Y LOS PRÓCERES GOBERNANTES
DIJERON A LOS MEGAPROYECTOS: “CRECED Y MULTIPLICAROS”
Pero el
corazón del sistema son las promotoras y los bancos, los demás son colaboradores
necesarios, pero nada podrían por sí mismos sin que ese corazón corrupto
funcione a tope.
Ahí
entran las grandes divisiones del sistema: los bancos y las cajas y los grandes
promotores y los promotores locales. Los bancos han ido, van y seguirán yendo a
lo suyo, las grandes operaciones especulativas, el blanqueo de las grandes
masas de dinero negro del narco o las armas, etc., y en sacarnos los hígados a
los cuentacorrentistas que no tenemos más remedio que dejar en el banco la
nómina o las operaciones de compras y ventas, pero las cajas han sido otra
cosa. Las cajas son sociedades filantrópicas naturales que se dedican de forma
altruista a amplios fines sociales, sus propietarios son abstractos, sus
consejos de administración son bien concretos: influyentes políticos locales,
sindicatos oficialistas, prebostes, arribistas, cuñados y cuñadísimos,
presidentes de diputaciones provinciales, e incluso obispos y militares. Con
semejante personal supuestamente dirigiéndolas, pero en realidad digiriéndolas,
las cajas han sido la madre de todas las grandes comisiones de políticos y
empresarios cercanos a ellos.
Y ese
es el tercer gran motor de la gran economía hispana. La comisión. Es posible
afirmar que no se ha hecho en toda España ni un dos por ciento de obra pública
que no haya conllevado unas comisiones para todos los políticos con capacidad
de decidir, de entre el siete y el cuarenta por ciento. Ni una autopista, ni un
aeropuerto, ni un polideportivo, ni un instituto, ni un hospital, ni nada de obra
pública que se haya hecho en estos últimos treinta y pico años se ha podido
levantar sin que el concesionario de la obra haya pagado esa imprescindible e
imperdonable comisión al político que debía decidir si era para él o para el de
la competencia.
Y naturalmente que el dinero de esos megaproyectos ha de ponerlo alguien encima de la mesa porque resultan un tanto caros, y cómo son manifiestamente inviables, los bancos acostumbran a huir de ayudar a los políticos interesados en llevarlos adelante. La solución: las muy manejables cajas de ahorro. El promotor o constructor de obra civil irá alegremente a la caja que ya habrá recibido instrucciones de sus jefes políticos, y que gustosamente pondrá en manos de ese favorecido promotor o constructor el dinero que hay que repartir entre la megaobra y la consabida comisión a repartir. Todos contentos. Hasta hoy.
Excluyamos
el caso singular de Euskadi, interesantísimo tema en el que no podemos entrar
ahora.
Y
naturalmente que el constructor, concesionario de la obra, o el intermediario
especulativo no ha pagado la comisión de lo que costaba la obra, sino que
obviamente ha incrementado el coste y la consiguiente factura justo en esa
cantidad que debe religiosamente ceder al consejero de esa comunidad, al
presidente, al director general, al ministro, al presidente de la diputación,
al alcalde o al concejal, incluida la parte de la comisión que este buen servidor público debe desviar a
su partido para intentar asegurarse ganar las siguientes elecciones. Y claro
que eso vuelve a ser dinero en negro ya que no parece sensato emitir recibo por
manifiestos cohechos, no conviene dejar pruebas.
(continuará mañana)
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