En el intento
propagandístico constante por demonizar a Podemos se utilizan todo tipo de
argumentos a cual más burdo, pero los contradictores de este partido que hacen
bien su trabajo se centran sólo en una cuestión: Populismo.
El análisis se basa
en dos líneas de trabajo, la primera acerca de la exigencia de Podemos de no
ser catalogado en el arco político establecido, obviamente sin dar a entender
eso de que no son ni de derechas ni de izquierdas de tan mala resonancia fascista.
Se les recuerda que
esa actitud parte de unas posiciones ideológicas que llevan cuarenta años
circulando y que han sido utilizadas tanto a veces por partidos de izquierdas
como de derechas. Se les recuerda también que su indefinición ante temas políticos
de la máxima actualidad se basa en su deseo de abarcar todo tipo de movimientos
sociales y abarcar a todo tipo de colectivos desfavorecidos, lo que les obliga
al final a evitar demasiadas definiciones para no tener, por apoyar a unos, que
enfrentar a otros de todos estos movimientos que quisieran sumar.
Esto es sin duda
ciertísimo, pero no es populismo en el sentido tradicional del término, sino
que expresa más bien una falta enorme de inclusión en la vida política real. Si
fueran de derechas podrían mantener esa actitud indefinidamente, pero desde las
posiciones reales que han tomado, claramente a la izquierda, la vida política
cotidiana día a día va destrozando ese esquema y obligándoles a manifestarse,
definirse y posicionarse cada vez con mayor claridad. La calle se lo exige y
sus votantes y seguidores no son precisamente de arriba o abajo, sino de
izquierda tradicional y eso no pueden evitarlo ni ellos. En esto no hay más que
forzar las cosas porque hasta en su dirección, y a pesar de haber procurado
borrar de la imagen a unos cuantos dirigentes, hay un claro posicionamiento
social y político de izquierdas, les guste a algunos dirigentes suyos o no les
guste.
Otra cosa es que se hace demasiado evidente
que no son ni dirigentes ni posicionamientos de origen obrero ni causas
específicas de clase trabajadora, y que les falta esa imprescindible base
obrera y sindical sin la cual por más que se definan a favor de todo tipo de
movimientos sociales les faltará siempre el principal, que por cierto sí que lo
tienen Unidad Popular e Izquierda Unida.
Ese debate no
permitirá esperar demasiado tiempo a resolverse o el proceso de renovación
profunda se truncará en cualquier momento. La mejor prueba de esto es la notoria
prevención que la dirección de Podemos tiene a la movilización callejera y a la
lucha sindical, de la que por cierto en su programa de gobierno salta demasiado
a la vista su ausencia. Hay un posicionamiento firme en cuanto a los derechos
de la clase trabajadora recogidos con enorme claridad en su programa de
gobierno en el punto 1.4. Un nuevo marco de relaciones laborales, pero
se pasa por alto la activación y participación en las luchas sindicales imprescindibles
para conseguir tales exigencias, como si estas se pudieran conquistar
simplemente por concesión de un nuevo gobierno y no por la resistencia popular,
la movilización y la acción en los lugares de trabajo y la calle.
Podemos asume un
planteamiento de programa tradicional de izquierdas pero es más un proyecto
pensado de arriba abajo que de abajo a arriba, ironías de la dura realidad.