I.- Y DIJO EL BANQUERO A SUS BILLETES: “CRECED Y MULTIPLICAROS”
Es
curioso contemplar cómo se han introducido conceptos e ideas que se dan como
algo evidente sin que nadie explique su contenido.
El caso
del llamado rescate de la banca es actualmente el más gracioso. La información mediática
aporta que desde Bruselas y Frankfurt se van a aportar cien mil millones de
euros para evitar la quiebra del sistema financiero español. Luego, confusas
autoridades financieras y políticas desarrollan el tema aclarando que eso es un
crédito a muchos años, con años de carencia inicial y muy bajo interés, que se
le haría a otra oscura institución llamada FROB, que a su vez lo prestaría a
los pobres bancos necesitados a un interés mucho mayor, con lo que el Estado
saldrá ganando cuando esos bancos hayan vuelto a ser rentables y se devuelva
ese dinero. La verdad es que sólo falta que nos lo explique en película de
dibujos animados la factoría Walt Disney, y todos tan felices.
A la
vez la quiebra del Estado es total y a esos cien mil millones habrán de
añadirse otros trescientos mil millones más, simplemente para pagar los
intereses de las deudas ya vencidas nacidas de los créditos pedidos a la banca
internacional para pagar a su vez los créditos anteriores creados por bancos y
cajas pero que por un mecanismo que explicaremos más abajo han acabado siendo
deuda pública.
Debería
sorprendernos en primer lugar que existan bancos necesitados, dado que llevamos
toda la vida viendo que ser banquero es la madre de todos los negocios, y que
los beneficios de los bancos han sido durante años en España inauditos y
francamente escandalosos, en algunos casos de cientos de miles de millones al
año. Si tenían tanto dinero ¿cómo es que ahora están en quiebra? ¿dónde está
ese dinero que ganaban año tras año?
Aclaremos
primero de dónde sacaban esas inmensas cantidades de dinero que repartían entre
sus accionistas, y que prestaban sin freno a las promotoras urbanísticas, a las
autoridades políticas locales, y en una mínima proporción a los particulares
que querían comprar vivienda y a las pequeñas empresas y autónomos que querían
desarrollar sus pequeños negocios.
Engañan
quienes intentan hacer creer al público general que el desastre bancario se
debe en gran parte a las supuestas enormes sumas prestadas a ciudadanos
particulares para comprarse una vivienda y que estos, ahora que no hay trabajo,
no pueden devolver. Por el contrario el dinero prestado por la banca a los
particulares para adquisición de vivienda es una parte insignificante respecto
al prestado a las promotoras inmobiliarias, y ese dinero, respaldado por suelo
o apartamentos, se prestaba a unas promotoras inmobiliarias que jamás pensaron
en utilizar sus inmensos beneficios para nueva promociones, sino en reservarse
sus beneficios en paraísos fiscales o gastarlo en lujos disparatados, y
utilizar casi en exclusiva fondos a crédito para nuevas inversiones.
Nunca
dudaron que el negocio estaba en la pura especulación, en coger el dinero del
banco al 4 o 5 %, y vender antes de finalizar la obra devolviendo el crédito al
banco al año o dos años de iniciarse la obra y reservándose el beneficio en su
bolsillo particular. La fórmula se llamaba formalmente contrato hipotecario de
promotor, y en él se valoraban los suelos o los apartamentos que respaldaban la
hipoteca al precio que el mercado especulativo iba marcando a cada momento,
evidentemente disparatado. Nominalmente, o como se dice oficialmente, en
libros, si el crédito resultase fallido, el banco se hacía propietario de
terrenos u obra por un valor mayor que el crédito concedido, ya que la
especulación haría que el precio de mercado de esos terrenos o de las obras
habría aumentado al cabo del periodo que hubiera trascurrido desde la concesión
del crédito a la inmobiliaria.
Naturalmente
que estos cálculos se basan en lo más puro del sistema: la ilimitada ambición
de ganar dinero del especulador. Por ese camino los promotores se emborrachaban
en una carrera sin límite hacia la acumulación de beneficios sin riesgo alguno
y con cualquier procedimiento para ir cada vez más deprisa. Resultaban
insaciables a la hora de pedir dinero a la banca para sus promociones
inmobiliarias y la banca se mostraba insaciable a la hora de conseguir dinero
de donde fuera para prestar a las promotoras y a su vez tener en plazos mínimos
intereses muy seguros.
Esto
quiere decir que esa simpleza demagógica de que "tenemos deudas porque hemos
vivido por encima de nuestras posibilidades" es la versión oficial del timo de
la estampita. Los ciudadanos, que sólo representan un pequeño porcentaje del
crédito de la banca, han pedido tales créditos para comprarse una casa para
vivir o un apartamento de cara a sus vacaciones anuales, y las promotoras han
saqueado la banca con gran placer de los prestamistas saqueados que a su vez
firmaban cualquier papel absurdo con los grandes fondos especulativos
internacionales para obtener liquidez y seguir enterrando esos dineros en
millones de apartamentos ya invendibles o simplemente imposibles de mantener. Por
encima de sus posibilidades quienes han vivido son los banqueros, los
promotores inmobiliarios y las autoridades políticas regionales y estatales,
verdaderos buitres insaciables y auténtica causa de la crisis.
(continuará mañana)
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