Podemos ha
adelantado de mano de dos muy destacados economistas socialdemócratas las
líneas básicas de su programa económico. Pocos días después los componentes del
equipo económico de Podemos han hecho públicas alguna precisiones sobre este
programa.
Tanto Vicenç
Navarro como Juan Torres, redactores de estas líneas básicas, son economistas
de reconocidísimo prestigio, si bien tenidos como poco ortodoxos con las
propuestas hoy en boga en nuestro ámbito académico. Otros economistas profundamente
críticos con la ortodoxia como Santiago Niño Becerra o Juan Laborda llevan
mucho tiempo defendiendo posturas parecidas e incluso Santiago Niño ha elogiado
la coherencia de este avance de programa.
En contra
todavía no se han oído voces serias y prestigiosas, pero si alaridos e
improperios de diferentes políticos de la derecha.
Las
propuestas de este avance de programa se reducen a algo tan simple como tomar
medidas típicamente socialdemócratas sobre la fiscalidad, el crédito, y la
deuda, incluyendo imprescindibles reformas sociales progresivas.
Consideran
que es imprescindible gravar la fiscalidad de los más altos niveles económicos,
y reformar una Hacienda pública demasiado laxa para los poderosos a pesar de la
excelente actitud de la inmensa mayoría de sus funcionarios. Utilizan tan solo
una actitud comparativa con los países de nuestro entorno, como por ejemplo
indicar que en España proporcionalmente hay menos de la mitad de inspectores de
hacienda que en nuestra vecina Francia y la cuarta parte que en un Estado tan
poco serio como Luxemburgo, que al fin y al cabo el sindicato de inspectores de
hacienda considera que casi tres cuartas partes del fraude se concentra en tan
sólo tres mil grandes empresas, que la tributación de los más poderosos se
encuentra entre el 1% y el 3,5 % mientras que la de los más débiles se
encuentra alrededor del 45 %, que la tributación por la renta recae más en los
más débiles que en los mejor retribuidos, que se protege fiscalmente la
privatización antes que lo público, y que, en suma, en nuestro entorno europeo
sucede justo lo contrario y eso lleva funcionando muchísimos años y nadie lo ha
considerado equiparable a la toma del palacio de invierno, en plena revolución
bolchevique.
Respecto a
la ya tan debatida cuestión del pago de la deuda, se han limitado a proclamar
que la contraída por la ciudadanía en general es obligado pagarla siempre que
no ahogue a los ciudadanos con menos recursos. Esto quiere decir que tal como
proponen, e igual que pasa en casi todo nuestro entorno comunitario, no se
pueda cortar la luz entre octubre y marzo a quienes no puedan pagarla y se les han
de conceder moratorias prorrateadas al resto del año, que la dación en pago ha
de liquidar las deudas hipotecarias pendientes dado que el bien que las
respaldaba ha de considerarse suficiente para liquidarla y los intereses
posteriores son ajenos a tal importante garantía, que haya una limitación a las
condiciones de desahucios que permitan trasformar la deuda pendiente en pago de
alquiler social, y algunas medidas de sentido común social más.
Pero lo
importante es que parten de una base ciertísima: que la deuda total firmada por
Estado, Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, empresas y particulares es
manifiestamente injusta y claramente impagable.
Por una
parte la banca y los fondos de inversión han condonado deudas descomunales a
las inmobiliarias arruinadas tras el estallido de la burbuja inmobiliaria por
el procedimiento de la dación en pago que ha alcanzado según parece hasta
incluso el 80 o 90 % de los créditos inmobiliarios que respaldaban tales
operaciones. Además han vendido buena parte de esos créditos de las pequeñas y
medianas inmobiliarias a fondos buitre que los han adquirido a menos del 40
% de su valor nominal, luego, esos
bancos han ido al Estado y le han dicho que si no pagan a su vez los créditos
que deben a otros bancos mayores o a fondos internacionales de inversión se
verían abocados a la quiebre, y por fin el Estado, o sea los ciudadanos les
hemos regalado esas diferencias para evitar su quiebra. Exactamente el Estado
les ha prestado esa descomunal diferencia a sabiendas de que tarde o temprano
se les habrá de condonar, y de hecho ya ha declarado el gobierno que muchos de
esos miles de millones no se recuperarán jamás. Gracioso ¿verdad?
La propuesta
es sencilla: lo que los bancos y fondos prestaron a las inmobiliarias y a los
gobiernos locales autonómicos y ayuntamientos con evidentes créditos
temerarios, lo hicieron porque así lo decidieron, lo que condonaron a las
inmobiliarias lo hicieron porque les resultaba rentable ya que sabían que nunca
cobrarían esos créditos fallidos en su totalidad, lo que pasaron con
importantes pérdidas a fondos buitres lo hicieron para hacer caja porque así
les resultaba conveniente. Páguenlo ellos, no los ciudadanos que nada tuvimos
que ver con semejantes especulativas operaciones.
En el fondo
algo así, aunque no pueden explicitarlo ahora, es la propuesta de Podemos,
calcular la deuda real de los ciudadanos para construir carreteras, trenes o
dar crédito a simples ciudadanos y el resto que se lo apañen entre ellos. ¿No
parece más razonable que hacérnoslo pagar a los demás?
¿Qué habría
bancos que irían a la quiebra? Pues claro, estaban quebrados desde el principio
y no hay problema en comprarlos por parte del Estado por el clásico precio de 1
euro y crear una imprescindible banca estatal ¿o no la hay en buena parte de
los ultraliberales países de nuestro entorno? Pues claro que la hay, o bien
propiedad total del Estado o parcial.
Y los
créditos vendidos a fondos buitres a precios de saldo, generalmente menos del
40 % de su valor nominal, ¿no son perfectamente recomprables por parte del
Estado a esos precios de saldo para dedicar esos activos, sobre todo
inmobiliarios a finas sociales o a su venta a precios ya ajustados a la
realidad?
Todo son
fórmulas simples que lo que sabemos es que son perfectamente coherentes,
ajustadas y que resultan habituales en nuestro entorno geográfico, político e
histórico.
Queda por
responder la pregunta clave ¿Aceptarían estos bancos fondos y grandes empresas
estas condiciones? Pues es bien simple. Si un partido socialdemócrata gana las
elecciones en situación explosiva de crisis económica es ciertísimo que esas
entidades sabrán sentarse a negociar con ese gobierno y se negociará
simplemente cuanta deuda se condona, en qué condiciones, y a que plazos e
intereses, pero nada más.
¿Cree
alguien que no? Pues las grandes empresas ya han dicho que si ganara Podemos ya
se sentarán a negociar. Los que no lo ven nada bien son los partidos del poder
que viven de cambalachear con esos bancos y megaempresas. La ventaja es no
partir de deber el poder a esos bancos y empresas. Es el caso de Podemos
¿curioso, verdad?
Todas esas
empresas y bancos preferirán cobrar un 50 o 60 % de las deudas firmadas que no
cobrar nada, todas preferirán alargar los plazos de pago y reducir los
intereses antes que verse abocadas a la quiebra, todas preferirán llegar a
acuerdos que entrar en el caos generalizado. Ese es el caso. O ese caos con sus
inevitables quiebras, con el que esas empresas y bancos no simpatizan
excesivamente.
Y ante las
subidas de impuestos a los más ricos y la fiscalización rigurosa de las grandes
empresas pueden optar por tragar o nada, no tienen otras posibilidades.
Y queda otra
vía que ya han dejado caer para recapitalizar el Estado. Es la vía penal. Hay
que devolver el dinero indebidamente apropiado por políticos y empresarios
corruptos. Y eso consiste simplemente en aprobar unas pocas reformas penales:
declarar imprescriptibles los delitos ligados a la corrupción: prevaricación,
cohecho, falsedad en documentos público, malversación de caudales públicos,
etc., y reglamentar el tercer grado de tal forma que los condenados por estas
causas y no devuelvan dineros irregularmente apropiados no puedan acceder a él.
También es sencillo teniendo suficiente mayoría.
Y todo esto
no es más que tradicional política socialdemócrata, con al más absoluto respeto
al mercado libre, a las libertades y a las reglas democráticas más estrictas.
Claro que
tiene dos peligros, pero nadie piense que por parte de banqueros y grandes
monopolios y grandes empresarios. Todo esto sólo es posible si ese gobierno
tiene las leyes y la calle
El primero
es que la calle es muy peligrosa para un sencillo partido socialdemócrata.
Tiene que saber utilizarla sin que se le escape de las manos y resulte
incontrolable y eso acostumbra a dar algo de miedo al poder socialdemócrata.
Con la actual legislación ultrarreaccionaria es una baza arriesgada y para
llegar realmente al poder es preciso utilizarla aún a sabiendas del riesgo que
se corre. Veremos si Podemos sabe hacerlo. Y además carece de poder sindical y
el plazo para organizarlo se le echa encima, y sin poder sindical es improbable
tener la calle realmente. Ese es el primer gran desafío.
Y el segundo
no viene por banqueros y empresarios que son gente que sabe negociar si no les
queda más remedio, viene de los que no saben ni quieren nunca negociar, por las
cavernas: la Iglesia
y el Ejército. Esa será la clave, lo demás es cosa difícil pero perfectamente
viable. Es simple política socialdemócrata, y desaparecida del ámbito español
hace ya mucho tiempo Podemos está ocupando ese espacio, con acierto y con
propuestas de lo más tradicional y razonable, con propuestas perfectamente coherentes
y negociables. A su derecha quedan los que llaman ellos de la casta, los dos
partidos de derechas: PP y PSOE, sus posibles aliados están a su izquierda pero
son tan moderados como ellos, con la diferencia de que tienen cuadros y
presencia en la calle, en las fábricas y polígonos y en los municipio. Ahí
están las cartas ya casi acabadas de repartir. La partida va a empezar y parece
muy dura pero muy interesante.