martes, 15 de noviembre de 2011

TODOS VENDEN CRECEPELOS MILAGROSOS

Todos los candidatos electorales pretenden convencernos de que ellos saben cómo salir de la crisis, crisis en la que estamos gracias a su empeñoso esfuerzo de años. Es razonable pensar que si ellos nos metieron deberían saber cómo salir, y por cierto, que bien que lo saben, pero desde luego no están dispuestos a decirlo en público por la sencilla razón de que si lo dijeran no les votarían más que los banqueros y las grandes inmobiliarias.
Ellos tienen la fórmula y la están aplicando con rigor: hundir en la pobreza y la marginación a millones de ciudadanos para que unos pocos miles alcancen cotas de poder y riqueza inimaginables.
Lo único que tienen que hacer es no agobiarse y marchar a un ritmo de destrozo social suficientemente razonable para que no se produzcan reacciones desagradables, y tengan que recurrir a procedimientos excesivamente groseros para mantener a la población tranquila aunque desesperada, desesperada, pero tranquila, paciente, no excesivamente agresiva, aunque indignada. Saben que todavía no es hora de levantar fuerzas propias que impongan el orden, un nuevo orden, desde luego. Todavía.  
Para ellos lo importante es ganar tiempo para ir construyendo ese orden nuevo que les de, a ellos y sólo a ellos, ciertas garantías de estabilidad y de fuerza suficiente. Para nosotros lo importante es reaccionar antes de que eso ocurra, no como en los años treinta.
Y para reaccionar es preciso decir la verdad, la que ningún candidato electoral está dispuesto a decir por aquello de que hay que dar mensajes optimistas, positivos, esperanzadores.
Y la verdad que quisiéramos escuchar por fin alguna vez y que nadie quiere decir en voz alta, es muy simple. La verdad única y segura, es que no se va a salir de esta crisis en diez, quince o veinte años, y que cuando la crisis acabe el mundo no se parecerá demasiado al que hemos conocido.
Y lo único que nos puede importar es saber atravesar la crisis en las condiciones mejores posibles para la inmensa mayoría, o sea, garantizarnos de verdad que habrá servicios sociales para todos aunque sean peores, pensiones y paro indefinido aunque tuvieran que ser más escasos, que no necesitamos tantos AVES, ni aeropuertos muertos, ni las innumerables autopistas que rodean a las grandes ciudades, sino buenos trenes económicos, buenas autopistas para las largas distancias, buenos transportes, no rascacielos de lujo, sino buenas casas baratas, no grandes coches de alta gama sino buenos coches económicos que consuman muy poco y que no dependan de la gasolina exclusivamente, no campos de golf, sino buen deporte colectivo y popular, no grandes escuelas privadas subvencionadas multilingües y de elite, sino muchas y buenas escuelas, buenos maestros bien pagados, buenas universidades que no dependan para su supervivencia de las empresas multinacionales y buenos centros de investigación que trabajen para el mañana.
Y así tantas cosas, que nos sobran y tantísimas que nos faltan. El objetivo de ellos es que cada día nos falten a nosotros más cosas y a ellos les sobren más, el nuestro es meter en la cárcel a los ladrones y estafadores profesionales que nos han traído hasta aquí y a sus evidentes y manifiestos encubridores, y que no nos falte lo imprescindible, viviendo todos mucho más prudentemente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario