jueves, 27 de octubre de 2011

EL LLANTO DEL BUEN BANQUERO


En medio de las ácidas polémicas sobre el euro, la recapitalización de la banca europea, la deuda soberana y tantas otras problemáticas cuestiones, surge una lucecita para el ciudadano de a pie.
Las últimas decisiones de la cumbre de Bruselas reciente exigen a los bancos españoles que demuestren que tienen en sus cajas dinero suficiente para hacer frente a sus obligaciones, y que en el caso –que es el caso- de no tenerlo lo consigan de donde sea de forma inmediata.
Total que los cinco grandes de nuestra amiga la banca española, tienen que agenciarse nada menos que veintiseis mil millones de euros ya mismo sacados de donde puedan para que el Banco Central Europeo les de cancha o les liquide por derribo negándoles el crédito fácil del que hasta ahora han estado disfrutando mientras los humildes ciudadanos no vemos un céntimo ni en foto.
A diferencia de los innumerables analistas, periodistas, políticos y financieros que se rasgan las vestiduras ante tamaña exigencia, hay que comprender que la inmensa mayoría de la ciudadanía no podemos menos que alegrarnos de ver como nuestros queridos banqueros han de tomar ahora la purga que nos han hecho tomar a nosotros toda la vida. Desde luego que todos debemos tener claro que cualquier cosa que perjudique aún mínimamente a un banquero es algo que necesariamente causará enorme alegría a cualquier persona decente.
Pero no somos tan inocentes como para creer que este nerviosismo de nuestros banqueros ante estas desproporcionadas e injustas exigencias son un triunfo de la ciudadanía. No son más que las imposiciones de los responsables de un mecanismo que se les está yendo de las manos a todos ellos, en realidad, el simulacro de dinero fácil inexistente que han estado organizando los últimos treinta años.
Y sin embargo cuando oímos a los banqueros gritar indignados que les están haciendo un atraco a mano armada, no podemos dejar de soltar nuestra gratificante sonrisa.
Y nos alegramos no sólo por verles airados contra semejante injusticia social, sino porque intuimos que algo se está derrumbando y que, total, a nosotros nos coge ya acostumbrados, pero a ellos se les complica un tanto la cosa.
Sería ridículo pensar que hay algo en la gran banca que no sea una estafa, un robo, un crimen, que nadie puede llegar a ser presidente de un gran banco si no está dispuesto en todo momento a asesinar a su padre y meter a su madre a un prostíbulo, ya que si dudara por un momento, tiene a su alrededor veinte o treinta fieles colaboradores que sin duda alguna están dispuestos a hacerlo, y que tienen como principal objetivo en su vida el de quitarse de en medio a su jefe y ocupar su lugar.
Así que ahora vamos a disfrutar de un nuevo y brillante espectáculo: Si hasta ahora ellos hacían de leones y nosotros de cristianos de circo, ahora nosotros –o lo que queda de nosotros- hacemos de espectadores y ellos de graciosos gladiadores matándose ente ellos para nuestro particular disfrute.
Políticos electoralistas, banqueros, especuladores internacionales, agiotistas, y sus corifeos de todo signo, acaban de inaugurar la segunda fase de la gran crisis. Nosotros, los ciudadanos, estamos ya al borde de la extinción, así que podemos ya empezar a pensar en la mucha razón que tuvo el melenudo Sansón cuando gritó aquello de muera Sansón y mueran los filisteos mientras contribuía empeñosa y decididamente a la caída del templo sobre las cabezas de ellos y de él mismo.



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