viernes, 14 de octubre de 2011

LA QUITA. 3

Las empresas promotoras inmobiliarias tienen deudas gigantescas con los bancos, pero debe entenderse que estas deudas se deben a que los descomunales beneficios de estas empresas no han ido al ahorro en España ni a la capitalización, sino a la inversión en esos fondos internacionales que ofrecían beneficios gigantescos y que se esconden en paraísos fiscales creados ad hoc robando a manos llenas a todo el resto del mundo.

Se han ido más de la mitad de esos beneficios en dinero negro situado en esos mismos paraísos fiscales, y por tanto se han vuelto abiertamente irrecuperables, y una buena parte de esos beneficios en negro, han ido a parar a manos de alcaldes, concejales, consejeros y funcionarios que o lo tienen bajo una baldosa o lo han gastado en coches de alta gama y viajes a Tailandia, cosas en general contrarias a cualquier sentido de inversión o ahorro. Esta es una de las dos grandes masas de dinero perdido por la sociedad gracias a la hábil conjunción de la burbuja financiera y la burbuja inmobiliaria que nos ha convertido en uno de los Estados más débiles ante la crisis.

Por tanto la quita de las empresas promotoras inmobiliarias es un problema financiero y bancario, y no puede ser resuelto sin un cambio profundo en la regularización de los activos de bancos e inmobiliarias. Si las propiedades en que se respaldan esos créditos no valen ni la mitad de lo que representan en las escrituras hipotecarias, no debe olvidarse que se registraron en los Registros de la propiedad muy por debajo de su valor hipotecario, y desde luego del precio real en su momento.

Nadie registraba la compraventa de casas o terrenos por el valor que realmente pagaba, todo promotor exigía cobrar la mitad en negro y la mitad por el precio registral ante notario, y todos los bancos daban hipotecas de más del treinta por ciento del valor registral del bien hipotecado y cubrían aún las diferencias que pudieran quedar con créditos personales. Ahora toda esa montaña de mentiras se derrumba y nadie puede pagar lo que debe. Nadie excepto los propietarios de las promotoras y los de los bancos, que naturalmente que podrían pero que no piensan hacerlo bajo ningún concepto.

El error está en trabajar sobre la hipótesis de que la economía mundial se mueve sobre las cifras oficiales con ligeras variantes. ¿Cómo ocultar que la economía mundial se mueve sobre la doble contabilidad? Por un lado se puede hablar de las cifras reales y por otro de las oficiales. La reales incluyen las oficiales y, aunque nadie lo puede calcular con certeza, la mitad de la economía mundial, el llamado dinero negro, o incluso, dicho más prudentemente, la suma del dinero negro y el amablemente llamado dinero opaco.

Cuando hablamos de la pequeña economía de cada ciudadano, del comerciante de la esquina, del autónomo, del trabajador, del funcionario, hablamos de números que se incluyen irremisiblemente en la economía oficial. Cuando hablamos de bancos, promotoras inmobiliarias, multinacionales, sicavs, petróleo, etc., hablamos directamente de economía mundial real, o sea de dinero negro.

Ahí se acaba la capacidad de análisis de los grandes especialistas, de los analistas y de la política. Ahí comienza la trama real de la economía. Ahí debe detenerse todo intento de aclarar la situación.

En conclusión, hay que pensar que todos participamos de la economía real, y que las innumerables aportaciones particulares van dirigidas a alimentar ese mecanismo por el cual el dinero desaparece en el agujero negro de la economía de altos vuelos, esto es, de las grandes corporaciones, de los agiotistas, de los bancos las promotoras inmobiliarias, las sicavs, las comisiones del petróleo y el comercio de armas y de la droga.

Y mientras, todos haciendo el ridículo discutiendo acerca de cómo salir de una crisis que en realidad es sólo el síntoma más externo de que el mundo está cambiando muy profundamente. El esqueleto de la sociedad, esto es, el Derecho, tal como lo hemos concebido desde Roma y desde Napoleón, ha quebrado. El Derecho ya no está dedicado a articular las relaciones de propiedad, sino que la propiedad está dedicada a articular las relaciones de derecho. Esto ocurre en la historia siempre que la sociedad es débil y el poder despótico. Cuando la ciudadanía es poderosa y se enfrenta con decisión al poder, el derecho que emana de esa sociedad es el que sujeta a la propiedad, y no se deja sujetar por ella. Eso es algo parecido a una verdadera revolución y ocurre sólo de muy tarde en tarde. Ese sí que es el cambio profundo, y su contrario, en la actualidad aplastantemente dominante, es el más claro síntoma de esta actual crisis sistémica.
















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