domingo, 20 de enero de 2013


No aceptes lo habitual como cosa natural, porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar.
                                                                        Bertolt Brecht


Poco a poco sale a relucir una realidad que debería haber permanecido oculta para la gran mayoría, pero desgraciadamente al ir tomando forma, su imagen resulta engañosa.
La primera impresión parece ser la de que en un poderoso partido hay enquistada una organización criminal cuyos tentáculos llegan a toda la dirección del PP, pero esa no es la realidad: No es que haya un partido que tiene en su seno una poderosa organización criminal, es que una poderosa organización criminal controla, entre otras cosas, a este partido.
Lo que todavía no sabemos es hasta donde llega el poder de esa organización criminal, y ni siquiera sabemos cómo se llama y qué tipo de estructura tiene, sólo sabemos que su gran patrón parece ser un tal Luis Bárcenas, que mueve masas enormes de dinero, controla grandes empresas responsables de la corrupción financiera, especialmente promotoras y constructoras y bancos, que tiene una larga mano armada y que entre sus principales controlados tiene al banquero Rato, al presidente del gobierno Rajoy, y a otros muchos políticos y financieros. Pero ignoramos quienes son las piezas claves de esta organización en la Iglesia, el ejército, la guardia civil, la prensa, los servicios secretos, la judicatura, los sindicatos mayoritarios, la casa real y las relaciones internacionales.
Conocemos a unos pocos de los principales segundones de la organización que eran clave para el control de políticos y empresarios: Correa, Pérez "El Bigotes", Crespo, y Sanchez, pero ignoramos quienes más están detrás, quienes controlan la organización en Madrid, en Galicia, en Andalucía, etc. Sólo conocemos algunos aspectos de la estructura en Valencia y Mallorca que han pasado por los tribunales de justicia
No es este conjunto de afirmaciones el producto increíble de una mente calenturienta, es algo casi explícito que se deduce necesariamente de lo que hasta la fecha se ha hecho público. Es casi una obviedad el que son demasiados los escándalos que aparecen concatenados y que sería estúpido pensar que no hay más que una relación casual entre cosas que es imposible que no tengan en común precisamente lo esencial: la organización.
Claro que no sabemos que papel juegan en relación con la organización personajes como Esperanza Aguirre, Carlos Divar, Rouco Varela, Rubalcaba, Alierta, Cospedal, y tantos otros relevantes dirigentes de la vida pública española, como tampoco sabemos quienes son los mandos militares que pueden ser decisivos en la trama, ni los periodistas que están bajo su control, ni los lazos dentro de la casa real, ni tampoco sabemos todavía si se trata de una organización estricta y jerárquica, como ha sido en Italia la logia P2, o si se trata de una red abierta como Al Kaeda.
Podemos empezar a sospechar por qué y cómo se organizó la caída del juez Garzón, que comenzaba a poner en peligro al mismo centro de la organización. Podemos también comenzar a entender cómo un poderoso traficante de armas ha llegado a ser ministro de defensa en nuestro país, o cómo es posible que las más grandes empresas de la construcción, la promoción inmobiliaria y la obra civil, no hayan quebrado cuando tienen deudas incalculables e imposibles de afrontar, o cómo el pool de las grandes empresas de la energía pueden libremente saquear a la ciudadanía sin que nadie se moleste ni tan siquiera en investigarlas.
Pero lo que no podemos todavía alcanzar es qué servicios secretos tenemos en realidad en nuestro país, dónde y por medio de quienes se esconde el dinero de la Iglesia, cual sea el patrimonio privado de la casa real, o quienes manejan los verdaderos hilos de la información y la comunicación.
Llama poderosamente la atención que la financiación que hasta ahora se ha desvelado de la trama incluya no sólo a las comisiones procedentes de las grandes empresas promotoras y constructoras, sino a empresas de seguridad privadas.
Claro está que a ciertas empresas creadas por exguardias civiles o ex militares se le han dado concesiones para sustituir, sin duda innecesariamente, a la policía en numerosos servicios públicos de vigilancia y control, pero no parece razonable pensar que esas contratas sean tan importantes económicamente como puede ser la concesión de contratos para construir autopistas públicas, la red del AVE, o crear gigantescas promociones urbanísticas. ¿Qué esconden estas organizaciones armadas privadas creadas desde hace años por gentes ligadas a la guardia civil y el ejército? ¿Qué papel se les reserva en algún desconocido organigrama de poder? ¿Tienen servicios más allá de pasearse por los andenes del metro o vigilar la puerta de los bancos?
Y de todas las maneras, no se caiga en obsesiones sicopáticas viendo organizaciones secretas por todas partes y pensando que estamos bajo el control de estructuras oscuras. Es cierto: hay una organización criminal que por tanto no puede hacerse pública y que sólo se descubre por ciertos detalles que saltan a la luz pública incontroladamente, y esta organización criminal controla un enorme poder, pero eso es todo. Sin paranoias, pero sin dejar de ver lo que resulta obvio. No hay un partido en el poder que tiene enquistada dentro una organización criminal, hay una poderosa organización criminal que ha llegado a controlar entre otras cosas a la cúpula entera del partido del gobierno, que no es lo mismo.

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