lunes, 30 de diciembre de 2013

LA CUESTIÓN CATALANA, LA CUESTIÓN ESPAÑOLA


No resulta fácil comprender la llamada cuestión catalana fuera de Cataluña. El tema llega generalmente a la ciudadanía no catalana con tremenda irritación, con excesivos lugares comunes, con escaso conocimiento y con numerosos prejuicios consuetudinarios.

Por contra, en Cataluña el tema es de la mayor obviedad para una enorme mayoría de la población. Resulta difícil para los catalanes comprender una actitud que se considera fuertemente agresiva hacia el país. Esto no quita que una minoría dentro de Cataluña también es vista como fuertemente agresiva hacia el país donde residen, trabajan y participan de la vida social y política, pero llama poderosamente la atención cómo posturas fuertemente minoritarias e incluso claramente marginales, pueden ser destacadas con tamaña fuerza por numerosos medios de comunicación foráneos. 

Para colmo las diferentes fuerzas políticas juegan la baza catalana con una frivolidad verdaderamente impresentable. Como tantos problemas de extrema gravedad en España, la constitución del 78 y el sistema electoral han conseguido que al poder político real sólo le preocupe la poltrona de turno, y que cualquier cuestión de envergadura social o política sea vista exclusivamente en función del apalancamiento a tales poltronas.

El PP da por sentado que echar leña al fuego es sumar votos fuera de Cataluña. Ideológicamente es además añadir compañeros de viaje a la extrema derecha, que es el núcleo profundo e inamovible del partido. A su zaga, sin mayor preocupación por Cataluña, miméticamnte, UPyD.

Para CiU, tras el tremendo resbalón de las elecciones pasadas supuestamente plebiscitarias, mantenella y no enmendalla, es lo que suponen su salida más digna. Su principal preocupación es mirar a la izquierda y obsesionarse con no ser comidos por Esquerra Republicana. Una preocupación secundaria es el futuro de Cataluña. Sólo hablan del futuro para semanas o meses. Después Deu provira, o no.

Para Ciutadans hay alternativas, pero en ningún caso pasan por cambios en la estructura del Estado, si bien están dispuestos a debatir todas las cuestiones que no afecten a la estructura del Estado aunque afecten a cuestiones básicas de la vida catalana. Es curioso, pero su anticatalanismo no deja de ser profundamente catalán, ya que representan realmente a esa minoría españolista que forma parte de la vida real de Cataluña. Eso prácticamente elimina de la vida pública catalana al sectario y ajeno PP y deja a Ciutadans el campo de representación real de ese sector catalán profundamente españolista. Al fin y al cabo Ciutadans discute una cuestión verdaderamente catalana, mientras el PP sólo discute una cuestión española ajena a la realidad catalana.

Para el PSOE el tema se convierte en un fatídico lecho de Procusto. Si sobresale, se le cortan los pies, y si se queda corto, se les estira violentamente. A diferencia del PP, sus seguidores son excesivamente fieles y manifiestamente acríticos, excepto ese sector catalanista que con tan buen sentido cultivó y estructuró Pascual Maragall, sector al que prácticamente dejan fuera del partido, como en su día dejaron al propio Maragall a quien tanto debían.

Para Iniciativa el tema es como si las propuestas las hicieran los marcianos y ellos no pudieran entenderlas bien. Van a rastras de la polémica, allá penas.  

Para la CUT el tema es una gran oportunidad en un debate de fondo, aunque fuera de Cataluña ni tan siquiera se encuentre a nadie que comprenda simplemente qué representa la CUT.

La cuestión está con toda claridad en manos de Esquerra Republicana, y prácticamente sólo en sus manos.

 Esquerra no ha sido históricamente radicalmente independentista, es por contra un partido casi centenario que ha dirigido en situaciones muy difíciles la vida política catalana, y que siempre ha sabido negociar todo lo que resultara preciso con criterio y notable equilibrio.

En abril del 31 l’Avi proclamó “la república catalana en el seno de la República Federal Ibérica”. Años antes los catalanistas habían estructurado su alternativa de forma orgánica, metódica y pacífica. Durante los años de República fueron profundamente leales a Cataluña y a la vez, consecuentemente, leales a la República. Durante la Dictadura franquista mantuvieron las estructuras en el exilio, los apoyos a los exiliados, y sobre todo la imagen imprescindible del catalanismo vivo. Su presidente volvió a presidir la Generalitat al volver a la normalidad democrática y el Parlament fue presidido por quien representaba el espíritu histórico de la política catalana desde la propia Esquerra. Pocos pueden presentar semejante fidelidad a sus responsabilidades históricas y políticas. Quizás sólo el PNV, desde luego en ningún caso ni el PSOE ni el PCE, aunque irónicamente por desgracia también es paladín de tal fidelidad a su marca histórica la derechona franquista.

Esto no quita que Esquerra tenga como objetivo profundo la independencia de Cataluña, pero a la vez su meditación política incluye unas propuestas para España moduladas por el tiempo que pueda precisar su proyecto último, propuestas que prácticamente nunca han sido recogidas ni meditadas desde España.



La discusión debe retrotraernos al último tercio del siglo XIX. Entonces, los padres de la polémica, y especialmente Pi i Margall, pusieron sobre la mesa los problemas profundos del Estado, ofrecieron alternativas federalistas, hablaron de la República Ibérica, porque entendían que los problemas de España deberían ser inseparables de los de Portugal, y presidieron los tres primeros gobiernos de la Iª República Española.

Y ahí está la diferencia con la situación actual. La ligereza con la que hoy se vive la vida política hace que la discusión sea de bajo nivel, las propuestas de mínimo tono político, las alternativas sumamente pobres y  las expectativas prácticamente nulas o en su caso, por desgracia violentas.



Actualmente se plantean cuestiones de principio de forma determinante, pero con una falta escandalosa de propuestas estratégicas que las convierte en puras armas arrojadizas del mundo abstracto de las ideologías.

Cierto que hay ahora una fuerte propuesta independentista, cuya bandera mantiene con bastante prudencia Esquerra y cuya formulación práctica deja en un mundo sinuoso Convergencia. Los españolistas tanto de dentro de Cataluña, como del resto del territorio español afirman con contundencia que tanto Esquerra como CiU realizan propuestas criminales, radicales y sobre todo inaceptables de principio, de forma y de todas las maneras.

Mienten, las propuestas de Esquerra y, a rastras, de CiU son perfectamente negociables, pero requieren que al otro lado de la mesa haya alguien dispuesto a negociar. Critican que para el PP es más rentable no sentarse a discutir que tender una mano a posibles acuerdos razonables. Cualquiera que no acepte bajo ningún concepto la segregación de Cataluña deberá en todo caso aceptar que si no hay nadie al otro lado de la mesa, y esto se trate como una cuestión de principios, las posturas independentistas se enconen. ¿Qué esperan si no? ¿O es que es eso lo que pretenden?

Pero por desgracia el partido que tiene los ases en la mano tiene un fallo estrepitoso: carece de estrategia para alcanzar sus objetivos últimos.

Esquerra se siente flotar sobre un triunfo efímero tras el batacazo del pasado tripartito, que fue una muestra extrema de oportunismo político miope y un tanto ridículo, y no ha puesto sobre la mesa una alternativa eficaz, realista, concreta. Para Esquerra la bandera de la estelada parece ser suficiente, la capacidad para decidir la política de CiU parece ser su arma principal, y el incremento de votantes su activo más preciado. Se equivocan si creen que sólo con esas armas su objetivo puede alcanzarse.

Felipe González dixit: “la independencia de Cataluña, imposible”. Por desgracia a este estadista de la gran derecha socialdemócrata hay que escucharle porque acostumbra a saber bien lo que dice y la intención con la que lo dice. La independencia de Cataluña planteada como objetivo a corto o medio plazo es realmente imposible, y planteada como objetivo cósmico en sí mismo considerado, es algo un tanto fantástico. Sin embargo la alternativa catalana a algo muy diferente, e incluso a la independencia, es algo viable y muy razonable, salvo que se proponga a lo serbocroata, donde la OTAN ya tiene muy clara su posición.





La cuestión parece mal planteada de principio. El debate sobre la estructura del Estado al margen del necesario debate sobre la estructura del territorio sólo puede ser miope y sectario. El problema clave está en la estructura del territorio, como ya plantearon los federalistas decimonónicos.

El triángulo nororiental, desde Valencia y Murcia, hasta Euskadi es una de las principales desestructuraciones del territorio ibérico. Claro que hay otras como la cornisa cantábrica, el corredor atlántico, la estructuración directa de Andalucía con Europa por el Mediterráneo, y la insularidad, son otros. Por ejemplo, para ir en tren desde Murcia a Almería, provincias contiguas, hay que ir a Alcazar de San Juan, cerca ya de Madrid, y hacer trasbordo. Los grandes puertos de Valencia y Barcelona no tienen acceso a la cornisa cantábrica, ni a la industria vasca, las verduras de Murcia y Valencia acceden antes y más barato por carretera a Cataluña y Europa que por tren, al igual que el turismo europeo accede mejor en avión a Cataluña, Valencia y Murcia que en tren, buena parte de la producción industrial y de consumo catalana debería encontrar su salida natural en Francia y para eso es imprescindible que esas comunicaciones sean enormemente más fluidas. Nos sobran autopistas de peaje y nos faltan autopistas públicas, nos sobran aves de mediana velocidad y nos faltan vías europeas con trenes simplemente rápidos, y los puertos y aeropuertos catalanes exigen su cesión al autogobierno ya que son una clave esencial de la estructura económica de Cataluña.

Por eso, mientras no se resuelva de común acuerdo esa cesura imprescindible entre el triángulo nororiental y el centro, la discusión sobre la estructura política resulta difícil de entender. Y ya de camino, podía comenzar a hablarse de nuevo del resto de los problemas de la estructura del territorio, recordando que hablamos del territorio ibérico, no del estatal español.





Y téngase en cuenta, como ya dijeron también los federalistas decimonónicos, que el problema que se plantea no puede intentar liquidarse con un análisis abstracto de clases al viejo estilo. Hay intereses nacionales en Cataluña que abarcan a muy diferentes intereses sociales, y que aún aceptándose que esa afección tiene muy diferentes matices según los sectores afectados, une a sectores muy diferentes en intereses poderosos comunes. Precisamente, los únicos reacios a cualquier intento independentista son los sectores más poderosos económicamente, la llamada tradicionalmente gran burguesía catalana. A buena hora aceptarían La Caixa, Enagas, o la poderosa industria farmacéutica catalana tener problemas de dominio sobre el mercado español.



Y vista la cuestión territorial, si es que algún día el Estado central acepta verla en vez de boicotear perennemente las soluciones, queda pendiente la estructuración del Estado. Entre la integración tradicional y la independencia hay una extensa y algo difusa gama que merece ponerse en la mesa.  

De momento hay que ser realista y aceptar que tras la constitución del 78, pero sobre todo, tras los pactos firmados entre los más diversos gobiernos de Euskadi y el Estado central, España es hoy un Estado federal neto. Y lo es en, strictu sensu, una federación entre España y Euskadi, e incluso entre España, Euskadi y Navarra.

Euskadi tiene todas las competencias económicas, su propia estructura administrativa, su policía, su hacienda pública diferenciada de la de España y el control de la casi totalidad de las infraestructuras internas, de la sanidad, de la educación y de los servicios sociales, al igual que el Estado central tiene lo mismo del resto del territorio estatal. Eso se llama federación, nivel algo inferior a la confederación ya que participa de ejército común y sujeción a la legislación general del Estado, y carece, al igual que el Estado español, de Banco Central al tener la moneda común europea,  y sujeción a la legislación comunitaria, al igual que el Estado español.

Póngase entonces esa evidente realidad encima de la mesa y acéptese la misma situación federal para quienes lo exigen perentoriamente, esto es Cataluña, ya que aunque siempre habrá quien pida lo mismo, no consta que haya una verdadera demanda social aplastantemente mayoritaria más que en Cataluña.

Y más allá, téngase siempre presente que en una federación el derecho a separarse es inmanente, no hay federación sin que se incluya ese derecho, y aunque en este momento no lo esté exigiendo Euskadi, es obvio que está presente en su sociedad y que en cualquier momento puede ser mayoritario y perentorio.

Aplíquese ese derecho sabiendo que económicamente resultaría tan cara la separación total que resulta inasumible. La deuda exterior creada no puede ser resuelta hoy por hoy ni por Euskadi ni mucho menos por Cataluña. Por el camino de la autofinanciación y el control propio de su Hacienda pública, puede llegar a ser resuelto el gravísimo problema en un futuro no demasiado cercano. ¿Qué problema hay entonces para impedir votar la independencia que sólo tras la liquidación de esta crisis podría permitir la separación real? Y esta crisis tiene todavía decenas de años para resolverse, como todo el mundo intuye, pero casi nadie quiere decir.






jueves, 31 de octubre de 2013

MANIFIESTO POR UNAS CORTES CONSTITUYENTES


 Agotado ya el sistema surgido al final de la dictadura franquista, es la hora de establecer nuevas normas que cumplan con aquellos objetivos que entonces se frustraron.

No ha de ser echar la vista atrás e intentar recrear artificiosamente aquello a lo que entonces nuestra sociedad fue incapaz de dar vida, ni podría ser copiar miméticamente sistemas conocidos. Es la hora de dar rienda suelta a la genuina participación ciudadana, es la hora de organizar nuestra convivencia libre y naturalmente.  

Tuvimos y tenemos unas Cortes construidas artificialmente, desde pactos que nunca pudieron explicarse entre fuerzas políticas y económicas que actuaban más en la sombra que a la luz del sol. Establecieron unas bases de partida que en poco se correspondían con aquellos ideales democráticos por los que tantos ciudadanos habían luchado, sufrido cárcel, exilio, torturas y hasta la muerte y la desaparición. Tomaron decisiones trascendentales para nuestras vidas y nuestro futuro sin contar con los intereses más verídicos del pueblo.

Acordaron procedimientos, formas electorales, salvaguardas de los poderes fácticos más reaccionarios, la Iglesia, la banca, el ejército, las grandes familias del poder franquista, estructuras de poder firmes y sólidas que la Constitución consagró como intocables, inabordables y,  a la postre, que han resultado para la ciudadanía inasumibles.

Ahora el sistema se agota. No por que no funcione, sino precisamente por que ha funcionado de forma casi perfecta, ahogando, sofocando, marginando, olvidando lo que más importaba: las libertades ciudadanas contempladas como tales, y no como un listado de derechos limitados, constreñidos y susceptibles de ser menguados cuanto el poder necesite. Han olvidado los derechos ciudadanos, sustituyéndolos por normas cada vez más estrechas, cada vez más controladas, cada vez más mezquinas. Han olvidado la imprescindible separación de poderes, creando un magma de jueces, fiscales, legisladores, poderes económicos, poderes civiles y poderes policiales que es quien nos gobierna sin tapujos, usando de la arbitrariedad más indecente, de la corrupción más grosera, de la altanería y la soberbia de creer y hacer creer a muchos que a los que detentan el poder nunca les puede llegar la mano de la verdadera justicia, y que a quienes denuncian la corrupción la vida se les pueda volver insoportable, y hasta puedan perderla oscuramente.

Ese es el sistema en el que vivimos, sin que nunca se hubiera consultado a la ciudadanía acerca de cada uno de sus aspectos más decisivos, más trascendentes. Nunca se consultó cómo controlar a la Iglesia, a la banca, a los políticos y jueces corruptos, nunca se nos consultó sobre la estructura del Estado ni sobre su cúpula, ni se nos consultó sobre los sistemas electorales que permitiesen claridad y libertad en la elección de candidatos a cada uno de los puestos del poder real.

Hemos sido simples muñecos de feria manejados por poderes que resultan inescrutables, oscuros, muchas veces incluso anónimos, siempre incontrolables.

No votamos a nuestros representantes, elegimos entre las listas que fuerzas ajenas a la ciudadanía deciden. Podemos decidir si de esas fuerzas nos caen mejor los de tales o cuales siglas, pero nunca a nuestros representantes libremente marcados, seleccionados y decididos por cada ciudadano.

No controlamos jueces ni fiscales, nada podemos hacer para investigar a banqueros, especuladores financieros, grandes empresarios. Los supuestos organismos del tipo Tribunal de Cuentas, Fiscalía Anticorrupción, Unidad Policial de Delitos Económicos, y tantos otros organismos creados no para descubrir el dolo sino más bien para encubrir al delincuente, funcionan desde el poder y no desde el pueblo, son instrumentos del poder y no defensores de la ciudadanía, son ejecutores de la corrupción por acción o por simple connivencia. Son parte en suma de ellos, no engranaje vivo de una sociedad despierta y exigente.

Es pues ya la hora de construir una democracia nacida de las verdaderas exigencias populares, sociales, ciudadanas. Y eso sólo pueden hacerlo unas auténticas Cortes Constituyentes.

Exijamos la convocatoria de Cortes Constituyentes desde ya. Organicémonos de cara a las próximas elecciones generales alrededor de un programa que contenga un único punto:


CONVOCATORIA DE CORTES CONSTITUYENTES


No queramos crear complejos programas que propongan tales o cuales sistemas electorales, tales o cuales controles democráticos, tales o cuales largas propuestas de reformas económicas, sociales, tales o cuales cambios en códigos inoperantes de conducta.

Sólo una exigencia, sólo una voz, sólo un cambio, pero esencial, radical, excepcional: Convocatoria libre, universal y abierta de Cortes Constituyentes. 

                                                                                         Colectivo El Grito

miércoles, 10 de abril de 2013

CATÁLOGO DE FELICES DIRIGENTES


Hay un exceso de credibilidad en nuestra sociedad que resulta cuanto menos llamativo. Un gobierno de gentes cuya credibilidad es nula, cuya ética no se localiza en ningún aspecto de su vida pública y cuya capacidad intelectual, política, cultural y dialéctica, como mucho, diríamos que se ignora, decide políticas cuyo único fin es enriquecer a los más poderosos y empobrecer a los más humildes, y salvo ciertas honrosísimas excepciones la sociedad asiste pasmada al espectáculo de ver liquidar sus derechos, sus conquistas sociales, sus economías caseras y sus expectativas sociales sin otra manifestación de disgusto que la clásica queja de café o de patio de vecindad. Muy indignados pero escasamente activos, acríticos, en última instancia, notablemente silentes.
Las medidas del gobierno, la banca, las promotoras y sus jefes de la trinca, perdón, la troika, son un continuo destruir empleo, destruir salarios, destruir la sanidad pública, destruir la enseñanza pública, destruir la débil estructura del funcionariado público, destruir la cultura, destruir la investigación científica, destruir en suma, la esperanza, destruir la ilusión por vivir decentemente.
Y a cada medida que toman, las cosas empeoran mucho más, y los portavoces del poder dicen con la mayor tranquilidad que esas nuevas destrucciones son síntoma inequívoco de mejora de la situación económica, que hay que esperar uno, dos, unos cuantos años más y todo será maravilloso nuevamente, todo volverá a ser dinero, progreso, educación y sanidad, privadas, pero sin duda mucho mejores.
Y un destacado periodista declara con fuerte acento crítico que el gobierno está fracasando porque no se ven por ninguna parte esas supuestas mejoras que según se afirma desde el poder están ya a la vuelta de la esquina.
Y los críticos al uso afirman que ya está bien de políticas restrictivas, que hacen falta además políticas de crecimiento, que lo importante es que fluya el crédito bancario, que el gobierno lo hace mal porque sólo piensa en el déficit y no en implementar consumo y liquidez.
E incluso el mismo presidente del gobierno cree descubrir el Mediterráneo y llega confusamente a la conclusión de que esa es una gran verdad y que deberían darle mejores condiciones en Bruselas para invertir en proyectos que faciliten el flujo de dinero e incentiven ese moribundo consumo.
Ante tal cúmulo de sandeces gubernamentales y opositoras, hay que hacer un estudio sosegado que permita comprender qué es lo que más conviene a la ciudadanía a la hora de ser gobernados.
Se nos ofrecen cuatro alternativas, a saber:
Ser gobernados por listos inteligentes, por listos ignorantes, por necios inteligentes o por necios ignorantes. En nuestra estulticia natural no acertamos a ver más opciones.
La verdad es que la época de los posibles listos inteligentes, y por tanto peligrosísimos, pertenece al pasado y no se ven políticos que puedan optar a esta necesaria posición desde hace muchos años. Tuvimos varios en el pasado reciente, el más llamativo el Sr. González, sin duda el Sr. Pujol, el más astuto sin duda el Sr. Solana, pero la época de estos factotum de un mundo feliz emergente ha pasado y nadie ha llegado para sustituirles, aunque han quedado enquistadas viejas ruinas de otro tiempo como Toxo, Méndez o Aguirre. Digamos que, por suerte, sólo quedan  personajes como estos.  
De listos ignorantes tenemos ahora varios prototipos: Montoro, de Guindos, Feijoo, Mas, y un largo etcétera. Creen seriamente en las tontadas y simplezas que afirman públicamente, jamás han pisado la calle, afirman como verdades de fe reveladas por el pueblo llano algo que un día les contó un ignoto taxista, piensan que en el nivel que han alcanzado no es preciso que nadie les explique nada pues con seguridad es de mucho menos calado lo que les diga quienquiera que sea que lo que ellos ya saben de sobra. Y organizan bancos, reestructuran grandes empresas multinacionales, y también, curiosamente, de camino, hunden pequeñas empresas, liquidan trabajadores, machacan pensionistas, desprecian funcionarios, y estúpidamente escupen contra el viento de forma excesivamente continua, pensando que sus escupitajos son ambrosía inaprensible para el vulgar populacho. Son hoy por hoy nuestros gobernantes.
Pero por desgracia hay también esa extraña categoría de los necios inteligentes. Su prototipo es el tal Rubalcaba, porque nadie le puede negar ni esas dos cualidades ni su lamentable combinación. Refleja con rara habilidad la inmensa caterva de necios inteligentes que pululan en los escalones medios de partidos y sindicatos oficiales y que pugnan por abrirse camino hacia las más altas cimas políticas, al menos mientras nadie les diga claramente que aunque sepan mucho, tengan un gran bagaje político, sean muy rigurosos, y sepan latín al nivel de las luchas palaciegas dentro de sus partidos y sindicatos, son simplemente unos necios, unos simplones que sólo saben sobrevivir rodeándose de activistas de su mismo tipo pero de inferior rango. Al fin, su única preocupación acaba siendo no encontrar demasiado cerca a alguien que siendo tan necio como ellos, sea aún más inteligente. Esa ha sido la causa del fracaso de tipos como Zaplana, Camps o Bono. Y la del transitorio triunfo de Gallardón o Trillo.
Claro está que la cuarta categoría, la de los necios ignorantes, parecería que no es propio que aparezca en esta primera fila de la política nacional. Craso error. Los listos ignorantes sólo pueden gobernar cómodamente si astutamente ponen al frente de su gobierno a un tipo de esta curiosa especie. Esa es nuestra actual situación.


sábado, 6 de abril de 2013

(CASI) NUNCA PASA (CASI) NADA

Era una canción francesa irónica que en español fue más bien mordaz. Aquí se llamó “Sin novedad señora baronesa” y la cantó un conjunto euskaldún que sabía reírse de la censura imperante en los duros años de dictadura. En ella, los diferentes criados de la señora baronesa le informaban telefónicamente de las más devastadoras desgracias sin inmutarse lo más mínimo, como si los desastres descomunales que explicaban fueran cosas intrascendentes.
 No pasa nada, nunca pasa nada mientras la degradación va royendo las raíces del sistema, y mientras la ciudadanía aguanta pasmada sin saber reaccionar, o sin tener alternativa por la que valga la pena reaccionar.
Es una sociedad anestesiada, adormecida, pero no desesperada. Cuando se siente algún raro redoble llamando a la resistencia y a la rebelión, salen miles de voces responsables y prudentes que gritan que lo que importa no es rebelarse, sino encarar la situación con una actitud más optimista.
Llaman “actitud más optimista” a afirmar que debemos esperar que próximamente las cosas vayan mejor, a declarar que probablemente pronto mejorarán, desde luego en contra de todos los datos económicos, políticos, judiciales, e institucionales, pero aún en contra de todos los datos, nos dicen que debemos ser más optimistas.
Y lo malo es que quienes lo dicen y repiten no son sólo astutos o estúpidos dirigentes políticos, empresariales e institucionales, son igualmente infinidad de ciudadanos acongojados, en paro o semiparo, en situación económica precaria, con la sanidad recortada y cada vez más de pago, con situaciones vitales duras y frecuentemente muy duras, y sin embargo lo dicen a todas horas. Símbolo de impotencia, no de esperanza.
Nos dicen que seamos optimistas ante unos políticos corruptos, arbitrarios, ignorantes y corporativos, ante un aparato judicial corrupto, arbitrario, ignaro, corporativo y burdamente politizado, donde es noticia un juez, fiscal e incluso un abogado que luche por que se haga justicia, ante una estructura y unas personas de la jefatura del Estado corruptas, arbitrarias, ignaras, y notablemente groseras y primitivas, ante una banca, prototipo de la avaricia, la mala fe, el saqueo de las arcas públicas y de las de los ciudadanos de a pie, y de un cinismo insultante, y ante unos grandes empresarios y grandes fortunas que estafan, roban, desfalcan y saquean a su antojo sin más restricciones que la de que no queden demasiadas huellas y en todo caso, si pasa algo, “que parezca un accidente”.
Piden demasiado, sobre todo porque las pruebas de los innumerables delitos cometidos por políticos, jueces, fiscales, banqueros, grandes empresarios, y miembros de la familia de la jefatura del Estado, están encima de la mesa, en la prensa, en los tribunales y sobre todo en la mente de cada ciudadano que se niegue a dejarse embaucar por eso del optimismo, de que pronto saldremos de la crisis, y lo de que qué importa gato blanco o gato negro si caza ratones.
Sin ir más lejos, ahora que vemos tales y cuales fotos, sabemos por qué tras atrapar a todos los implicados, fracasó la operación Nécora y por curiosos errores procedimentales, un gran capo del narcotráfico gallego salió entonces libre, sabemos por qué el advenedizo Urdangarín sólo tenía que cumplir de boquilla lo de apartarse de negocios oscuros en los que la jefa era la hija del rey, sabemos por qué el exministro y ex todo del PSOE, el tal Blanco, sigue andando libremente con su amigo el exalcalde de Las Rozas de Madrid del más rancio PP, por qué un juez mallorquín no consigue poner la mano sobre Camps y Barberá que tienen amiguísimos en medios judiciales demasiado altos, por qué el Tribunal de Cuentas no alcanza a analizar la contabilidad de los partidos hasta que las responsabilidades penales están ya prescritas, y así un innumerable etcétera, que es demasiado obvio, y sin embargo, como decimos, no pasa nada. O parece que no pasa nada.
Y lo grave no es que mientan, roben, engañen, estafen y no les pase nada, si no que lo hagan secundados por una inmensa mayoría que prefiere esto a la nada, al abismo de la incertidumbre. Porque lo evidente es que nos dirigen gentes que no sólo hacen todo eso, sino que además lo hacen de manera burda, grosera, estúpida y sin medir las gravísimas consecuencias que a la larga traerán esas actitudes.
Ante la extrema ligereza con la que actúan los dirigentes europeos, españoles, regionales y municipales, sólo cabe suponer tres alternativas: o estamos dirigidos por estúpidos, o estamos dirigidos por canallas, o estamos dirigidos por canallas estúpidos. No caben más alternativas.
Y quede claro que optimismo no debe ser nunca afirmar inanidades sin contenido real en contra de todos los datos reales de que se disponga. Optimismo debería ser, más bien, estar seguros personalmente de que a pesar de todos esos datos desastrosos, cada uno de nosotros esté dispuesto a enfrentar la situación con una actitud lúcida, valiente y digna, hasta imponer esas verdades como templos que nos quieren ocultar desde el poder, y con ese arma en las manos comenzar a enfrentarnos a ese mismo poder, a esos poderes fácticos, sea cual sea el final, por dignidad, no por cálculo. Esa sí sería una actitud a la que podríamos llamar optimista, y certera.

lunes, 18 de marzo de 2013

MÁS SOBRE CHÁVEZ Y EL CHAVISMO


El espectáculo de las honras fúnebres de Chávez no puede proporcionar sino tristeza. Grandilocuencia huera, movilizaciones masivas cargadas de emotividad a flor de piel, ditirambos y esa mezcla de patriotería y religión que tan ajena es siempre a la dignidad y la libertad.
Venezuela es petróleo. Y casi nada más. Esa es su tragedia. No cuenta ni la ciudadanía, ni el país, ni el futuro, sólo cuenta el ser el país con mayores reservas del mundo.
Ya hemos explicado que a diferencia de casi todos los grandes productores, la Venezuela chavista vende el petróleo a tocateja, y además juega en el pool de los grandes productores a subir los precios de forma artificiosa, lo que a los productores les cuesta al día, pero les da ventaja a medio plazo. Falta por decir que a largo plazo, como toda burbuja, ese cálculo se desinfla ya que no es posible mantener así una burbuja artificial demasiado tiempo.
Así, ahora estamos en precios contenidos, imposibilidad material de subirlos más y bajada general del consumo, excepto en China y La India, que no son productores. Ahora no es posible manipular nuevas subidas, y en principio todo indica que por mucho tiempo.
El chavismo ha intentado abrir alguna otra compuerta, como la del oro y otros sectores de la minería, pero con un coste social alto porque eso le ha exigido un control muy estricto, y desde luego militarizado, de las regiones productoras. El asesinato nunca aclarado de destacados dirigentes indígenas que se oponían al desplazamiento de sus pueblos para explotar esas tierras en beneficio de la minería ha sido uno de los puntos oscuros del chavismo.
No hay más. Y además Chávez combinó la venta directa y a tocateja de petróleo, con concesiones a los grandes monopolios de la extracción de contratos a treinta y cuarenta años, que embargan el futuro y significan una cuerda al cuello de Venezuela, porque los Estados detrás de esas concesionarias no permitirán mañana una nacionalización no compensada a su buen entender. Claro que los chavistas se podrían atrever con Repsol porque la situación española es muy débil, pero no parece que se pudieran enfrentar a las británicas y norteamericanas. Al fin y al cabo el principal cliente del petróleo de Venezuela es precisamente los EEUU.
Es una situación sin solución, ya que la economía no ha organizado salidas y al ser un régimen excesivamente dominado por militares, ha consumido también una buena parte de su presupuesto en gasto militar. Este gasto se ha visto enormemente incrementado, supuestamente para defender la patria, pero habría que pensar que, sobre todo, para tener un acertado control y una buena predisposición hacia la cúpula, por parte de los numerosos componentes de las fuerzas armadas.
Chávez era un militar, y un militar golpista, que supo, luego del fracaso de su pronunciamiento, adaptarse a las normas electorales vigentes, pero no con el mismo rigor a las democráticas. Sabía bien que la participación real en la vida política en Venezuela ha sido tradicionalmente cosa exclusiva de las clases altas dominantes. Jugó una baza poderosa, consiguió llevar a las capas marginales hasta las urnas y con eso ganar elecciones y hasta cambiar la Constitución, pero esas masas no parecen estar verdaderamente politizadas, no parecen tener criterios políticos firmes, heredados de tradiciones de lucha política obrera y campesina, si no criterios más bien cercanos a cierta demagogia de reciente cuño. Con este sector de la  ciudadanía es difícil llegar más allá de a donde se ha llegado: ganar elecciones y crear un ambiente poco ordenado y cívico, con una violencia callejera imposible de soportar demasiado tiempo. Hay demasiadas armas en la calle en manos de gentes a las que no se les podrá contener ni organizar y que hace ya tiempo que campan por cuenta propia enfundados en una supuesta estructura revolucionaria chavista.
Siempre se ha dicho que es fácil militarizar a los civiles, pero casi imposible civilizar a los militares. Un militar es siempre y ante todo un militar, no encaja en su mentalidad la vida civil, las normas de respeto y convivencia democráticas, le resulta difícil comprender que las decisiones del gobierno no sean de obligado cumplimiento por la ciudadanía. Hay incluso militares honrados y dignos que hasta mueren en defensa de la democracia, pero salvo ciertas excepciones dignas del mayor elogio, difícilmente serán realmente demócratas. Como dijo un antiguo etarra reconvertido en diputado democrático “No se puede ser demócrata con una pistola en el bolsillo”. Se puede luchar contra la dictadura con armas, pero raramente esos que llevan esa lucha pretenden sustituir la dictadura por una democracia sino por otro estado autoritario, aunque también es cierto que Latinoamérica en los años 70 y 80, la España de la República y Portugal, nos ha dado muy extraordinarias excepciones, si bien por desgracia esos revolucionarios que lucharon contra regímenes dictatoriales con las armas, cuando pudieron integrarse en la vida civil, fueron casi siempre masacrados por fuerzas oscuras del terrorismo de ultraderecha.
Ese será el segundo problema irresoluble de Venezuela. La economía no puede funcionar a medio plazo, y el desorden ciudadano acabará favoreciendo sólo a la derecha más reaccionaria y a fuerzas militares que se podrán escudar en el chavismo, pero que acabarán sirviendo a la derecha más brutal.
En tiempos de la Revolución Francesa y los prolegómenos de la independencia de las colonias americanas, el gran marino y político Alejandro Malaspina, uno de los teóricos que más hizo por su independencia, había escrito: “Desgraciado del que intenta hacer de la plebe filósofos, no hará más que fanáticos”.

martes, 12 de marzo de 2013

LAS REGLAS DEL JUEGO


Por fin resulta imposible seguir defendiendo una buena imagen de la presente jefatura del Estado. En consecuencia aparecen en segundo plano las figuras a las que se quiere presentar como sensatas, dignas y no inclusas en la corrupción generalizada: la reina y su hijo.
La operación no parece resultar fácil. La reina tiene una figura de prudencia y un notable saber pasar. Según se ha contado repetidas veces, el salvador de la democracia lo hizo en última instancia porque cuando estaba a punto de apoyar el golpe de Estado del 23F, acordado con ciertos altos militares muy próximos a él al que inopinadamente se sumaron unos cuantos gorilas aguafiestas, su consorte le recordó que exactamente eso mismo le costó el trono y toda su fortuna personal a su hermano cuando los coroneles dieron el golpe en Grecia hace cuarenta años y al hermano de la reina no se le ocurrió mejor idea que ponerse detrás de ellos en vez de manifestarse enfrente.
Su objetivo es conseguir que su hijo Felipe consiga la corona antes de que sea demasiado tarde. Son pasiones de madre perfectamente comprensibles, pero en esto, como en tantas otras cosas, no cuenta con el menor entusiasmo, ni de lejos con el más mínimo apoyo, de quien todavía la detenta.
Pero no es la única interesada, incluso es la interesada en la abdicación del actual jefe del Estado de menor importancia. Todo el arco político muñidor de la transición de los años 70 y 80, PP y PSOE, y hasta partidos como CiU, y otras fuerzas muy poderosas y escasamente públicas en sus declaraciones, ven un claro peligro para la estabilidad y la continuidad, en la pertinaz y desbordante capacidad del rey para hundir la imagen de la monarquía.
Y es que el coctel de penosas aventuras sentimentales de típica impronta borbónica, gastos suntuarios, barbaridades de manifiesta impresentable ética como dedicarse a cacerías de especies en peligro de extinción pagando por ello además cantidades que representan el salario de muchos años de un trabajador medio, la estulticia de las salidas de pata de banco en reuniones internacionales, la manifiesta imprudencia al hacer gala de una vida ostentosa, junto a los susurrados escándalos de comisiones, cobros anómalos, dineros públicos utilizados para placeres privados, la ligazón profunda y estable a déspotas medievales como los grandes jeques del petróleo árabe, o los más corruptos titulillos aristocráticos de Europa y América, conforman una situación cada vez más impresentable para la figura del actual jefe del Estado.
Ya hace años salió a relucir el escándalo de las comisiones repartidas entre varias personas de su círculo íntimo y él mismo por una venta millonaria de armas a Arabia Saudí aprovechando la guerra del Golfo. La broma se tapó a tiempo, antes de que estallara en toda su dimensión, pero a su testaferro Diego Prado y Colón de Carvajal le costo la huida ignominiosa y su refugio en la dorada Suiza por el resto de su vida. Gran servicio a la corona, tapar las vergüenzas del rey siempre ha sido una labor considerada importante y noble, y además bien remunerada.
¿Es un gran servicio a la patria conseguir que a unas empresas controladas por grandes empresarios españoles les den un contrato de miles de millones por hacer un AVE increíble para llevar una vez al año peregrinos musulmanes entre Medina y La Meca? ¿Es más bien un buen negocio para unos pocos, muy, muy pocos y un nicho de gigantescas comisiones para unos menos, exclusivamente para ellos? Desde los tiempos de González el negocio del AVE siempre ha olido francamente muy mal.
Y así en tantas otras maniobras oscuras que se presentan como grandes operaciones financieras y diplomáticas que se dice en los más altos círculos del poder que requieren de una necesaria prudencia y de la más todavía necesaria opacidad.
Así que la situación va resultando cada día más compleja, más arriesgada, y sobre todo más inútil. Prácticamente nadie defiende la monarquía en sí, excepto la reina y su hijo, claro que por razones demasiado interesadas. La derecha y el socialismo reformado y conformado del PSOE, defienden la estabilidad y temen a la República porque en España la República es sinónimo de profundas reformas sociales, éticas, cívicas, educativas, culturales. Además la República es la única forma de enfrentarse democráticamente al tema hiriente de la estructura del Estado y la autonomía real y sólida de las nacionalidades históricas. La República en España es federal y social, o no es, y a eso le tienen demasiado miedo los grandes partidos, poco amigos ni de lo realmente federal, ni mucho menos de profundos y radicales ajustes políticosociales.
Todos quisieran ver abdicar a un rey ya poco presentable, a un personaje al que todos los poderes fácticos consideran amortizado, y por tanto con fecha de caducidad o cumplida o próxima a cumplirse, sólo les falta convencerle a él mismo, ya que al ser una auténtica monarquía no hay más método para quitarle de en medio que, o su voluntaria abdicación, o su eliminación material.
Pero este señor tiene otra preocupación añadida. Según reza la Constitución del 78 en su artículo 56 “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Lo que se traduce en que la Constitución establece que el rey no puede ser llevado a los tribunales de justicia haga lo que haga, y ¡hay que ver lo que ha hecho, que en otras personas estaría ya en los tribunales!
Si abdica deja automáticamente de ser inviolable y pasa a estar sujeto a las leyes penales ordinarias, como lo está ahora su protegido yerno y estará pronto probablemente su propia hija, y como lo estuvo hace unos meses por un tema casi anodino, -utilizar armas sin el debido permiso y dárselas a usar a un menor- el exmarido de su otra hija.
En todo caso no parece querer arriesgarse lo más mínimo y ha declarado que no piensa abdicar de ninguna de las maneras. Y que su supuesto heredero aprenda a seguir esperando lo que él como monarca tenga a bien decidir.
Y las presiones son cada vez mayores, aunque no sea fácil saber de donde vienen con mayor fuerza, y sobre todo, con mayor capacidad de acción real.
Seguimos sin saber a ciencia cierta quienes mandan e incluso gobiernan en España, pero alguien parece tener claro que esos poderes fácticos no están dispuestos a admitir bromas. Si el rey no quiere abdicar y para esos poderes esto es ya una exigencia improrrogable, se le da un aviso. Explota un depósito de bombonas de oxígeno en el hospital en el que se encuentra recuperándose de su enésima operación, sin muertos ni heridos, pero con gran alharaca, humo, miedo, desalojos, etc., haciendo notar que la mano de los poderes fácticos, reales, están tan cerca del rey como quieran.
Nos acercamos a la abdicación, y eso quizás nos parece acercar también a la República. O al caos, que son demasiados los que lo prefieren a la República, y además son aguas donde los pescadores en aguas revueltas sacan más provecho.

sábado, 9 de marzo de 2013

CHÁVEZ Y LA ECONOMÍA


Desde la ignorancia y sin querer entrar en valoraciones genéricas, quisiera dejar esta nota acerca del presidente Chávez recientemente fallecido.
Venezuela tiene las mayores reservas de crudo del mundo, más que Arabia Saudí, Irak, Irán, Noruega, etc. Desde hace casi tres cuartos de siglo es una economía de monocultivo, con su petróleo las clases dominantes han podido comprar de todo fuera del país a precios que a ellos en nada les afectaba. Eso creó una capa de población muy rica, y supeditada a ella otra más fina de alto nivel económico, y una inmensa mayoría a nivel de supervivencia, pobre, o simplemente claramente desfavorecida.
En la época de las revoluciones, los años sesenta y setenta del pasado siglo, se produjeron fuertes movimientos sociales, y algunos armados, que fueron siendo destruidos por el ejército, pero también por su falta de integración en la sociedad venezolana. Las grandes capas marginales de población quedaron fuera fundamentalmente de esas luchas.
Sin embargo ha tenido una fuerte tradición democrática, con sistemas electorales bastante fiables, libertades civiles claras, especialmente la libertad de prensa y de asociación, y con una muy amplia vida cívica llena de polémicas, pero poco fructífera.
De esta manera nadie durante decenas de años se preocupó de la inmensa masa de población marginada, más de la mitad, ni del tremendo analfabetismo, ni del desarrollo industrial, agrícola o ganadero, ni de pensar en el futuro.
Chávez propuso un cambio social profundo, al nivel más elemental: la asistencia social y la organización cívica de esa asistencia. Sacó de la marginación a varios millones de venezolanos, sacó del analfabetismo a casi la mitad de la población, y movilizó a la sociedad en una serie de polémicas políticas y sociales nunca planteadas en el país hasta entonces.
En eso fue gastando los enormes ingresos del petróleo que pudo recoger en un momento de subida de precios. E invirtió enormes sumas de ese mismo dinero en apoyar la economía de otros países de la América Latina, hasta conseguir volver a levantar un enorme la movilización social en toda América que desde los años 70 había quedado prácticamente liminada.
El problema es que no supo crear futuro. Ese mismo dinero no se utilizó para crear capital, ni material, ni humano. Cierto que era de la máxima importancia sacar a la mitad de la población de la marginación y el analfabetismo, pero eso no debía haber dejado de lado la formación de una capa social numerosa de origen trabajador, con estudios superiores, con buena formación profesional, con interés por el futuro, con preocupación por la educación y la cultura, por quitarle el privilegio de la educación y la cultura a la exigua minoría de las capas altas y altísimas de la sociedad venezolana.
Ni tampoco se utilizó ese dinero para crear una industria básica, simplemente se ponía en debate el que empresas extranjeras, multinacionales, invirtiesen en Venezuela o no, olvidándose de las muchas otras posibilidades de desarrollo que podía haber tenido el país, especialmente en turismo, derivados del petróleo, agricultura, y en su excelente cabaña ganadera.
Claro que no se puede crear improvisadamente un país industrial, pero es muy importante crear las bases formando profesionales y gastando dinero en la más alta formación universitaria, especialmente consiguiendo que todo el que pueda hacer una carrera la haga sean cuales sean su origen social y sus medios económicos.
Esto hubiera creado futuro, claro que a costa de menor asistencia social a las clases más desfavorecidas, pero a medio plazo el resultado se vuelve casi indestructible, mientras que la asistencia social sin ese respaldo no podrá seguramente mantenerse indefinidamente, sobre todo en esta época de precios bajos del petróleo.
Lo más triste es que Venezuela exporta crudo pero importa derivados, gasolina y gasóleo, porque no tiene prácticamente capacidad de refino. Probablemente eso si que era lo más importante, y eso requiere capital, mucho capital, y además profesionales, ingenieros, economistas, y no simplemente acordar con multinacionales que sean ellos quienes tengan a bien o no el que construyan y manejen la capacidad de refino.
Igualmente la capa dirigente sabe que enfrente de Venezuela se encuentran muchos de los principales focos turísticos del mundo, algunos del más alto nivel económico, y sin embargo el mundo del turismo sólo conoce de Venezuela la Isla Margarita, tristísimo error. Claro que para desarrollar el turismo hace falta elegir. O inversiones extranjeras puras y duras, o creación de un fuerte entramado turístico de nivel medio, con idiomas, hoteles, infraestructuras, que son aeropuertos, puertos, carreteras, vehículos de todo tipo, agencias, etc. Eso no se crea en unos pocos años, pero en un plazo medio podrían haber estado al nivel de México, Cuba, República Dominicana, o las múltiples islas del Caribe de alto nivel turístico. Eso hubiera requerido la formación de un sector desde cero. Difícil pero imprescindible para no estar vendido a unas cadenas extranjeras carentes de interés en el desarrollo del país donde invierten.
Nada de esto parece haber tomado forma en estos años. Es el mismo error que el cometido en España por Aznar y Zapatero, monocultivo que no produce ahorro, inversión, sino tan sólo acumulación de un bien del que una vez vendido ya no se puede sacar ningún provecho posterior. Los árboles ocultan el bosque, y al final la posible obra social bien hecha en un sentido, es destruida en muy poco tiempo sin que nadie se sepa resistir realmente.
El dinero no es capital, el capital nace del ahorro, de la inversión productiva y de la capacidad de competir profesionalmente. Una capa alta de ciudadanos con una gran formación ha hecho de La India el país del mundo puntero en informática, pero el nivel profesional es muy alto. Esa es la clave.
Ese parece el gran error del régimen Chavista, la probable gran derrota de Chávez que difícilmente podrá evitarse.
Aún así hay que decir que sólo tres grandes productores en el mundo vendían su petróleo a tocateja, ya que todos los demás lo venden a futuro, esto es, acuerdan a meses vista un precio y un plazo de entrega, sistema por el cual los compradores manejan a su antojo los precios y los vendedores carecen de libertad para negociar, si bien a cambio de cierta seguridad. Curiosamente esos tres países eran Libia, Siria y Venezuela. Ya sólo queda Venezuela y las cartas están echadas.

jueves, 7 de marzo de 2013

LA REPETICIÓN DE UNA TRAGEDIA RESULTA UN SIMPLE VODEVIL



Volvemos a lo de siempre, a lo que nunca se había ido. Se llaman poderes fácticos, como se llama mercados a lo de los especuladores sin escrúpulos, y se llama imprescindible sistema financiero a lo de los banqueros.
Cierto que cambian de cara con cierta frecuencia, sobre todo porque no se soportan entre ellos, y todos aspiran a pisotear a sus propios colegas y pillarles también lo suyo. Lo suyo que a su vez viene sólo y necesariamente de nuestro trabajo.
Para los pijochicagos habrá que dejar claro una vez más que si uno mete un montón de billetes de quinientos euros en una jaula y espera un año, al cabo del año sigue habiendo simplemente ese mismo montón de billetes, pero que si alguien mete en esa misma jaula a un montón de trabajadores trabajando por salarios indignos muchas horas al día y un solo billete de quinientos euros, al cabo de un año hay un capitalito ¿o no?
Son los poderes fácticos, pero nadie se engañe, tienen cara, tienen domicilio, tienen DNI o pasaporte, a veces diplomático, tienen cuentas bancarias en los lugares más inopinados, y tienen sobre todo amigos, aunque demasiadas veces sean poco amigables con sus amigos, y otras veces sepan repartir con buen sentido.
El principal problema es que estos tipos hacen malabares porque no se sepa quienes son. No es cosa, por supuesto, de inventados sabios de Sión, ni de clubs Bilderberg, es cosa de la necesaria prudencia que exigen ciertos negocios.
Ahora estamos en el caso español, que resulta especialmente gracioso. ¿Quiénes gobiernan realmente? Nadie lo sabe. Muchos señalan a tipos como Botín, Rato, y sus amigos de la banca, pocos a los Florentinos, Koplowitz, Villar Mir, Abelló, etc., de las grandes promotoras, telefónicas, eléctricas, etc., algunos a las embajadas alemana, británica, norteamericana, etc., otros mas sabidos, a fondos de inversión, banca internacional, y extrañas corporaciones.
El hecho es que salen a relucir nombres desconocidos para la inmensa mayoría de la ciudadanía, y que parecen tener un poder descomunal. Nadie ignora quienes son los Rajoy, de Guindos, e incluso González o Aznar, pero la inmensa mayoría nada sabia de un tal Barcenas, de un tal Correa, de que la influyente Sra. Mato tenía un marido mucho más influyente todavía.
Ya hemos dicho que las informaciones hasta la fecha publicadas no parecen indicar que haya un poderoso partido que tenía dentro una sólida organización criminal dedicada a la corrupción, el soborno, el fraude a la Hacienda pública y la utilización de caudales públicos para enriquecimiento privado, si no que por el contrario una poderosa organización criminal dedicada a esos menesteres, tenía dentro incluso al más poderoso partido del Estado.
Ahora se nos plantea el dilema más grave: ¿Era esa organización criminal un poder político con un trasfondo ideológico concreto, o por el contrario eran simples testaferros de simples organizaciones criminales cuya única ideología era el “estoy en política para hacerme rico”.
Recordemos una vez más que en la Italia de los 60 la trama criminal que tenía en su poder inmobiliarias, bancos, negocios de armas, cobrara tributos por su cuenta a quienes querían acceder a obra pública, y un largo etcétera, tenía en su cúpula a un Licio Gelli, que había combatido en España en apoyo de Franco como voluntario y que había establecido en la Italia democrática una estructura supuestamente masónica, pero más bien criminal llamada P2, cuyo objetivo era no sólo dominar el poder económico y político, sino también abrir paso a un régimen neofascista. Que para eso tenía el claro apoyo de un político astuto y carente de todo escrúpulo llamado Andreotti, el cual, desde el fin de la guerra mundial, había ocupado todos los cargos públicos posibles excepto el de presidente de la República, que este individuo y sus amigos crearon una organización secreta dentro de los servicios de información militar y civil llamada Annelo, que de acuerdo con un general aristocrático llamado Borghese, habían creado un entramado golpista con la cúpula de la OTAN, llamado Red Gladius, para incluir a Italia en el grupo de dictaduras militares del sur de Europa junto a Grecia, España y Portugal, y que para esos fines mantenían una negociación confusa con la Mafia siciliana, instalada a la vez en los Estados Unidos, en Marsella, y que era clave en los movimientos del dinero negro en medio mundo, y que al final los hechos se escaparon de las manos de sus brutales protagonistas y acabaron en los asesinatos del jefe de la Democracia Cristiana, Aldo Moro, del papa Juan Pablo I, de varios de los banqueros más importantes de Italia, el atentado de la estación de Bolonia, con más de ochenta muertos nunca explicado a la ciudadanía y nunca aclarado quienes lo cometieron, pero que provocó un ambiente de profunda desestabilización, y al final el desastre generalizado llevó a la desaparición de la Democracia Cristiana, la liquidación del Partido Socialista, cuyo líder murió en el exilio perseguido por la Interpol, la muerte del poderosos Partido Comunista, que era curiosamente el único no envuelto en los escándalos y crímenes de Estado, y profundos cambios en la cúpula del Vaticano, que incluyeron la toma de las riendas del poder por unas organizaciones político-religiosas fundamentalistas que fueron la clave de la caída de los regímenes comunistas de Europa.
Recordemos que al final el Sr. Gelli se exilió en Suiza, fue condenado por la Justicia italiana in absentia por diversos crímenes, y años después volvió a Italia y hoy, ya anciano reside tan tranquilo en su lujosa villa de la Toscana sin que nunca haya tenido que pisar cárceles. Que el arzobispo Marcinkus, jefe del entramado vaticano que acabó en el asesinato del recién nombrado papa, y la eliminación de los dos banqueros principales de la banca vaticana, se retiró a su país de origen sin que nadie haya dado desde entonces razón de él, salvo saber que falleció en 2006 en su villa de Sun City, Arizona, protegido por su pasaporte diplomático italiano. Que Andreotti fue juzgado por todo tipo de corruptelas años después cuando los jueces comprobaron que sus demostrados delitos estaban curiosamente prescritos y vive pacíficamente su ancianidad en su acogedora casa de Italia, que los jefes de la Mafia siciliana siguen siendo la clave principal del control de regiones enteras y del blanqueo del dinero de la droga de medio mundo y aunque a veces se detiene a algunos de sus principales capos, siguen gobernando igual su imperio sin cortapisas, que el juez que decidió poner fin a esta situación de poder de la Mafia le asesinaron junto a su esposa pocos años después. Que del general Borghese nunca más se supo, que algunos de sus secuaces militares acabaron exiliados en la España del dictador Franco, etc., etc., etc.
Y sobre todo que el poder político se reestructuró nada menos que por un tipo de inmensa y notoria inmoralidad llamado Silvio Berlusconi, magnate del fútbol, la televisión y archimillonario. Y así hemos llegado al caos actual,
¿Cuál ha sido el cambio? Pues se reduce a lo siguiente. En la Italia de los 60 la sociedad civil era una de las más fuertes del mundo. Había mucha corrupción, tal como hemos indicado, pero tenía enfrente una conciencia social y ciudadana tremenda. La movilización ciudadana era continua y la población exigía honestidad pública.
Ahora, en la era Berlusconi, la corrupción es lo obvio, la política tiene como fin enriquecer a los políticos profesionales, la Mafia actúa perfectamente integrada en ayuntamientos, regiones y hasta la cúpula del poder político, el Vaticano sigue siendo un nido de escándalos, corruptelas y poder político en medio mundo, y lo que resulta ridículo es considerar la política con un fin diferente al enriquecimiento privado y la corruptela. Se aplaude la corrupción y se defiende públicamente ese estado de cosas, y se permite tener un gobierno no elegido democráticamente y cuando se hacen elecciones se vota al propio Berlusconi e incluso a un par de millonarios que se declaran oscuramente antisistema cuando son una de las partes más penosas del propio sistema.
Y volviendo a la casa nuestra, lamentablemente nadie sabe quienes gobiernan el entramado del poder político.  Bárcenas parece un simple arribista del modelo Zaplana, Naseiro, etc., Rajoy y Aznar son dos tipos mediocres, vanidosos y sumamente vulgares sin más pensamiento que el heredado de su jefe Fraga, que a su vez era un simple peón del dictador Franco y su entramado de poder, ¿Quiénes podrían ser esos posibles desconocidos todavía detrás de ellos? ¿Quién es nuestro general Borghese? ¿Quién puede poner en duda la existencia del plan B de la OTAN para el caso de que la  situación empiece a irse de las manos en el sur de Europa, y en particular en España? ¿Alguien duda de que entre la muchedumbre de irritados ciudadanos no hay ya un buen puñado pensando en cómo organizar la resistencia armada en plazos verdaderamente breves? ¿Y que esos grupos aún nonatos son carnaza para los servicios secretos de medio mundo y especialmente para los de la Guardia Civil y el Ejército? ¿A alguien le puede extrañar que ETA no tenga el menor interés en entregar las armas?
El gran muñidor fue Fraga, que organizó y controló todos esos conjuntos de fuerzas dispares durante años con la benevolencia y buen hacer de un Partido Socialista que sólo buscaba un hueco donde medrar. Cierto que los gobiernos socialistas hicieron cambios profundos en el ámbito social, todos ahora camino de desaparecer sin que ningún partido socialista se oponga, entre otras cosas por estar tan pringados en demasiadas corruptelas como el PP, pero los cambios en la economía de aquellos González, Boyer, Solchaga, y su cohorte de buenos banqueros, buenos amos de la obra pública y las promotoras inmobiliarias, y de la corrupción en el ejército y la guardia civil, fueron nefastos para esa misma ciudadanía a la que a cambio le daban un colchón social que hoy se quita sin más y ellos reducen su protesta a hipócritas aspavientos.
En eso estamos. Aunque ni de lejos estos sacamentecas locales les llegan a la suela de los zapatos a nuestros vecinos. No en vano preguntaron al propio Andreotti en los años 80 sobre lo que le parecían los políticos españoles de la transición, y él, siempre astuto, contestó: “manca finezza”. Y sigue faltando, si bien y como justa compensación, también falta ahora en la tierra de Andreotti.
Esa es la realidad y éste el principio de algo que acabará bastante peor que lo de la Italia y el Vaticano de los 60 y 70, pero que se parecerá mucho en lo de que algunos de los actuales protagonistas de la más repugnante vida pública deberán desaparecer y callar para siempre, y otros tener un lujoso retiro, incluso en Marbella. ¿O no?