viernes, 26 de diciembre de 2014

LA CUESTIÓN ESPAÑOLA, LA CUESTIÓN CATALANA, LA CUESTIÓN DEMOCRÁTICA



Es un principio muy vulgar que ante un problema real en política no es una buena idea mirar hacia otro lado. Esto está pasando con la cuestión catalana por parte de casi todos los partidos.    
El asunto es algo más sencillo de lo que casi todos plantean. En primer lugar es muy improbable que un 50 % más uno de los ciudadanos de Cataluña votasen en un referéndum la independencia, pero caso de que se hiciera la consulta y fuera así, pocas cosas cambiarían de forma profunda.
De hecho el principal problema de los partidarios de la independencia es que no han mostrado ninguna estrategia elaborada para conseguir tal fin, simplemente han cogido una bandera adecuada en un momento adecuado, pero eso queda muy lejos de tener una estrategia, es una simple proclama sin demasiadas explicaciones realistas. No resulta práctico si realmente se pretende votar. Es jugar a perdedores reales apuntándose el tanto de ganadores morales sin resultados prácticos.
Partamos de principios estrictamente democráticos. Nada impide hacer una consulta acerca de si los ciudadanos de Cataluña desean formar un nuevo estado o no. No es tanto un tema de nacionalismo sentimental sino de cultura política específica. Quieren votar, y por tanto en un régimen estrictamente  democrático deberían votar.
Si el cincuenta por ciento más un ciudadano dicen que no, el gobierno catalán deberá sentarse a negociar con el gobierno del Estado cuales cambios convienen a la mejora de la convivencia dentro del Estado. No es aceptable mantener a la sociedad catalana dividida en dos mitades casi iguales sin buscar acuerdos razonables.
En caso de que la mitad más un solo ciudadano votara la independencia se abriría un proceso de negociación sobre cuestiones más bien técnicas pero de grandes repercusiones entre ambas partes. La deuda externa, el régimen fiscal de las empresas, etc.
Como obviamente la mitad de la población no desearía la independencia, en un buen acuerdo y dentro de la Comunidad Europea, no hay ningún problema, y el nuevo Estado Catalán permitiría sin dificultad que todos aquellos ciudadanos catalanes que desearan seguir manteniendo la ciudadanía española disfrutaran de la doble nacionalidad. No de las dos nacionalidades a la vez, si no de la doble nacionalidad, como tenemos con casi todos los países de la América Hispana. No se ve cual sería la dificultad para tal acuerdo que implica que los ciudadanos catalanes con doble nacionalidad se someten a la legislación catalana pero sólo cuando están en Cataluña, y cuando están en España aceptan la legislación española. ¿Hay mucho problema en ello?
Sin agresividad, sin violencia, la verdad es que los ciudadanos catalanes notarían pocos cambios en su vida cotidiana. Seguirían bajo la legislación superior europea, su legislación foral sería la misma y simplemente completarían los muy numerosos aspectos de poder político y económico que están de hecho en el actual estatuto pero el gobierno central se ha negado de forma bastante grosera a negociar.
Son simplemente los temas de dominio completo sobre puertos y aeropuertos, las leyes de costas y del suelo, la legislación municipal y comarcal, las leyes que afectan a la fiscalidad dentro de las normas exigidas por la Comunidad Europea, y poco más. ¿Cuál es el problema?
Dado que dentro de la Comunidad Europea no existen fronteras materiales nada cambiaría en el tránsito entre ambos Estados, dado que dentro del Espacio Schengen no hay limitaciones de tránsito, nada cambiaría respecto a la realidad actual.
Probablemente ningún país es más querido en España que Cuba, ni más querido en Cuba que España. Esa sería la situación entre España y Cataluña, claro que al cabo de algún tiempo en que los fanáticos de ambos espacios calmaran su agresividad.
Dejemos hablar a la ciudadanía, pensemos en valores materiales y reales, también sentimentales, y ajustémonos a los valores más sencillos de la cultura democrática, aparquemos el fanatismo nacionalista, español y catalán, y preguntemos a la ciudadanía que desea hacer con sus vidas. Es sencillo. Todos saldremos ganando y tarde o temprano habrá de hacerse así.
Esto se llama una solución democrática y civilizada ¿o alguien prefiere una solución a lo balcánico? caso que sin duda arrastraría en muy poco tiempo a Euskadi y llevaría a los militares a tomar el poder con un burdo golpe de Estado, y desde luego al caos generalizado.
No nos quedemos en un problema de nacionalismo decimonónico y pasemos a una cuestión de eficiencia democrática y cívica. Y nadie tenga miedo de preguntar a la ciudadanía. Un partido que se tenga por cívico y democrático y que esté enarbolando la bandera de la dignidad ciudadana y la restauración cívica debería estar haciendo una labor pedagógica con la ciudadanía española y aceptar perder quizás algunos votos a cambio de una actitud de máxima pedagogía democrática. Esa era la tradición socialdemócrata que algunos quieren incorporar como presumibles herederos legítimos. Háganlo.

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