Y esa organización criminal
quizás tiene una forma algo imprecisa o algo difusa, o quizás tiene una rígida
y sólida estructura piramidal en cuya cúspide hay personajes que ni siquiera
imaginamos.
Pasó en la Italia de los
años setenta y al fin allí los capos supremos acabaron siendo conocidos, Giulio
Andreoti, Licio Gelli, el abogado y banquero de la Mafia siciliana Michele Sindona,
el arzobispo Paul Marcinkus, el banquero Roberto Calvi, el general Vito Miceli,
y en segundo plano unos cuantos más militares, banqueros, políticos,
periodistas, industriales y magistrados.
Cuando entre atentados
terroristas nunca esclarecidos con cientos de muertes, corrupción generalizada,
asesinatos políticos y una enorme desintegración social, saltaron todos los
escándalos a la luz, se produjeron unos años de reorganización de la vida
política italiana y al final se reconstruyó el país dejando atrás aquel horror
mafioso sin que se aclarase qué había pasado ni se hubieran ajustado cuentas
con ese pasado. Andreoti falleció muy anciano es sus grandes posesiones de
Sicilia a principios de este siglo, Licio Gelli, el gran maestre de la P-2,
vivía hasta hace pocos años en su lujosa mansión del norte de Italia, Marcinkus
gozaba de un dorado retiro en sus grandes fincas con campo de golf privado en
los EEUU, etc. Claro que en el proceso de liquidación se asesinaron un poquito
entre ellos, pero de los grandes capos que sobrevivieron ninguno pisó la cárcel
jamás.
Y aquí, entre nosotros, en
el siglo actual ¿Sabemos realmente quienes nos gobiernan? ¿Quiénes son los
verdaderos jefes de la organización criminal que está socavando la vida
política, económica y social de nuestro país?
Porque es muy evidente que
M. Rajoy es un botarate que está cumpliendo la función del que nunca sabe nada,
ni hace nada, ni se entera de nada, pero entorpece todo lo que de sano pueda
formarse en el país. Para eso le han colocado en su elevado trono, nada más que
para hacer de pantalla fija, plasma inasible, figurilla inamovible, cartón
piedra contra el que se disparan proyectiles que lo atraviesan sin que se
altere en nada la realidad. ¿Quiénes nos gobiernan desde nuestra particular P-2?
Seguirá.
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