista, y aún así durante dos años la derecha intentó por todos los medios entonces aún legales, socavar esa constitución, teniendo que recurrir al final a un golpe de Estado cruentísimo para liquidarla, sin por eso durante muchos años dejar de proclamarse republicana, pero de una república de derechas que sólo ellos defenderían. Y no hablamos sólo de los falangistas.

¿Y si las circunstancias acabaran mostrando dentro de tan sólo cuatro o cinco años, que es imposible evitar la caída de la corona en manos de un poco hábil y sensible Felipe VI, y se impusiera inequívocamente la necesaria proclamación de esa república que la izquierda lleva tantos años exigiendo con cada vez mayor apoyo popular?

Quizás hay en la España actual gente previsora en la derecha que está estudiando esta posibilidad como algo más que previsible, y recordando que si no tienen la derecha algo previsto en ese sentido se le puede volver a adelantar el pueblo vivo en primera persona.
Y derecha quiere decir derecha real no oficial, o sea el PP, y al menos el PSOE, y ya veríamos quienes otros, ya que Convergencia y Unió y el PNV siempre han sido republicanos de derechas.

Y claro, siempre hay genios clarividentes que iluminados por ciencia política infusa comprenden perfectamente que lo primero son las personas, por ejemplo disponer, previamente a que se pueda proclamar la república, de un gran estadista probado dispuesto a sacrificarse y asumir las duras responsabilidades de una jefatura republicana del Estado, un verdadero presidente con autoridad y presencia mundial.

Hay pocos que puedan pensar así con cierto fundamento, más bien sólo uno tan simple que habiendo demostrado en el pasado su escasa categoría de hombre de Estado, se atreva ahora a pensar que la patria le pueda necesitar para aún más altas miras. Y además es muy buen amigo de Pedro J. Ramírez.







viernes, 23 de diciembre de 2011

SE CUMPLEN LOS PEORES PRESAGIOS

    Como no podíamos esperar que fuera diferente, han alcanzado el máximo poder los peores gestores de la crisis.

Un tal Montoro era el ministro que inventó en España la burbuja inmobiliaria, la panacea universal en economía según su documentada opinión. Fue ministro de hacienda de Aznar y le aclaró que como el ladrillo, nada. Aznar se hundió por sus innumerables deficiencias políticas, pero nadie quiso ni supo avisar del desastre económico que había lanzado a la arena. Nadie, ni mucho menos los estrategas de Zapatero, que daban la talla que daban. Había que recordarles que sólo el necio confunde valor y precio, y que la economía especulativa sólo crea deudas, no riqueza, como ahora se demuestra clarísimamente. Ahora será quien decida la hacienda pública nuevamente. Ya había anunciado en campaña que la solución a los males económicos de la patria se resolverán de su mano volviendo al ladrillo, y para ello lo más importante será liberalizar la totalidad del suelo de todo el territorio estatal. Esto es, al menos, su proclamado objetivo. No nos ha sabido explicar qué tendrá que hacerse para liquidar la gigantesca deuda privada, ni el gigantesco e inútil parque inmobiliario sin posible venta, ni los impagados de promotoras o particulares, ni la ruina generalizada de miles de proveedores de la construcción, ni nada más, que lo bueno será conseguir que haya quien sea tan estúpido que decida financiar de nuevo no se sabe qué construcción. Genial.

Un tal Guindos era el segundo de a bordo con Aznar de aquel ínclito Rato que dirigió hacía el desastre la economía del país, luego dirigió la larga marcha hacia el desastre universal desde el Fondo Monetario Internacional y por fin se ha hecho cargo de Caja Madrid, más parece que como negocio privado suyo y de algunos de sus amigos, que como lo que se llamaba antiguamente obra social.
Recordemos que Rato dimitió del FMI casi a la vez que dimitía su compañero del Banco Mundial, éste por el célebre sistema americano de resultar públicamente acusado de ligerezas económico-sexuales, Rato por las bravas, declarando públicamente que aunque el puesto no era malo se sentía moralmente obligado a dejarlo para ocuparse de sus pobres hijos a los que parecía tener algo abandonados, ¡pobre!
Pues el tal Guindos era su mano derecha, pero en vez de irse al FMI a destruir la economía de medio mundo, decidió pasarse a Lehmann Brothers, ese banco que ha acabado la obra de su anterior jefe, provocando con la más burda política especulativa y con los más rastreros procedimientos fraudulentos, la ruina de todo el mundo con su bien organizada quiebra en el año 2008. Guindos era entonces el máximo representante de Lehmann en España, miembro del ejecutivo de Lehmann en Europa, y el autor desde Lehmann de la gran jugada de las cuotas participativas de la CAM, ahora en quiebra, y cuyos compradores, en general gentes de nivel medio, han perdido todo lo invertido.

Queda claro que el jefe Rajoy carece de toda idea de futuro, de cualquier cosa parecida a un plan financiero de Estado, de todo pensamiento económico realista, y de alguna expectativa que vaya más allá del mes que viene, si es que llega a llegar a tan largo plazo antes de la ruina generalizada. Amén.

viernes, 2 de diciembre de 2011

DURBAN

Aunque casi nadie se esté enterando por lo marginal que resulta cualquier información sobre el tema en los medios de comunicación generalistas, se está celebrando en Durban, Sudáfrica, la vigésimo primera conferencia mundial sobre el medio ambiente.
Una vez más se ponen encima de la mesa el calentamiento global, la emisión de gases de efecto invernadero, la destrucción masiva de los bosques, la desaparición y extinción de especies animales y vegetales, el precio de la contaminación, etc.
Nadie está ahora demasiado preocupado por poner en primera fila esta cuestión ante la urgencia de una crisis económica que en gran parte se ha producido precisamente por eso.
Ahora que se hunde la gran producción industrial del llamado primer mundo, va a resultar que la culpa de la destrucción del medio ambiente la tienen China, La India y Brasil. La verdad es que resulta bastante cómodo pensar así para evitar discutir el fondo de la cuestión.
Ningún país tiene la culpa de esta destrucción, los países son lo que son, lugares, espacios ocupados por gentes de todo tipo, la destrucción la provocan exclusivamente dos factores: la imparable avaricia de los dueños de las empresas contaminantes y arrasadoras del espacio natural, que ante la posibilidad de recortar un solo céntimo su cuenta de resultados de hoy les resulta hasta incluso de mucha risa destruir el mañana (inmediato), y el desinterés ciudadano por vivir más prudentemente, menos consumísticamente, más cuidadosamente. Según el discurso oficial ya no somos ciudadanos, somos simple y llanamente consumidores.
De lo primero, es preciso dejar de mentir con abstracciones impresentables: el Estado chino, dirigido por el autodenominado Partido Capitalista Chino, podrá estar más o menos preocupado con el supuesto bienestar material de sus ciudadanos, pero lo que sí que es seguro es que está preocupadísimo por el incremento de beneficios de los nuevos millonarios chinos, cuyas empresas compiten en todo el mundo con todo el mundo. No dudamos que la primera preocupación de los gobernantes brasileños sea la pobreza, pero parece que lo de la conservación del Amazonas, y los transgénicos, está claramente supeditado a la cuenta de resultados que las empresas, sean brasileñas o multinacionales, pueden presentar de su gestión en Brasil. Etc., etc., etc.
Y tampoco parece que en medio de la crisis importe a muchos millones de habitantes del planeta si su coche es más o menos destructivo, sino si sigue siendo más espectacular que el del vecino.
La destrucción no es ocasionada por países, sino por empresas y personas concretas, lo que se discute estos días en Durban son las consecuencias, no las causas, el problema es, evidentemente, el sistema, no los acuerdos o desacuerdos sobre el 3 % de disminución o incremento de los gases de efecto invernadero, porque sin discutirse el sistema, esos malditos gases, esos malditos transgénicos, ese salvaje consumo mundial de gasolina, esa defoliación generalizada, sólo puede incrementarse año tras año, como es el hecho. Y sobre el sistema si que hay un acuerdo entre todos los gobiernos y poderes reales del mundo: No se toca.
 Y conste que discutir el sistema no tiene nada que ver con aquel desastroso antiguo mecanismo de gobierno soportado por numerosos países durante muchos años del pasado siglo, llamado socialismo real o comunismo, que suponía que la naturaleza era algo a domeñar a cualquier precio. Ahora lo estamos pagando, y desde luego bastante caro. Discutir el sistema es algo que nunca debe permitirse la licencia de disculpar la destrucción masiva e indiscriminada de nuestro entorno natural, somos parte de él y hoy por hoy, somos unas víctimas más de nuestra estulticia al destruir nuestro propio mundo, pero hay unos culpables al cien por ciento por criminales insaciables, otros muchos, más o menos culpables, por estúpidos, y una inmensa mayoría de puras víctimas cuya hambre y miseria tienen responsables con una larga lista de nombres y apellidos muy concretos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

IMPORTANTES DEBATES POLÍTICOS

Tras la derrota del PSOE se ha abierto un gran debate interno del que no es ajeno el público en general. Es imprescindible aclarar si quien dirija el partido tras la debacle debe ser joven o mayor, hombre o mujer, catalán o no, cosas todas decisivas para salir de la situación de desastre en que se encuentran tanto el partido como el país.
A su vez los seguidores y opositores del Partido Popular, pleno triunfador electoral, debaten con intensidad si quien dirija la economía debería saberse públicamente ya o si es mejor esperar unos días.
Es exactamente la medida de la vida política de un país, que con razón manifiesta una desafección bastante generalizada de estos dos partidos.
A poco que se quiera indagar en los programas de ambos, se descubre que el PP carece de cualquier cosa parecida a un programa, y que el PSOE carece de cualquier cosa parecida a un programa.
Este es el perfecto camino para el cesarismo populista, el papel del líder, no el papel del partido, de sus ideas, de sus políticas sociales, económicas o de cualquier tipo.
En Alemania sabemos que la señora Merkel propone como alternativa a la crisis generalizada en la que ella tiene un papel clave el complacer a sus electores lo más posible para que no ganen los del partido contrario. En Francia sabemos que el señor Sarkozy centra su acción política en mostrar suficiente autoridad y grandeur como para que no le pisen el terreno los socialistas.
Sin duda el primer debate urgente que precisa nuestra sociedad es el del tiempo de la crisis: ¿seguimos mintiendo y afirmando que esto es algo pasajero y que despidiendo trabajadores, regalándole dinero a la banca y liberalizando el suelo para la construcción, se saldrá pronto, y todo volverá a ser como antes, o decimos por fin la verdades y aceptamos que esto va para muy largo, muy doloroso y muy destructivo?
Sólo cuando la sociedad entera incorpore a su pensamiento cotidiano que la crisis es tan profunda que no tiene solución en muchos años, que la solución vendrá por caminos salvajes, y que cuando se acabe, seguramente en diez o quince años más, el mundo no será ni siquiera parecido al que hemos conocido, podremos empezar a actuar con coherencia.
En segundo lugar lo que se debate es quien paga y a quien se va a cobrar lo mucho robado, estafado y malgastado durante estos pasados años. Esto requiere aclarar unas cuentas que hoy por hoy son absolutamente oscuras y que hacen referencia no a los valores reales de las cosas sino a los apuntes en papeles donde alguien ha escrito tantos y cuantos miles de millones sin que pudiera demostrar jamás que disponía de ellos realmente.
En tercer lugar hay que dejar de mentir también en la definición de la economía real. Probablemente cerca de la mitad de la economía real es la economía en negro, y no sólo del comercio de la droga, que tan útil resulta para tantísima gente, sino más bien de la banca, la construcción, el petróleo, las armas, y unos cuantos negocios más que están perfectamente permitidos por las leyes, y de cuyas gigantescas comisiones entregadas en puro negro por debajo de la mesa, dependen las principales inversiones financieras y especulativas del mundo.
 En cuarto lugar habrá que hablar algún día en España de Europa en serio. Europa es un simple club de negocios y como tal funciona, bien o mal, pero siempre y sólo como club de negocios, no como federación política, ni mucho menos social. Y esos bancos, esas multinacionales, esas financieras especuladoras que han construido la Europa comunitaria y que viven de ella, han hecho el negocio del siglo a costa de muchos factores, en buena parte por incluir a países de economía débil en el aparato de países de economía fuerte con la misma moneda, y eso siempre funcionará para beneficio de los primeros y no de los segundos, hasta que se agotan las posibilidades de los de economía débil y los poderosos les echen o se vean arrastrados también, que es exactamente lo que está pasando y lo que están discutiendo los fuertes.
Quedará unido a estos debates un tema ideológico de fondo referido a la profunda transformación económica que hace treinta años montaron tipos como la Sra. Tatcher, el Sr. Reagan, y sus acólitos del mundo entero. Ellos impusieron lo de esta economía ficticia y han provocado el desastre actual, con instrumentos de acción violenta como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, y si hacía falta, con ejércitos y servicios de espionaje que dejaron a media América, a casi toda África y a buena parte del medio oriente y el Asía central perfectamente arrasados, como así seguimos haciendo.
Y por último parecería sensato debatir de una vez a qué objetivos queremos dirigir la economía de un país como el nuestro que ha dedicado durante sus mejores años su dinero a algo tan improductivo como el ladrillo, dejando de lado las tecnologías, la investigación, la formación profesional cualificada, etc. Y la cuestión es decidir qué se pretende que sea este país dentro de veinte años, no la semana que viene.
¿Alguien se muestra interesado en abrir esos debates? Nos tememos que ni los grandes partidos, ni los pequeños, ni la patronal, ni los sindicatos dominantes, ni desde luego los financieros y banqueros, están por la labor.