Una vez más hemos de
soportar insistentemente esa cantinela de que el objetivo de todos los partidos
es crear empleo. Parece un objetivo sensato, imprescindible, el objetivo real
al que debe por sentido común dirigirse toda sana política económica.
Más bien lo cierto es que
ese lema es una vaguedad difusa carente de significación, de concreción
objetivable, conjunto de falacias sin sentido, publicidad partidista de
personajes reacios a realizar esfuerzos mentales y mucho menos políticos.
Ante la cuestión del paro confluyen
cuestiones muy diferentes pero que han coincidido en estos tiempos: un
incremento descomunal, exponencial, de la población humana, un desarrollo de
tecnologías específicas dedicadas a rentabilizar el esfuerzo, el trabajo, a
incrementar la productividad, un desarrollo de la sanidad e higiene a nivel
mundial que conlleva que la pirámide de la población mundial tenga una enorme
base con una bolsa inmensa de población menor de treinta años en unos países y
que se alargue descomunalmente hacia arriba con un notable retraso en la edad de
supervivencia de los mayores en otros países, y una enorme supervivencia
infantil, hechos que fuerzan a incrementar el esfuerzo de los sectores
demográficamente productivos a favor de grandes masas de sectores
necesariamente improductivos.
Y este análisis es
perfectamente válido incluso visto sólo para Europa y Norteamérica en donde
cada vez más la bolsa en edad de producir está engrosada no ya sólo por el
crecimiento de la población autóctona sino sobre todo por la masa de población
inmigrante que no admite ninguna barrera y que encuentra grandes dificultades
para integrarse en trabajos de alta especialización y tecnológicamente
complejos. El resultado inevitable es que ese conjunto de situaciones
coincidentes hace imposible en el actual sistema económico crear trabajo
productivo para toda la población en condiciones de producir. El paro no es
consecuencia de la crisis, la crisis es en parte y en última instancia
consecuencia del paro, al menos bajo el actual sistema y con los actuales
parámetros, y el paro es parte nuclear de este sistema, no resoluble, no
absorbible de forma imperativa. Sin comprender esto es inútil pretender
enfrentar el problema.
La parte de la crisis que
está provocada por el paro estructural es la que fuerza necesariamente el
incremento de la tasa de ganancia por la conjunción de mejoras tecnológicas
para el incremento de la productividad y por la caída de salarios generalizada
imprescindible para que cada empresario en esas condiciones pueda luchar por un
lugar competitivo al sol. Una vez más el ejército de parados fuerza a su vez la
bajada de los salarios y la proletarización de amplios sectores sociales antes
de ámbitos profesionales, funcionariales, de muy pequeños empresarios,
comerciantes, etc., lo que conlleva una bajada de la demanda de bienes no
imprescindibles y una nueva necesidad de incrementar la productividad bajando
los salarios y desarrollando continuamente nuevas tecnologías más competitivas.
La consecuencia social es
pobreza, miseria, desesperación, por ahora, pero la consecuencia a ya bastante
corto plazo es la imposibilidad de mantener con los fondos generados por los
sectores en el espacio productivo a los sectores no productivos en continuo
incremento. Las cajas de pensiones y los fondos para la sanidad se van
resintiendo y se tienden a agotar sin poder cubrir decentemente a esos sectores
no productivos de la población, que además de los mayores y los niños, cuentan
cada vez más con los parados de larga duración, los marginales expulsados del
sistema, sea en atención clínica o en cárceles, y además los ejércitos cada vez
más sofisticados, profesionales y poderosos, y las policías, cada vez más
diversificadas, más privatizadas y más numerosas.
Todo esto lleva
necesariamente al Estado, pero no es lo único que lo hace, a buscar más
recursos para evitar la explosión social. No es nuestro supuesto Estado de
bienestar un producto conquistado a las clases dominantes por un buen acuerdo
humanitario con ellas, es la necesidad históricamente comprobada de que si no
actúan así las clases dominantes la explosión social les acabará saliendo
demasiado cara. Y para evitar esa explosión producto de la pobreza y la miseria
han de apuntalar a esos sectores desplazados de la sociedad con dinero fresco
que les impida llegar al punto crítico de deterioro en que la explosión se
produciría inevitablemente. Siempre moviéndose en esos límites, pero nunca
dejando que se sobrepasen, aunque el deterioro lento pero implacable no deja de
sentirse continuamente en la sociedad entera.
Y el Estado ha de buscar
ese dinero fresco en cualquier lado, ya que la sociedad no produce bienes ni
suficientes ni adecuados para que su comercialización cubra vía impuestos esas
necesidades, y lo busca por el camino más estúpido posible, pero el único que
el sistema permite: por un descomunal sistema de créditos circular y
especulativo que genera dinero carente de contrapartidas productivas reales. De
hecho en el mundo actual hay firmados créditos a corto que probablemente rondan
más de cuatro veces lo que el mundo produce cada año. O sea, cada año todos los
deudores han de pagar a sus acreedores más de cuatro veces en dinero lo que la
economía real productiva produce en ese mismo año, lo que obviamente es
imposible a menos que se fabrique dinero sin contrapartida en su valor real.
Sólo el necio confunde valor y precio.
Y claro, los vencimientos
de cada Estado, de cada banco, de cada multinacional, de cada gran fondo de
inversión, han de cubrirse para evitar la quiebra, para cubrir la exigencia
perentoria de pago que resulta materialmente imposible de cubrir. Y eso sólo
admite una solución: refinanciar, crear más deuda, pedir prestado para pagar préstamos
vencidos, que es, evidentemente, lo contrario a una solución, que es por el
contrario un incremento continuo del mismo problema que no se quiere enfrentar ni resolver.
Esa es la situación real.
Prometer crear empleo es tan sólo una muletilla carente de contenido válida
exclusivamente para la propaganda por plasma, para el discurso vacuo y cínico
de la derecha, se llame esta como se quiera llamar.
Se puede prometer crear
mejores condiciones sociales y enfrentar de forma global la cuestión de la
deuda mundial, pero eso no parece atraer a demasiados políticos, les resulta
arduo y complejo, es mejor mentir, engañar y por prudencia hacerlo detrás de
una buena pantalla de plasma.
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