Es muy interesante comprobar cómo media un abismo entre la visión de la realidad de nuestros políticos en el poder y la calle. Hablan de la reforma laboral pensando exclusivamente en los beneficios empresariales, en el consumo y en los votos, pero nunca en el trabajo, en la producción y en mejorar realmente las condiciones de vida ciudadanas.
La señora ministra dijo en su supuesta presentación del proyecto de ley de reforma laboral el pasado viernes, que había un problema con la formación porque durante los años del ladrillo muchos jóvenes habían dejado los estudios para dedicarse a la construcción y ahora había que volver a plantearse su formación. Lo explicaba diciendo que lo mejor sería especializarles en cosas que tuvieran que ver con esas anteriores ocupaciones, carpinteros, etc.
La señora ministra no tiene ni idea de lo que está hablando. Esos jóvenes que dejaban los estudios no estaban en general en la obra, no eran propiamente de la construcción, sino de la promoción inmobiliaria. La mano de obra la cubrieron mayoritariamente marroquíes, rumanos y ecuatorianos inmigrantes aunque la ministra lo haya obviado cómodamente Quizás es que entonces le molestaban tantos foráneos de piel algo más oscura que la suya y lenguas incomprensibles, y ya nos explicaba nuestro santo patrón San Sigmund Freud que los lapsus no pueden ser nunca casuales.
La señora ministra, que se ve que vive en un mundo feliz, parece no saber distinguir entre la construcción y la promoción inmobiliaria, y ni siquiera entre la construcción y la obra civil, esta última impulsada generalmente desde las instituciones públicas, cosa que prefieren ignorar estos gobernantes.
Cierto que muchos maestros de obra de pueblos descubrieron rápidamente que el negocio no es levantar paredes o encofrar, sino vender lo que otros hayan construido y llegar a jugosos acuerdos con ediles y mandamases locales, y en general esa metamorfosis no tienen relación alguna con suponer que sus hijos trabajaban en la construcción, sus hijos, aunque en un principio dirigieran obras sin saber nada, casi siempre acabaron dedicándose a la venta de pisos y apartamentos. Esos chicos son los que ahora tienen un grave problema de reciclaje.
Los albañiles se han ido a sus países o viven en enorme pobreza, pero aguantan aquí, los improvisados electricistas, fontaneros, carpinteros, etc. en buena parte ya hicieron durante el bum los cursos que les habilitaran oficial y realmente, ya que la regulación es bastante estricta y, por ejemplo, no se puede ser instalador sin tener ese tipo de curso aprobado oficialmente, y esos chicos, aunque ahora no tienen trabajo, en su oficio, en general, están adecuadamente formados, e incluso con muy buen nivel profesional. El problema de preparación es el de los cientos de miles de jóvenes que si vendían un apartamento o un chalet se llevaban una buena comisión, lo que podía traducirse hasta en nueve o diez mil euros de una sola tacada. Para ello sólo tenían que engatusar al posible comprador, y creían que para ello debían tener un coche bueno, vestir con ropa de marca, comer en restaurantes caros y hablar de idioteces variadas con profundo conocimiento y rigurosa seriedad.
Esa gente ahora tiene más de treinta años y no saben nada que les permita abrirse camino en la vida. Su fracaso es tremendo y el apoyo que requieren no es precisamente el de darles cursos de carpintería, sino el de reeducarles, si aún es posible, en la vida ciudadana real. No es una cuestión simplemente profesional, es una cuestión de una generación fracasada, deslumbrada por el dinero fácil, el consumo estúpido y la más tremenda levedad cultural. Eso si que es un enorme problema señora ministra, si bien tiene usted razón en una cosa: es su público, son una buena parte de sus votantes de calle, como no saben nada de la vida, no pierden la esperanza de que en el segundo semestre del segundo semestre de no se sabe cuando, ustedes con sus grandes poderes y conocimientos acaben definitivamente con esto de la crisis y ellos puedan volver a la venta de apartamentos, los coches, la ropa de marca y la vida fácil.
Señores gobernantes, en vez de perorar liviandades incongruentes, ¿por qué no piensan alguna vez en qué necesitará realmente este país para no morirse de asco dentro de quince años, cuando se empiece a ver el mundo tan diferente que tendrá que surgir después de esta profunda crisis sistémica que abarca y abarcará a todo el planeta? Nos tememos que, como decía el cantor, la respuesta está en el viento, y añadiremos que no precisamente en ustedes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario