¿Por qué
hace mucho tiempo que Luis Bárcenas no dice nada? Al principio de su
encausamiento y prisión armó mucho jaleo, y ahora nada dice desde su celda.
¿Realmente no dice nada?
Alguien
bienintencionado podría pensar que se ha resignado cristianamente a sufrir esa
expiación de las faltas penales y civiles que es la cárcel, o alguien no tan
bien pensado podría pensar que sufre duras amenazas y presiones para que
permanezca en silencio.
Al fin y al
cabo se le ha presentado desde el PP como el malvado que había engañado a todos
sus colegas o que les compraba para mantenerles en silencio con suculentos
sobres llenos de billetes de quinientos.
Es un
problema de enfoque. La tesis oficial reza que el PP ha tenido la desgracia de
tener dentro una organización criminal sin que nadie se diera demasiada cuenta
de la gravedad de la situación. ¿Es posible creer en semejante historia?
En realidad es
cuestión de enfoque. No es que un partido político tuviera dentro una
organización criminal, es que una poderosísima organización criminal tenía
dentro a todo un partido político.
¿Era el jefe
del aparato el tal Mariano Rajoy? o ¿el jefe de la organización era
precisamente el hasta su caída oculto y perfectamente desconocido Luis
Bárcenas?
Sin duda el
llamado por algunos el puto amo era éste individuo y la red era muy amplia con
muchos ayudantes y lugartenientes. Él negociaba, cobraba, repartía, urdía las
tramas urbanísticas y se llevaba la parte que debe siempre corresponder a un
jefe que se precie, eso si, en el más tradicional mecanismo mafioso, sabiendo
repartir, contentar, callar y supeditar a todos a sus órdenes.
Él era el
verdadero jefe y un mentecato como Rajoy era simplemente lo que se llamaría un
gestor político, un simple animador. Es evidente que su talla es tan sólo esa,
no es mucho más que un vulgar cacique local de los de toda la vida digno de
manipular una provincia atrasada, poco más se le puede pedir. Por los
resultados se le puede conocer bastante bien. Ningún pensamiento, ningún
criterio de Estado, ningún argumento, ninguna política. Ese es el tipo que la
organización criminal necesitaba para cubrir el expediente político, por eso le
pusieron, y no debió ser precisamente ajeno su mentor Aznar.
Y este
gestor es en realidad lo que se llama en lenguaje social un animador, su labor
consiste en entretener, en despistar. A eso se han reducido sus tres años de
gobierno.
Al fin y al
cabo compuso un gobierno de notables mediocridades, e incluso mucho menos que
eso. Y sólo un ministro quedó fuera de sus decisiones. Más aún, ese es el que
decide la política del gobierno. No es militante del PP, le nombraron
directamente los bancos de dentro y de fuera, habla a su aire y no parece tener
más relación con el gobierno que la de comunicar metódicamente las decisiones
económicas y políticas que convienen a quienes le nombraron, es Luis de
Guindos.
A él no le
parecen preocupar esos problemillas de la corrupción, eso es cosa de Bárcenas y su gente, él se
dedica a la política y ya se sabe que si se habla de política se habla de ese
pequeño defecto que conlleva llamado escándalos financieros, robos, estafas,
etc.
El problema
es que no estén un poco más regulados, como por ejemplo en los EEUU, donde la
solución a la corrupción de los ministros, diputados y políticos en general, es
sencillamente legalizarla. Se registra un llamado lobby, se va a un ministro o
diputado, se le ofrece dinero a cambio de votar lo que convenga a tales o
cuales intereses comerciales o financieros, claramente espurios, y como es
legal no pasa nada. Fácil ¿no? Aquí no se hizo y ahora vienen tormentas de
difícil explicación pública, parece como que a ellos no les preocuparan ni
escándalos ni corruptelas, si no tan sólo si el reparto se ha hecho tan mal que
ahora puedan perder los votos de sus innumerables paniaguados a todos los
niveles, sobre todo al nivel municipal que es su gran fuente de votos.
Y ahora
Bárcenas calla. ¿Adivinan por qué? Pues parece sencillo. Como siempre ha pasado
en este tipo de organizaciones criminales bien estructuradas y disciplinadas,
sigue gobernando desde su celda. Algún tonto debió ponerse nervioso cuando le
atrapó la policía, y creyó que había que hacer grandes movimientos en la
organización. Poco tardó el boss en dejar claro quien es el jefe, esté o no en
prisión. Ahora la organización sigue funcionando aunque deba ser dirigida desde
Soto del Real. ¿Alguien duda de lo poco que le cuesta a Bárcenas hacerse con
teléfonos móviles, servicios de internet, mensajería ad hoc, y cierto tipo de
servicios, más que prudentes, francamente silenciosos?
En eso
estamos. Y su gente desde luego hace muy bien en callar. Es el silencio de los
lobos.
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