miércoles, 24 de diciembre de 2014

EL SILENCIO DE LOS LOBOS



¿Por qué hace mucho tiempo que Luis Bárcenas no dice nada? Al principio de su encausamiento y prisión armó mucho jaleo, y ahora nada dice desde su celda. ¿Realmente no dice nada?

Alguien bienintencionado podría pensar que se ha resignado cristianamente a sufrir esa expiación de las faltas penales y civiles que es la cárcel, o alguien no tan bien pensado podría pensar que sufre duras amenazas y presiones para que permanezca en silencio.

Al fin y al cabo se le ha presentado desde el PP como el malvado que había engañado a todos sus colegas o que les compraba para mantenerles en silencio con suculentos sobres llenos de billetes de quinientos.

Es un problema de enfoque. La tesis oficial reza que el PP ha tenido la desgracia de tener dentro una organización criminal sin que nadie se diera demasiada cuenta de la gravedad de la situación. ¿Es posible creer en semejante historia?

En realidad es cuestión de enfoque. No es que un partido político tuviera dentro una organización criminal, es que una poderosísima organización criminal tenía dentro a todo un partido político.

¿Era el jefe del aparato el tal Mariano Rajoy? o ¿el jefe de la organización era precisamente el hasta su caída oculto y perfectamente desconocido Luis Bárcenas?

Sin duda el llamado por algunos el puto amo era éste individuo y la red era muy amplia con muchos ayudantes y lugartenientes. Él negociaba, cobraba, repartía, urdía las tramas urbanísticas y se llevaba la parte que debe siempre corresponder a un jefe que se precie, eso si, en el más tradicional mecanismo mafioso, sabiendo repartir, contentar, callar y supeditar a todos a sus órdenes.  

Él era el verdadero jefe y un mentecato como Rajoy era simplemente lo que se llamaría un gestor político, un simple animador. Es evidente que su talla es tan sólo esa, no es mucho más que un vulgar cacique local de los de toda la vida digno de manipular una provincia atrasada, poco más se le puede pedir. Por los resultados se le puede conocer bastante bien. Ningún pensamiento, ningún criterio de Estado, ningún argumento, ninguna política. Ese es el tipo que la organización criminal necesitaba para cubrir el expediente político, por eso le pusieron, y no debió ser precisamente ajeno su mentor Aznar.

Y este gestor es en realidad lo que se llama en lenguaje social un animador, su labor consiste en entretener, en despistar. A eso se han reducido sus tres años de gobierno.

Al fin y al cabo compuso un gobierno de notables mediocridades, e incluso mucho menos que eso. Y sólo un ministro quedó fuera de sus decisiones. Más aún, ese es el que decide la política del gobierno. No es militante del PP, le nombraron directamente los bancos de dentro y de fuera, habla a su aire y no parece tener más relación con el gobierno que la de comunicar metódicamente las decisiones económicas y políticas que convienen a quienes le nombraron, es Luis de Guindos.

A él no le parecen preocupar esos problemillas de la corrupción,  eso es cosa de Bárcenas y su gente, él se dedica a la política y ya se sabe que si se habla de política se habla de ese pequeño defecto que conlleva llamado escándalos financieros, robos, estafas, etc.

El problema es que no estén un poco más regulados, como por ejemplo en los EEUU, donde la solución a la corrupción de los ministros, diputados y políticos en general, es sencillamente legalizarla. Se registra un llamado lobby, se va a un ministro o diputado, se le ofrece dinero a cambio de votar lo que convenga a tales o cuales intereses comerciales o financieros, claramente espurios, y como es legal no pasa nada. Fácil ¿no? Aquí no se hizo y ahora vienen tormentas de difícil explicación pública, parece como que a ellos no les preocuparan ni escándalos ni corruptelas, si no tan sólo si el reparto se ha hecho tan mal que ahora puedan perder los votos de sus innumerables paniaguados a todos los niveles, sobre todo al nivel municipal que es su gran fuente de votos.

Y ahora Bárcenas calla. ¿Adivinan por qué? Pues parece sencillo. Como siempre ha pasado en este tipo de organizaciones criminales bien estructuradas y disciplinadas, sigue gobernando desde su celda. Algún tonto debió ponerse nervioso cuando le atrapó la policía, y creyó que había que hacer grandes movimientos en la organización. Poco tardó el boss en dejar claro quien es el jefe, esté o no en prisión. Ahora la organización sigue funcionando aunque deba ser dirigida desde Soto del Real. ¿Alguien duda de lo poco que le cuesta a Bárcenas hacerse con teléfonos móviles, servicios de internet, mensajería ad hoc, y cierto tipo de servicios, más que prudentes, francamente silenciosos?

En eso estamos. Y su gente desde luego hace muy bien en callar. Es el silencio de los lobos.


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