miércoles, 1 de agosto de 2012

LECCIONES DE HISTORIA SAGRADA Capítulo 1º


I.- Y DIJO EL BANQUERO A SUS BILLETES: “CRECED Y MULTIPLICAROS”

Es curioso contemplar cómo se han introducido conceptos e ideas que se dan como algo evidente sin que nadie explique su contenido.
El caso del llamado rescate de la banca es actualmente el más gracioso. La información mediática aporta que desde Bruselas y Frankfurt se van a aportar cien mil millones de euros para evitar la quiebra del sistema financiero español. Luego, confusas autoridades financieras y políticas desarrollan el tema aclarando que eso es un crédito a muchos años, con años de carencia inicial y muy bajo interés, que se le haría a otra oscura institución llamada FROB, que a su vez lo prestaría a los pobres bancos necesitados a un interés mucho mayor, con lo que el Estado saldrá ganando cuando esos bancos hayan vuelto a ser rentables y se devuelva ese dinero. La verdad es que sólo falta que nos lo explique en película de dibujos animados la factoría Walt Disney, y todos tan felices.
A la vez la quiebra del Estado es total y a esos cien mil millones habrán de añadirse otros trescientos mil millones más, simplemente para pagar los intereses de las deudas ya vencidas nacidas de los créditos pedidos a la banca internacional para pagar a su vez los créditos anteriores creados por bancos y cajas pero que por un mecanismo que explicaremos más abajo han acabado siendo deuda pública.
Debería sorprendernos en primer lugar que existan bancos necesitados, dado que llevamos toda la vida viendo que ser banquero es la madre de todos los negocios, y que los beneficios de los bancos han sido durante años en España inauditos y francamente escandalosos, en algunos casos de cientos de miles de millones al año. Si tenían tanto dinero ¿cómo es que ahora están en quiebra? ¿dónde está ese dinero que ganaban año tras año?  
Aclaremos primero de dónde sacaban esas inmensas cantidades de dinero que repartían entre sus accionistas, y que prestaban sin freno a las promotoras urbanísticas, a las autoridades políticas locales, y en una mínima proporción a los particulares que querían comprar vivienda y a las pequeñas empresas y autónomos que querían desarrollar sus pequeños negocios.
Engañan quienes intentan hacer creer al público general que el desastre bancario se debe en gran parte a las supuestas enormes sumas prestadas a ciudadanos particulares para comprarse una vivienda y que estos, ahora que no hay trabajo, no pueden devolver. Por el contrario el dinero prestado por la banca a los particulares para adquisición de vivienda es una parte insignificante respecto al prestado a las promotoras inmobiliarias, y ese dinero, respaldado por suelo o apartamentos, se prestaba a unas promotoras inmobiliarias que jamás pensaron en utilizar sus inmensos beneficios para nueva promociones, sino en reservarse sus beneficios en paraísos fiscales o gastarlo en lujos disparatados, y utilizar casi en exclusiva fondos a crédito para nuevas inversiones.  
Nunca dudaron que el negocio estaba en la pura especulación, en coger el dinero del banco al 4 o 5 %, y vender antes de finalizar la obra devolviendo el crédito al banco al año o dos años de iniciarse la obra y reservándose el beneficio en su bolsillo particular. La fórmula se llamaba formalmente contrato hipotecario de promotor, y en él se valoraban los suelos o los apartamentos que respaldaban la hipoteca al precio que el mercado especulativo iba marcando a cada momento, evidentemente disparatado. Nominalmente, o como se dice oficialmente, en libros, si el crédito resultase fallido, el banco se hacía propietario de terrenos u obra por un valor mayor que el crédito concedido, ya que la especulación haría que el precio de mercado de esos terrenos o de las obras habría aumentado al cabo del periodo que hubiera trascurrido desde la concesión del crédito a la inmobiliaria.
Naturalmente que estos cálculos se basan en lo más puro del sistema: la ilimitada ambición de ganar dinero del especulador. Por ese camino los promotores se emborrachaban en una carrera sin límite hacia la acumulación de beneficios sin riesgo alguno y con cualquier procedimiento para ir cada vez más deprisa. Resultaban insaciables a la hora de pedir dinero a la banca para sus promociones inmobiliarias y la banca se mostraba insaciable a la hora de conseguir dinero de donde fuera para prestar a las promotoras y a su vez tener en plazos mínimos intereses muy seguros.
Esto quiere decir que esa simpleza demagógica de que "tenemos deudas porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades" es la versión oficial del timo de la estampita. Los ciudadanos, que sólo representan un pequeño porcentaje del crédito de la banca, han pedido tales créditos para comprarse una casa para vivir o un apartamento de cara a sus vacaciones anuales, y las promotoras han saqueado la banca con gran placer de los prestamistas saqueados que a su vez firmaban cualquier papel absurdo con los grandes fondos especulativos internacionales para obtener liquidez y seguir enterrando esos dineros en millones de apartamentos ya invendibles o simplemente imposibles de mantener. Por encima de sus posibilidades quienes han vivido son los banqueros, los promotores inmobiliarios y las autoridades políticas regionales y estatales, verdaderos buitres insaciables y auténtica causa de la crisis.

(continuará mañana)

No hay comentarios:

Publicar un comentario