No aceptes lo
habitual como cosa natural, porque en tiempos de desorden, de confusión
organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer
imposible de cambiar.
Bertolt Brecht
Poco a poco sale a relucir una realidad que debería haber permanecido
oculta para la gran mayoría, pero desgraciadamente al ir tomando forma, su
imagen resulta engañosa.
La primera impresión parece ser la de que en un poderoso partido hay
enquistada una organización criminal cuyos tentáculos llegan a toda la
dirección del PP, pero esa no es la realidad: No es que haya un partido que
tiene en su seno una poderosa organización criminal, es que una poderosa
organización criminal controla, entre otras cosas, a este partido.
Lo que todavía no sabemos es hasta donde llega el poder de esa
organización criminal, y ni siquiera sabemos cómo se llama y qué tipo de
estructura tiene, sólo sabemos que su gran patrón parece ser un tal Luis Bárcenas, que mueve masas enormes de dinero, controla grandes empresas responsables de
la corrupción financiera, especialmente promotoras y constructoras y bancos,
que tiene una larga mano armada y que entre sus principales controlados tiene
al banquero Rato, al presidente del gobierno Rajoy, y a otros muchos políticos
y financieros. Pero ignoramos quienes son las piezas claves de esta
organización en la Iglesia,
el ejército, la guardia civil, la prensa, los servicios secretos, la
judicatura, los sindicatos mayoritarios, la casa real y las relaciones
internacionales.
Conocemos a unos pocos de los principales segundones de la organización que
eran clave para el control de políticos y empresarios: Correa, Pérez "El Bigotes", Crespo, y Sanchez,
pero ignoramos quienes más están detrás, quienes controlan la organización en
Madrid, en Galicia, en Andalucía, etc. Sólo conocemos algunos aspectos de la
estructura en Valencia y Mallorca que han pasado por los tribunales de justicia
No es este conjunto de afirmaciones el producto increíble de una mente
calenturienta, es algo casi explícito que se deduce necesariamente de lo que
hasta la fecha se ha hecho público. Es casi una obviedad el que son demasiados
los escándalos que aparecen concatenados y que sería estúpido pensar que no hay
más que una relación casual entre cosas que es imposible que no tengan en común
precisamente lo esencial: la organización.
Claro que no sabemos que papel juegan en relación con la organización
personajes como Esperanza Aguirre, Carlos Divar, Rouco Varela, Rubalcaba, Alierta,
Cospedal, y tantos otros relevantes dirigentes de la vida pública española,
como tampoco sabemos quienes son los mandos militares que pueden ser decisivos
en la trama, ni los periodistas que están bajo su control, ni los lazos dentro
de la casa real, ni tampoco sabemos todavía si se trata de una organización
estricta y jerárquica, como ha sido en Italia la logia P2, o si se trata de una
red abierta como Al Kaeda.
Podemos empezar a sospechar por qué y cómo se organizó la caída del
juez Garzón, que comenzaba a poner en peligro al mismo centro de la
organización. Podemos también comenzar a entender cómo un poderoso traficante
de armas ha llegado a ser ministro de defensa en nuestro país, o cómo es
posible que las más grandes empresas de la construcción, la promoción
inmobiliaria y la obra civil, no hayan quebrado cuando tienen deudas
incalculables e imposibles de afrontar, o cómo el pool de las grandes empresas
de la energía pueden libremente saquear a la ciudadanía sin que nadie se
moleste ni tan siquiera en investigarlas.
Pero lo que no podemos todavía alcanzar es qué servicios secretos
tenemos en realidad en nuestro país, dónde y por medio de quienes se esconde el
dinero de la Iglesia,
cual sea el patrimonio privado de la casa real, o quienes manejan los verdaderos hilos de la información y la comunicación.
Llama poderosamente la atención que la financiación que hasta ahora se
ha desvelado de la trama incluya no sólo a las comisiones procedentes de las
grandes empresas promotoras y constructoras, sino a empresas de seguridad
privadas.
Claro está que a ciertas empresas creadas por exguardias civiles o ex
militares se le han dado concesiones para sustituir, sin duda innecesariamente,
a la policía en numerosos servicios públicos de vigilancia y control, pero no
parece razonable pensar que esas contratas sean tan importantes económicamente
como puede ser la concesión de contratos para construir autopistas públicas, la
red del AVE, o crear gigantescas promociones urbanísticas. ¿Qué esconden estas
organizaciones armadas privadas creadas desde hace años por gentes ligadas a la
guardia civil y el ejército? ¿Qué papel se les reserva en algún desconocido
organigrama de poder? ¿Tienen servicios más allá de pasearse por los andenes
del metro o vigilar la puerta de los bancos?
Y de todas las maneras, no se caiga en obsesiones sicopáticas viendo
organizaciones secretas por todas partes y pensando que estamos bajo el control
de estructuras oscuras. Es cierto: hay una organización criminal que por tanto
no puede hacerse pública y que sólo se descubre por ciertos detalles que saltan
a la luz pública incontroladamente, y esta organización criminal controla un
enorme poder, pero eso es todo. Sin paranoias, pero sin dejar de ver lo que
resulta obvio. No hay un partido en el poder que tiene enquistada dentro una
organización criminal, hay una poderosa organización criminal que ha llegado a
controlar entre otras cosas a la cúpula entera del partido del gobierno, que no
es lo mismo.
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