viernes, 27 de abril de 2012

¿PERO, DÓNDE ESTÁ EL DINERO?

Resulta que ahora somos muy pobres y hace pocos años éramos muy ricos. Esto quiere decir que hace unos años teníamos mucho dinero y ahora ya no lo tenemos. La conclusión es obvia ¿Dónde está ahora ese dinero?
Pero como ahora somos muy pobres el gobierno nos dice que tenemos que pagar las deudas pendientes todos los ciudadanos, ya que es el país el que es pobre. No nos explican en qué proporción hemos de pagar cada uno, más aún nos dicen que los más ricos deben pagar poco o incluso nada y los más pobres todo. Curioso.
E incluso que los más ricos que hayan delinquido acumulando dinero negro, no tendrán problemas con la justicia porque eso son pecadillos de poca monta comparados con las necesidades actuales del país. Más curioso aún.
Los buenos ciudadanos debemos en estas circunstancias ayudar con el mayor entusiasmo al gobierno y darles las pistas de las que disponemos sobre este curioso problema.
Lo primero es averiguar de dónde salía ese dinero que llovía sobre el país aquellos años como un maná celestial.
Sabemos porque es dónde íbamos a buscarlo que una buena parte salía de los bancos que lo prestaban a bajo interés y larguísimos plazos. Otra parte salía de los empresarios que contrataban trabajadores y les pagaban salarios muy bajos por trabajos poco especializados y de escasa productividad o valor añadido. Otra parte salía de la nada.
Y esa nada se llamaba especulación inmobiliaria.
Especular es un término que proviene de la palabra latina speculari, que tiene la misma raíz que speculum,  que como es evidente significa espejo. Con ese término se quiere indicar un curioso juego: se ponen dos espejos casi paralelos y en medio una moneda de 1 €, se mira uno de los espejos y en él se verán montones de euros, aunque fijándose bien lo único que pasa es que lo que se ve es un puro reflejo multiplicado indefinidamente, y haber, lo que se dice haber, solo está realmente el que hemos colocado en medio.
Traducido a nuestra economía bancaria-ladrillera, esto quiere decir que un grupo muy reducido, de unos miles de individuos, ponían un ladrillo entre los dos espejos, y en vez de conseguir colocarlo en el mercado por el precio de un ladrillo, lo conseguían colocar por el precio de un bloque de apartamentos, y mientras más te fijabas en cada espejo, más bloques surgían de la nada económica. Quitados los dos espejos, que es la actual situación, sólo queda el mísero ladrillo, por su precio de un ladrillo puro y duro.
En consecuencia, los bancos, las promotoras inmobiliarias y los especuladores aficionados, tienen ahora cada uno sus dos o tres ladrillos por su precio de mercado de dos o tres ladrillos, y ese dinero que dicen que tenían ni existe ahora ni ha existido nunca. Luego ese falso dinero no lo hemos perdido todos los ciudadanos, sino sola y exclusivamente ellos. Declárense en quiebra y tiren sus libros de contabilidad a la basura. Ellos puede ser que sean ahora pobres, que no lo son, pero sólo a ellos se les puede mirar a la hora de pagar sus créditos y sus trapicheos. Y si no pueden pagarlos, vayan a la cárcel o suicídense, que a los demás hasta nos darán una alegría en tiempos tan duros como estos.
Con esta sencilla solución ya hemos eliminado, según los cálculos más fiables, unos seiscientos mil millones de euros de la deuda supuestamente “del país”, en realidad, de solamente ellos. Claro que eso lo han hecho en Islandia que es país de sólo trescientos mil habitantes y cuatro o cinco bancos y especuladores, y que por su Constitución carece de ejército, y por tanto les ha resultado relativamente fácil. Aquí ciertamente resulta más apurado, pero es la verdad y tarde o temprano saldrá a relucir y se impondrá, quieran o no.
¿Qué eso es la quiebra del Santander, del BBVA, de Bankia y de muchos más? Pues no saben lo que nos alegraremos los sufridos ciudadanos. Y ¿dicen que no podemos mantener ningún sistema económico sin bancos? Pues estamos de acuerdo, claro que necesitamos bancos, lo que no necesitamos son banqueros sin escrúpulos, agiotistas ni especuladores. ¿Qué los hay, los ha habido, y los habrá siempre? Pues claro, pero como tenemos un Parlamento y unos códigos penales, apruébense leyes que persigan con todo rigor esas prácticas y déjense los bancos más o menos en los límites de la necesidad del sistema ajustados a la ley. ¿Simple, no?

Y con esto vamos llegando ya al núcleo del problema: el Parlamento, las leyes, y los jueces.
El Parlamento está compuesto por un noventa por ciento de diputados cuyo sillón depende en exclusiva de lo que los bancos y sus banqueros les regalen a los partidos por los que han sido elegidos, y un diez por ciento independientes. ¿Podría aprobar alguna ley que pudiera tan sólo disgustar a los banqueros?
Las leyes, o bien no afectan a estas cuestiones sino marginalmente, o bien simplemente, ni se aplican ni se cumplen.
Y el meollo de verdad está en la judicatura.
Entre las muchas astucias de los pactos de la transición, la más brutal fue la de no tocar el depravado sistema judicial de la Dictadura. Y así se hizo.
Todos los jueces y fiscales del aparato represivo de la dictadura, con incluso penas de muerte a sus espaldas, pasaron a ser nada menos que los nuevos jueces y fiscales democráticos, se sustituyó el llamado Tribunal de Orden Público, encargado de perseguir a quienes se atrevían a enfrentarse a la Dictadura, por la llamada Audiencia Nacional, con los mismos jueces y fiscales. Y además con el tiempo y por puro escalafón los viejos jueces franquistas fueron escalando los más altos puestos de la judicatura de la democracia.
Para completar el cuadro, los tiempos nuevos exigían una descomunal ampliación del sistema judicial, por la simple razón de que la democracia trajo la apertura al mundo, y la apertura trajo la inclusión en sistemas comerciales, judiciales y sociales muchísimo más complejos que los de la miseria aislacionista del franquismo. Se convocaron miles de plazas de jueces y fiscales y en pocos años se consiguió completar la nómina judicial con miles de jóvenes aprendices de juez y de fiscal que en general veían demasiadas películas americanas de TV y leían pocos tratados de Derecho en sus esclerotizadas universidades.
Las Facultades de Derecho dejaron de lado el Derecho Romano, se multiplicaron por docenas las nuevas Facultades recién creadas y sin nivel suficiente, las viejas ya habían procedido a expulsar a los mejores juristas de sus aulas y muchos otros que tenían un buen bagaje jurídico prefirieron ganar más dinero abriendo despachos particulares o se pasaron a la política activa. El resultado fue una nueva generación de jueces y fiscales imbuidos de una autoridad desmedida, de escasísima formación jurídica, y que se habían presentado a las oposiciones simplemente para ganar mucho dinero ya que los sueldos de jueces y fiscales son muy altos y la situación laboral inamovible. A eso se añadió la endogamia tradicional del ramo: la inmensa mayoría de los hijos de jueces y fiscales se presentaban a las oposiciones y curiosamente siempre sacaban plaza. El resultado es el caos jurídico actual.
Ahora, pidámosle a esos jueces, de los que los hay ineptos, corruptos, ambas cosas, y sin duda otros honrados, que resuelvan correctamente casos de corrupción, fraude, cohecho, malversación de caudales públicos, prevaricación, enriquecimiento ilegítimo, fraude fiscal, etc.
Y ya hemos llegado a la cinta de Moebius, según vamos recorriéndola estamos a un lado o a otro, pero siempre en el mismo, y sin salida. Por aquí es por donde hay que empezar, pero nadie quiere ni tan siquiera mentarlo. Ese es el dilema, ese el nudo gordiano de la tragedia española actual. Quizás es que nos faltan Alejandros que se atrevan a cortarlo.

Y dejaremos para próximos días los otros tres focos donde está el dinero que dicen que hemos gastado los ciudadanos de a pie demasiado alegremente: El dinero en negro de inmobiliarias y políticos, las sicav, y la sacrosanta Iglesia Católica.

miércoles, 25 de abril de 2012

¡MISERABLES!

El decreto del gobierno retirando la asistencia médica a los inmigrantes sin regularizar, que según cálculos oficiosos son entre ciento y pico mil y trescientos mil, es la más zafia muestra de mezquindad política de este gobierno, y la tímida respuesta del PSOE, de CiU y del PNV, una nueva muestra de miseria moral del sistema.
El ahorro a las arcas de la SS que se conseguirá con la negativa a acoger en la sanidad pública a estos ciudadanos, es ridículo frente a lo que representa la sanidad pública de los cuarenta y siete millones de españoles a los que se les mantiene el derecho a ella, y el casi millón que puede utilizarla y de hecho la utiliza con todos los derechos entre los ciudadanos comunitarios.
Además es evidente que estos inmigrantes extracomunitarios son en general jóvenes, fuertes, están integrados en su medio en España y una buena parte trabaja en el campo en tareas duras, en las que lo único probable que requiera tratamiento médico es un accidente laboral, en cuyo caso, ahora, su patrón pensará más bien en dejarles tirados en medio del monte o les amenazarán con matarlos si denuncian.

Pero lo más triste no es eso, lo más triste son las razones para tomar esta decisión por parte del gobierno del PP. Saben muy bien que su entusiasta público es xenófobo y hasta profundamente racista, y que están siempre esperando de su gobierno cualquier cosa que repercuta en facilidades para poder echar a los sucios inmigrantes que roban el trabajo a los buenos españoles.
Sólo ese es el motivo de ese punto del nuevo Decreto gubernamental: buscar el aplauso fácil de sus igualmente miserables seguidores de la derechona de toda la vida, de la derecha demagógica y de las prietas filas fascistas. Votos, votos, votos, mientras más miserables, mejor, que esos son tan seguros y fáciles como seguro y fácil le resulta al gobierno machacar al sector más indefenso de los trabajadores. Estos miserables, para dar carnaza a sus entusiastas seguidores de derecha, le quitan la sanidad a quienes menos pueden defenderse. ¡Miserables!

En nuestra vecina Francia quien ha ganado de verdad las elecciones en la primera vuelta, ha sido la dirigente de la ultraderecha Le Pen. Y ha ganado por apartarse de la línea de su partido y de las militancias fascistas. En Francia nunca han gustado los dictadores, simplemente la mitad de Francia es de derechas y la mitad de izquierdas, y cuando fue aprobada a propuesta de De Gaulle la actual V República por medio de un referéndum, se decía que una república presidencialista era excesivamente dictatorial para el sentimiento democrático francés. Ganó De Gaulle con su propuesta de reforma republicana, pero lejos de autoritarismos impositivos, muy lejos de actitudes dictatoriales. Le Pen padre, cometió el error de aislarse en actitudes de militancia fascista, que si bien tienen cierto apoyo, no resultan aceptables para la inmensa mayoría de los franceses. Su hija ha hecho algo más inteligente, alejarse prudentemente del fascismo puro y duro y mostrarse populista, demagógica y llamar desde esas posiciones a los típicos descamisados que llenaban la boca de Evita Perón. Ese ha sido su triunfo. Ese es el camino que en Europa se va abriendo paso poco a poco. Detrás está el puro fascismo, pero no conviene por ahora dejarlo ver demasiado. Esa es la clave.
Pues en eso están los más lúcidos (sic) dirigentes del PP, ese es el único camino que les puede mantener en el poder ante el evidente fracaso de sus posiciones políticas y económicas públicas. En eso están ya.

viernes, 20 de abril de 2012

MATAR A UN RUISEÑOR

Los lectores recordarán que esa frase la dice el niño al final de la película en la cual tras una sucesión de violencias y de instintos brutales, el vecino loco del pueblo mata al miserable que para vengarse de un honesto abogado sureño que ha defendido a un pobre vecino, eso sí, negro, acusado por todo el pueblo falsamente de violación, intenta a su vez asesinar a los hijos del abogado, el vecino loco y marginal tras esa violenta acción, acompaña a los niños a la casa del padre y abogado. El cherif y el abogado negocian que lo adecuado será decir que seguramente el criminal ha muerto por accidente, y el loco se vuelve a su casa de mano de la hija pequeña del abogado. El niño dice entonces eso de que acusar a ese hombre loco y bueno de asesinato hubiera sido como matar a un ruiseñor.

Nuestro ruiseñor es la cultura, la única arma contra la que nada pueden los poderosos, los banqueros, los tiranos, las derechas, las izquierdas de derechas, los bellacos. Contra la cultura de la ciudadanía, la cultura del pueblo, no hay arma que pueda acabar con las ansias de libertad, de solidaridad, de justicia.
La clave está ahora ahí. Durante treinta años los herederos de aquellos movimientos de maestros de los años sesenta han conseguido muchas cosas. Algunas excepcionales, cierto que algunas otras nimias, pero la resultante es excepcional. Integración, universalidad de la enseñanza primaria y secundaria, proliferación de universidades por todo el país, inicios de educación básica de menores de tres años, cursos innumerables de mayores, y un enorme etcétera. A su vez se han impuesto desde el poder fallos tremendos como la burocratización de la enseñanza secundaria con separación de enseñantes y directores, carcelización de los institutos prohibiendo prácticamente todo atisbo de libertad, universidades al servicio expreso de las empresas en vez de ser Alma Mater de la sociedad, basurización de la enseñanza profesional. Pero eso al fin y al cabo ha sido y es todavía vida real, lucha entre los poderes dominantes y la ciudadanía, en este caso con los maestros de actores principales.
Ha sido demasiado para el poder. Por fin ha sido localizado el objetivo con toda precisión: hay que efectivamente matar a un ruiseñor. Liquidar la única vía de rebelión: la cultura, la enseñanza, la crítica, la educación universal y común de todos los niños de España.  

Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir-, si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía!, ¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!, ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas: está nuestra maestra con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y sumas, niños, está con ella, padres procesales!
Si cae –digo, es un decir-, si cae España, de la tierra para abajo, niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!, ¡cómo va a castigar el año al mes!, ¡Cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!
Niños, hijos de los guerreros, entretanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz que está con su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquella de la trenza, la calavera, aquella de la vida!
¡Bajad la voz os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si al antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae –digo, es un decir-, salid, niños del mundo; id a buscarla!...

miércoles, 18 de abril de 2012

SER REALISTAS

Esta es una virtud que siempre debe cultivar todo buen republicano. Y es que en España hay ahora, como hubo antaño, unos cuantos conversos al republicanismo poco realistas.
Llama poderosamente la atención la actitud de los numerosos periódicos de la derecha que se posicionan muy poco entusiasmados con las cosas de la casa real. Al fin y al cabo raramente la derecha ha sido monárquica en España, si no que más bien ha defendido a tal o cual posible monarca en función de sus intereses inmediatos. De esta manera había y hay juancarlistas, a los que en todo caso la institución real les importa un bledo, y hay incluso algunos felipistas aunque lo manifiesten con tan poco convencimiento.
Quizás haya algún capitoste ya desplazado del poder efectivo que piense que si se va el Borbón y se coloca su hijo, el fracaso de la institución está garantizado. Eso sumado a la crisis, al empobrecimiento generalizado, a los ya evidentes fracasos del gobierno de la derecha, y al fuerte desprestigio de muchos de los aspectos de la actual Constitución, quizás provoque un auge incontrolable del apoyo a la idea de República. Y entonces algún genocida en edad de hacerse merecer, quizás pueda demostrar al mundo lo que es de verdad un estadista de altos vuelos.
El único defecto de ese razonamiento es que al pretendiente a presidente quizás se le esté olvidando que a los presidentes se les elige por votación y que a los reyes por un simple acto fisiológico que a él no ha tenido la fortuna de ocurrirle.
Ya hablamos de esto en otra nota hace semanas y lo repetimos para que quede claro que efectivamente el sueño de la razón produce monstruos.

Pero para hablar de lo que pasa hoy, hay que volver al tema del realismo: Visto con realismo hay que comprender que este gobierno en sus escasos cuatro meses ya está fracasado. No precisamente liquidado, ni mucho menos, sino simplemente fracasado. Es justo el típico gobierno que está haciendo todo lo contrario de lo que prometió para ser votado, y que al hacerlo no consigue más que empeorar las cosas cada día que pasa. Es el típico gobierno al que se le nota demasiado que cada ministro va por su cuenta y que carece de objetivo político y de dirección, cuyo presidente se manifiesta inestable, confuso, cambiante y reticente a explicarse, el típico gobierno carente de planes a medio plazo y que improvisa cada día nuevas medidas sin saberse el resultado de las anteriores, en fin, el típico gobierno que se labra su fracaso con unas buenas orejeras y una buena collera y que sólo sirve para tirar de un arado que manejan otros.
Pero es que si se mira con perspectiva, el anterior gobierno estuvo mucho más fracasado, fue mucho más inútil, careció de cualquier política, resultó inconsistente, falaz y hasta ridículo con bobadas como aquella de los brotes verdes, y con un presidente excesivamente mediocre empeñado en rodearse de ministros que dieran la imagen de ser mucho más mediocres que él por si eso disimulaba un poco.
Y el anterior no pudo ser más ridículo, con un ridículo presidente imitando en gestos y barbaridades a un vulgar cacique tejano sin comprender que ese tipo al que tanto admiraba no era más que un muñeco de guardarropía manejado por los potentados del petróleo, las armas y el poder real. Su objetivo era parecerse precisamente a ese tipo. ¡Vaya vista!
Y el anterior, al anterior, al anterior, era el gobierno de la corrupción, del escándalo permanente, de las políticas tatcherianas más agresivas, y de la destrucción de la vida pública en manos de banqueros y cutres arribistas modelo marbellí.
La conclusión es simple, treinta años de fracaso en el arte de gobernar, o como dijo un conocido político italiano cuando le preguntaron que qué opinaba de los políticos españoles: “Manca fineza”.
Y qué decir del fracaso de la política económica de estos treinta años. Ilusiones de prestidigitador que han acabado en un verdadero desastre social. ¿Hace falta demostrarlo?
Y cuanto más decir del fracaso del café para todos de Suárez y sus amigos en eso de la estructura del estado. Era mentira como ya advirtieron desde Cataluña y Euzkadi voces sensatas y voces indignadas. Hay tradiciones que también son reales. En España o se es centralista o se es federalista, y los inventos confusos acostumbran a resultar incoherentes. Como así está siendo.
Y el fracaso más clamoroso resulta ser el del sistema electoral que ha acabado pudriendo la vida política española en manos de férreas estructuras de partido ajenas a los verdaderos intereses sociales y ciudadanos. Un fracaso que la sociedad no acaba de tragar y que ahora comienza a hacerse notar con evidente peligro para la adecuada comprensión de la democracia. Por desgracia, demasiados intentan confundir la esencia de la democracia, esto es la iniciativa y la participación libre de la ciudadanía en su gobierno, con lo que no es más que un simple aparato electoral, lo que acabará favoreciendo el florecimiento de ese fascismo que tan bien conocemos y que tan pronto parecemos olvidar.
Y hablemos también del fracaso de la vida sindical, en manos también de aparatos cadavéricos, de escasísima implantación social, carente de cualquier ideología que no sea el cultivo de la máquina de trepar en su interior por parte de funcionarios ajenos a la vida laboral de millones de trabajadores.
Y ahora por fin se pone de manifiesto el enorme desprestigio de la corona, y de sus coronados representantes, rodeados de escándalos de dinero, estafas, líos rosa de faldas, gentes de vidas disipadas y un heredero de talante manifiestamente pijo, rodeado de amigos pijos y casado con una señora escasamente simpática en relación con la ciudadanía, al menos en el sentido originario del término simpatía, a la que se le nota que lo que nos pase a los que ella debe considerar sus súbditos, le importa un rábano. Con perdón de los rábanos.
Ante tanto claro fracaso, nos queda lo nuestro, lo que no nos pueden quitar, la vida ciudadana, rica, renovándose continuamente, complicada, afortunadamente un tanto indefinida, intuitiva, afortunadamente un tanto radical: Ese es el camino que es siempre nuestro: No a los desahucios, Sos niños robados, Fosas comunes y memoria histórica, Los resistentes de La Comuna, Iaioflautas, 15M, y todo lo que la vida nos hará inventar para sobrevivir ahora y quizás para vivir. Sólo para eso, para vivir, para ser nosotros mismos. Bienvenidos quienes quieran venir al club de la democracia real, seamos realistas.








domingo, 15 de abril de 2012

DOS PROBLEMAS PARA LELOS

Se trata de dos problemas paralelos, suponiendo que los lelos seamos los ciudadanos agobiados. El primero es el de la salvación de la nación, el otro el de la salvación de los ciudadanos ante las agresiones del desgobierno actual.
El desgobierno llama a rebato ante la posibilidad de que el gobierno argentino nacionalice el largo brazo transoceánico de Repsol llamado YPF. Resulta que esa acción es una grave ofensa a España, una agresión a la nación, un pirateo que requiere la movilización de ministros, embajadores, banqueros, y de demasiados medios de comunicación afines al toque de clarín oficial.
Recordemos que el gobierno argentino pretende simplemente comprar la mitad más un punto de esa parte de la empresa, y que no piensan convertir a esa empresa en propiedad del pueblo argentino, sino entregársela a otras empresas, sólo que de nacionalidad argentina en vez de la actual española, más bien un simple trapicheo entre poderes.
Ya pasó hace pocos años cuando el gobierno chavista de Venezuela decidió nacionalizar la sección venezolana del Banco Santander, operación que negoció con el tristemente célebre Botín, y que consistía literalmente en comprar por su precio de mercado la mayoría de sus acciones en esa autofranquicia. La campaña de defensa del honor nacional que cierta prensa y la derechota de toda la vida levantó fue descomunal, incluso mayor que la que hoy nos ofrecen desde el propio gobierno.
En realidad la única verdad la ha dicho el siempre consecuente y bastante riguroso presidente de Canarias cuando el ministro de industria, por cierto canario, aprobó hace unas semanas la concesión a la misma Repsol de prospecciones petrolíferas en la costa de las islas. Tienen casi el cincuenta por ciento de paro, su agricultura está en situación extrema, carecen de industrias, y su único medio de supervivencia es el turismo. El regalo del ministro del gobierno de España, por cierto, insistimos, canario, es directamente letal. El presidente canario ha levantado la voz indignado, y el gobierno de la nación española le ha respondido con muy serias razones: que España es deficitaria en fuentes de energía, que no puede negarse a apoyar la salvación de la patria común que representa encontrar petróleo en aguas territoriales, que seguro que serán prospecciones muy cuidadosas que en nada afectarán a sus turistas. El presidente ha respondido con las verdades del barquero: Que qué puñetas de España dicen si de lo que se trata es de los negocios de una multinacional totalmente privada llamada Repsol.
En esa misma dirección aclararemos algo que es obvio y que nadie quiere decir públicamente: ni el Banco Santander, ni Repsol, ni Telefónica, ni Iberdrola, ni Endesa, ni ninguna de esas malditas multinacionales son otra cosa que brutales enemigos de los ciudadanos españoles. Que es algo notorio que si mañana quiebra el Santander y se pega un tiro en la sien el tristemente célebre Botín, o que si al compañero de pupitre de Aznar, gracias a él presidente de Telefónica, autodenominado Sr. Alierta, o que si Martín Villa y sus maniobras en el mundo de las multinacionales de la energía, o cualquier otro de estos indeseables compatriotas, se arruinan y se les hunden sus empresas, cientos de miles, e incluso millones, de españoles y de ciudadanos de medio mundo descorcharán muy contentos lo que puedan, cava o una simple gaseosa, para celebrarlo.
De esta manera quede claro que la defensa de España sería más bien precisamente cualquier cosa que pueda perjudicar, dañar, entorpecer o al menos controlar mínimamente a estos monstruos, y el mayor ataque a la ciudadanía española es gastar un solo céntimo más en seguir engordándoles a costa nuestra. Sin duda todo lo que pueda hacer daño a entidades como el Banco Santander sólo puede ser motivo de satisfacción para miles de desahuciados, de estafados, o la ruina de Endesa, de Repsol, Iberdrola, Sacyr, o de cualquiera de estas multinacionales siempre será motivo de alegría para millones de robados en los precios de la luz o al llenar el depósito en la gasolinera, estafados en la venta de su casa, o simplemente al verles la cara a estos verdaderos carroñeros, y que la destrucción de estas empresas sólo puede redundar, aunque sea a la larga, en beneficio de la ciudadanía, ¿o no?

Pero paralelamente, el gobierno decide olvidarse de la existencia de Códigos legales en nuestro país. Deciden echar una mano a los defraudadores de la Hacienda pública, sabiendo que el código penal persigue esa figura que se llama colaboración en el blanqueo de capitales, tal como nos recuerda en un interesante artículo el afortunadamente honrado jurista Sr. Gómez Benítez en su reciente artículo publicado en El País.
Deciden olvidar tanto la propia constitución de la que tanto alardean, y la aplastantemente abundante legislación ordinaria sobre el derecho de manifestación, amenazan con meter dos años en la cárcel a quien decida permanecer sentado manifestando su pacífica protesta en cualquier lugar público, o asimilar a un terrorista a quien convoque a sus compañeros por la red a protestar si la protesta acaba en incidentes violentos. Salvo que se refieran a que van a meter en la cárcel por fin a los jefes de ultraderecha de la policía valenciana, manifiestamente agresivos, y entre los que es vox populi que se cuentan presuntamente altos responsables de la organización fascista España 2000, la amenaza gubernamental parece indicar que el ministro de interior y el de justicia sacaron sus títulos de licenciados en Derecho o bien en una tómbola, o bien en alguna marginal universidad franquista de las que se expulsaba sin remedio a los profesores que se atrevían a levantar la voz contra el Régimen.
El derecho de manifestación está en España ultraregulado, los policías actúan  generalmente por las órdenes que reciben de sus jefes, es imposible que con las leyes españolas en la mano se pueda condenar sin trampa a un ciudadano por actos que cometan otros, meterse con las convocatorias por Internet es decir absurdos ridículos, ya que todos –menos ellos, parece- sabemos que este medio y la telefonía móvil no pueden ser fácilmente controlados ni siquiera en la dictatorial República antipopular China.
¿A qué vienen entonces esas pueriles amenazas? ¿Son quizás un aviso de cómo poco a poco piensan en ir tirando a la basura los derechos reales que la Constitución del 78 no tuvo más remedio que otorgar (si, decimos otorgar) a la ciudadanía, e ir a la vez olvidando que esa misma Constitución no es democrática en al menos tres de sus artículos, los que hacen referencia al Rey –inviolable-, al ejército –depositario de la unidad de la patria en contra de decisiones soberanas de los ciudadanos- o de la Iglesia Católica –con trato constitucional de favor frente a cualquier otra organización ideológico-religiosa?
Sin duda hemos entrado en un fuerte periodo de desintegración como país. Al tiempo.


sábado, 7 de abril de 2012

ACLIMATARSE O ACLIMORIRSE

El fracaso de la política ultraliberal de nuestros dirigentes socialistas o conservadores es ya una realidad y Grecia nos avisa de cual es nuestro futuro inmediato. No se está discutiendo la quiebra del Estado español sino sus condiciones y su calendario.
Llamamos ahora intervención por parte del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión a lo que se entiende simple y llanamente por quiebra. Esto es, se reconoce la imposibilidad de que el Reino de España pague la totalidad de lo que debe a sus acreedores. Sus acreedores son bancos internacionales, fondos especulativos y  sus propios proveedores internos y foráneos.
Para prevenir que se deje de pagar a los bancos y fondos internacionales se exige por estos ahora que se deje ya de pagar a proveedores internos, o sea que no se compre nada que no sea absolutamente imprescindible, que se baje el sueldo a los funcionarios y se despida a una buena parte de ellos, se rebajen las pensiones, se privaticen y se cobren a sus usuarios la sanidad, la enseñanza y la justicia, se aumenten los impuestos indirectos y sobre todo el IVA, y que el Estado se haga cargo de los pasivos de las cajas de ahorro y se les entreguen los activos válidos a los bancos. Este es el programa que proponen desde el Banco Mundial, el Fondo Monetario, el Banco Central Europeo y la internacional conservadora dominante en Europa. Este es el programa que intenta llevar a cabo nuestro neoliberal gobierno constituido por ejecutivos de los fondos especulativos internacionales, que tiene como ministro de defensa a un traficante internacional de armas, como ministro de justicia a un títere de la cúpula clerical, y cuyos principales ministros forman un espeso ensamblaje de familiares de hijos, padres, hermanos y cuñados con las principales fortunas españolas.
Pero ese programa está condenado al más evidente fracaso, en primer lugar porque no tiene fuerza real el gobierno para imponerlo de pronto y directamente, si no que calculan que les haría falta ir poco a poco y en sucesivas dosis y para ese ritmo no hay ya tiempo, los plazos de crecimiento de los créditos y su incremento, como consecuencia del continuamente mayor coste de los intereses, no lo permiten. En segundo lugar porque ese plan no resuelve el problema sino que lo empeora, ya que su aplicación acabaría produciendo en pocos meses un incremento del paro descomunal y por tanto un déficit aún mayor en las cuentas del Estado, que acabaría tediendo que pedir más dinero para mantener la situación y acabaría teniendo una caída en sus ingresos que haría imposible pagar los viejos y los nuevos créditos. Y en tercer lugar porque no hay infraestructura industrial que soporte semejante crisis, ya que nos saldría demasiado caro comprar lo que fuera en el mercado internacional y demasiado caro producir algo que vender en esos mismos mercados. Ya dijimos que una economía débil no puede mantenerse con una moneda fuerte, que el problema es la productividad, el valor añadido de la investigación y la innovación, y la competividad de la producción propia frente a iguales producciones exteriores, y eso es precisamente el gran fracaso de estos treinta años de economía especulativa y del ladrillo puro y duro.
Y puesto que tarde o temprano, más bien esto último, se va a la quiebra según el modelo que establece Grecia, nuestros gobernantes deben saber que pierden el tiempo en andar disimulando los planes reales de los poderes fácticos supranacionales.
Si ese es el final indefectible, al menos deberíamos exigir un gobierno resuelto que tome las decisiones antes de que la situación empeore más.
Acabaremos saliendo del euro de forma desordenada y negociando la quita del setenta por ciento de la deuda de forma brutal. A cambio de la quita se le habrán de regalar aeropuertos, carreteras, puertos, empresas estatales rentables como la lotería o la red de ferrocarriles, e incluso la propia recaudación de impuestos, a los acreedores, a cambio de salir del euro dejarán al país colgado de moneda propia sin capacidad de verdadera convertibilidad.
Decidan entonces aplicar esos resultados desde ya con cierto valor, puestos a ser pobres, seámoslo controladamente. Tarde o temprano habrá o un euro fuerte en Centroeuropa y un montón de monedas débiles y sin capacidad de salida internacional o ese mismo euro fuerte en Centroeuropa y un segundo euro más bajo, pero estable en los países periféricos y quizás en varios de los que hoy todavía no son zona euro. Esa es una solución valiente y más eficiente que el sentarse a esperar que ocurra lo mismo desordenadamente.
Y en vez de esperar estúpidamente a la quiebra, dígase ya directamente que no se va a pagar, ni se van a regalar las infraestructuras, y que se acepta una quita prudente ahora o simplemente dentro de un año una quita total en un país en quiebra donde las infraestructuras cueste más mantenerlas que explotarlas.
¿Que algunos dicen que todo esto pueda sonar a fantasía? Siéntense y esperen un año. Probablemente antes de fin de año España sea un Estado intervenido, y un año después un país quebrado, pero ya sin capacidad de respuesta frente a sus acreedores. Hay que elegir. Como decía el castizo, en estos periodos duros es mejor aclimatarse que aclimorirse.

miércoles, 4 de abril de 2012

ALEA IACTA EST

El problema es que ignoramos si el presidente Rajoy sabe a donde quiere ir. Su política parece marcar un camino indefectible hacia el desastre. Más claro parece que sus amigos Guindos y Montoro sí que tienen una clara voluntad de ir a donde nos están llevando, no en vano han andado por los altos mandos de los únicos que se lucran con la crisis: Lehman Brothers y otros grupos mucho más oscuros del círculo del poder real.
Claro está que nuestra crisis es algo diferente a la de otros países por el peso descomunal de los problemas derivados de la política del ladrillo loco.
España no tenía hasta ahora, ni aún ahora tiene, una deuda exterior demasiado alta, sino que la deuda absolutamente impagable afecta a las promotoras inmobiliarias, los particulares y sobre todo las antiguas cajas de ahorro regionales e incluso los grandes bancos multinacionales de raíz española.
Más aún: esas deudas no se pueden pagar, ni se pagarán nunca. Esa es la verdad que nadie quiere decir en voz alta pero que todos saben que ocurre y ocurrirá, y esa es la clave del desastre económico que tenemos encima ya.
La receta de estos interesados gobernantes es la peor posible para salir de la crisis, pero sin duda la mejor posible para las grandes agencias de la especulación financiera supranacional. A estos especuladores les importa un rábano lo que nos pase a los ciudadanos de cualquier lugar del mundo: su único objetivo es incrementar beneficios cada día, pase lo que pase mañana. Incluso les causa una risa inmensa el hecho de que sus descomunales beneficios se consigan a costa de la miseria generalizada. Su objetivo es el día a día a su favor: su mirada hacia el futuro se reduce a la apertura de las bolsas de cada mañana. Es ley del capital y no hay ni puede haber más.
Pero se entiende que se podría resistir a estos miserables intereses privados y que la obligación de sociedades y gobernantes debería ser esa, pero para ello es obvio que nos sobran tanto los Guindos, los Montoro, los Rato, como los Zapateros, los Boyer, los Solchaga, y hasta los González y su lamentable caterva de zafios gobernantes, perfectamente intercambiables entre ambos partidos en cuestiones económicas: los buenos hijos de Tatcher y Reagan.
El primer error que hubo hace ya muchos años consistió en creer que el incremento de ciertos números, como el que indica el Producto Interior Bruto, tiene valor en sí mismo. Crecer dejando de lado el progreso tecnológico, el científico, la educación, la sanidad, los servicios sociales y la formación profesional, es afirmarse hacia el vacío: El crecimiento provocado por el ladrillo, tiene una mano de obra de muy baja cualificación, casi nula investigación, tecnología simplicísima y para colmo lo que se produce, una vez acabado, no sirve para nada más que o para ocuparlo como vivienda o para especular creyendo que su precio es su valor: ya decía D. Antonio Machado que sólo el necio confunde valor y precio.
Esa fue la clave del supuesto desarrollo español: abandono de la educación, la formación, la investigación y los servicios sociales, desarrollo de la especulación, de la corrupción y del lujo fácil e inútil.
El segundo error lo cometieron quienes nos metieron de cabeza sin calcular las consecuencias en la moneda única europea. No puede una economía débil tener una moneda fuerte. No paraban los gobernantes de decir que éramos la economía que más crecía del mundo, o incluso que España era el país donde se podía ganar más dinero más rápidamente, como llegó a afirmar estúpidamente el más importante ministro económico de González, ahora las consecuencias son tener una economía que tiene una moneda fuerte insostenible con una productividad muy baja y una competividad bajísima. En vez de productos de vanguardia que vender en el interior a una sociedad con buenos salarios y servicios, y al exterior con capacidad de ocupar mercados de alto nivel, producimos apartamentos invendibles a una sociedad con bajísimos salarios que acaba ultraendeudada para comprarlos, y unas naves de montaje de coches, azulejos o cualquier otro producto, que sólo cuentan con mano de obra eficiente y barata, pero en los que toda la maquinaria y toda la tecnología se ha comprado fuera. En realidad, mientras no se hubiera hecho el gigantesco esfuerzo de poner en vanguardia las tecnologías en España y se hubieran desarrollado infraestructuras útiles, prudentes y eficientes, la moneda fuerte era una losa más que un impulso. Esa es la segunda gran verdad. Ni Portugal, ni Grecia, ni Irlanda, ni desde luego España deberían haber tenido, al menos inicialmente, una moneda de igual valor que la de Alemania, Gran Bretaña o Francia. Sólo acoplando en un controlado proceso temporal, las economías, la productividad y la competividad, se podía haber ido acoplando una moneda única.  
El tercer error ha sido una política autonómica verdaderamente estúpida: Sólo dos Comunidades Autónomas, Cataluña y Euskadi, son reales y además precisan ambas de ese tipo de concierto económico que tienen sólo vascos y navarros. Otras dos son necesarias por razones específicas: las insulares, Canarias y Baleares, con unos contenidos fundamentalmente económicas. Otra es aceptablemente discutible, la gallega, que tiene también valor histórico, pero que no tiene consistencia suficiente aunque podría muy bien acoplarse a las dos históricas. Las demás son muy razonables siempre que en vez de jugar a las autonomías se hubieran tomado en serio una administración profundamente descentralizada, pero no una economía caóticamente descentralizada. Las autonomías dedicadas a jugar al “yo más” han manejado un sistema bancario salvaje en forma de Cajas de Ahorros, que han llevado a la administración local y municipal a la más profunda situación de corrupción y a sus economías a la ruina. Todos los dirigentes locales, tanto autonómicos como municipales, han tenido la oportunidad de inflar descomunales gastos, tanto para generar comisiones en negro que enriquecieran a sus amigos y desde luego a ellos mismos, como para cubrir su más importante objetivo: comprar votos favoreciendo sobregastos absurdos que les permitían crear sus enormes graneros de votos cautivos y seguros para su reelección, que es lo que hemos llamado el partido de “Qué hay de lo mío, Sr. alcalde”.
Y la gran clave tanto de la corrupción como de la infraeconomía del superpadrillo, han sido esos bancos regionales llamados cajas, que estaban fuertemente controlados por políticos locales y empresas del ladrillo regionales. Sus deudas son absolutamente impagables y han regalado y tirado a la basura miles de millones de euros que a su vez han tomado prestados de la banca y los fondos supranacionales, que a su vez prestaban sin control cantidades que ahora están cobrando al llamado Reino de España, y no a los que administraban esas cajas. Véase el caso de la CAM, de Bankia, de las Cajas de La Mancha, las andaluzas, las gallegas, de la Caixa Cat., etc. Y el Reino de España no para de endeudarse a su vez con esos mismos fondos precisamente para regalarle ese dinero a las cajas, ahora reconvertidas en bancos en quiebra o vendidas a la banca tradicional por el precio de un euro por caja. Se llama también robar a los pobres para dárselo a los ricos.
Y así llegamos al cuarto problema generado en estos años tan escasamente democráticos: la corrupción generalizada. El país del mundo en el que se encuentra mayor número de billetes de quinientos euros, el país donde se gana más dinero más rápidamente, el país donde el sistema judicial es más estúpido y más corrupto de Europa, el país que genera las mayores fortunas del mundo, salvo China, por el ladrillo, el país más presuntuoso y cutrelujoso del mundo occidental. En suma, el país con menos futuro del mundo europeo, occidental, y hasta mundial, salvo Botswana y Afganistán. Pero este es tema que no es preciso demostrar, ni al que valga la pena analizar con mayor detalle en este artículo de análisis económico. Ya le dedicaremos su correspondiente exclusiva otro día.
El quinto problema es el de la gigantesca mediocridad de nuestros dirigentes políticos. Encerrados en un sistema heredero de la dictadura franquista, en el que se le da al pueblo sólo una voz raquítica y tenue, y se le da a los aparatos de poder una dimensión aplastante, estos políticos sólo se manifiestan en la inmensa mayoría de los casos como serviles marionetas de sus jefes de partido, “el que se mueve no sale en la foto” que decía ese burdo manipulador llamado Alfonso Guerra.
En esas condiciones hemos comprobado como los jefes de cada partido dominante en cada lugar y estrato buscan afanosamente rodearse de tipos que nunca destaquen por encima de ellos y que piensen poco, y buscan entre la ciudadanía más bien clientela y votantes que militantes convencidos de cualquier ideología y de cualesquiera posiciones políticas.
Los partidos mayoritarios son puros aparatos de poder sin contenido, intercambiables en demasiados aspectos, carentes de pensamiento político, y desde luego, dirigidos por un conjunto de arribistas mediocres que jamás han pensado en cuestiones de Estado, sino tan sólo en cuestiones de control local.
Y esto nos lleva al último de los grandes problemas: una sociedad heredera de cuarenta años de dictadura férrea, es ahora una sociedad mansa, inculta políticamente, pasmada ante el poder, ante el consumismo, y creyente de que quien manda, manda, y se hará lo que diga guste o no guste a los que no sepan aprovechar tantas oportunidades como ofrece una sociedad opulenta de puro cartón piedra. Nuestros políticos saben dirigir sus discursos a consumidores no a ciudadanos.
Y en estas condiciones repetiremos: Alia iacta est. La ruina está a la vuelta de la esquina, indefectiblemente, necesariamente.



.

lunes, 2 de abril de 2012

HUELGA GENERAL, PRESUPUESTOS 2012, Y OTRAS COMEDIAS

Huelga
¿Qué buscan los altos dirigentes de CCOO y UGT? ¿Qué objetivos declaran tener y qué objetivos parecen tener?
La verdad es que nadie parece saber a donde pretenden ir estos sindicatos que han evitado durante años cumplir con lo que se supone deberían ser sus tareas tradicionales. Ahora se encuentran con un descomunal paro y con que sus escasos afiliados en comparación con la media europea, son trabajadores de grandes empresas, lo que no es poco, pero totalmente insuficiente para ir a una verdadera huelga general.
El gobierno legisla el despido prácticamente libre y casi totalmente gratuito, declara nula la negociación colectiva, elimina del mercado laboral a los enfermos, prepara grandes cambios que limiten el derecho de huelga, y estos sindicatos se encuentran con una absoluta incapacidad para enfrentarse a semejante barbaridad. Con cinco millones y medio de parados la patronal y el gobierno no tienen el menor problema para bloquear cualquier conato de resistencia real en las grandes empresas.
La actitud de los dos sindicatos resulta excesivamente formal y oficial: el gobierno dicta sus leyes contra los trabajadores, los dos grandes sindicatos, que reciben grandes sumas de dinero del gobierno, convocan un día de huelga y una manifestación, y aquí paz y después gloria. Todo seguirá igual y en pocos meses mucho peor.
Una huelga general que de verdad quiera resistir las durísimas agresiones del gobierno y la patronal, se organiza en un proceso, más o menos largo, en el que son fundamentales las asambleas de ramo y de empresa, en la que se reparte amplia propaganda explicativa de las leyes que se han aprobado, en que se van proponiendo paros parciales al principio más bien simbólicos, para ir siendo cada vez más duros, manifestaciones locales, se ponen las redes sociales al máximo, y se realizan acciones que colapsen circunstancialmente servicios esenciales, especialmente transporte, electricidad, banca, funcionariado, y enseñanza. Tras esa preparación es cuando se puede ir a la huelga general con esperanzas reales de ser oídos por patronal y gobierno, lo otro es más bien una trágica comedia de panzudos dirigentes bien apalancados.
La comedia se podía ver claramente cuando, tras la manifestación, la por ahora todavía dignísima televisión pública trasmitió los discursos de los dos máximos dirigentes de ambos sindicatos en Madrid. Sobre la imagen de parlamentos hueros y teatreros, se superponía la de media docena de caraduras que rodeaban a estos jefes en el tablado: una pija y un vividor talludito riéndose, cuchicheando continuamente y jugando con sus iphones, un bon vivant de la noche es joven charlando indiferente con su vecino, todos los que rodeaban a sus jefes en tan supuestamente importante circunstancia de buen humor, simpáticos, y con cara de irse luego a tomar unas copas, como en la última gran manifestación de Madrid, antes de esta, se atrevió a proclamar desde la tribuna otro ridículo tribuno popular.

Presupuesto
El gobierno ha decidido que los gobernados ahorremos nada menos que dieciocho mil millones de euros, Claro que no todos, sino sólo los que menos tenemos, a los que más tienen se les ofrece medicina privada de calidad, enseñanza privada de calidad, y una preciosa amnistía fiscal.
Nadie dude que ahorraremos eso los gobernados, y mucho más, sobre todo los millones de trabajadores sin trabajo o con salarios de miseria. ¡Qué remedio, si no podemos ya comprar nada más que lo esencial y con grandes dificultades pagar, y no cada mes, la luz y el gas!
Pero el ahorro vendrá sobre todo en la imagen de abandono que se nos viene encima. Quien conociera la Argentina de la última gran crisis, recordará las calles de BBAA sin luces, los baches y el mobiliario urbano abandonados y sin arreglar durante meses, los niños yendo al colegio en ayunas, los hospitales sin medicinas, etc. Esa es la oferta de este buen gobierno, obediente y fiel a todos los de arriba y despiadado y brutal para los de abajo.
Pero el detalle gracioso es ese de que van a incrementar los ingresos del estado en nada menos que nueve mil millones de euros.
De ellos dos mil quinientos por lo menos vendrán de defraudadores arrepentidos a los que se les premiaría por su conversión a la correcta ciudadanía perdonándoles sus deudas, como nosotros habremos (¡qué remedio!) de perdonar a nuestros deudores (que no podrían nunca pagarnos si ya se han arruinado, porque con estas políticas miles de pequeñas empresas cerrarán dejando a deber miles de millones de salarios atrasados a sus trabajadores). Para ello es condición sine qua non que los defraudadores decidan sacar a la luz fraudes que hayan cometido por un monto total de veinticinco mil millones de euros. Nos tememos que esos dos mil quinientos millones a cobrarles y ya presupuestados deberán tacharse del capítulo de ingresos en su práctica totalidad. Ya hizo dos amnistías el PSOE en el pasado y la de hace un par de años fue un tremendo escándalo que casi se consiguió ocultar totalmente a la opinión pública y que estaba profundamente ligada a la especulación inmobiliaria y a la corrupción municipal, y entonces no hubo defraudadores que decidieran convertirse a la correcta ciudadanía. En aquella ocasión se les ofrecía comprar deuda pública con dinero negro y ni siquiera tenían que declarar de dónde lo habrían sacado y se eliminaba todo impuesto sobre esas operaciones. Ni así funcionó. Ya se sabe que eso del dinero negro es cosa de parados que hacen lañas sin factura, y no de banqueros o promotores inmobiliarios, cuyos ingresos irregulares decía Felipe González que se le debe llamar, no dinero negro, sino dinero opaco. ¡Qué fino!
El resto de incremento de ingresos dice el gobierno que vendrá porqué las grandes empresas van a tener un ajustado incremento de impuestos, pero en realidad esto se reduce a quitar algunas bonificaciones, difícilmente ingresará prácticamente nada por ese lado.
Y claro está un castigo a fumadores y a litigantes judiciales: el gobierno instala el copago en la Justicia: todos los procedimientos civiles y los contencioso-administrativos tendrán que pagar tasas altas sobre todo si hay recursos.
De lo del tabaco, estamos en lo de siempre, mientras más suban el precio más marcas raras aparecerán con precios más bajos. En lo de la Justicia, el resultados será un desastre pues muchos litigantes buscarán la forma de meter un penal en vez del contencioso-administrativo  o del civil que hubieran debido hacer, si se quiere cobrar una deuda pendiente de otro particular se le acusará de estafa, si que quiere protestar de una medida arbitraria de un concejal se le acusará de prevaricación, el colapso de los juzgados penales está cantado, quizás esa sea un resultado colateral que a los corruptos no les venga mal.
En todo caso se ve que son cálculos de buena voluntad que a poco que se miren con la cabeza despejada no resultan en absoluto fiables: Se reducirán todos esos gastos que afectan a la ciudadanía, eso, sin duda, pero jamás se ingresarán esos miles de millones anunciados. El gobierno irá a Bruselas y allí les dirán que estos presupuestos no son creíbles, y el gobierno volverá a Madrid y con lágrimas en los ojos el tal Montoro, explicará que aunque juraron que jamás subirían el IVA, Bruselas les ha obligado a ser infieles a su palabra. Y subirán el IVA. Al tiempo.

Otras comedias
Y al fin parece que van encontrando una genial solución para el problema de ser el país del mundo con más billetes de 500 €. Se monta la mayor timba de Europa con un indeseable promotor del juego y la prostitución norteamericano, y ya tenemos en marcha la verdadera lavadora para millones de dinero negro. Eso sí que sirve para aflorar negro, y no lo de la amnistía que es una ridiculez comparado con este gran proyecto. La solución: el crimen organizado. ¡Grandes ideas!