miércoles, 20 de julio de 2011

¡QUE BELLA ES LA POLÍTICA QUE NOS MONTAN NUESTROS PRÓCERES!

¡Y que gran espectáculo la comedia de los salvadores de la patria económico-financiera! Todos corren a ofrecerse gustosos a salvarnos de las fauces de ese tremebundo dragón llamado crisis. ¡Cuanta generosidad la de estos hombres y mujeres dispuestos a dejarse la piel en la lucha titánica que la nación en peligro exige!
Pero aún siendo eso algo tan admirable, más digno de auténtico pasmo es el ver cómo tienen las más felices ideas sobre las armas que se ofrecen a utilizar eficazmente para solucionar definitivamente todos nuestros problemas. Eso sí, sin dejar de recordarnos paternalmente que esos problemas, que ellos accederán a resolver, han sido creados por nuestro desenfrenado apetito de innecesarios bienes, por nuestra ansía desenfrenada por poseer mucho más de lo que nos es dado por nuestra baja naturaleza poseer justamente.
Hecha esta prudente objeción, proponen las más variadas naderías para asombrar al incauto público asistente a la función. Y de pronto este mismo público ha de lanzarse frenético a aplaudir al descubrir como lo que era una oferta patriótica, se va convirtiendo en una divertida riña de pícaros que se arrancan los ojos, se tiran de los pelos, se escupen groseramente y se insultan con furor, por algo que nadie sabe exactamente en qué consiste. ¡Una gran función!
Pero mientras contemplamos este divertido espectáculo, las cosas ocurren, se suceden. Las que nos pasan a nosotros y las que hacen ellos aunque las hagan ocultamente.
Las que nos pasan a nosotros las dejaremos para otro momento, pero las de ellos, merecen algún comentario de circunstancias.
Ahora gobiernan unos, y pretenden en poco tiempo llegar a gobernar otros. Los primeros llevan unos cuantos años y los segundos dicen que ahora es ya hora de que gobiernen ellos. Eso sí, sin más argumentos, permanencia o cambio, pero en sí mismos considerados, no por algo que sea razonado con alguna coherencia por alguien.
En esa situación el juego se reduce a las diversas trampas  que se ponen unos a otros para causar bajas significativas en las filas contrarias y evitar las propias.
Yendo al grano ¿Se han fijado ustedes en que el Sr. Rajoy, temeroso de que puedan causarle bajas en algunos de sus principales sostenedores, los está consiguiendo apartar prudentemente sin que se le note? ¿Se acuerdan ustedes de un tal Fabra o de un tal Ripoll acusados de todo tipo de tropelías políticas, económicas y fiscales en la Comunidad Valenciana? ¿Se han dado cuenta que ya no salen? Curioso.
¿Se acuerdan que cuando se acusó por gente sin duda malvada y ruin, al honorable presidente Camps de que era un vulgar aprovechado que se trataba a besos en la boca con peligrosísimos individuos del hampa inmobiliaria, hubo un juez que entonces presidía el más alto Tribunal de esa Comunidad que resultaba ser “amiguísimo suyo” y que decidió que eso de que le regalasen ropa de lujo al presidente los amos de los más oscuros negocios debía ser una casualidad y no un síntoma de prevaricación y cohecho.
Pues ahora ese mismo elevado magistrado desde exactamente el mismo lugar en que antaño no podía ver de ninguna manera indicio delictivo alguno, ve con claridad que el amiguísimo es un presunto truhán y le envía al juzgado acusado de gravísimos delitos.
¿Qué ha cambiado en año y medio? Pues simplemente que ahora están las elecciones a la vuelta de la esquina, y a alguien le sobra la pésima imagen del presidente Camps. ¿Y a quien le sobra esa imagen para evitar tener que tirar balones fuera en el momento crucial? ¿Quizás al mismo que le sobraba la imagen de Fabra, o la de Ripoll?
Son muchos, demasiados, los votos valencianos que son fieles a sus amos locales, pero son muchos más los golpes que puede recibir el Sr. Rajoy si sus fieles más fieles son estos dirigentes locales impresentables, y al fin y al cabo pongan a quien pongan en una Comunidad en la que ya han ganado las pasadas elecciones autonómicas y por tanto van a gobernar en todo caso, y teniendo además en cuenta que en su supuesta oposición no hay más que un gallinero lleno de gallinas locas, ¿Qué importará si los que están se llaman Camps o Costa o Pons o Barberá o de cualquier otra manera si esos votantes van a votar igual al PP y los militantes de afuera van a decir que su partido demuestra su enorme honradez dejando en la cuneta a presuntos implicados de muy mal nombre?
Y todo eso sin que el Sr. Rajoy tenga que decir en público ni una sola palabra, ni hacer el menor gesto desabrido hacia sus más queridos colaboradores, ni poner ni quitar la mano en el fuego por ninguno de ellos. ¡Eso es un político de altura!
Otra cosa será el mensaje del más allá o del más acá pudiera tener un juez para ver un día lo que otro día no veía. Quién le haya limpiado las gafas merece el mayor de los elogios.
Resulta demasiado evidente que justicia sin intereses políticos no podría ser nunca verdadera justicia, y que puestos a hablar de intereses políticos ¿Cuáles más importantes que los de cada uno? A cierto nivel profesional no hay que dejar nunca que minucias como la amistad de quienes son incluso amiguísimos te compliquen una buena carrera y un feliz y próximo retiro. Y aquí paz y después gloria. Amén.

Y ahora llega la cuestión de los tiempos, que en política es el acierto o el fracaso. El Sr. presidente del gobierno ha de decidir si convoca ya o no las elecciones generales. Es muy evidente que su gobierno, y sobre todo su persona carismática, están ya claramente amortizados, al menos desde que la elecciones locales lo indicaron con absoluta claridad. No olvidemos que la monarquía cayó no en un referéndum o en unas elecciones generales, sino precisamente en unas elecciones municipales que indicaron claramente el final de una época.
Podrá gustar más o menos a unos o a otros pero esos son los hechos y no otros.
Entonces es bastante claro que las elecciones habrán de ser en noviembre salvo decisiones incontrolables del Sr. presidente, ya que además en noviembre aún podrá aprovechar una situación que con seguridad habrá empeorado notablemente en marzo. Luego, un buen sentido de los tiempos hace que Camps y su tropa deban dimitir inmediatamente para que así se vea la alta categoría de su partido que está colmado de dirigentes que, ante la más leve sospecha de corrupción, toman la decisión de dimitir sin que nadie les presione desde su partido, sino sólo como una natural consecuencia de su alto sentido del honor y la propia dignidad, que todo el mundo sabe cuan altos son, especialmente en el caso de Camps.
O sea que unos meses antes de las elecciones el PP da el más alto ejemplo público de honradez y categoría moral. Un buen anzuelo. Salvo que el esfuerzo se vea baldío porque aún ocurriese que el propio PSOE se les adelantara un par de meses en la convocatoria electoral, como propone su periódico de cabecera paralelo, y eso les coja a los del PP a contrapelo. Tahúres.

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