domingo, 30 de octubre de 2011

LAS BUENAS INTENCIONES

Estamos de buenas y grandes propuestas: El PP propone crear millones de puestos de trabajo por el sencillo sistema de crear previamente un simple millón de puestos de empresarios que a su vez habrán de contratar cada uno a unos tres trabajadores. Digamos que es algo imaginativo y de fina elaboración económico-intelectual. Vamos, que están pensando que si cuela, cuela.
Pero el PSOE está ofreciendo otra interesante solución: crear puestos de trabajo abaratando la contratación ¿Nos lo podrían explicar con números? ¿quieren decir que los empresarios van a dejar de tener que pagar la seguridad social? ¿quieren decir que van a incrementar aún más los contratos basura? ¿o que pretenden dar subvenciones a los patronos en vez de mantener el paro a los trabajadores sin trabajo?
Grandes soluciones vacuas, mentiras de andar por casa, propaganda para convencidos, pero nada que pueda ofrecer fórmulas sobre las que discutir en serio.
Y además se plantean muy seriamente lo que consideran la piedra clave de la economía nacional: el crédito. Lo único que realmente importa es que los bancos vuelvan a dar crédito a los empresarios. Curioso que las preocupaciones de ambos partidos sean siempre las que les producen el buen cuidado de los empresarios y los bancos, y raramente las de los trabajadores, por algo será.
Así que de lo de crear puestos de trabajo es mejor que nos vayamos olvidando, la oportunidad se perdió hace ya más de diez años, y ahora es demasiado tarde para recuperar esa opción.
El ahorro privado y familiar permitía dos opciones: invertirlo en formación, en empresas nuevas, en trabajo, en comercio, etc., o en ladrillos. Ningún gobierno dudó cual era la opción más cómoda, fácil y miserable, y así decidieron que para qué trabajar en cosas complicadas cuando lo del ladrillo resulta sencillísimo, sólo requiere suficiente numero de currantes de baja formación, y de vividores que de carpetovetónicos poceros pasen a convertirse por el beso de la ranita milagrosa (¿o era de la princesa a la ranita?) en importantes empresarios inmobiliarios, y que eso se mantenga durante suficiente tiempo, y adobarlo con una loable política dedicada a darle a la fábrica de hacer interesados e interesantes amigos desde todos los ayuntamientos de España. Bingo.
Si durante los años de dinero fácil se hubiera empujado desde los poderes públicos al ahorro familiar a la inversión en estudios para los hijos, en investigación, en crear pequeñas empresas, en estructurar comercio, abrir la producción local a otros países, etc., en vez de impulsar la compra especulativa de apartamentos, ahora hasta podría ser posible mantenerse medio a flote en medio de la crisis, ya que el país es económicamente grande y tiene cierta infraestructura funcionando. Pero aquel ahorro no era más que una pequeña parte del dinero real que había, y la especulación inmobiliaria se hacía sin dinero real, se hacía con puro crédito bancario sin respaldo.
La conclusión es simple: es mejor avanzar paso a paso que dar saltos en el vacío, pero resulta aburrido, lento, poco atractivo, sobre todo para dirigentes políticos y empresarios manifiestamente idiotas, (del DRAE: Idiota: del latín idiota, y este del griego ίδιώτης. 1. Que padece de idiocia. 2. Que carece de toda instrucción. 3. Persona engreída sin fundamento para ello. 4. Tonto, corto de entendimiento). Elija el lector la acepción, una o varias, que le parezca que se ajusta mejor, salvando obviamente la primera.
Ahora es tarde para rectificar. Todo el que se ajusta a la estricta disciplina de la Sra.  Tatcher y el Sr. Reagan, y a la obediencia ciega al FMI y al Banco Mundial, ha elegido un camino sin vuelta posible. Y eso lo han hecho todos los gobiernos del mundo excepto los que por la excesiva pobreza de sus países no han podido ni planteárselo.
Así, que no prometan demasiadas tonterías. Agarre el gobierno el ultraneo PP, y la oposición el acomplejado PSOE, y acaben la tarea que entre ambos han comenzado. Nadie está en condiciones de ofrecer soluciones, pero ustedes menos que nadie.
No nos hablen de que los bancos van a dar crédito en cuanto ustedes les recen la novena de san Pancracio, nadie da crédito a una empresa que no vende nada de lo que produce, y el sesenta por ciento de las empresas de España se montaron sobre el bum de la construcción y ahora no pueden vender ni una escoba. Esa es la dura realidad, Ese tejido empresarial está literalmente condenado a desaparecer, y es ridículo que vayan a pedir créditos a unos bancos que tienen como principio fundacional dar crédito sólo a quien les garantice que lo va a devolver. Y sin vender, no se ingresa dinero fresco, y por tanto no se pueden devolver créditos. ¿Simple, no?
Dejen ya de prometer tontadas. Ni hay crédito, ni el dinero que le dan (le damos) a los bancos para eso de recapitalizarse va a ir más que a los bolsillos de los banqueros, locales o foráneos , ni hay industria competitiva suficiente para salir adelante, ni los parados podrán colocarse en nada en los próximos diez o quince años. Salvo que alguien piense en eso de colocarles de soldados en ejércitos patrióticos que resuelvan con más facilidad estos problemas.
Así que nos atrevemos a hacer una recomendación electoral: voten a los partidos que salgan a la palestra y que desde la tribuna pública proclamen humildemente “Nos hemos equivocado, somos los verdaderos culpables de este desastre, no mereceríamos más que la cárcel por lo que hemos hecho estos pasados años”.

sábado, 29 de octubre de 2011

LAS LECCIONES DE AMÉRICA LATINA



Siguiendo con las lecciones de América Latina, veamos quienes, cómo y con qué consecuencias llevaron al continente al descomunal fracaso económico, social y político de los años 80 y 90, y veamos cómo han ido saliendo esforzadamente de ese descomunal fracaso.
Bajo dictaduras o gobiernos de la derecha más rancia y oportunista se pusieron de rodillas ante el nuevo Gran Hermano: el Fondo Monetario Internacional, que les dio dos grandes recetas magistrales: liquidar el patrimonio nacional privatizando todas las propiedades del Estado, incluida la tierra, y obligarse a pagar sus deudas sean estas las que sean.
De su mano iban los grandes amigos del FMI: los agiotistas, los especuladores y los manipuladores. A sus espaldas y muy bien pertrechados, los agentes de seguridad USA, los gorilas locales y los paramilitares.
Los agiotistas internacionales no son como los de antaño. Ahora compran el 14 % de la cosecha mundial de café del próximo año, o el 8 % del cobre a extraer a un año vista, y deciden fríamente los precios mundiales de las materias primas y la alimentación. Los especuladores juegan con burbujas financieras creadas artificialmente en base a bajos o nulos intereses de los bancos centrales y provocan la aparición de deudas gigantescas que resultarán a la larga imposibles de pagar. Los manipuladores controlan por medio de inmensas redes montadas por los oligopolios mundiales, que los precios de las materias primas no puedan ser ajustados por los países productores. Muy pocas empresas tienen la capacidad de compra de materias primas a futuro y se pueden dar el lujo de marcar los precios a su antojo.
El caso del petróleo es típico. Todos los productores dependen para la extracción de unas pocas empresas petrolíferas que además controlan el transporte, el refino y hasta el menudeo. Naturalmente que gobiernos amigos y dóciles, cuyos dirigentes tienen pocas ganas de trabajar para sus pueblos y demasiadas de hacerse riquísimos, se ocupan de obedecer fielmente a esas empresas. De esta manera casi todos los países productores de petróleo venden a futuro, esto es venden el petróleo que se extraerá muchos meses después a los precios que deciden estas empresas para entonces, y que les permite a ellas imponer su máximo beneficio cuando pasados esos meses lo pongan en circulación. Pero no todos los productores actúan así: Los tres principales que se niegan a seguir este sistema y venden sólo a tocateja son Libia, Venezuela y Siria. Saque el lector las consecuencias que pueda pensar que se derivan de hechos demasiado recientes.
Y volviendo a América Latina. Después del gran descalabro, de la dura y difícil salida del caos, de la compleja y paciente reconstrucción de gobiernos democráticos y de izquierda, nos dirán dos buenos consejos: No se despatrimonialice nunca al Estado, y no se paguen necesariamente todas las deudas. Justo lo contrario de lo que está ahora haciendo a sangre y fuego toda Europa. Demasiado tarde le explicarán esto al Sr. Zapatero, que de todas las maneras no pensaba escucharles. Quizás sabiendo esto es por lo que no han ido a la reciente cumbre iberoamericana casi ninguno de los mandatarios de América Latina, que están muy ocupados sacando a sus países con mejor o peor fortuna del desastre al que les llevó el malhadado FMI. Y eso sin olvidar lo mal que sienta en esos países que la ya tan europea como norteamericana OTAN ocupe Irak, Libia o Afganistán para precisamente imponer a cañonazos las buenas doctrinas del FMI, porque al fin y al cabo Irak y Libia son dos de los mayores productores de petróleo mundiales y Afganistán la pieza clave para sacar de Asia Central sus inmensas reservas de gas y petróleo sin tener que pasar por Rusia.





jueves, 27 de octubre de 2011

EL LLANTO DEL BUEN BANQUERO


En medio de las ácidas polémicas sobre el euro, la recapitalización de la banca europea, la deuda soberana y tantas otras problemáticas cuestiones, surge una lucecita para el ciudadano de a pie.
Las últimas decisiones de la cumbre de Bruselas reciente exigen a los bancos españoles que demuestren que tienen en sus cajas dinero suficiente para hacer frente a sus obligaciones, y que en el caso –que es el caso- de no tenerlo lo consigan de donde sea de forma inmediata.
Total que los cinco grandes de nuestra amiga la banca española, tienen que agenciarse nada menos que veintiseis mil millones de euros ya mismo sacados de donde puedan para que el Banco Central Europeo les de cancha o les liquide por derribo negándoles el crédito fácil del que hasta ahora han estado disfrutando mientras los humildes ciudadanos no vemos un céntimo ni en foto.
A diferencia de los innumerables analistas, periodistas, políticos y financieros que se rasgan las vestiduras ante tamaña exigencia, hay que comprender que la inmensa mayoría de la ciudadanía no podemos menos que alegrarnos de ver como nuestros queridos banqueros han de tomar ahora la purga que nos han hecho tomar a nosotros toda la vida. Desde luego que todos debemos tener claro que cualquier cosa que perjudique aún mínimamente a un banquero es algo que necesariamente causará enorme alegría a cualquier persona decente.
Pero no somos tan inocentes como para creer que este nerviosismo de nuestros banqueros ante estas desproporcionadas e injustas exigencias son un triunfo de la ciudadanía. No son más que las imposiciones de los responsables de un mecanismo que se les está yendo de las manos a todos ellos, en realidad, el simulacro de dinero fácil inexistente que han estado organizando los últimos treinta años.
Y sin embargo cuando oímos a los banqueros gritar indignados que les están haciendo un atraco a mano armada, no podemos dejar de soltar nuestra gratificante sonrisa.
Y nos alegramos no sólo por verles airados contra semejante injusticia social, sino porque intuimos que algo se está derrumbando y que, total, a nosotros nos coge ya acostumbrados, pero a ellos se les complica un tanto la cosa.
Sería ridículo pensar que hay algo en la gran banca que no sea una estafa, un robo, un crimen, que nadie puede llegar a ser presidente de un gran banco si no está dispuesto en todo momento a asesinar a su padre y meter a su madre a un prostíbulo, ya que si dudara por un momento, tiene a su alrededor veinte o treinta fieles colaboradores que sin duda alguna están dispuestos a hacerlo, y que tienen como principal objetivo en su vida el de quitarse de en medio a su jefe y ocupar su lugar.
Así que ahora vamos a disfrutar de un nuevo y brillante espectáculo: Si hasta ahora ellos hacían de leones y nosotros de cristianos de circo, ahora nosotros –o lo que queda de nosotros- hacemos de espectadores y ellos de graciosos gladiadores matándose ente ellos para nuestro particular disfrute.
Políticos electoralistas, banqueros, especuladores internacionales, agiotistas, y sus corifeos de todo signo, acaban de inaugurar la segunda fase de la gran crisis. Nosotros, los ciudadanos, estamos ya al borde de la extinción, así que podemos ya empezar a pensar en la mucha razón que tuvo el melenudo Sansón cuando gritó aquello de muera Sansón y mueran los filisteos mientras contribuía empeñosa y decididamente a la caída del templo sobre las cabezas de ellos y de él mismo.



domingo, 23 de octubre de 2011

¡POR 30 €!

Me cuenta un ciudadano alemán, que en España existe un impuesto especial sólo para residentes extranjeros en España. Su cuantía es de 30 € al año, y obviamente no lo paga nadie.
Este ciudadano decidió con buena moral luterana que si hay un impuesto hay que pagarlo. Cuando le comunicó su decisión al carpetovetónico agente  local que llevaba sus papeles, este le dijo que para qué iba a pagar un impuesto que si bien existe, nadie lo paga nunca.
Se empeñó, y decidió rellenar los papeles que permitían hacerlo efectivo. Tuvo que desplazarse personalmente a diversas oficinas porque le aseguraron que no podía hacerse efectivo sin contar con su personación efectiva y real.   
Desde luego que no existe la reclamación previa del impuesto que por medios racionales indiquen al sujeto del tal que debe hacerlo efectivo, que ha de hacerlo en tal oficina, por tal banco, en tal fecha y con tal o cual documentación.
Esa ardua labor, que supuestamente le evitará recargos por impago, debe hacérsela el solito, personalmente, pero sabiendo que si no declara en tal oficina que es residente, que tiene tal o cual propiedad en tal sitio, que utiliza a tal o cual agencia de banco y que obra en su poder la documentación adecuada que demuestra todo eso y más, nadie le reclamará nunca el pago de tal impuesto.
Mi amigo, que no reside todo el año en España, pero está censado en nuestro pueblo, consiguió al cabo de muchos esfuerzos y tiempo que le diesen el visto bueno imprescindible para pagar su impuesto de 30 €, sabiendo que los atrasos no contaban porque habían preescrito y que el ingreso debería hacerlo vía Diputación Provincial en la capital de su provincia de 9 a 13 horas de lunes a viernes.
Pero justo en ese momento le informaron que el célere impuesto para extranjeros residentes se suprimiría en este mismo año. Ante él se abrían dos posibilidades: a saber, pagar el del año en curso o esperar hasta el vencimiento del año y nuevamente no tener obligación de pagar. En su férrea moral luterana y cívica decidió que lo suyo era pagar.
Entonces le informaron que el Estado por medio de su astuta Ministra de Hacienda había decidido que era mejor cobrar el impuesto que no cobrarlo, y que ahora pedía a todos los residentes extranjeros la certificación del Registro de la Propiedad donde constaría la inapelable obligación de pagar el impuestito de marras, repetimos 30 € al año por propietario residente.
Mi amigo había pagado ya y como es el caso de que es de profesión economista tuvo la curiosidad de dedicar algo de su tiempo a estudiar algunos datos del sistema impositivo español.
Descubrió que los dos países de la Comunidad Europea en los que menos recaudaba la Hacienda Pública eran curiosamente Grecia y España, que los ingresos previsibles de la Hacienda Pública española por el cobro de tal impuesto parecían ser mucho menores que el costo de cobrarlo, tanto, que cuando decidieron anularlo pensaron seguramente que era un absurdo despilfarro, pero que afortunadamente alguien debió advertirles que había cerca de un millón de residentes extranjeros con propiedad inmueble en España y que eso representaría a botepronto unos 30.000.000 € a tocateja más los atrasos reclamables por impago, por lo que ahora había decidido exigir el que se hiciera efectivo de forma perentoria, y que por fin, el tal impuesto seguía sin pagarlo nadie.
Su comentario se redujo a hacerme observar que aquí sólo pagan impuestos los pobres, y que eso no parece excesivamente bueno para la economía del país.
Y, por cierto, añadiremos: ¿no es ilegal cualquier discriminación referente a los ciudadanos de la Comunidad Europea residentes en cualquiera de los países que la componen?



jueves, 20 de octubre de 2011

¡VIVA LA OTAN Y VIVAN SUS BUENOS ALIADOS!

La anécdota que relato no es precisa ni en cuanto a las circunstancias ni a la fecha o lugar preciso, pero sí en cuanto a su esencia. La hago a vuelapluma y no tiene interés especial consultar ese tipo de datos cuando es bien conocida de una gran parte de la población americana.
Se cuenta que tras la batalla de Ayacucho alguien escribió en un muro de Lima

“ÚLTIMO DÍA DE DESPOTISMO”.

Pero siempre hay alguien que sabe por qué lucha y que analiza lo que ocurre. Al día siguiente se dice que bajo esa pintada alguien había añadido:

“Y PRIMERO DE LO MISMO”.

No es esto una defensa del lamentable populista coronel Ghadafi, es un recordatorio para tantos analistas entusiastas con no se sabe qué ideales confusos de difusas libertades en lugares lejanos.
Todavía estamos esperando ver a ese Irak libre y democrático, al menos tan democrático como los EEUU o la República Popular China, países que todos reconocemos de amplias libertades públicas ¿O no?
De la generosa ayuda de la OTAN, liberanus domine. Y por ahora, respiren profundo en Rota.

viernes, 14 de octubre de 2011

LA QUITA. 1

En anterior artículo decía que la salida de las crisis de América Latina comenzó por la decisión de aplicar fuertes quitas a las deudas de los países de éste área con la banca internacional. No quería decir que se debiera ir hacia esa fórmula, sino que inevitablemente se ha de ir hacia esa fórmula. O sea que nadie va a pagar todo lo que se debe, se quiera o no por parte de los banqueros acreedores.

Ahora se decide qué hacer con la deuda griega, sabiendo que no se va a pagar nunca. Algunos dicen que se tire Grecia a la basura, lo que representa repartirse el patrimonio público griego entre los acreedores. Pero ni eso cubriría la deuda actual superaumentada por la acumulación de intereses, ni existe más medio para aplicar una medida así de forma total y estricta que las Panzerdivisionen invadiendo nuevamente el país, lo que por ahora no es razonable.

La solución real es más graciosa, y la está estructurando el caso Dexia. Lo que no cobre este banco europeo de las deudas soberanas de los estados europeos, lo ponemos los ciudadanos de los países donde reside el banco, por medio de la división del banco en un subbanco que se queda los activos incobrables, que pasa a ser público y propiedad de los tres Estados en los que reside el banco, y en otro con los activos normales, que se vende a cualquier inversor internacional, obviamente por una cantidad mucho menor que lo que vale el banco malo. Con eso se evita una cosa muy interesante: la quiebra del actual Dexia.

No es muy original, aquí en España se ha hecho con varias cajas de ahorro, y lo único que ocurre es que nadie sabe por ahora qué hacer con los activos catastróficos de esos bancos malos resultantes.

Las quitas tienen cuatro ámbitos de existencia: las deudas familiares, las de empresas, las de los bancos, y la de los Estados. Están encadenadas fuertemente entre ellas y por tanto hay que decidir por donde empezar la toma de decisión.

Se puede comenzar por la quita que los bancos habrán de aceptar de los Estados, como parece que se está haciendo por necesidad, no por decisión consciente y voluntaria. El resultado es que los bancos acreedores le endosan a los Estados aún capaces de soportar esa carga la deuda fallida, y esos Estados la  endosan al menos la parte absolutamente imprescindible a su vez a la ciudadanía suprimiendo servicios y bienes sociales para utilizar ese dinero en cubrir al menos esa parte de esas deudas que impidan caer precisamente a ese banco.

La quita podría sin embargo comenzarse por la familiar, justo al contrario. Legislando para que los particulares que tienen inmensas deudas con los bancos, en general por medio de hipotecas, no puedan ser esquilmados por los bancos acreedores.

En primer lugar los particulares en paro habrían de tener un margen de mora en sus pagos, al menos del principal, mientras durase esa situación. En segundo lugar la dación habría de valer como pago total de la deuda engendrada desde la hipoteca. En tercer lugar debería legislarse la capacidad del deudor de cambiar, si no tiene otra posibilidad de pago, la deuda pendiente al plazo en que se encuentre, por deuda a muy largo plazo, del orden de los cien años, sin subir los intereses. En último lugar, siempre pueden legislarse formas de protección sobre el pequeño propietario, al menos de la casa familiar única y del local comercial singular, cargando las tintas más bien sobre las segundas viviendas. En último lugar, pero no por eso el menos importante, habría que legislar sobre la responsabilidad en tales hipotecas de las empresas inmobiliarias que les vendieron estas propiedades y de los bancos que les financiaron con pleno conciencia y conocimiento de que el hipotecado no podría a la larga soportar esos pagos, y que por tanto estaban llevándoles a firmar la devolución de dinero, para al final hacerse con el patrimonio inmobiliario del deudor, como así está siendo. En estos casos la legislación debería replantear las responsabilidades del deudor con la entidad financiera, si se puede demostrar que el banco y la inmobiliaria abusaron de la buena fe del hipotecado.

Al margen de estas medidas legales debería abrirse una durísima investigación fiscal y policial sobre los mediadores de los créditos hipotecarios a gentes de escasos medios económicos, los llamados prestamistas, actividad que estricto senso está prohibida, pero que en realidad ha sido el pan de cada día de los créditos hipotecarios a gentes de escasos recursos para la adquisición de primera y única vivienda.

Al fin y al cabo estamos hablando de una determinada concepción de la propiedad, una determinada concepción de la sociedad.



LA QUITA. 2

Las quitas sobre las deudas de las empresas tendrían que distinguir entre las empresas promotoras inmobiliarias, las multinacionales, las sociedades que no contienen empresa, como las sicav, y las demás. Esas “demás”, que son las empresas normales, tienen tanto el problema de financiación, como el de falta de pedidos, pero se está aceptando que el problema es la financiación, cuando en realidad es mucho más determinante el de la falta de pedidos.

Y cuando se analiza la falta de pedidos los analistas al uso concluyen muy equivocadamente que se debe impulsar el consumo, haciendo depender la producción del consumo, y no al revés.

La realidad es inexorable y sobran muchas de las empresas creadas o crecidas desmesuradamente al calor de la fiebre del ladrillo pasada. Sobran empresas que producen objetos absolutamente innecesarios, que cada día que pasa venden menos.

Como durante los pasados años se vendía todo, se favoreció la proliferación de empresas que no añadían nada que pudiera cubrir las necesidades reales de la sociedad. Sobran, pero no porque deban en todos los casos desaparecer, intenten las que puedan trasformarse con creatividad e imaginación, lo que en una sociedad adormecida como la nuestra es escasamente fiable o previsible.

Luego, la inmensa mayoría deberán desaparecer en muy breve periodo, y las consecuencias de estas desapariciones, además del paro y de las deudas impagables engendradas a proveedores, son las de la desaparición de objetos caros producidos desde ellas, por objetos de importación manufacturados en lugares como China, inmensamente más baratos, lo que crea incremento de la deuda estatal con estos países. No pasa nada por ello, pero convierte el país en un erial de producción, y a la economía en econosuya.

Sólo existe una solución real: producir aquí lo que no es fácil producir en China u otros lugares por falta de personal altamente cualificado y de tecnología de vanguardia. Es la solución a la que se han dedicado alemanes y otros países desde hace muchos años, y la que han despreciado todos los gobiernos españoles desde hace doscientos años. En medio del caos económico en el que estamos, o se enfoca ya esta línea o se sigue hacia abajo sin salida.

Y la otra alternativa real por ahora, la de los servicios y el turismo, piénsese que sólo será válida si la crisis no alcanza un nivel de desastre generalizado, lo que aún está por ver, ya que en ese punto esa alternativa se esfuma al no haber ni a quien prestarle tales servicios ni la seguridad que tales servicios exigirían.

Una vez más la discusión no se debería centrar sobre las hipotéticas salidas de la crisis, sino sobre la necesidad de cómo debe prepararse la ciudadanía para crear una sociedad que esté preparada para enfrentar una crisis de larga duración y dureza excepcional a nivel mundial.



LA QUITA. 3

Las empresas promotoras inmobiliarias tienen deudas gigantescas con los bancos, pero debe entenderse que estas deudas se deben a que los descomunales beneficios de estas empresas no han ido al ahorro en España ni a la capitalización, sino a la inversión en esos fondos internacionales que ofrecían beneficios gigantescos y que se esconden en paraísos fiscales creados ad hoc robando a manos llenas a todo el resto del mundo.

Se han ido más de la mitad de esos beneficios en dinero negro situado en esos mismos paraísos fiscales, y por tanto se han vuelto abiertamente irrecuperables, y una buena parte de esos beneficios en negro, han ido a parar a manos de alcaldes, concejales, consejeros y funcionarios que o lo tienen bajo una baldosa o lo han gastado en coches de alta gama y viajes a Tailandia, cosas en general contrarias a cualquier sentido de inversión o ahorro. Esta es una de las dos grandes masas de dinero perdido por la sociedad gracias a la hábil conjunción de la burbuja financiera y la burbuja inmobiliaria que nos ha convertido en uno de los Estados más débiles ante la crisis.

Por tanto la quita de las empresas promotoras inmobiliarias es un problema financiero y bancario, y no puede ser resuelto sin un cambio profundo en la regularización de los activos de bancos e inmobiliarias. Si las propiedades en que se respaldan esos créditos no valen ni la mitad de lo que representan en las escrituras hipotecarias, no debe olvidarse que se registraron en los Registros de la propiedad muy por debajo de su valor hipotecario, y desde luego del precio real en su momento.

Nadie registraba la compraventa de casas o terrenos por el valor que realmente pagaba, todo promotor exigía cobrar la mitad en negro y la mitad por el precio registral ante notario, y todos los bancos daban hipotecas de más del treinta por ciento del valor registral del bien hipotecado y cubrían aún las diferencias que pudieran quedar con créditos personales. Ahora toda esa montaña de mentiras se derrumba y nadie puede pagar lo que debe. Nadie excepto los propietarios de las promotoras y los de los bancos, que naturalmente que podrían pero que no piensan hacerlo bajo ningún concepto.

El error está en trabajar sobre la hipótesis de que la economía mundial se mueve sobre las cifras oficiales con ligeras variantes. ¿Cómo ocultar que la economía mundial se mueve sobre la doble contabilidad? Por un lado se puede hablar de las cifras reales y por otro de las oficiales. La reales incluyen las oficiales y, aunque nadie lo puede calcular con certeza, la mitad de la economía mundial, el llamado dinero negro, o incluso, dicho más prudentemente, la suma del dinero negro y el amablemente llamado dinero opaco.

Cuando hablamos de la pequeña economía de cada ciudadano, del comerciante de la esquina, del autónomo, del trabajador, del funcionario, hablamos de números que se incluyen irremisiblemente en la economía oficial. Cuando hablamos de bancos, promotoras inmobiliarias, multinacionales, sicavs, petróleo, etc., hablamos directamente de economía mundial real, o sea de dinero negro.

Ahí se acaba la capacidad de análisis de los grandes especialistas, de los analistas y de la política. Ahí comienza la trama real de la economía. Ahí debe detenerse todo intento de aclarar la situación.

En conclusión, hay que pensar que todos participamos de la economía real, y que las innumerables aportaciones particulares van dirigidas a alimentar ese mecanismo por el cual el dinero desaparece en el agujero negro de la economía de altos vuelos, esto es, de las grandes corporaciones, de los agiotistas, de los bancos las promotoras inmobiliarias, las sicavs, las comisiones del petróleo y el comercio de armas y de la droga.

Y mientras, todos haciendo el ridículo discutiendo acerca de cómo salir de una crisis que en realidad es sólo el síntoma más externo de que el mundo está cambiando muy profundamente. El esqueleto de la sociedad, esto es, el Derecho, tal como lo hemos concebido desde Roma y desde Napoleón, ha quebrado. El Derecho ya no está dedicado a articular las relaciones de propiedad, sino que la propiedad está dedicada a articular las relaciones de derecho. Esto ocurre en la historia siempre que la sociedad es débil y el poder despótico. Cuando la ciudadanía es poderosa y se enfrenta con decisión al poder, el derecho que emana de esa sociedad es el que sujeta a la propiedad, y no se deja sujetar por ella. Eso es algo parecido a una verdadera revolución y ocurre sólo de muy tarde en tarde. Ese sí que es el cambio profundo, y su contrario, en la actualidad aplastantemente dominante, es el más claro síntoma de esta actual crisis sistémica.
















jueves, 6 de octubre de 2011

LOS BUENOS BANQUEROS

Miopes o hipócritas, o las dos cosas a la vez, los grandes dirigentes mundiales nos proponen ahora que va a resultar inevitable dar a los grandes bancos europeos varios miles de millones de euros de los que los gobiernos reciben de la ciudadanía en forma de impuestos supuestamente dedicados a hospitales, carreteras, escuelas, o eficacia administrativa.

Igualmente desde todos los poderes mundiales le dicen a Grecia que siga despidiendo empleados públicos, siga vendiendo patrimonio nacional y siga reduciendo sanidad, pensiones y salarios para poder pagar a los bancos el dinero que le han prestado en el pasado con sus correspondientes intereses. Dinero que los bancos suponemos que le prestaron al Estado griego porque les daba la gana de prestárselo, sabiendo, como sabían, que ninguna economía del área mediterránea resultaba sostenible indefinidamente en medio de la especulación financiera, inmobiliaria y de la corrupción generalizada.

Y aparece el organismo encargado de hundir las economías de todos los países pobres del mundo, llamado curiosamente Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, y corrobora los análisis de estos grandes dirigentes añadiendo que lo único que importa es el beneficio de los bancos, porque sin ellos el sistema no es viable y la economía mundial se vendría abajo.

Y cómo es algo diáfano que Grecia no podrá pagar nunca a la banca internacional los créditos vencidos, se comienza a hablar de que si se quiere cobrar será inevitable la condonación de parte de la deuda, una quita significativa, y eso es ahora el gran tema de debate de las grandes cabezas dirigentes del planeta.

Veamos los precedentes. En los años setenta, ochenta y noventa, con la gran oleada de neoliberalismo salvaje los ciudadanos ricos de los países latinoamericanos se dedicaron a comprar de todo, las divisas precisas para esas compras se hicieron vendiendo petróleo, según se dice oficialmente, y además coca según todo el mundo sabe.

Naturalmente que esas compras representaron cierto impulso a las economías locales, hubo que implementar plantas de montaje, fábricas, estructuras tecnológicas e infraestructuras, pagadas generalmente con lo mismo, con petróleo y algo más. Pero nunca se implementaron verdaderas estructuras de desarrollo porque faltaba lo principal, el valor añadido que da la tecnología y la formación universitaria. Los profesionales preferían irse a trabajar a los EEUU a quedarse en sus países investigando o ideando producción rentable ya que sus países no les ofrecían ni medios, ni garantías, ni estructuras, y porque nadie pensó en dotar a esos países del preciso universo de formación e investigación, en suma, de poner el dinero no a disposición del consumo sino del futuro. Esa era, y sigue siendo, la única teoría admitida por el neoliberalismo absolutamente dominante.

El resultado lo conocemos bien: la ruina más absoluta de países de enorme riqueza natural. Todos fueron a la ruina, y en medio de esa ruina las dictaduras más brutales surgieron como setas y acabaron el trabajo del Fondo Monetario Internacional. Se tardó un cuarto de siglo en comenzar a salir de ese desastre.

Primero fue preciso ir deshaciendo la barbarie fascista y militarista, lo que costó enormes sufrimientos a todos los países y situaciones de tremenda convulsión. En realidad miles de muertos, miseria y destrozo social y económico.

Luego, gobiernos más democráticos e incluso populares se enfrentaron a la ruina, a la gigantesca deuda exterior de estos países, y poco a poco todos fueron tomando la misma resolución con variantes no significativas: No pagar. Comenzó Argentina, Venezuela, etc.

El argumento era obvio, entre ser pobres pagando o ser igual de pobres sin pagar no vale la pena dudar.

El resultado fue espectacular. La banca internacional aceptó sin dudarlo quitas del cuarenta y cincuenta por ciento de las deudas. Mejor cobrar algo que no cobrar nada. La media de la quita en el total de las economías latinoamericanas fue de aproximadamente el treinta por ciento.

El resultado añadido ha sido doble: por un lado la proliferación de gobiernos populares, e incluso de un caudillismo cesarista en cada vez más países del área, y el caos más absoluto en los países clave del comercio de la coca: especialmente en México y Colombia, ya que el pago de las deudas se hace en parte en blanco vendiendo petróleo, en parte en negro con las comisiones del petróleo, y en parte en negrísimo vendiendo coca.

Pero las economías de Latinoamérica se van lentamente recuperando, sin salir de la pobreza, pero con cierto orden, y las deudas quedaron para siempre sin pagar.

Pues en la Europa de hoy las deudas superan en más del doble las que llegaron a tener los países más endeudados de América Latina, las quitas que se proponen son casi la mitad de las que se acabaron imponiendo en América Latina, y los movimientos sociales se están produciendo en los países que tienen los trabajadores mejor organizados del mundo, aunque sea en sindicatos vendidos y francamente degenerados, pero con un poder descomunal.

Estúdiese la interesante lección.