lunes, 6 de agosto de 2012

LECCIONES DE HISTORIA SAGRADA Capítulo 5


Y DIJERON LOS CIUDADANOS A SUS BANQUEROS, ALCALDES, PROMOTORES, PRÓCERES GOBERNANTES, Y ESPECULADORES: “¿PERO DONDE OS HABÉIS GUARDADO NUESTRO DINERO?”

Así que, volviendo al tema inicial, nos preguntaremos nuevamente dónde está el dinero que esa especulación ha generado incansablemente durante tantos años. La respuesta es muy simple: en una gran parte ni existe ahora ni ha existido nunca. Con una salvedad: la del dinero negro, que reposa dulcemente en manos de esos promotores, banqueros, políticos corruptos, especuladores locales e internacionales y las más diversas sociedades opacas mundiales, pero siempre en lugares aún más opacos que esas mismas sociedades. Gracias a ese dinero negro que sí existe, se pueden entonces financiar muy variadas actividades y guerras que las leyes civilizadas no permitirían con dinero legal. Ese dinero negro, esas finanzas en negro, son las verdaderas, las del libre capitalismo, las del capitalismo en sí, las otras, las del dinero que se declara a las haciendas, el que paga impuestos, el que los gobiernos manejan oficialmente, ese es una simple excrecencia inevitable del sistema, el otro, el negro, ese es la verdad del sistema.

 Pero mientras, la espiral de la especulación debe dar todavía algunas vueltas. Un organismo que se autodenomina Banco Central Europeo actúa como motor eficiente de esa espiral: aunque se llame banco y central, ni es banco ni es central, es simplemente un centro operativo de la gran banca mundial, como lo es el Fondo Monetario Internacional, y el Banco Mundial, cuyas funciones se reducen a forzar a los Estados endeudados a endeudarse indefinidamente hasta arruinarse, siempre con el fin de que los grandes bancos y fondos especulativos puedan tener mayor y mejor acceso a los bienes nacionales de los países a los que consiguen imponer sus normas. La única diferencia es que el Banco Central Europeo emite moneda con independencia de las necesidades o exigencias de los Estados europeos y por decisión dependiente casi en exclusiva de la banca europea. Los tres organismos carecen naturalmente de cualquier tipo de control parlamentario y sus cálculos y cuentas son sumamente opacos.
En todo caso el mecanismo consiste en los tres casos en decidir en qué condiciones la banca internacional o ellos mismos actuando como si fueran bancos, le dan crédito a Estados empobrecidos previamente por la acción de minorías locales, de tal manera que queden endeudados cada vez de forma más irresoluble con la gran banca. Sus condiciones son que se dará crédito internacional y a veces directo a esos Estados si se obtiene de ellos el compromiso de prioridad absoluta en la devolución de esos créditos, en el pago de esas deudas antes incluso que en el pago del gasto corriente nacional, como sería por ejemplo el pago a los funcionarios o el mantenimiento de infraestructuras esenciales.

Y, por fin, volvamos a nuestro caso.
La banca española decíamos prestó dinero que no tenía a las promotoras y en el caso de las cajas fundamentalmente utilizó dinero que no tenía para unas obras civiles absolutamente innecesarias, grandiosamente escandalosas y cuya realización incluía el pago de gigantescas comisiones que mantenían tanto al aparato político oficial de poder como a los innumerables políticos corruptos y sus imprescindibles e inevitables amigos de la construcción y la obra pública.
Una vez vaciadas las cajas y en grave peligro los bancos, que si se mantienen es más bien por sus descomunales cifras de negocio en América Latina y en otros países incluso de Europa, el dinero negro de las comisiones y los beneficios son llevados a paraísos fiscales por las promotoras y los políticos corruptos, quedándose en sus cuentas oficiales los créditos concedidos y presumiblemente cobrables o manifiestamente incobrables, y en esos paraísos fiscales, en muchos casos, acaba ese dinero negro engrosando el capital de los fondos especulativos multinacionales, y una vez cerrado el ciclo y tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, los promotores desaparecen, los políticos corruptos ni saben ni contestan y las cajas se declaran en inminente quiebra.
Pero la quiebra de las grandes cajas, y aún de las pequeñas es una catástrofe nacional ya que mantienen los activos de millones de ciudadanos que pueden declararse más bien disgustados si ven que pierden todo su dinero, sus pisos, sus pensiones y sus ahorros, y entonces interviene el Banco Central Europeo, que les gestiona o les deja directamente el dinero necesario para evitar la quiebra.
La condición es que esa caja se divida en un banco con activos reales y fiables y otro con activos putrefactos. En el primero se dejan intereses en empresas de balance riguroso, deuda pública y los dineros de los cientos de miles de ciudadanos que tienen sus cuentas en esa caja inicial. Al segundo se llevan los terrenos y apartamentos que han pasado a ser propiedad de la caja por impago de las grandes y pequeñas promotoras inmobiliarias, pero valorados esos pisos y terrenos por decreto gubernamental, los primeros al 40% de su valor contable inicial y los segundos al 15% del mismo.
Esos activos han sido adquiridos por esas cajas en negociación con los promotores que en vez de pagar sus deudas con ellas con su dinero proveniente de los paraísos fiscales, lo hacen entregando a precio de mercado de antes del estallido de la burbuja, o sea al precio en que se tasaron cuando se obtuvo el crédito, a cambio de los títulos de deuda. Como la operación es absurda ya que esos terrenos y pisos tras el estallido no tienen valor de mercado alguno o muy bajo, la negociación entre promotores y administradores de las cajas no es más que otra burda falsificación. El promotor, tanto el grande, el gigante, como el pequeño trapisondista local, han de llegar a un doble acuerdo: el oficial con los administradores formales y el real con los administradores reales, nombrados por los políticos locales y dependientes de los partidos locales de poder. Nuevamente corren comisiones millonarias que permiten saldar créditos impagables con terrenos  y apartamentos invendibles. El resultado es que la pieza clave del asunto, los promotores y sus amigos de la política local, quedan exentos de responsabilidad y no quedan pruebas del desfalco.
Entonces se le presta por el Estado al nuevo banco malo creado a partir de la caja, pero no al banco bueno, el dinero que a su vez el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional han prestado a ese Estado para su rescate, para que al nuevo precio devaluado compre todos esos activos a la caja inicial y pueda constituirse con esos activos devaluados pero reales y una deuda al Estado equivalente a esos activos.
El crédito del Banco Central Europeo al Estado Español se hace a un interés bajísimo y un largo plazo con una buena carencia inicial. El crédito del Estado al nuevo banco, más que malo, pútrido, se le hace con un interés mucho más alto a un plazo largo y con una carencia inicial media. Así los gobernantes pueden darse el lujo de afirmar que al tener ese nuevo banco pútrido unos activos que saldar de cualquier manera y un plazo de varios años para ir vendiéndolos, poco a poco irá fortaleciéndose y acabará siendo un banco rentable, y de camino servirá para equilibrar el mercado inmobiliario al forzar la bajada generalizada de precios.
Luego, sólo hay que esperar que pasen los años y ver cómo curiosamente ese banco pútrido no consigue levantar cabeza a la vez que el endeudamiento del Estado ha conseguido arruinar a miles de particulares y pequeños empresarios y la economía se vuelve cada vez más improductiva y se acerca poco a poco a la pura supervivencia. Entonces viene, como pasa en Irlanda o Grecia, la cantinela de que no ha pasado todavía suficiente tiempo y no se han tomado medidas suficientemente rigurosas.
En realidad todos los dirigentes financieros y políticos saben perfectamente que esos dineros prestados a las cajas o a los bancos locos, no se va a devolver jamás, y que igual pasará con el prestado a los Estados empobrecidos, pero obsérvese que al final esos dineros han acabado en manos de los viejos y nuevos bancos reales y poderosos y que de camino se les ha literalmente robado sus ahorros a quienes tenían la absurda creencia de que el director de su caja en su barrio o en su pueblo era el mejor amigo del jubilado o del vecino trabajador normal.
Esas inmensas deudas de la gran banca y los Estados serán condonadas dentro de diez o quince años en un escenario de pánico generalizado y de ascenso imparable de poderes excesivamente autoritarios. Lo único que importa mientras es que esté garantizada la fidelidad de la policía y la amable sumisión interesada de los grandes sindicatos oficiales. Y punto final de esta nueva etapa del sistema. Cuando acabe la crisis dentro de quince o veinte años, el mundo no se parecerá gran cosa al que hemos conocido antes.

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