domingo, 28 de febrero de 2016

IZQUIERDA Y POPULISMO EN PODEMOS (1)



En el intento propagandístico constante por demonizar a Podemos se utilizan todo tipo de argumentos a cual más burdo, pero los contradictores de este partido que hacen bien su trabajo se centran sólo en una cuestión: Populismo.
El análisis se basa en dos líneas de trabajo, la primera acerca de la exigencia de Podemos de no ser catalogado en el arco político establecido, obviamente sin dar a entender eso de que no son ni de derechas ni de izquierdas de tan mala resonancia fascista.
Se les recuerda que esa actitud parte de unas posiciones ideológicas que llevan cuarenta años circulando y que han sido utilizadas tanto a veces por partidos de izquierdas como de derechas. Se les recuerda también que su indefinición ante temas políticos de la máxima actualidad se basa en su deseo de abarcar todo tipo de movimientos sociales y abarcar a todo tipo de colectivos desfavorecidos, lo que les obliga al final a evitar demasiadas definiciones para no tener, por apoyar a unos, que enfrentar a otros de todos estos movimientos que quisieran sumar.  
Esto es sin duda ciertísimo, pero no es populismo en el sentido tradicional del término, sino que expresa más bien una falta enorme de inclusión en la vida política real. Si fueran de derechas podrían mantener esa actitud indefinidamente, pero desde las posiciones reales que han tomado, claramente a la izquierda, la vida política cotidiana día a día va destrozando ese esquema y obligándoles a manifestarse, definirse y posicionarse cada vez con mayor claridad. La calle se lo exige y sus votantes y seguidores no son precisamente de arriba o abajo, sino de izquierda tradicional y eso no pueden evitarlo ni ellos. En esto no hay más que forzar las cosas porque hasta en su dirección, y a pesar de haber procurado borrar de la imagen a unos cuantos dirigentes, hay un claro posicionamiento social y político de izquierdas, les guste a algunos dirigentes suyos o no les guste.
 Otra cosa es que se hace demasiado evidente que no son ni dirigentes ni posicionamientos de origen obrero ni causas específicas de clase trabajadora, y que les falta esa imprescindible base obrera y sindical sin la cual por más que se definan a favor de todo tipo de movimientos sociales les faltará siempre el principal, que por cierto sí que lo tienen Unidad Popular e Izquierda Unida.
Ese debate no permitirá esperar demasiado tiempo a resolverse o el proceso de renovación profunda se truncará en cualquier momento. La mejor prueba de esto es la notoria prevención que la dirección de Podemos tiene a la movilización callejera y a la lucha sindical, de la que por cierto en su programa de gobierno salta demasiado a la vista su ausencia. Hay un posicionamiento firme en cuanto a los derechos de la clase trabajadora recogidos con enorme claridad en su programa de gobierno en el punto 1.4. Un nuevo marco de relaciones laborales, pero se pasa por alto la activación y participación en las luchas sindicales imprescindibles para conseguir tales exigencias, como si estas se pudieran conquistar simplemente por concesión de un nuevo gobierno y no por la resistencia popular, la movilización y la acción en los lugares de trabajo y la calle.
Podemos asume un planteamiento de programa tradicional de izquierdas pero es más un proyecto pensado de arriba abajo que de abajo a arriba, ironías de la dura realidad.

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