Pronto tendremos en España una nueva tournee del Papa de Roma. En agosto volveremos a ver el montaje financiero-comercial que se encubre en este tipo de acciones en principio religiosas.
Sin duda hay un contenido principal que no sólo no es religioso, sino que es claramente político. Una gira de propaganda de su organización, la Iglesia Católica Española, que es una organización fundamentalmente política, secundariamente económica, en tercer lugar social y sólo en último lugar, religiosa.
Naturalmente que en España hay una gran cantidad de personas religiosas profundamente sinceras, unas, tradicionalmente sinceras, otras muchas, que además se consideran parte integrante de la Iglesia Católica , y naturalmente merecen el mayor de los respetos de todo el mundo.
Difícil es decir lo mismo de la organización política y social que está inscrita en el Registro de Asociaciones Religiosas del Ministerio de Justicia como Iglesia Católica. Esta organización deberá ser analizada como lo que es en la realidad, no como lo que esta organización defiende oficialmente desde sus poderosísimos órganos de expresión.
Volviendo pues al viaje del Papa el próximo agosto, esperamos no ver varias cosas, más aún, estamos seguros de que no será posible que las veamos u oigamos.
Destacaremos sólo una: Desde hace unos meses se está evidenciando uno de los grandes escándalos de la Iglesia Católica española y la dictadura franquista: el oscuro negocio del robo de niños.
La trama ha permanecido oculta durante medio siglo, y es ahora cuando sale a la luz de manos de ciudadanos particulares que exigen saber qué pasó con su madre, con sus hermanos o con sus hijos.
Era siempre el mismo modus operandi. Clínicas de maternidad generalmente públicas, donde los servicios de enfermería los prestaban monjas católicas, y donde estaba impuesto un fuerte marchamo de esta institución. Una madre que da a luz en condiciones más o menos difíciles. No se le entrega el niño tras el parto y uno o dos días después se le dice que ha fallecido. Nunca se le muestra ni a ella ni a nadie de su familia el cadáver y se despacha a la desmoralizada madre a su casa sin más explicaciones.
Generalmente el miedo en tiempos de la Dictadura , cierto bajo o muy bajo nivel de instrucción, la confusión y frustración de un momento así, y la falta de medios económicos, provocaban una nube de silencio, aunque en muchos de los casos la madre intuía, o incluso sabía que el hijo no estaba muerto como las monjas le habían dicho.
La organización de este verdadero crimen incluía una serie de personas intermediarias, generalmente mujeres autoritarias y muy ligadas a organizaciones particulares de la propia Iglesia, cuya función era la venta de esos niños a famillas que los reclamaban en adopción y que incluso los registraban como nacidos de esa misma madre de familia adoptante.
En muchos casos eran niños buscados para perpetuar una familia que no podía tenerlos, sobre todo entendiendo que el que un matrimonio no tuviera hijos era considerado socialmente como probablemente degradante para el hombre. En otros casos era mano de obra necesaria y barata, más que barata, gratuita, en oficios de pueblo, en algunos casos el final debió de ser mucho más triste y mezquino.
Cuando ahora sale a la luz el escándalo se puede entender que no era un conjunto de casos aislados, contabilizables uno a uno como crímenes inconexos, sino que había redes perfectamente estructuradas en todo el Estado, que habiéndose localizado ya cientos de casos hay que suponer que fueron miles, que las redes pervivieron durante al menos medio siglo y que además del crimen en sí de robar hijos a las madres, se cometían otros muchos, como falsificación de documentos públicos, chantajes, falta a la deontología médica, etc.
El fiscal Geenral ha dado orden a los fiscales de Audiencia provincial para que investiguen los hechos que se les denuncien en estos casos de robo posible de niños. Ha sido una necesaria medida gubernamental ya que así se evita encarar el tema como diligencias de investigación sobre una red de venta de niños, y se liquida el tema de lo que debe ser considerado como crimen organizado de Estado, convirtiéndolo en simple acumulación de casos no relacionados entre sí, que se deberán resolver uno a uno como crímenes singulares. La Iglesia Católica y los próceres del Régimen franquista que aún hoy mantienen el engaño resultarán así intocados, y como mucho aparecerán a la larga una superiora de un convento, un médico jubilado o una intermediadota millonaria, como culpables de uno u otro robo singular. Y además se hará notar que resuelto el grave conflicto humano y rencontrada la madre, los hermanos o los hijos, ya no vale la pena hurgar más en el tema. Loable actitud de una justicia profundamente corrupta.
Una vez más la red está encubierta del halo dulcificante de la obra de caridad. Las monjas y sus directivos se compadecían del futuro incierto de una criatura en el seno de una familia pobre y mal instruida y quizás además de izquierda, rojos peligrosos, descreídos, ateos, e incluso posibles delincuentes. Haciendo esa terrorífica labor daban un felicísimo futuro a esas criaturas en el seno de buenas familias que les educarían como dios manda y les darían un futuro muy prometedor.
¿Quienes mantenían estas redes? ¿Desde qué alturas políticas y seudoreligiosas? ¿Quiénes las conocían y las permitían desde la cúpula de la Iglesia Católica ? ¿Quines las amparaban desde la cúpula política del Régimen?
Y volvamos al principio ¿Alguien cree que el Papa de Roma habrá pensado en pedir perdón por estos crímenes organizados desde y por la organización que preside?
Si todavía estamos esperando que pida perdón públicamente por haber militado en las juventudes nacionalsocialistas hace no tantos siglos ¿Cómo esperar otra cosa de él?
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