El gobierno arma una gran
zapatiesta con un denominado Proyecto de Ley dedicado en teoría a fomentar el
alquiler de viviendas. El proyecto flota por aires celestiales decretando que
cuando un inquilino deje de pagar su alquiler al arrendatario, se le pondrá en
la calle irremisiblemente en diez días. Para ello aclara que los juzgados
actuarán con semejante premura y llamativa eficacia.
Luego añaden diversas nimiedades
sobre tecnicismos variados de escasa importancia, que en realidad lo único que
hacen es dejar un poco más desnudo al inquilino con problemas. Poca cosa
respecto a la actual legislación, ya de por sí bastante ineficaz y poco
rigurosa ni para el arrendador ni desde luego para el inquilino.
Pero mirando despacio el anteproyecto
se lee al final un apartado referido a curiosos temas fiscales de ámbito
desconocido para la inmensa mayoría de los ciudadanos.
El último año de la malhadada
gestión de aquella gran líder político-financiera de cuyo nombre ya casi nadie
se acuerda siquiera, y que instruía al Sr. Zapatero de cosas de las que
ignoraba todo, se aprobó una ley que creaba unas curiosas sociedades: las SOCIMI.
La reforma actual pretende
mejorarlas más todavía.
Las SOCIMI son unas sociedades
mercantiles de inversión, cuya especialidad es la promoción urbanística en su
ámbito específico del alquiler y venta de inmuebles urbanos. Esto quiere decir
que son sociedades mercantiles que teniendo diversas propiedades inmuebles
gestionan su venta o alquiler como actividad prácticamente exclusiva. O sea que
son sociedades creadas para inmobiliarias, constructoras y bancos.
En su origen estaban prácticamente
libres de impuestos y sus accionistas libres de impuestos sobre sus beneficios.
Jauja.
Teóricamente deben ser sociedades
que coticen en bolsa salvo que estén erradicadas o sean propiedad de empresas
similares ubicadas fuera del territorio nacional. O sea que estarán o no
cotizadas en bolsa según les de la real gana a sus propietarios.
Y así unas cuantas ventajillas más
de tipo fiscal.
La reforma del gobierno actual
consiste en eliminar la totalidad de los impuestos que pudieran generarse por
estas sociedades. Mucha más jauja.
Conclusión: se crea el famoso
banco llamado hipócritamente malo (¿Hay bancos buenos? ¿Para quién?), se le endosan
todos los terrenos inconstruibles de los grandes bancos y cajas podridas, todos
los miles de apartamentos y pisos en vía de declaración de ruina y todos los
acosados invendibles este banco monta unas cuantas sociedades de estas y todos
perdemos menos ellos. Francamente muy gracioso.
Y no olvidemos que para salvar a
las promotoras en ruinas como las de los Srs. Ger o Florentino, etc., lo mejor
es que se les facilite el que a cambio de sus préstamos incobrables a las cajas
y bancos hagan entrega al precio de los libros contables y no al de mercado de
sus miles de apartamentos y terrenos y así queden limpias y saneadas, que esos
bancos y cajas se los vendan con cierto razonable descuento al banco
putrefacto, y que este los compre con nuestro dinero, prestado por el gobierno
a cambio de nuestra educación, sanidad, servicios sociales, etc., y además no
paguen impuestos.
Es una pieza fundamental en la
magna obra del triunfo final de la gran banca. Francamente: grandes ideas. Se
entiende que se hable mucho, incluso demasiado, de los grandes problemas del
alquiler, y nadie quiera hablar de esta curiosa particularidad de la ley. Si
nadie dice nada desde la ciudadanía es que nos lo merecemos.
Esa es en realidad lo único real
de este proyecto de Ley. No se habrá creído nadie que hay juzgados en España
que en diez días resuelvan no ya un procedimiento judicial, sino simplemente sea capaz de
admitirlo a trámite. Y el mismo gobierno que nos dice tales tonterías se ha
negado a ampliar la plantilla de jueces, fiscales y funcionarios judiciales
porque resulta que ¡hay que ahorrar!
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