Es curioso ver cómo autoproclamándose el Sr. Rajoy vicepresidente económico, más o menos en funciones de presidente de gobierno, no resulta fácil averiguar quien es el verdadero vicepresidente económico con verdadera capacidad para decidir el futuro del país.
Se llama Rodrigo Rato, fue el vicepresidente con Aznar que abrió la gran puerta de la burbuja inmobiliaria y bancaria, pasó luego a presidir el Fondo Monetario Internacional, organismo cuya actividad no es precisamente parangonable a la de Cáritas, sino que más bien existe para arruinar a las economías más débiles y fortalecer a los bancos más poderosos, siendo esa exactamente la única función que tiene en la actualidad encomendada por los poderes reales que nos gobiernan.
Pero el Sr. Rato resulto ser un padre de familia muy responsable, lo que quedó claro cuando antes de acabar su mandato se retiró de ese poderosísimo puesto, por cierto extraordinariamente remunerado, para cuidar de sus pobres hijos a los que, según propias declaraciones, reconocía tener poco atendidos. Curiosamente su voluntaria dimisión coincidió casi exactamente con la de su partenaire en el Banco Mundial, al que ciertos poderes reales de su entorno inmediato hubieron de convencer, por los clásicos métodos retorcidos norteamericanos, haciéndole responsable de un asunto de faldas con consecuencias poco claras en el propio organigrama del Banco Mundial. Con Rato no hicieron falta tales procedimientos, comprendió la situación al primer aviso. Todo esto ocurrió al comienzo de la expansión salvaje de las burbujas financieras e inmobiliarias en los EEUU y el resto de países dispuestos a demostrar eso de que España es el país en el que se puede uno enriquecer más rápidamente, que dijo el ministro de Hacienda de entonces. En el seno de estos desgraciados organismos internacionales se estaba peleando a puñaladas por el control de los resultados de esas burbujas que nadie allí ignoraba a quienes podrían favorecer y a costa de quienes.
Entonces el buen Sr. Rato se resignó a ser sólo el presidente de Caja Madrid, un banco comido por la oscura gestión del Sr. Blesa y la especulación inmobiliaria.
Luego, consiguió comerse a una de las cajas más oscura de España: la BanCaja valenciana que se encontraba al borde del desastre y se negaba a incrementar ese desastre uniéndose a la podridísima Caja de Ahorros del Mediterráneo, CAM, hoy ya liquidada. Recordemos además que Bancaja era la propietaria del Banco de Valencia dedicado a instrumento político directo de los dirigentes locales de Valencia y, ahora sabemos, que de ciertos intereses mallorquines, banco ahora también liquidado.
Y en esto llegó Rajoy. Gracias al fracaso de la caótica política del PSOE, consiguió llegar sin ninguna propuesta de gobierno a presidir el gobierno de España. Magia potagia.
Y Rajoy, que es obvio que carece de cualquier plan, organizó la parte del gobierno dedicada a aplaudir con las orejas al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial con dos buenos personajes: el Secretario de Estado de Economía cuando Rato era vicepresidente, y el Secretario de Estado de Política Económica cuando Rato era vicepresidente, Srs. Montoro y de Guindos. Además Montoro fue con Aznar el sucesor en el Ministerio del propio Rato, y de Guindos fue el Secretario de Estado de Economía con el buen sucesor de Rato.
Y en el duro paquete de medidas que estos tres señores, Rajoy, de Guindos y Montoro, deciden aplicar desde su mayoría absoluta generosamente donada por la ciudadanía española, se incluye una muy interesante, reducir el número de bancos ruinosos, y salvar prestándoles dinero público a sabiendas de que no se va a devolver nunca jamás, a los bancos más poderosos. Esto coincide con que el pobre Sr. Botín se encontraba en ciertos apurillos hace unos días porque no tenía solvencia para mantener sus deudas y sus activos. Al cabo de unos días el Sr. presidente del Santander, dice que si que tiene ya esa capitalización sin que sea posible comprender tan súbito cambio. Y el gobierno anuncia la necesaria fusión de bancos que de lugar a pocos muy poderosos y solventes, para lo cual hay que hacer desaparecer unos activos de la época de la burbuja inmobiliaria que ahora nada valen.
Solución: el superbanco superendeudado y supervaciado de valor que resultó de la absorción de Bancaja por Caja Madrid y que preside en exclusiva el ínclito Sr. Rato tras quitarse de en medio a su vicepresidente (antiguo presidente de la Comunidad Valenciano-siciliana, Sr. Olivas, expresidentes de Bancaja) y el putrefacto Banco de Valencia, habrá de acabar en amorosa fusión con alguien muy poderoso que lo absorba cuidadosamente cuando haya liquidado sus activos basura.
Se admiten apuestas, pero todo parece indicar que Bankia será la pieza que se comerá el Santander cuando esos activos basura se los haya comido… la ciudadanía española por prescripción facultativa de los empleados antiguos del Sr. Rato, ahora gobernantes de nuestra castigada economía. Y el Sr. Botín, que ya va cumpliendo muchos años, tendrá el honor de sentar a su mesa como vicepresidente al Sr. Rato, con el acuerdo bajo esa misma mesa de retirarse en pocos años y dejarle al frente del que puede acabar siendo uno de los mayores bancos del mundo. Sic transit gloria mundi.
No hay como tener la sartén por el mango sin que los comensales se enteren demasiado de lo que se cocina en ella. Y el Sr. Rajoy, mientras tanto, tocando el violón.
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