Un Parlamento copado por políticos de la derecha, en el que se discute el grado de aplicación de políticas conservadoras que se puede aplicar a la ciudadanía sin que se rompa el razonable equilibrio que toda derecha exige, ha decidido que en la llamada Comisión de Secretos Oficiales no entren más que parlamentarios de la estricta confianza de la derecha más ramplona, la del PP.
De esta manera, ha quedado vetada la incorporación de un diputado de la minoría que no pueden dejar de calificar de activistas manifiestos de la antiespaña: un diputado de la Esquerra Republicana de Cataluña. Para no quedar tan agresivos ante la ciudadanía catalana, republicana o de izquierdas, dicen los del PP que lo hacen porque sospechan que son gentes excesivamente próximas a lo peor de la antiespaña, el republicanismo y la izquierda: la coalición maldita formada por los vascos de Amaiur, acusados por parte de los diputados de derechas de ser el oculto brazo político del terrorismo etarra. Si lo saben tan claramente ¿Por qué no lo denuncian con pruebas en los tribunales?
Sobre esa sólida base científica han decidido impedir con su aplastante mayoría y la vergonzante callada del PSOE, que esos diputados catalanistas, republicanos y de izquierda no deben estar en la comisión parlamentaria encargada de saber lo que no puede publicarse por tratarse de secretos de Estado.
Dicen que tienen miedo de que larguen demasiado con cosas demasiado delicadas que sólo las derechas deben saber.
Es cierto, debemos todos tener más que miedo de lo que se pueda llegar a saber estando en esa comisión parlamentaria.
Algunos, por nuestra parte, tenemos no ya miedo, sino pánico de lo que saben las derechas y ocultan en esa comisión. Creemos que más bien debería impedirse por todos los medios parlamentarios posibles que partidos como el PP o el PSOE entren en esa comisión, deberíamos impedir que esos partidos manejen en exclusiva “o con la ayuda de otros”,como las derechas nacionalistas, ciertas cosas. Tenemos verdadero miedo.
¿Cómo permitir que entre en esa Comisión un partido radical como el PP, que exige e impone el despido libre, que protege de forma manifiesta la más absoluta opacidad de la banca, que impone la exención de impuestos a los sectores más poderosos de la sociedad presuntamente a cambio de algo ¿o no?, que defiende que los estudiantes de secundaria que se manifiestan en las calles son “el enemigo”, que defiende que se potencien y mantengan las centrales nucleares prehistóricas propiedad de los monopolios de la energía eléctrica, que encubren metódicamente a corruptos, negligentes y criminales y persiguen a jueces como Garzón, retrasando indefinidamente los procedimientos judiciales penales contra colegas suyos acusados de mantenerse en un ámbito, presunta o manifiestamente criminal, como Fabra, Camps o los capos de Marbella?
Es muy peligroso que partidos como el PP o sus colegas parlamentarios y de gobierno discutan en solitario el número de armas nucleares norteamericanas que se almacenan en Rota, cuales son las cifras y los destinatarios del gigantesco comercio de armas fabricadas en España con destino a países dictatoriales como Marruecos, qué cantidades y para quienes se reparten entre ciertos grupos de poder las comisiones del petróleo que se vende y compra por las empresas españolas con intereses en todo el mundo, qué hay de las comisiones ilegales del tráfico de drogas en paraísos fiscales que pasan por la banca española, cómo funciona y que informes proporciona el servicio de espionaje español en Venezuela, Ecuador o Bolivia, qué se sabe sobre la posible ayuda a grupos terroristas en esos países, qué se sabe sobre las cuentas oscuras de la casa real española, etc., etc., etc.
Desde luego, tenemos mucho miedo de lo que el PP y sus colegas discuten en esa famosa Comisión de Secretos Oficiales, en la que no parece ser razonable que entren gentes que son antiespañoles, republicanos y de izquierdas. Todos tenemos muchas razones para no fiarnos y tener mucho miedo.
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