Miopes o hipócritas, o las dos cosas a la vez, los grandes dirigentes mundiales nos proponen ahora que va a resultar inevitable dar a los grandes bancos europeos varios miles de millones de euros de los que los gobiernos reciben de la ciudadanía en forma de impuestos supuestamente dedicados a hospitales, carreteras, escuelas, o eficacia administrativa.
Igualmente desde todos los poderes mundiales le dicen a Grecia que siga despidiendo empleados públicos, siga vendiendo patrimonio nacional y siga reduciendo sanidad, pensiones y salarios para poder pagar a los bancos el dinero que le han prestado en el pasado con sus correspondientes intereses. Dinero que los bancos suponemos que le prestaron al Estado griego porque les daba la gana de prestárselo, sabiendo, como sabían, que ninguna economía del área mediterránea resultaba sostenible indefinidamente en medio de la especulación financiera, inmobiliaria y de la corrupción generalizada.
Y aparece el organismo encargado de hundir las economías de todos los países pobres del mundo, llamado curiosamente Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial, y corrobora los análisis de estos grandes dirigentes añadiendo que lo único que importa es el beneficio de los bancos, porque sin ellos el sistema no es viable y la economía mundial se vendría abajo.
Y cómo es algo diáfano que Grecia no podrá pagar nunca a la banca internacional los créditos vencidos, se comienza a hablar de que si se quiere cobrar será inevitable la condonación de parte de la deuda, una quita significativa, y eso es ahora el gran tema de debate de las grandes cabezas dirigentes del planeta.
Veamos los precedentes. En los años setenta, ochenta y noventa, con la gran oleada de neoliberalismo salvaje los ciudadanos ricos de los países latinoamericanos se dedicaron a comprar de todo, las divisas precisas para esas compras se hicieron vendiendo petróleo, según se dice oficialmente, y además coca según todo el mundo sabe.
Naturalmente que esas compras representaron cierto impulso a las economías locales, hubo que implementar plantas de montaje, fábricas, estructuras tecnológicas e infraestructuras, pagadas generalmente con lo mismo, con petróleo y algo más. Pero nunca se implementaron verdaderas estructuras de desarrollo porque faltaba lo principal, el valor añadido que da la tecnología y la formación universitaria. Los profesionales preferían irse a trabajar a los EEUU a quedarse en sus países investigando o ideando producción rentable ya que sus países no les ofrecían ni medios, ni garantías, ni estructuras, y porque nadie pensó en dotar a esos países del preciso universo de formación e investigación, en suma, de poner el dinero no a disposición del consumo sino del futuro. Esa era, y sigue siendo, la única teoría admitida por el neoliberalismo absolutamente dominante.
El resultado lo conocemos bien: la ruina más absoluta de países de enorme riqueza natural. Todos fueron a la ruina, y en medio de esa ruina las dictaduras más brutales surgieron como setas y acabaron el trabajo del Fondo Monetario Internacional. Se tardó un cuarto de siglo en comenzar a salir de ese desastre.
Primero fue preciso ir deshaciendo la barbarie fascista y militarista, lo que costó enormes sufrimientos a todos los países y situaciones de tremenda convulsión. En realidad miles de muertos, miseria y destrozo social y económico.
Luego, gobiernos más democráticos e incluso populares se enfrentaron a la ruina, a la gigantesca deuda exterior de estos países, y poco a poco todos fueron tomando la misma resolución con variantes no significativas: No pagar. Comenzó Argentina, Venezuela, etc.
El argumento era obvio, entre ser pobres pagando o ser igual de pobres sin pagar no vale la pena dudar.
El resultado fue espectacular. La banca internacional aceptó sin dudarlo quitas del cuarenta y cincuenta por ciento de las deudas. Mejor cobrar algo que no cobrar nada. La media de la quita en el total de las economías latinoamericanas fue de aproximadamente el treinta por ciento.
El resultado añadido ha sido doble: por un lado la proliferación de gobiernos populares, e incluso de un caudillismo cesarista en cada vez más países del área, y el caos más absoluto en los países clave del comercio de la coca: especialmente en México y Colombia, ya que el pago de las deudas se hace en parte en blanco vendiendo petróleo, en parte en negro con las comisiones del petróleo, y en parte en negrísimo vendiendo coca.
Pero las economías de Latinoamérica se van lentamente recuperando, sin salir de la pobreza, pero con cierto orden, y las deudas quedaron para siempre sin pagar.
Pues en la Europa de hoy las deudas superan en más del doble las que llegaron a tener los países más endeudados de América Latina, las quitas que se proponen son casi la mitad de las que se acabaron imponiendo en América Latina, y los movimientos sociales se están produciendo en los países que tienen los trabajadores mejor organizados del mundo, aunque sea en sindicatos vendidos y francamente degenerados, pero con un poder descomunal.
Estúdiese la interesante lección.
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