Se agradece ver por
fin un programa de gobierno o una propuesta electoral, digna, seria, bien
estructurada y progresista. Al margen del desliz de los nombramientos en las
posiciones clave del aparato judicial, del que la intención queda clara pero la
expresión es lamentable, el documento es un excelente programa socialdemócrata
pretatcheriano.
Antes de la
victoria de los neos y la caída del Muro de Berlín, este hubiera sido uno de
los muchos programas que la socialdemocracia europea avanzada ponía
habitualmente en práctica desde el poder. Es el programa con el que se
gobernaba la Suecia de Palme, o con el que gobernaban los Laboristas en los
cincuenta, o el que defendían socialdemócratas alemanes, holandeses o incluso muchos
franceses, cercano al que hubiera podido defender Allende.
Pero han pasado ya
cincuenta años, medio siglo, de aquellos tiempos y ahora estamos en tiempos en
los que la socialdemocracia europea es casi como los conservadores de antaño de
aquella Europa que entonces era avanzada en derechos y libertades y que existió
antaño. Ahora mandan bastos, y ese programa socialdemócrata ofertado por
Podemos se quiere presentar por la caverna como el que defenderían Kim Il Sung
o Pol Pot.
¿No será ya hora de
hablar en serio? Podemos tiene un programa riguroso y coherente propiamente
socialdemócrata, y eso es lo mejor que por ahora se ha ofrecido a esta ya casi
aniquilada sociedad, pura tradición socialista de los años cincuenta y sesenta.
Aquella tradición que sí que dio la imagen de que quizás Europa no era sólo el continente
del nazifascismo, la xenofobia y el capitalismo salvaje, si no el continente de
los derechos y las libertades. ¿Cuál ha sido el espejismo?
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