Y DIJERON LOS
ESPECULADORES A LOS CRÉDITOS: “CRECED YMULTIPLICAROS”
Y aún
queda un tercer pilar del sistema: la especulación pura y dura, la especulación
en sí. El promotor le pide dinero al banco, y el político le impone a la caja
financiar tal o cual obra faraónica que permita sustanciosas comisiones, el
banco y la caja prestan ese dinero y además los bancos y las cajas les prestan
grandes sumas a los partidos de poder para sus campañas electorales. Si el
mecanismo de especulación y la estructura del poder político son estables el
sistema no tiene fallos. Se firman grandes, medianos y pequeños créditos y se
pide el dinero a los grandes fondos internacionales y multinacionales para
repartirlo entre promotores, empresas de obra civil y políticos locales. La
especulación que incrementa los precios de mercado aceleradamente permite ir
devolviendo esos dineros en sentido inverso, la espiral crece y cada vez son
más y más descomunales los papeles que circulan que dicen que tal banco debe a
tal fondo multinacional tantos miles de millones, y los que dicen que tal
promotor debe a tal banco tales otros millones, etc. etc., Sólo irán quedando
fuera las deudas de los grandes partidos con los grandes bancos y las cajas,
que inexorablemente son cancelados al cabo de los años sin contraprestación
escrita ninguna.
Y esos
papelitos que el banco tal o la caja cual ha firmado con un confuso y difuso
fondo internacional de inversión con sede en las Islas Caiman, no se lo guarda
ese fondo en un cajón para esperar su vencimiento y cobrarlo con sus intereses.
Ese papelito pasa a lo que se conoce como el mercado secundario y al llamado
mercado de futuros, e incluso al mercado de las aseguradoras internacionales. El
prestamista de aquella caja local se lo vende a otro fondo con un pequeño
beneficio del 0’5 % o incluso menos, pero al día siguiente de su firma, el
comprador del papelito lo mezcla con otros muchos de origen muy variado, donde
hay algunos de cierta garantía, otros asegurados en multinacionales
aseguradoras, otros impresentables, y otros de imposible comprobación, y el
nuevo paquete se lo vende a otro especulador internacional con un beneficio del
0’3%, y luego alguien que tiene en su poder una buena parte de la deuda externa
de tal o cual país supuestamente solvente, junta parte de esos bonos de deuda
con un papel que tiene otro agiotista que afirma tener comprado el 11% de la
producción de cacao mundial del año 2013, y lo envuelve en los papelitos que
tiene, que dicen que una remota caja española pagará al fondo especulativo tal
o cual tantos millones dentro de diez años al 4%, y lo saca nuevamente al
mercado especulativo internacional.
Se
venden papeles, se vende deuda futura, se venden cajones de papeles que sólo
valen si se los quitan de encima tan pronto como lleguen. Y mientras los Estados
para pagar su gigantesca deuda corruptante han de sacar al mercado bonos de
deuda exterior que se venden a intereses bajos porque los compradores los
revenden inmediatamente, y sólo quedan al final unos cuantos Estados llamados
emergentes y unos cuantos bancos llamados pomposamente la gran banca
internacional que tienen en su poder unos paquetes de los que separan la deuda
de países como España para en su día decirle a sus gobernantes que si no pueden
pagar que les envían unos hombres del frac muy efectivos o les declaran la
quiebra. Y la quiebra significa que ese país no tiene acceso a ninguna forma de
crédito y por tanto no puede comprar nada fuera de sus fronteras, ni tan
siquiera pagar el mes siguiente a sus funcionarios. Las máquinas de las
fábricas se detienen faltas de mantenimiento y de suministros externos, se deja
de pagar el gasto corriente, o sea reparación de carreteras, sistemas de
alcantarillado o de aprovisionamiento de agua, etc., los camiones y los trenes
van dejando de circular y el paro alcanza cotas de más de la mitad de la
población activa. Los estados afectados recurren a vender a saldo sus
carreteras, aeropuertos, puertos y cualquier cosa que tengan, para satisfacer a
los fondos y bancos internacionales y entregan a los fondos soberanos
poseedores de deuda pública española la propiedad de los más apetecibles bienes
nacionales. A continuación el poco dinero que le quede disponible al estado
habrá de utilizarlo en garantizarse la fidelidad de ejército y policía, y esa
fidelidad deberá siempre ir envuelta en una propuesta política llamada
patriotismo, nacionalismo y racismo. Eso se llamó antaño 1929. Claro que esta
vez las cosas están mucho mejor previstas, y de darse tan oscuras
circunstancias en el sur de Europa, arrastrando a medio mundo y surgir a la vez
en sistemas ultraespeculativos como el de China ¿Alguien duda de que hay un
organismo llamado la OTAN
que tiene previsiones meridianamente claras?
(continuará mañana)
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