domingo, 31 de julio de 2011

¿QUE HAY DE LO MIO?

Lo más interesante de las pasadas elecciones municipales y previsiblemente de las inmediatas generales es la potencia que muestra el PP y su arrollador triunfo electoral. Lo normal será interpretar estos hechos como muestra del fracaso del PSOE y confianza generalizada en que sólo el PP puede resolver los graves problemas actuales. Lo chocante es que eso indicaría que la aplastante mayoría de la población se ha vuelto en pocos años profundamente conservadora y hasta reaccionaria.
Sin dejar de considerar el hecho de que realmente la población española es actualmente fuertemente conservadora de ideas y actitudes, esta conclusión parecería desvirtuar el análisis real de los resultados electorales.
Obsérvese que al decir que hay una aplastante mayoría que ha confiado a nivel municipal en el PP quizás estamos incluyendo un concepto ajeno a la vida política: Independientemente de que haya una mayoría conservadora, lo que hay es una clara mayoría que ha votado a un partido que no ha ofrecido absolutamente nada en el ámbito político o económico. No se ha votado, salvo en los casos del sector tradicional de su espectro ideológico, ninguna ideología, ninguna alternativa, ningún objetivo, se ha votado por referencias dudosamente políticas pero enormemente personales, se ha votado mayoritariamente al partido del ¿Qué hay de lo mío?
¿Y en qué consiste este partido no excesivamente preocupado por las ideologías y las alternativas políticas? Pues se reduce a explicar a algunos millones de ciudadanos convertidos en consumidores-a-punto-de-ser-excluidos, profesionales-a-punto-de-ser-despedidos, trabajadores-a-punto-de-ser-parados, jubilados-a-punto-de-ser-indigentes, y todos los demás apuntode del país que cuando tal o cual candidato a alcalde o alto cargo de la correspondiente Comunidad Autónoma, haya salido elegido, no dejará de dedicar la necesaria atención, no tanto a resolver los graves problemas sociales del país, sino explícitamente los de Juan, María, Pedro, Paca o Manuel que les han votado justo y sólo con ese fin.
Pronto irán en fila a sus jefes locales del movimiento a recordarles “Yo te voté, pero ¿Qué hay de lo mío? ¿No se te olvidará esa licencia para la tienda manifiestamente ilegal de mi suegro, o ese enchufillo de bedel de la Diputación para mi hijo, o esa plaza en la residencia para mi madre que está en lista de espera desde hace dos años, o ese tal o cual de que hablamos hace unos días? Mira no me interesa nada ni la crisis, ni los partidos, ni lo que le pase a todos los demás vecinos, tu céntrate en lo mío ¿vale?”.
Claro que esto requiere un partido modelo panzerdivision capaz de controlar a cada vecino apuntode, pero a su vez todos esos militantes son los que ya han pasado de la clase de apuntode a la de reclutas y de la de reclutas a verdaderos militantes con graduación. Son el mejor ejemplo para todos los preocupados votantes a los que van a visitar antes de las elecciones.
Eso es un partido y lo demás son tontadas. Mientras los del PSOE se dedicaban sólo a sacarse los ojos entre ellos por haber sobreoferta de candidatos para tan pocas vacantes de poder, los del PP se dedicaban a hacer partido, a hacer verdadera patria, que es al fin y al cabo, la que cabe en el bolsillo a fin de mes.
¿Qué todo esto no tiene nada que ver con las ideologías conservadoras o progresistas? ¿Y quién habla de eso desde hace años?
Ese es el triunfador: el carpetovetónico célebre partido político llamado ¿Qué hay de lo mío? Un verdadero partido para el 20N.

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