Un tal Montoro era el ministro que inventó en España la burbuja inmobiliaria, la panacea universal en economía según su documentada opinión. Fue ministro de hacienda de Aznar y le aclaró que como el ladrillo, nada. Aznar se hundió por sus innumerables deficiencias políticas, pero nadie quiso ni supo avisar del desastre económico que había lanzado a la arena. Nadie, ni mucho menos los estrategas de Zapatero, que daban la talla que daban. Había que recordarles que sólo el necio confunde valor y precio, y que la economía especulativa sólo crea deudas, no riqueza, como ahora se demuestra clarísimamente. Ahora será quien decida la hacienda pública nuevamente. Ya había anunciado en campaña que la solución a los males económicos de la patria se resolverán de su mano volviendo al ladrillo, y para ello lo más importante será liberalizar la totalidad del suelo de todo el territorio estatal. Esto es, al menos, su proclamado objetivo. No nos ha sabido explicar qué tendrá que hacerse para liquidar la gigantesca deuda privada, ni el gigantesco e inútil parque inmobiliario sin posible venta, ni los impagados de promotoras o particulares, ni la ruina generalizada de miles de proveedores de la construcción, ni nada más, que lo bueno será conseguir que haya quien sea tan estúpido que decida financiar de nuevo no se sabe qué construcción. Genial.
Un tal Guindos era el segundo de a bordo con Aznar de aquel ínclito Rato que dirigió hacía el desastre la economía del país, luego dirigió la larga marcha hacia el desastre universal desde el Fondo Monetario Internacional y por fin se ha hecho cargo de Caja Madrid, más parece que como negocio privado suyo y de algunos de sus amigos, que como lo que se llamaba antiguamente obra social.
Recordemos que Rato dimitió del FMI casi a la vez que dimitía su compañero del Banco Mundial, éste por el célebre sistema americano de resultar públicamente acusado de ligerezas económico-sexuales, Rato por las bravas, declarando públicamente que aunque el puesto no era malo se sentía moralmente obligado a dejarlo para ocuparse de sus pobres hijos a los que parecía tener algo abandonados, ¡pobre!
Pues el tal Guindos era su mano derecha, pero en vez de irse al FMI a destruir la economía de medio mundo, decidió pasarse a Lehmann Brothers, ese banco que ha acabado la obra de su anterior jefe, provocando con la más burda política especulativa y con los más rastreros procedimientos fraudulentos, la ruina de todo el mundo con su bien organizada quiebra en el año 2008. Guindos era entonces el máximo representante de Lehmann en España, miembro del ejecutivo de Lehmann en Europa, y el autor desde Lehmann de la gran jugada de las cuotas participativas de la CAM, ahora en quiebra, y cuyos compradores, en general gentes de nivel medio, han perdido todo lo invertido.
Queda claro que el jefe Rajoy carece de toda idea de futuro, de cualquier cosa parecida a un plan financiero de Estado, de todo pensamiento económico realista, y de alguna expectativa que vaya más allá del mes que viene, si es que llega a llegar a tan largo plazo antes de la ruina generalizada. Amén.
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