Los lectores recordarán que esa frase la dice el niño al final de la película en la cual tras una sucesión de violencias y de instintos brutales, el vecino loco del pueblo mata al miserable que para vengarse de un honesto abogado sureño que ha defendido a un pobre vecino, eso sí, negro, acusado por todo el pueblo falsamente de violación, intenta a su vez asesinar a los hijos del abogado, el vecino loco y marginal tras esa violenta acción, acompaña a los niños a la casa del padre y abogado. El cherif y el abogado negocian que lo adecuado será decir que seguramente el criminal ha muerto por accidente, y el loco se vuelve a su casa de mano de la hija pequeña del abogado. El niño dice entonces eso de que acusar a ese hombre loco y bueno de asesinato hubiera sido como matar a un ruiseñor.
Nuestro ruiseñor es la cultura, la única arma contra la que nada pueden los poderosos, los banqueros, los tiranos, las derechas, las izquierdas de derechas, los bellacos. Contra la cultura de la ciudadanía, la cultura del pueblo, no hay arma que pueda acabar con las ansias de libertad, de solidaridad, de justicia.
La clave está ahora ahí. Durante treinta años los herederos de aquellos movimientos de maestros de los años sesenta han conseguido muchas cosas. Algunas excepcionales, cierto que algunas otras nimias, pero la resultante es excepcional. Integración, universalidad de la enseñanza primaria y secundaria, proliferación de universidades por todo el país, inicios de educación básica de menores de tres años, cursos innumerables de mayores, y un enorme etcétera. A su vez se han impuesto desde el poder fallos tremendos como la burocratización de la enseñanza secundaria con separación de enseñantes y directores, carcelización de los institutos prohibiendo prácticamente todo atisbo de libertad, universidades al servicio expreso de las empresas en vez de ser Alma Mater de la sociedad, basurización de la enseñanza profesional. Pero eso al fin y al cabo ha sido y es todavía vida real, lucha entre los poderes dominantes y la ciudadanía, en este caso con los maestros de actores principales.
Ha sido demasiado para el poder. Por fin ha sido localizado el objetivo con toda precisión: hay que efectivamente matar a un ruiseñor. Liquidar la única vía de rebelión: la cultura, la enseñanza, la crítica, la educación universal y común de todos los niños de España.
Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir-, si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía!, ¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!, ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!
¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas: está nuestra maestra con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y sumas, niños, está con ella, padres procesales!
Si cae –digo, es un decir-, si cae España, de la tierra para abajo, niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!, ¡cómo va a castigar el año al mes!, ¡Cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!
Niños, hijos de los guerreros, entretanto, bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz que está con su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera hablando y habla y habla, la calavera, aquella de la trenza, la calavera, aquella de la vida!
¡Bajad la voz os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aún el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si al antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin punta, si la madre España cae –digo, es un decir-, salid, niños del mundo; id a buscarla!...
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