martes, 23 de octubre de 2012

LAS CARTAS SOBRE LA MESA



¿HAY ALGUIEN AHÍ?
Contemplando desde fuera el agujero de la vida social española lo único que se escucha es esta trágica pregunta. Mientras, se discute si gobiernan los cerrados partidos establecidos, los políticos corruptos, los banqueros, unas extrañas criaturas sin cuerpo ni alma llamadas “mercados”, o quienquiera que sea. Es una discusión baldía, a cada momento se hace más clara la durísima realidad. Nadie nos gobierna, simplemente nadie gobierna, simplemente están, ocupan sitio, manejan nuestro dinero, nuestro trabajo, nuestra salud, nuestra educación, nuestra cultura y hasta nuestra más vulgar cotidianidad como dónde fumar o no fumar, cuando viajar a cien o a ciento diez por hora según les parezca, o cuando son las ocho de la mañana o las siete.
Manejan y deciden sobre todo eso pero de ninguna manera gobiernan, no nos dirigen a ningún lado, ni ellos saben siquiera a donde van, simplemente, ya lo decimos, están ahí tomando decisiones sin sentido, sin objetivos, y sobre todo, sin los medios adecuados para que se puedan tan siquiera aplicar sus propias arbitrarias decisiones.  
Algunos creen con inocencia que hay unos personajes llamados con cierta afectación autoridades que hacen cosas en las que creen y que la cuestión es que los pobres tienen escasa preparación y nulo conocimiento, otros con malicia piensan que en realidad son simples polichinelas manejadas desde unos oscuros centros de poder que nadie sabe si tienen cara y nombre, hay también quienes consideran que ciertas mejoras en los sistemas electorales y en la Constitución permitirían eliminar a los actuales políticos corruptos y estúpidos y colocar en su lugar otros dignos y decentes.
Todo eso es vano. El sistema no permite en el ámbito del poder real la existencia de políticos no corruptos, aunque transitoriamente puedan darse curiosas excepciones, y esos políticos ya de por si profundamente corruptos apoyados por jueces profundamente corruptos y policías y guardias civiles tan corruptos como ellos, son además sumamente estúpidos, incapaces, y carecen de la imprescindible preparación para las funciones a las que se dedican. Y además no son simples polichinelas de esos oscuros poderes, son parte de ese mecanismo de poder, si bien en sus últimos escalones.
Creen algunos que esos supuestos malvados mercados se personifican en tales o cuales fulanos, que se reúnen en sitios secretos a decidir el futuro al menos inmediato de la humanidad. Otro error evidente. Tienen nombres y caras y unos pesan más que otros, se llaman banqueros, propietarios de fondos de inversión y agiotistas, y tienen un único objetivo ingresar a cualquier precio, hoy, otro puñado de dólares, euros, yens, o lo que sea, y ya veremos mañana. No tienen ningún plan a mayor alcance que el inmediato y no les preocupa lo más mínimo que el mundo se hunda mañana porque ellos piensan que siempre flotan, que pueden ganar o perder hoy un puñado de dólares, pero mañana pueden recuperarlos, y que en todo caso nunca pierden todo.
Y son individuos, no oscuras organizaciones secretas, clubs Beidelberg, ni Trilaterales, si no tipos en sus despachos comprando y vendiendo cosas abstractas, deudas, futuros, bonos, acciones, seguros, etc., y procurando tan sólo ganar más que el de al lado, que el inmediato competidor para que así mañana se pueda pillar más todavía.
Ese es el mundo en el que vivimos guste o no, que a casi nadie gusta, pero casi nadie lo discute. Y si estando en el fondo del agujero alguien del último escalón de este mundo exterior te echa una manita a cambio de algo sin importancia como firmar tal o cual papel que hunda a miles de ciudadanos en la miseria ¿lo vamos a despreciar? ¿Una oportunidad así la dejaríamos pasar por dignidad y esa cosa extraña llamada ética?
Este es el mundo en el que vivimos. Claro que hay alguien ahí fuera, pero han conseguido que sus rostros y nombres se vayan difuminando según se asciende en su escala angelical. Nuestros angelitos son medianamente visibles, los tronos y dominaciones son difusos, los querubines y arcángeles son sólo sombras lejanas y nebulosas, Dios es intangible, inasible y por desgracia, por ahora, todopoderoso. Esta es la verdadera medida de la profundidad de la crisis.


Y ENTONCES ¿ESTOS TIPOS QUIENES SON?
Probablemente no lo sabe nadie, ni ellos. En el caso español unos tipos aupados a aparatos férreos de partido que colocan sólo a sus fieles y amigos en la totalidad de los puestos de poder del Estado, las Comunidades y los ayuntamientos y que tienen como único objetivo perpetuarse en esos u otros cargos y cobrar buenas pensiones cuando los tengan que dejar. Y si por el camino se puede hacer buena caja no será cosa de hacerle demasiados ascos. Ya quedó para la historia en aquella famosa conversación del impresentable Zaplana, “Yo estoy en política para hacerme rico”.
Ahora se reúnen a discutir las deudas del Estado español, y concluyen que como en la caja del Estado no hay para pagar ni siquiera a los funcionarios el mes que viene es preciso pedir dinero prestado.
¿Y para qué se pide prestado? Pues no para pagar a los funcionarios y mantener las autopistas o los aeropuertos que tengan aviones, sino para devolver otros créditos pedidos previamente.
¿Y porqué se pidieron aquellos créditos anteriores? Porque había gastos que era más cómodo y barato ir pagando con dinero prestado que se podía devolver a lo largo de varios años.
¿Y había con que estar seguros que se podrían pagar esos intereses y ese capital a lo largo de esos años? No tenían ni idea, pero miraban la caja y veían que cada año entraba más dinero fresco, luego la conclusión lógica era que desde luego se podrían pagar esos créditos.
Pues cuando se hacía esto y se miraba la caja bien llena se debía no más del treinta por ciento de lo que se producía cada año, lo que se llama que la deuda externa era menor del 30% del PIB, lo que parecía dar ciertas garantías.
Y sin embargo enloquecidos por esa visión maravillosa, cada año se gastaba más de lo que se ingresaba, que se llama crear déficit. Y si gastas más de lo que produces no es lo mismo que si gastas más de lo que tienes, de lo que materialmente puedes pagar. Si cada vez produces más a la larga se puede vivir del crédito y ajustar las cuentas. Muchos empresarios caen también en esa confusión: Si falta, se pide prestado, y asunto arreglado, todo va quedando para mañana, en que con lo que me prestan y lo que produzco podré ir pagando y aún ganar, y aquí no pasa nada.
Y ya decimos que la pasada década se debía sólo menos del 30 % del PIB anual, y ahora por ese camino tan alegre se ha llegado en tan sólo cinco años al 90% y con lo negociado este año se superará el 100%. Y a la vez el déficit sigue siendo el gran desconocido pero con seguridad muy superior al 6%, lo que crea una ecuación sin solución.
Y el gobierno sigue sin dinero líquido y desde Europa y los EEUU le instan a que se acoja a un gigantesco crédito mancomunado entre el Fondo Monetario y el Banco Central Europeo a devolver a largo plazo pero condicionado a que cada año, cada trimestre, Radames cada día lo que entre en la caja es en primer lugar e indiscutiblemente para devolver ese préstamo y pagar sus intereses, y si queda algo sería lo que el gobierno podría utilizar para sus gastos estatales. ¡Bonito plan! El respaldo de ese microcrédito tan generoso son directamente los bienes nacionales. Nos dicen que si no llegan los ingresos para pagar esa deuda se venden inmediatamente los trenes, las autopistas, los aeropuertos, los puertos y se exprime a los trabajadores hasta el final. Se llama la trampa griega.
Y mientras el presidente de un gobierno que no existe mira hacia otro lado y comenta chascarrillos gallegos por ver si pasa el tiempo, ya lo hacia su paisano el dictador Franco y fue la ruina general. Cada día que pasa sin acogerse a ese plan se ha de pedir más dinero prestado a los bancos y fondos privados a precios más altos que no hacen sino incrementar tanto la deuda como a la larga el déficit. Y si se acoge al macropréstamo llamado rescate el déficit se dispara y la deuda se dispara igualmente y además compromete como prenda la totalidad de los bienes nacionales. Y desde luego, ni piensa en decir un día a los acreedores eso de “Srs. Estamos en quiebra. No podemos pagarles, no les pagamos.”
Y todo esto sin establecer claramente quienes deben el qué. Y quienes deben hasta la ruina son los insaciables bancos, los promotores urbanísticos, las grandes corporaciones industriales, y cientos de miles de particulares que han conformado en esos años del bum del ladrillo y los dineros fáciles la larga cadena de la corrupción en ayuntamientos, regiones y el Estado. Los demás no podemos entender demasiado bien qué es lo que se dice que debemos si nos hemos limitado a trabajar, cobrar nuestro trabajo y gastarlo o ahorrarlo lo mejor posible.
¿Verdad que se nota demasiado que algo no encaja del todo bien? Pues ni nuestros dirigentes políticos, ni nuestros magnates, empresarios, banqueros o mercaderes, ni nuestras más altas lumbreras académicas, nuestros juristas, economistas, grandes cátedros, ni finos analistas de la prensa financiera, aún con ciertas dignísimas excepciones vilipendiadas por casi todos, lo han apreciado. Más aún ni lo han apreciado ni les interesa un rábano, porque mientras corra el parné ¿para qué pensar más o liarse con actitudes derrotistas, apocalípticas o simplemente erradas?
No lo olvidemos: sólo el necio confunde valor y precio.







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