domingo, 18 de septiembre de 2011

¿SOLUCIONES A LA CRISIS?

La Defensora del Pueblo, que ejerce el cargo en situación provisional dada la incapacidad de llegar a acuerdos los dos grandes partidos estatales para hacer algo bien y su evidente capacidad de ponerse de acuerdo para fastidiar a la inmensa mayoría del país, ha solicitado que se tipifique en el Código Penal algo poco definido pero que todos entendemos a lo qué hace referencia: El despilfarro de dinero público.

El asunto es sumamente confuso, ya que el actual Código Penal recoge varios delitos de ámbito muy próximo a este vago concepto, y especialmente la llamada malversación de fondos públicos.

Si lo que se pretende con esta propuesta es tipificar la simple mala gestión pública, el tema parece de difícil adecuación en un Código Penal, ya que la delimitación de mala gestión es necesariamente subjetiva, si es el uso de dinero público con fines inadecuados a los fines decididos por los órganos de gobierno capacitados para ello, entramos ya en la malversación, si se trata de apuntalar la reciente reforma constitucional y poder llevar a juicio a los dirigentes que provoquen endeudamientos inasumibles, el tema carece de contenido real ya que la Ley Orgánica que ha de desarrollar esta reforma es seguro que dejará inasumibles flecos difusos suficientes como para no entenderse nunca cuándo el déficit es asumible, es estructural, es inasumible, o es coyuntural. ¡A buena hora se van a pillar los dedos los que han provocado esta catástrofe!

En todo caso la propuesta, en el que es probablemente el país de la justicia más corrupta de Europa, es un brindis al sol carente de trayectoria. Pertenece a esa amplia panoplia de propuestas, todas dignísimas e interesantísimas, que no tocan ni de lejos los problemas reales de nuestro corrupto Estado.

Otros proponen mayor rigor fiscal, o mayor control de las llamadas grandes fortunas, pero nadie quiere ir más allá de propuestas que, como la de la Defensora del Pueblo, acaban en generalidades de difícil adecuación a la cruda realidad.

Además ahora está de moda que haya miles o incluso millones de nuevos economistas políticos de café que ofrecen cada día soluciones adecuadas para los males de la patria desde tertulias de radio y tele o desde columnas periodísticas.

El hecho es que nuestra sociedad, y desde luego nuestros políticos, no están dispuestos a asumir bajo ningún concepto el hecho que verdaderamente importa: en el momento actual y con las estructuras actuales la crisis no tiene ninguna posible solución real.

Se suele comparar esta crisis con la del 29. Recordemos que la del 29 comenzó aproximadamente en aquellas fechas, tuvo un movimiento de acordeón hasta el 33 y luego una situación de caos generalizado que no llegó a su final nada menos que hasta 1948, en la llamada Conferencia de Bretton Woods. Se llevó por delante doscientos millones de muertos entre guerras y revoluciones, dio lugar a los campos de exterminio nazis, al Gulag soviético, y sobre todo a una guerra encarnizada que arrasó lo que quedaba en pie de la economía del mundo hasta dejar ciudades como Hiroshima, Nagasiki o Dresde convertidas en eriales planos.

La crisis se resolvió, ciertamente a un alto precio, pero es evidente que quedó resuelta. Había durado nada menos que veinte años y en ellos se vivió un infierno que no se recordaba en Europa desde los tiempos del Imperio Romano, pero quedó resuelta, al menos para los siguientes sesenta años.

El sistema resultaba eficaz, millones de trabajadores enviados al frente por la comida y el tabaco, las mujeres en las fábricas produciendo unos objetos de un solo uso: bombas y balas, y cobrando salarios impensables desde un punto de vista sindical, destrucción generalizada, saqueo de millones de casas y familias, de judíos, de japoneses, de supuestos anticomunistas o de supuestos comunistas o de supuestos enemigos del pueblo, o de supuestos enemigos políticos de los gobernantes de turno, millones de parados dispuestos a cualquier cosa y el robo de las materias primas en todo el mundo de forma inapelable y generalmente con trabajo esclavo. Una joya de crisis.

Ahora estamos en la etapa acordeón de la primera fase de la crisis. Todos los dirigentes políticos y económicos están volcados en ir realizando continuos ajustes de la situación para evitar la explosión. Actitud loable, Es como a los enfermos terminales que se les sube un pelín de tal fármaco, para compensar la descompensación de tales otros fármacos y a continuación hay que bajarles tal otro para controlar por un instante la nueva descompensación, y así se alarga la agonía durante a veces meses de vida indigna.

Mientras se negocian estos pequeños continuos ajustes o vueltas finas de tuerca, la situación se va degradando de forma continua, y millones de trabajadores se convierten en millones de parados, millones de ciudadanos ven bajar sus salarios, perderse sus imprescindibles servicios sociales, deteriorarse su convivencia, y hundirse su moral. Así se va creando el caldo de cultivo del fascismo, del fanatismo, del sectarismo y de la violencia social, y nos vamos preparando para segunda etapa de la crisis, la de los totalitarismos, previa a la de los campos de exterminio y las guerras mundiales.

La conclusión es simple: lo importante ahora para nosotros los ciudadanos que pretendemos ser lúcidos y decentes, no es luchar contra la crisis, que es algo simplemente imposible, sino luchar contra los fascismos, los totalitarismos y los fanatismos crecientes. Al menos esa parece que es la única vía que puede quedar a la ciudadanía más consciente en los tiempos que corren. El mundo ciertamente va a cambiar de base, de base y de forma, lo importante es el camino por el que queremos que cambie. Aún podemos elegir, dentro de poco, ya no.

Y a la Defensora del Pueblo queremos hacerle notar que tenga cuidado no sea que lo que se acabe tipificando como delito dentro de unos años sea el haber ejercido dignamente el cargo en democracia de Defensora del Pueblo.

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