Volvemos a lo de siempre, a lo que
nunca se había ido. Se llaman poderes fácticos, como se llama mercados a lo de
los especuladores sin escrúpulos, y se llama imprescindible sistema financiero
a lo de los banqueros.
Cierto que cambian de cara con
cierta frecuencia, sobre todo porque no se soportan entre ellos, y todos
aspiran a pisotear a sus propios colegas y pillarles también lo suyo. Lo suyo
que a su vez viene sólo y necesariamente de nuestro trabajo.
Para los pijochicagos habrá que
dejar claro una vez más que si uno mete un montón de billetes de quinientos
euros en una jaula y espera un año, al cabo del año sigue habiendo simplemente
ese mismo montón de billetes, pero que si alguien mete en esa misma jaula a un
montón de trabajadores trabajando por salarios indignos muchas horas al día y
un solo billete de quinientos euros, al cabo de un año hay un capitalito ¿o no?
Son los poderes fácticos, pero
nadie se engañe, tienen cara, tienen domicilio, tienen DNI o pasaporte, a veces
diplomático, tienen cuentas bancarias en los lugares más inopinados, y tienen
sobre todo amigos, aunque demasiadas veces sean poco amigables con sus amigos,
y otras veces sepan repartir con buen sentido.
El principal problema es que estos
tipos hacen malabares porque no se sepa quienes son. No es cosa, por supuesto,
de inventados sabios de Sión, ni de clubs Bilderberg, es cosa de la necesaria
prudencia que exigen ciertos negocios.
Ahora estamos en el caso español, que
resulta especialmente gracioso. ¿Quiénes gobiernan realmente? Nadie lo sabe.
Muchos señalan a tipos como Botín, Rato, y sus amigos de la banca, pocos a los
Florentinos, Koplowitz, Villar Mir, Abelló, etc., de las grandes promotoras,
telefónicas, eléctricas, etc., algunos a las embajadas alemana, británica,
norteamericana, etc., otros mas sabidos, a fondos de inversión, banca
internacional, y extrañas corporaciones.
El hecho es que salen a relucir
nombres desconocidos para la inmensa mayoría de la ciudadanía, y que parecen
tener un poder descomunal. Nadie ignora quienes son los Rajoy, de Guindos, e
incluso González o Aznar, pero la inmensa mayoría nada sabia de un tal
Barcenas, de un tal Correa, de que la influyente Sra. Mato tenía un marido
mucho más influyente todavía.
Ya hemos dicho que las
informaciones hasta la fecha publicadas no parecen indicar que haya un poderoso
partido que tenía dentro una sólida organización criminal dedicada a la
corrupción, el soborno, el fraude a la Hacienda pública y la utilización de caudales
públicos para enriquecimiento privado, si no que por el contrario una poderosa
organización criminal dedicada a esos menesteres, tenía dentro incluso al más
poderoso partido del Estado.
Ahora se nos plantea el dilema más
grave: ¿Era esa organización criminal un poder político con un trasfondo
ideológico concreto, o por el contrario eran simples testaferros de simples
organizaciones criminales cuya única ideología era el “estoy en política para
hacerme rico”.
Recordemos una vez más que en la Italia de los 60 la trama
criminal que tenía en su poder inmobiliarias, bancos, negocios de armas,
cobrara tributos por su cuenta a quienes querían acceder a obra pública, y un
largo etcétera, tenía en su cúpula a un Licio Gelli, que había combatido en
España en apoyo de Franco como voluntario y que había establecido en la Italia democrática una
estructura supuestamente masónica, pero más bien criminal llamada P2, cuyo
objetivo era no sólo dominar el poder económico y político, sino también abrir
paso a un régimen neofascista. Que para eso tenía el claro apoyo de un político
astuto y carente de todo escrúpulo llamado Andreotti, el cual, desde el fin de
la guerra mundial, había ocupado todos los cargos públicos posibles excepto el
de presidente de la República, que este individuo y sus amigos crearon una
organización secreta dentro de los servicios de información militar y civil
llamada Annelo, que de acuerdo con un general aristocrático llamado Borghese, habían
creado un entramado golpista con la cúpula de la OTAN, llamado Red Gladius,
para incluir a Italia en el grupo de dictaduras militares del sur de Europa
junto a Grecia, España y Portugal, y que para esos fines mantenían una
negociación confusa con la Mafia
siciliana, instalada a la vez en los Estados Unidos, en Marsella, y que era
clave en los movimientos del dinero negro en medio mundo, y que al final los
hechos se escaparon de las manos de sus brutales protagonistas y acabaron en
los asesinatos del jefe de la Democracia
Cristiana, Aldo Moro, del papa Juan Pablo I, de varios de los
banqueros más importantes de Italia, el atentado de la estación de Bolonia, con
más de ochenta muertos nunca explicado a la ciudadanía y nunca aclarado quienes
lo cometieron, pero que provocó un ambiente de profunda desestabilización, y al
final el desastre generalizado llevó a la desaparición de la Democracia Cristiana,
la liquidación del Partido Socialista, cuyo líder murió en el exilio perseguido
por la Interpol,
la muerte del poderosos Partido Comunista, que era curiosamente el único no
envuelto en los escándalos y crímenes de Estado, y profundos cambios en la
cúpula del Vaticano, que incluyeron la toma de las riendas del poder por unas
organizaciones político-religiosas fundamentalistas que fueron la clave de la
caída de los regímenes comunistas de Europa.
Recordemos que al final el Sr.
Gelli se exilió en Suiza, fue condenado por la Justicia italiana in absentia por diversos crímenes, y años
después volvió a Italia y hoy, ya anciano reside tan tranquilo en su lujosa
villa de la Toscana
sin que nunca haya tenido que pisar cárceles. Que el arzobispo Marcinkus, jefe
del entramado vaticano que acabó en el asesinato del recién nombrado papa, y la
eliminación de los dos banqueros principales de la banca vaticana, se retiró a
su país de origen sin que nadie haya dado desde entonces razón de él, salvo
saber que falleció en 2006 en su villa de Sun City, Arizona, protegido por su
pasaporte diplomático italiano. Que Andreotti fue juzgado por todo tipo de corruptelas años después cuando los jueces comprobaron que sus demostrados delitos estaban curiosamente prescritos y vive pacíficamente su ancianidad en su acogedora casa de Italia, que los jefes de la Mafia siciliana siguen
siendo la clave principal del control de regiones enteras y del blanqueo del
dinero de la droga de medio mundo y aunque a veces se detiene a algunos de sus
principales capos, siguen gobernando igual su imperio sin cortapisas, que el
juez que decidió poner fin a esta situación de poder de la Mafia le asesinaron junto a
su esposa pocos años después. Que del general Borghese nunca más se supo, que
algunos de sus secuaces militares acabaron exiliados en la España del dictador Franco,
etc., etc., etc.
Y sobre todo que el poder político
se reestructuró nada menos que por un tipo de inmensa y notoria inmoralidad
llamado Silvio Berlusconi, magnate del fútbol, la televisión y archimillonario.
Y así hemos llegado al caos actual,
¿Cuál ha sido el cambio? Pues se
reduce a lo siguiente. En la
Italia de los 60 la sociedad civil era una de las más fuertes
del mundo. Había mucha corrupción, tal como hemos indicado, pero tenía enfrente
una conciencia social y ciudadana tremenda. La movilización ciudadana era
continua y la población exigía honestidad pública.
Ahora, en la era Berlusconi, la
corrupción es lo obvio, la política tiene como fin enriquecer a los políticos
profesionales, la Mafia
actúa perfectamente integrada en ayuntamientos, regiones y hasta la cúpula del
poder político, el Vaticano sigue siendo un nido de escándalos, corruptelas y
poder político en medio mundo, y lo que resulta ridículo es considerar la
política con un fin diferente al enriquecimiento privado y la corruptela. Se
aplaude la corrupción y se defiende públicamente ese estado de cosas, y se
permite tener un gobierno no elegido democráticamente y cuando se hacen
elecciones se vota al propio Berlusconi e incluso a un par de millonarios que
se declaran oscuramente antisistema cuando son una de las partes más penosas
del propio sistema.
Y volviendo a la casa nuestra,
lamentablemente nadie sabe quienes gobiernan el entramado del poder
político. Bárcenas parece un simple
arribista del modelo Zaplana, Naseiro, etc., Rajoy y Aznar son dos tipos
mediocres, vanidosos y sumamente vulgares sin más pensamiento que el heredado
de su jefe Fraga, que a su vez era un simple peón del dictador Franco y su
entramado de poder, ¿Quiénes podrían ser esos posibles desconocidos todavía
detrás de ellos? ¿Quién es nuestro general Borghese? ¿Quién puede poner en duda
la existencia del plan B de la
OTAN para el caso de que la
situación empiece a irse de las manos en el sur de Europa, y en
particular en España? ¿Alguien duda de que entre la muchedumbre de irritados
ciudadanos no hay ya un buen puñado pensando en cómo organizar la resistencia
armada en plazos verdaderamente breves? ¿Y que esos grupos aún nonatos son
carnaza para los servicios secretos de medio mundo y especialmente para los de la Guardia Civil y el Ejército? ¿A
alguien le puede extrañar que ETA no tenga el menor interés en entregar las
armas?
El gran muñidor fue Fraga, que organizó
y controló todos esos conjuntos de fuerzas dispares durante años con la
benevolencia y buen hacer de un Partido Socialista que sólo buscaba un hueco
donde medrar. Cierto que los gobiernos socialistas hicieron cambios profundos
en el ámbito social, todos ahora camino de desaparecer sin que ningún partido
socialista se oponga, entre otras cosas por estar tan pringados en demasiadas
corruptelas como el PP, pero los cambios en la economía de aquellos González,
Boyer, Solchaga, y su cohorte de buenos banqueros, buenos amos de la obra
pública y las promotoras inmobiliarias, y de la corrupción en el ejército y la
guardia civil, fueron nefastos para esa misma ciudadanía a la que a cambio le
daban un colchón social que hoy se quita sin más y ellos reducen su protesta a
hipócritas aspavientos.
En eso estamos. Aunque ni de lejos
estos sacamentecas locales les llegan a la suela de los zapatos a nuestros
vecinos. No en vano preguntaron al propio Andreotti en los años 80 sobre lo que
le parecían los políticos españoles de la transición, y él, siempre astuto,
contestó: “manca finezza”. Y sigue faltando, si bien y como justa compensación, también falta
ahora en la tierra de Andreotti.
Esa es la realidad y éste el
principio de algo que acabará bastante peor que lo de la Italia y el Vaticano de los
60 y 70, pero que se parecerá mucho en lo de que algunos de los actuales
protagonistas de la más repugnante vida pública deberán desaparecer y callar
para siempre, y otros tener un lujoso retiro, incluso en Marbella. ¿O no?
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