domingo, 30 de septiembre de 2012

NOTAS SIMPLES Y TRADICIONALES: AHORRO, INVERSIÓN Y DESCAPITALIZACIÓN


 
I.- NOVEDOSAS GRANDES IDEAS

Es curioso ver como las grandes polémicas económicas son en realidad exclusivamente financieras. No se discute sobre ahorro, inversión, producción, sino sobre crédito, consumo o solvencia bancaria. Incluso las más sesudas controversias versan sobre la banca y el crédito, no sobre la producción.
Hace años la discusión era ya de esta guisa. Se discutía, por los pocos que lo hacían, si la economía iba bien o no, sobre cálculos de tasas de interés, consumo, e inversión, no sobre análisis de capitalización de las empresas, empleo, producción o ahorro.
La verdad de cómo se ha llegado a la actual crisis no se podrá encontrar nunca en el estudio de la mecánica financiera que la ha acabado creando. Esa es consecuencia, no causa.
La causa está en que la mecánica financiera –esto es, especulativa- ha ido erosionando la capitalización. Esto quiere decir que el dinero que en manos de la sociedad, lo que se llama el ahorro familiar, proveniente de sus rentas y sus beneficios, no se ha utilizado para ahorro, sino para inversión, y para colmo en inversión no productiva.
El ahorro es capital futuro, la inversión capital presente, a pesar de que los términos pudieran parecer casi lo contrario.
A diferencia de lo que llamaría ahorro un ciudadano que gasta menos de lo que gana, y que lo guarda cuidadosamente para el día de mañana, el ahorro es en realidad el dinero que no siendo preciso para el consumo de la familia, esta lo dedica a algo productivo. Hay tres maneras usualmente: la primera es meterlo en el banco a plazo fijo o con cualquier otra fórmula parecida y guardarlo así con algún ligero incremento por cuenta del banco. Este sistema pone ese dinero en manos de un banco que a su vez lo dará a crédito a un empresario que necesite desarrollar su negocio, o a un particular que desee comprar cualquier cosa que alguien ha producido. A través del banco se supone que este dinero pasa a la economía productiva y además no sólo se conserva en manos del ahorrador, sino que se incrementa.
Un segundo sistema para utilizar ese dinero es guardarlo de esa u otra forma pero para invertirlo en un negocio propio, en utensilios capaces de permitir al ahorrador producir cosas que luego pueda vender. Este sistema está bastante pasado de moda, ya que el crédito desde hace mucho tiempo puede resultar más barato que el incremento de los precios, y por tanto parece mejor que el que desea montar o ampliar una empresa, lo haga con capital prestado por el banco. La realidad no se ajusta con precisión a esta cuestión y no necesariamente es más barato el crédito que el ahorro propio, la tendencia es a comprar o producir con dinero prestado más que con dinero ahorrado.
La tercera es la más simple: se utiliza ese sobrante par la más importante inversión que puede tener un ciudadano: la mejor y más acabada formación de sus hijos, la elevación supuesta en el rango social.
La señora Tatcher lanzó la alternativa en los años setenta, y entre otras muchas medidas propuso a las familias derivar sus excedentes hacia la banca para hacer lo que ella llamaba nada menos que capitalismo popular. El excedente pasaría a convertirse en acciones de grandes compañías, algo directamente, pero la mayoría a través de fondos de inversión y bancos.
En consecuencia los bancos y los fondos comenzaron a engordar con negocios financieros que cada vez se iban alejando más de ese esquema primitivo y que cada vez eran más complejos y más incomprensibles hasta para los que los manejaban desde los propios bancos y fondos. Esos agentes sólo sabían que compraban y vendían paquetes de cosas que en realidad no habían sido analizadas por nadie y que incluían, ahorros, hipotecas, bonos públicos, y numerosos instrumentos financieros de más que difícil explicación lógica.
Como es sabido hubo desde aquellos comienzos de la señora Tatcher varias importantes crisis, unas provocadas por el incremento del consumo de petróleo, otras por desequilibrios políticos de grandes dimensiones como la caída del muro de Berlín o la reunificación alemana, incluso otras por los cambios tecnológicos y su consiguiente necesidad de nuevos materiales de difícil obtención. Una parte de las crisis han estado ligadas desde siempre a las carreras armamentísticas utilizadas habitualmente como fácil remedio para mantener la economía sin problemas ya que en última instancia quien paga es el Estado, que no tiene más que fabricar billetes de banco para pagar a los proveedores de armas y además mantiene un alto nivel de empleo más una buena inversión en investigación y desarrollo, lo único importante es gastar ese material adecuadamente y evitar que la producción de billetes de banco por parte del Estado produzca una inflación incontenible. En realidad nada demasiado complicado. Las guerras son de lo más útil en economía, sólo que sólo para unos pocos poderosos países. Mientras que Vietnam no arruinó a los EEUU, Afganistán a la corta y Cuba a la larga si que contribuyeron decisivamente a hundir a la URSS.
De estas crisis los grandes analistas y los próceres políticos sacaron unas enseñanzas francamente parvularias: las crisis son cosa de poca monta que se resuelven con apaños en cuatro o cinco años, y a seguir engordando indefinidamente. Se había perdido ya el sentido inicial de los mecanismos de la economía real. En su lugar difusos artificios financieros parecían ser la verdadera clave, el meollo de la economía, se produjeran o no los bienes que se produjeran.
Y así fue tomando forma la llamada sociedad del consumo. Lo importante no era producir sino consumir. No se producía lo que se consumía sino que se consumía lo que se producía. Se inventaban todo tipo de mecanismos para inducir el consumo en unas sociedades que tuvieran excedentes familiares adecuados, y más allá de ese ahorro que se convertía ahora en inversión no productiva, en objetos de consumo, se ponía por los bancos a disposición del más humilde vecino crédito para consumir con costes cada vez más bajos. Era la mejor medicina contra la inflación: si se consume de todo con o sin excedentes familiares la producción crece y crece, y la economía marcha sin mayor necesidad de aportar más billetes de banco que valor de objetos producidos, ya que todo objeto producido se acaba vendiendo gracias al crédito. Esa fue la gran novedad de los años 80, 90 y del nuevo siglo.
¿Cómo pudo ser que algo tan simple e inmantenible no fuera visto como algo claramente incongruente por todos los sesudos economistas del mundo y los asesores de gobiernos? Pues es muy simple, porque funcionaba, y si funciona y anda para que preguntarse con qué se le está alimentando. Todos, gobernantes, economistas, banqueros, empresarios y sindicatos, veían que se le echa al motor lo que hay en el bidón y la máquina anda, de tal manera que resulta estúpido preguntarse qué es lo que hay en el bidón.
Y entonces llegó la idea genial: la inversión ceroproductiva: el ladrillo.

NOTAS SIMPLES Y TRADICIONALES: AHORRO, INVERSIÓN Y DESCAPITALIZACIÓN


II.- IRREPARABLES GRANDES DESASTRES 

Es radicalmente falso que en España haya una eterna tradición de vivienda en propiedad, por el contrario, la propiedad de la vivienda familiar era tradicionalmente cosa de los pueblos, y en las ciudades la tradición desde mediados del siglo XIX hasta los años sesenta, era el alquiler. Esto es así y cualquier persona mayor o cualquier antropólogo o estudioso social lo puede constatar con números y papeles. La compra comenzó a ser atractiva a partir del vaciamiento masivo del campo de los años sesenta. Unos se construían chabolas en los aledaños de las urbes y otros se iban comprando pisitos en ellas según conseguían reunir cuatro perras o volvían de Alemania, Francia o Suiza con unos ahorrillos en el caso de no querer ya volver al pueblo. Luego vino la imagen de que el alquiler era una tontería porque sólo la propiedad de la vivienda permite demostrar que se tiene seguridad, solvencia y buena situación social.
Y por fin los gobiernos de unos cuantos países se lanzaron a la carrera del ladrillo. Destacaron los Estados Unidos, Japón, el Reino Unido, Irlanda, España y algunos más de menos importancia, luego vendría la fiebre china y de otros llamados emergentes. Se dieron cuenta de pronto que el problema era la estrechez que las leyes provocaban en la economía del ladrillo. Había que atender dos claves: el crédito fácil, y las leyes del suelo y de la promoción inmobiliaria.
Lo del crédito fácil lo resolvían los propios bancos con sistemas extraños y excesivamente sospechosos, de tal manera que lo único que se exigía de los gobiernos es que no mirasen demasiado, o incluso que mirasen para otro lado, que si no metían las narices en el negocio bancario y en los fondos de inversión tendrían las arcas nacionales repletas de dinero a cuenta de IVAs, IBIs, IRPs e Impuestos de Sociedades. Así se hizo. Prácticamente desaparecieron todo tipo de instrumentos de control de la banca y de los fondos. Era la alegría general de la Reserva Federal USA, del FMI, del Banco Mundial, de los bancos centrales europeos, y sobre todo de todos los gobiernos bienpensantes que no podían ni poner en duda la seriedad de gentes tan importantes como los presidentes de esos bancos y fondos.
Lo de las leyes era aún más fácil. Por ley todo suelo se declara edificable salvo lo expresamente prohibido, y como indispensable complemento se obliga también por ley a todo propietario para que aporte sus pequeñas parcelas para que todo se urbanice correctamente. Lo bueno es una casa moderna en un barrio moderno de una ciudad moderna, no las casuchas del campo o de los suburbios. Sr. pequeño propietario: entregue su terrenito al promotor que este le dará a cambio mucho más dinero del que usted creía que valía ese terruño y un buen piso, ¿no es buen negocio? Encaja casi idealmente con la noción de neoliberalismo destructor puro y duro.
Y así se hizo. EEUU, Irlanda, Gran Bretaña, España fueron magistrales, otros países quizás se asustaron un poco y aunque lo del control de sus bancos les daba también mucha risa, lo de las leyes salvajes de propiedad inmueble les producía algún respeto, ya que demasiados ciudadanos algo más lúcidos que otros podían declararse irritados más que agradecidos a la bondad de los promotores inmobiliarios.
Y claro esa espiral daba lugar a una subida continua del precio ya que con crédito no ya barato sino manifiestamente insolvente, cualquiera se lanza a comprar, y cualquiera a entregar sus tierras al benefactor promotor a cambio de esos dineritos y esos nuevos pisos civilizados.
Pero el problema es el del promotor. Mienten descaradamente los que afirman día tras día que el problema del crédito inmobiliario está en las hipotecas de los particulares que firmaban a lo loco. Eso no representa ni la décima parte del desastre inmobiliario. La gran debacle está en los descomunales créditos de los promotores. No sólo de los grandes y los gigantes, también de los miles de promotores locales que conseguían crédito fácil para sus promociones y que iban pagando o no según iban vendiendo.
Se llama burbuja, ya que es evidente que en algún momento la inversión es de tales proporciones y la escalada de precios es de tal magnitud que es manifiestamente impagable, y en ese momento el crédito se acaba. En eso estamos. Otro día desarrollamos los aspectos más cutres de esta mecánica, imposible de desarrollar sin unos mecanismos legales que potencien la corrupción.
Volvamos pues al principio. Si un ciudadano tiene un dinero excedentario y lo utiliza para invertirlo productivamente, o sea en ahorro real, un taller de algo, un comercio, una aportación a una empresa fabril, un proyecto de investigación, una empresa de servicios, una simple compra de impedimenta que vuelva más productiva su actividad económica, siempre podrá perder o ganar pero con esa maquinaria, esos locales, esas experiencias profesionales podrá actuar con cierta holgura en los circuitos productivos. Si fabrica mesas y se venden mal, producirá sillas y quizás se vendan mejor, y sobre todo, si es capaz de innovar, investigar, estandarizar la producción más que hasta ese momento, o competir con un circuito de ventas más creativo y eficiente, saldrá en general adelante y la economía del país tendrá cada vez un PIB más eficiente y rico. Si por el contrario usted dedica su excedente a comprar un montón de ladrillos adecuadamente ordenados, sólo podrá hacer con ello dos cosas: o habitarlo y ahí se entierran sus ahorros, o venderlo, si puede ser sin perder dinero, lo que siempre es seguro que algún día deja de ocurrir.
Multipliquemos ese efecto gracias a que usted no ha invertido sus ahorros, su dinero excedentario, sino un dinero que le ha cogido prestado a un banco a cincuenta años al 4% variable. Está usted en medio del desastre económico. Más aún: es usted el eslabón más débil de ese desastre. 
Y en el caso de la economía entera del país no hay salida, porque es preciso que cada vez se haya prestado más dinero del que pueda equivaler a lo que produce ese país. Incluso sabemos que a estas alturas se han firmado créditos en el mundo que seguramente cuadriplican el valor monetario de toda la producción mundial. Perfecto. Consecuentemente sabemos, queramos o no, que no se pagarán nunca la totalidad de esas deudas, y sólo sobrevivirán los más fuertes, los muchísimo más fuertes.
El resultado final es la descapitalización de los países de la economía del ladrillo, y dado su enorme peso en algunos casos, en general, del mundo, la caída en ahorro productivo, el triunfo de la economía no productiva, con su acompañante inevitable, la economía del despilfarro y su amado hijo, la economía de la corrupción política. La inmensa mayor parte de ese dinero utilizado para ladrillos se ha desperdiciado. En lugar de producir cosas necesarias más económicas y más eficientes y fiables se ha acumulado en algo estrictamente no productivo, y en consecuencia se ha perdido una cantidad incalculable de investigación, inventiva, saber social y privado y de valor material realmente productivo. Eso ya nunca se podrá recuperar, está contenido en los ladrillos de los miles de apartamentos vacíos y en esos terrenos sobrevaloradísimos que ya hoy nada valen.
Y eso sabiendo que el camino que queda por recorrer es de años y que en medio está la burbuja inmobiliaria china, el descalabro ecológico, los gravísimos problemas de la energía y la miseria de medio mundo que exige a gritos justicia.  

jueves, 27 de septiembre de 2012

LA IMAGEN QUE SE VE, LA QUE SE QUIERE VER, Y LA QUE NO SE PUEDE VER

La imagen muestra y oculta a la vez. Enseña, demuestra, transforma, revela, y también esconde, disimula, pero no engaña.
La primera imagen es la de las extraordinarias fotografías de Samuel Aranda para el NY Times. Veinte imágenes que no pueden dejar indiferente a nadie. Tristeza, dolor, cansancio,  hambre, abandono, rebeldía, ira, protesta, ordenada y cívica, pero determinada, segura, decidida.  Han dado la vuelta al mundo. El reportaje decía que esa era la imagen de la España de hoy.
Cierto que esas mismas fotos podían haber sido tomadas en casi cualquier país del mundo, que serían habituales en los Estados Unidos, que no faltan en Alemania, o en Mozambique, pero en ese periódico se han dado como la imagen de España y todo el que las ve sabe que son ciertas, ciertísimas, que esa es imagen de España hoy.
Samuel Aranda, catalán internacional, premio Wordpress del pasado año, freelance que publica imágenes en la más importante prensa del mundo, realizó este reportaje recientemente y quien quiera verlo completo, lo tiene sin más que pedirlo en internet por el NY Times o por su propio nombre.
La segunda imagen es la de la carga policial del 25S en el Congreso de los Diputados. Sangre, violencia, y otra vez manifestantes resueltos, determinados, vencidos pero decididos a seguir, enfrentados a monstruos oscuros, cuyo rostro se oculta, cuya imagen recuerda a las enigmáticas tropas oscuras de aquella guerra de las galaxias.
Pero la imagen se quiebra, al menos dos vídeos muestran que entre los manifestantes que actúan en primera fila y se enfrentan violentamente a la policía para provocar la carga, hay unos cuantos maderos infiltrados, cubiertos de pasamontañas, armados de palos. Son de ellos. Demasiado cutre ha quedado el montaje. La imagen ahora revela, es imagen de ida y vuelta.
Pero la imagen, doble, y explosiva, ha dado también la vuelta al mundo, es nuevamente la nueva imagen de la España de hoy. Así nos ven porque así nos vemos, guste a unos más y a otros menos.
La tercera imagen es la del presidente de gobierno paseando en NY frente a Radio City con un buen veguero echando buen humo, tranquilo, anodino. Esa es también la imagen de España que todos reconocen: nadie dirige la vida del país, un vago individuo que pasea indiferente por el centro de NY fumándose un puro, ajeno a la realidad, a la vida. Esa es también la imagen de España hoy.
Y una cuarta imagen más antigua: aquella en que los presidentes de la patronal y de la mediana y pequeña empresa aparecen juntos riéndose a carcajadas el día que se anuncia la brutal reforma laboral que al poco de llegar al poder decretó el gobierno de ese anodino fumador de habanos.
Y la imagen del pobre toro Ratón al que su amo lleva por los pueblos valencianos y que se ha hecho famoso por haber matado ya a varios valientes locales que enloquecen medio borrachos lanzándose a la calle para que o les mate o les vean otros no tan valientes con estúpida admiración.
Y por qué no hablar de la penosa imagen de un señor que gasta varios cientos de miles de euros del erario público para fotografiarse entre un elefante al que ha asesinado, una amante millonaria y un traficante de armas y de comisiones.
Recapitulemos: La familia de Carlos IV, Los fusilamientos del 3 de mayo, Los disparates, las tauromaquias, Los desastres de la guerra, El miedo, El aquelarre. Naturalmente que nuestros lectores saben bien de lo que estamos hablando: de la España eterna.

Y las imágenes no explícitas: ¿Desde Bruselas o Alemania se nos ve como un desastre seudofederal en el que todas las administraciones se triplican gracias a haber creado 17 miniestados que se llenan de inútiles funcionarios a los que no habrá más remedio que despedir? No, nadie más que nuestros gobernantes nos ven así. En realidad todos ven lo mismo salvo ellos y sus interesados seguidores del partido ultraespañol llamado “Jefe, ¿Qué hay de lo mío?”. No hay 17 seudominiestados, hay 17 cuevas de Alí Baba donde se refugian, ríen y acumulan sus robos y desfalcos, miles de políticos, jueces, banqueros y empresarios corruptos. El problema no está en la estructura sino en la corrupción de quienes la manejan a su antojo sin posible control de la ciudadanía. De lo que está harta la ciudadanía no es de su autonomía, sino de sus corruptos autonómicos. Curiosamente, salvo en Euskadi, donde la corrupción es mínima y similar a la de cualquier país civilizado del norte de Europa, y Cataluña donde están ya más que hartos de los diferentes gobiernos centrales, de la insidia de los partidos estatales, de las decisiones políticas de los tribunales estatales, de que les insulten desde media España, de que les ridiculicen desde esa misma media España y de que les sigan diciendo demasiados exaltados eso de “Hable español, ¡imbécil!”.
Y además quedan las imágenes ocultas, las que nadie ha podido ver. Un verano de sequía produce cientos de miles de hectáreas incendiadas. ¿Lo produce el verano? Cientos de profesionales afirman que la inmensa mayoría eran provocados. Nadie duda que lo son. ¿Está el país lleno de locos incendiarios? ¿O hay alguien interesado en crear el caos? ¿No suena un poco raro tanto incendio provocado en medio de esta crisis? ¿Quiénes están detrás de tantas cosas de tal manera que no salen en las fotos?
Recomendamos a nuestros lectores aprovechar su ordenador para entrar en páginas de la ultraderecha. Hay cientos de ellas, algunas violentísimas, muchas de pasma, maderos, picoletos, gorilas, guindillas y seguratas, unas cuantas proponiendo entrenamiento militar o seudomarcial, muchas con insultos claramente dolosos hacia personas y entidades públicas y privadas. Quizás uno de los numerosos errores de la izquierda es el de limitarse a mirar en internet sólo páginas de izquierda.












domingo, 23 de septiembre de 2012

UN BUEN APRETÓN DE MANOS. LO MISMITO DE SIEMPRE

Malos actores, mediocres directores de escena y pésimos guionistas, han montado el espectáculo de la fallida entrevista entre los presidentes Rajoy y Mas. Ambos con caras de circunstancias declaran que no hay buen entendimiento, uno dice que le dejan pocas puertas abiertas, el otro que hay lo que hay y que no hay más que hablar.
En realidad a ambos les ha ido muy bien la entrevista. Rajoy tiene ahora un buen muñeco de trapo para soliviantar a los buenos españoles, españolistas y vivaspañolistas de raza, un respiro para sus ahogadas circunstancias económicas.
El otro tiene una espléndida baza por delante gracias al portazo de la España rancia de Rajoy: convocará elecciones y barrerá a los desorientados, desordenados y faltos de programa y de ideas, del Partit dels Socialistes Catalans, por otra banda podrá dejarles el discurso independentista a los republicanos sin miedo a que le quiten un solo voto catalanista, y podrá dar una bonita opción ni fu ni fa pero decididamente alternativa, posibilista, algo quimérica, un poco entusiasta, algo futurista y ramplonamente populista.
Ambos ganan, ambos salen cariacontecidos pero sabiendo que el intercambio de cromos les ha favorecido a ambos. En suma, una fructífera entrevista. Lástima que una cadena de tv al informar del recibimiento de Rajoy a Mas puso a trabajar a eso que está tan de moda de los léctores de labios. Según esa lectura el uno le dijo al otro “Vivo en un lío”, y el otro le respondió algo así como “para lío el que tengo yo”.

Hace tres siglos y medio pasaban cosas que en algo recuerdan lo que ahora pasa. Europa ardía en guerras. Una guerra tremenda que cambió la historia de Occidente. Treinta años de desolación y hambre para engrandecimiento de los poderosos de entonces. Miseria de unos a cambio de grandes riquezas para pocos. Nació la Europa moderna de aquel periodo de guerras. Nació eso que ahora llamamos Europa y que desde entonces tiene una cierta conciencia de sí.
Y aquí en España había un rey mucho menos que mediocre, que presumía de haber engendrado y reconocido como hijos suyos a nada menos que treinta y nueve nuevos súbditos de la corona que desde luego llevaban al nacer un buen pan debajo del brazo. Lástima que el único que podía heredar era simplemente un mamarracho marginal, ultracatólico obsesionado con la religión y que había sido criado entre mujeres exclusivamente para ver si no caía en el obsesivo afán sexual de su padre. Y no cayó, si no que resultó impotente.  
Y había un primer ministro de nula estatura moral, de ninguna estatura política aunque él ignoraba que no tenía ni idea de qué hacer excepto mandar, y gobernando libérrimamente ya que carecía de cualquier oposición en las camarillas reales. Había sabido ayudar a enriquecerse con la miseria de las gentes a cientos y quizás miles de amigos que no pensaban ya en quitarle de en medio sino en hacerse cada vez más ricos expoliando a los súbditos de esta graciosa pareja.
Y con eso resultó que llegó lo que era obvio que habría de llegar y de lo que nadie quería hablar hasta que llegó: la crisis.
Cierto que era una profundísima crisis europea, pero su componente hispánica era específica y descomunal. Y la crisis crecía cada día en medio del caos internacional, pero más aquí, donde nadie había querido ordenar las cosas antes de que explotaran.
Y como en lo de la economía nada se resolvía, pero los menos se enriquecían gracias a su fidelidad al poder coronado y su ministro subcoronado, la corona acabó desintegrándose.
En sólo cinco años declararon la independencia las tres cuartas partes de la corona: Portugal, los Países Bajos, Cataluña, que se ofreció para unirse a Francia en vez de a España, y hasta Andalucía. La economía se desplomaba por días y todos querían irse a formar sus propias estructuras ya que desde la Corte la única respuesta era un portazo detrás de otro y la mano militar.
Todos tenían razones de peso. Si la Corte no nos quiere más que para sacarnos nuestro dinero, nos lo organizamos nosotros y total, la gente trabajadora casi va a preferirlo. Seguro que nos apoyan y además saben que siempre será mejor que te explote uno de los tuyos que un lejano desconocido que además te insulta todos los días de una forma bastante grosera y displicente.
Como era de esperar el país acabó en la ruina más absoluta, luego vino una guerra para ver quien se quedaba los restos, y al fin más represión, más miseria, más barbarie. Era la España ideal: férreamente unida y férreamente brutal. Así se la encontró Goya unos años después, así la retrató con aquella amarga mano maestra que nos hace meditar sobre nuestras sanas costumbres y creencias.
Y así estamos.


jueves, 20 de septiembre de 2012

DE LISTOS, TONTOS, TRIUNFADORES Y FRACASADOS

Durante los pasados años la derecha estaba exultante porque su discurso triunfaba de forma aplastante y además no encontraba oposición alguna desde la izquierda. La izquierda tradicional se encontraba desorientada, fracasada y en buena parte había tomado la decisión de declararse conversa por si la derecha tenía piedad y le permitía seguir conviviendo en una sociedad claramente vencida.
No hablamos de casos como el del Sr. Blair, que quizás era efectivamente un tipo a sueldo montado por los servicios secretos de los EEUU, como se le ocurrió dejar caer al director de “El escritor fantasma” en su célebre y reciente film, sino al entorno que permitía dentro del laborismo británico que un tipo tan manifiestamente de derechas fuera el jefe de su partido y del gobierno.
El socialismo europeo, una vez vaciado de triunfos y de propuestas, estaba deslumbrado por las grandes ideas tatcherianas y por los grandes éxitos de la ingeniería monetarista, esa que no crea riqueza, si no que la destruye, pero crea ricos a mansalva.
Ahora el edificio parece venirse abajo ante el escándalo de los que lo han ido montando con todo entusiasmo. La construcción de una Europa unida resulta que se descubre, curiosamente ahora cuando ya desde el principio eran multitud los que advertían la realidad, que no es más que la construcción de un gran negocio especulativo para un sector muy exclusivo de europeos, y de sus amigos, americanos, chinos, etc.
No sigamos mintiendo o creyéndonos mentiras tan burdas. El edificio no se viene abajo, por el contrario crece cada vez más deprisa, lo que se viene abajo son las absurdas ilusiones de socialistas y sociolistos de todo tipo, y de prudentes ciudadanos de una muy prudente derecha prudentemente moderadísima hasta para atreverse a pensar.
Y mientras la izquierda real no reconozca el error, o la torcida intención de la mayoría de sus dirigentes, no es posible salir de esta actitud claramente derrotista. 
La izquierda siempre tiene un gran refugio, una solución con la que autojustificar la derrota. Se llama milenarismo. La izquierda no pretende luchar por una situación diferente si no por apaños intrascendentes a las propuestas de la derecha, y con el mayor entusiasmo por un futuro pluscuamperfecto que deberá llegar en un futuro desconocido.
El milenarismo es la solución. Mañana, y hoy no hay más remedio que poner unas tiritas a las heridas que provoca el duro discurso de la derecha.
En esto consiste la falta casi absoluta de discurso de la supuesta izquierda, donde además unos sindicatos convencidamente amarillos en sus cúpulas y medianamente reivindicativos en sus bases, hacen cómodamente su trabajo de desmovilización supuestamente movilizadora y reivindicativa.
Es sin duda una izquierda optimista, como lo ha sido siempre. Entre el futuro luminoso de la humanidad y las heroicas luchas diarias por razonables mejoras, se puede pasar la vida de forma heroicamente amable y autocomplaciente. Si no vemos resultados, probablemente los verán mañana nuestros hijos. Optimismo existencial, y en consecuencia, esencial.
La derecha, siempre francamente pesimista, parte de la base de que la verdad no es de este mundo, la felicidad es el objetivo a cubrir más importante en la vida pero es inalcanzable en la tierra que pisamos cada día, y además no importa que lo sea, lo será en otro fantástico mundo al que es fácil irse pero al que curiosamente ninguno quiere ir.
Ese pesimismo trascendental de la derecha es muy sano, no hay que preocuparse con confusas elucubraciones sociopolíticas, los bienes y las ventajas materiales se reparten en el mundo con arreglo a reglas fijas que nadie puede cambiar: si eres listo, si trabajas, si comprendes, si sabes, serás más o menos rico, pero verás siempre recompensada tu digna vida, por el contrario, si eres un vago, un tonto, un necio, irás a la ruina quieras o no, los que valen triunfan, los que nada valen fracasan. Muy simple. Y si eres trabajador, listo, si sabes lo que hay que hacer, y conoces la vida tal como es, y sin embargo todavía no has triunfado, no desesperes, es porque estás pagando viejas culpas, pero mañana, en este mundo, no en otro ideal, verás como tu triunfo estaba escrito, aunque sea un simple triunfo personal y muy prudente, algo autocomplaciente, pero seguro, cierto.
Lógicamente es tan fácil ser un estúpido de derechas como ser un estúpido de izquierdas. Lo difícil es no ser estúpido. Requiere pensar y actuar. Demasiado difícil. Lo hacen los poderosos muchas veces y ganan, Nos falta que aparezcan perdedores que también piensen y actúen.






martes, 18 de septiembre de 2012

SAN ANSELMO DE CANTERBURY Y LAS ENCUESTAS

Es muy corriente escuchar que hay un enorme malestar generalizado en el país y que no se ve quienes son quienes han llevado al PP al poder con mayoría absoluta.
En abril pasado el CIS realizó su última encuesta de tipo general. Sus datos, que merecen cierta garantía, nos hablan más bien en el sentido contrario a lo que parece indicar esa visión de las cosas que parece generalizada.
En primer lugar, la encuesta indica que el 88’1 de la ciudadanía considera que la situación económica general es mala o muy mala. Preguntados por la comparativa con hace un año, un 60’4 % dice que ahora es peor, pero hay un 33 % que declara que igual. Sin embargo preguntados por las perspectivas previsibles para dentro de un año, sólo un 37’1 % dice que lo ven peor, y un 18’7 % creen que será mejor.
En ambos casos hay aproximadamente un 33 % que contestan que lo ven igual que hace un año, y prevén que dentro de un año seguirá igual. O sea, que más bien parece que carecen de cualquier opinión sólida sobre el pasado, el presente y el futuro, salvo que ahora lo ven o mal o muy mal. Incluso parecería que les trae un poco sin cuidado prever el futuro inmediato o que no quieren comprometerse con el entrevistador.
Como dicen verlo igual que hace un año y pensar que dentro de un año seguirá igual, podemos sumarles a los que dicen que lo ven peor o a los que dicen que lo ven mejor. Como en la previsión de futuro hay un 11’4 % que afirman explícitamente no saber, habrá que pensar que efectivamente un 44 % piensa que no tiene ni idea de por donde saldrán las cosas el año que viene. Aunque no lo parezca son sin duda los más sinceros.
O sea que un tercio de la población cree que las cosas empeoran y casi la mitad no tiene ideas claras de por donde irán próximamente.
Y sin embargo casi un 20 % afirma que irán mejor.
En cuanto a la situación política sólo el 60 % piensa que la situación general es mala o muy mala, que respecto al pasado año, casi un 80 % declaran que la situación actual es peor o igual, pero peor lo dicen sólo algo menos de un tercio de la población, e igual lo dice casi la mitad.
Nuevamente la mitad de la población declara en realidad no tener ni idea de por donde van las cosas, pero prefieren ser optimistas, ya que respecto al año próximo hay un 20 % que opina que todo mejorará políticamente, y casi el 52 % opina que seguirán las cosas igual o declara no saber. Sólo un 27’4 % afirma claramente que las cosas están empeorando.

Por otra parte un 72 % declaran que su situación personal es muy buena, buena o regular. Y sólo un 28 % declara que mala o muy mala. Y además un 61 % declaran que no saben si su situación será mejor o peor dentro de un año, incluyendo los que declaran que será igual, y los que declaran no saberlo. Un 18 % declaran explícitamente que será mejor, y tan sólo un 21 % que será peor.
Obsérvese que un 88 % declaraba que la situación económica general es mala o muy mala pero un 72 % declaran que la situación económica suya particular es muy buena, buena o regular.

Sólo trabaja en labores remuneradas algo menos del 41 % de la población, que soporta al 59 % restante que o son pensionistas, o parados, o estudiantes, o personas en trabajo doméstico no remunerado. Pero un 75 % de quienes tienen trabajo actualmente declaran que es poco o nada probable que vayan a perder su empleo en el plazo de al menos un año.
Y del casi 24 % que declara estar en paro, consideran muy probable o bastante probable que en el próximo año encuentren trabajo nada menos que casi un 30 %, mientras un 60 % consideran que es o poco o nada probable que lo encuentren. El 10 % restante declara no saber o no contesta.

El lector puede ver que en conjunto estamos ante una sociedad bastante suicida o excesivamente ignorante. Que los engaños y fantasías de los banqueros y los gobernantes son tomados con seriedad por una amplia mayoría, que hasta entre los que peor están hay cierto optimismo, que hay un fuerte sector con empleo, condiciones de vida que ellos consideran estables e ingresos aceptables, que espera que salgamos de la crisis pronto y las cosas vayan mejorando poco a poco o al menos que no empeoren, y que ven la situación política sin excesiva queja. Este sector ronda según esta estadística entre la mitad y dos tercios de la población.  Sin embargo, preguntados acerca de cómo ven en general las cosas afirman verlas mal. Son sin duda buenos optimistas que se contradicen sin mayor dificultad. Es la ventaja de no pensar demasiado.
Así que no parece coincidir esta encuesta con esa visión muy generalizada que decíamos al principio. El truco está en algo muy simple de arte culinario estadístico. Es aplastante el número de ciudadanos que o no se definen o dicen que las cosas ni mejoran ni empeoran, y que por tanto el estudioso de la encuesta podría sumarlos a los optimistas o a los pesimistas. Y son demasiados los medios de comunicación y los analistas políticos que automáticamente los suman a los pesimistas, reflejando su propio prejuicio, ya que ellos sí que están bastante bien informados y saben con casi absoluta certeza que la crisis avanza a mucho peor, que el paro seguirá creciendo y que el bolsillo de la inmensa mayoría estará cada día más y más vacío.
Mecánicamente analizan la encuesta suponiendo que los indecisos, los ignorantes, los timoratos, los que no se deciden a pensar un poco, son de los suyos, son pesimistas. Se equivocan, la lógica más simple indica que esos de “igual”, “no sabe”, etc., todavía se creen las mentiras oficiales. Son verdaderos optimistas. Su argumento es del tipo del argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury. Si podemos pensar que las cosas puedan ir mejor, lo lógico es que acaben yendo mejor. O dicho de otra manera, que es como es en el fondo del célebre argumento ontológico de San Anselmo, cuyos creyentes en realidad afirman eso de que si Dios no existiera mi vida no tendría sentido, y que por tanto exigen y creen que existe. Estos otros creyentes de la vida diaria económica y política, lo que afirman es que si las cosas no van a mejor su realidad personal se hundiría, se volvería insoportable, y por tanto tenemos que creer y afirmar que no irán a peor. Simple ¿verdad?

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL QUE SE LO CREE ES PORQUE QUIERE

 Produce cierto asombro que haya una discusión académica, política y hasta popular sobre las supuestas salidas de la crisis y sus problemas nucleares.
La discusión se produce al menos a tres niveles: uno primero que pretende aclarar en qué consiste esta crisis, uno segundo acerca de cómo se puede superar, y uno tercero sobre los plazos que esta posible superación requiere.
Empezando por el final, por lo de los plazos, parece mentira que llevemos ya nada menos que cinco años de crisis, el empeoramiento de la situación económica general es constante, la situación social es cada día más traumática, los servicios públicos se hunden lenta pero irremisiblemente, y ninguna de las fórmulas que los poderes aplican funciona para paliar siquiera mínimamente la situación, y sin embargo se siga aceptando discutir sobre si se saldrá el primer trimestre del segundo semestre del año que viene, o en el segundo semestre del año que comienza. Si a lo largo de cinco años te repiten cada día que ya mismo se va a salir y la pura experiencia indica a cada plazo dado por los poderes públicos y privados justo lo contrario, parece francamente estúpido aceptar seguir oyendo esa cansina cantinela. Es evidente que lo dicen a ojo y que no tienen más intención que ganar tiempo para seguir haciendo sus negocios con nuestro dinero, es decir con nuestro trabajo, nuestras pensiones, nuestra sanidad, nuestros servicios sociales, nuestros transportes públicos, etc.
El plazo no importa mucho, serán años, muchos o muchísimos, pero años, serán cada vez más duros, y por ahora se corresponden con una crisis local circunscrita a ciertos países de alto nivel medio de vida como son los de la Europa del sur, los EEUU o el Reino Unido. Aparte, la crisis japonesa resulta ya endémica, pero no sobrepasa límites sociales intolerables. Todos los indicadores económicos manifiestan sin género de dudas que con las medidas que se están ejecutando y las estructuras económicas dominantes la crisis se irá extendiendo de forma mecánicamente inevitable sobre los países aún estables de Europa, y a la vez la crisis se reproduce con mecanismos muy parecidos sobre los llamados países emergentes, sobre todo la económicamente caótica China. Y todo eso sin contar con los grandes espacios geopolíticos en los que nunca ha dejado de haber una situación extremadamente crítica, como el África subsahariana, el mundo árabe, la América central y gran parte de la América del sur.
Cuando la crisis se vaya extendiendo y los movimientos migratorios masivos de poblaciones afectadas resulten incontrolables, cuando la emergencia del nacionalismo y la extrema derecha sean políticamente dominantes, entonces comprobaremos el absurdo que resultaba que pocos años antes se estuviera hablando de si se iba a salir de la crisis en tantos meses o tantos otros.

Acerca de cómo superar la crisis se escucha todo tipo de simplezas, pero sobre todo se discute si deben aplicarse medidas restrictivas del gasto o combinarse con medidas supuestamente expansivas. Esto quiere decir que los banqueros a los que se deben sumas incontroladas de dinero exigen a sus deudores que saquen todo el dinero que puedan de donde sea y les paguen aunque se mueran de hambre y el mañana deje matemáticamente de poder existir para países enteros, o que se haga exactamente lo mismo pero los bancos centrales, los que tienen la maquinita de fabricar billetes, le den al botón y repartan unos miles de millones de dólares o euros para crear la ilusión de que circula más dinero y además de trabajar más y peor los ciudadanos compren cosas. Se llama inflación y es el peor error que se puede cometer. La combinación de extrema austeridad e inflación es el método más eficaz para acelerar la ruina de un país. Lo están practicando en los EEUU por razones puramente de urgencia, pero tienen la ventaja de que las cantidades que deben los norteamericanos al resto del mundo san de tal magnitud que por mucho que le den a la maquinita de imprimir billetes no se notarán sus consecuencias desastrosas en unos años. Luego, efectivamente la ruina de las clases trabajadoras y medias y de los comerciantes, profesionales y pequeños empresarios. Pero esto será luego, hoy y mañana por la mañana un poquitillo de alegría comercial.
Cuando la oportunista y muy corta de miras Sra. Merkel se opone a que el propio Banco Central Europeo compre la deuda externa de los países euro, no se equivoca. Es una oposición firme en la que sin duda tiene toda la razón porque es exactamente lo mismo que darle a la maquina de imprimir billetes. Si el Banco que emite, compra lo que deben sus emitidos, o sea les reparte unos cuantos miles de millones de euros y se reduce a apuntar en sus libros oficiales que se lo deben, como esos millones que repartirá en forma de préstamo, como compra de deuda soberana de los países arruinados tiene que sacarlo de alguna parte, lo hará, fabricándolos, lo hará necesariamente con la emisión de billetes equivalentes a esas deudas. Es francamente incongruente, porque eso quiere decir que al final del proceso las deudas las pagarán los diferentes países deudores por debajo de su valor inicial ya que habrá más billetes circulando y la producción de bienes reales sin embargo será igual o menor, con lo que cada vez los billetes valdrán menos, pero los bancos y fondos acreedores no lo notarán, ya que a su vez nominalmente tendrán los mismos euros que tenían apuntados en sus libros que se les debían, sólo que si se sigue emitiendo para pagar las deudas y cada vez hay más euros en el mercado, insistimos, cada vez valdrán menos.
Por eso han planeado que lo mejor es que en vez de prestar esos millones directamente el BCE, lo haga un organismo creado ex profeso cuyos fondos sean aportados por los Estados de los propios países euro, o sea que el Estado alemán y el Estado francés presten a través de ese organismo su dinero a los países que les deben el dinero a bancos alemanes, franceses, y también españoles, para que esos países se lo devuelvan a esos bancos a los que se los deben, parecería resultar igual de incongruente, ya que esos Estados que aportarán el dinero fresco lo tendrán que sacar de algún lado y ese lado se llama BCE o sus propios bancos en forma de créditos al Estado, o sea incrementando la propia deuda soberana de Alemania y Francia, lo que sería transferir la deuda soberana española, italiana, griega o portuguesa a Alemania y Francia. Se comprende que la Sra. Merkel ponga cara de perro a semejante solución y que el Sr. Hollande esté a verlas venir con descomunal preocupación. Insistimos, fórmulas de mala ingeniería financiera que no producen más que ilusiones de prestidigitador y a la larga, inflación, más aún, al ir bajando continuamente la producción de cada país con deuda soberana, incluida Alemania, deflación.  

Por último lo de en qué consiste en realidad esta crisis merece mayor análisis, pero esencialmente la cuestión que casi nadie quiere decir es bastante simple: Todos los acreedores y deudores del mundo, particulares, empresas, bancos, fondos, ayuntamientos, regiones, estados y cualesquiera otras entidades, han firmado en los últimos quince años créditos que pendientes de pago al día de hoy superan con mucho, y probablemente más que duplican, lo que el mundo entero produce al día de hoy. Es todo una ficción de papeles que ponen que fulano pagará en tal fecha a mengano tantos miles, millones, o miles de millones de euros, dólares, yens, o lo que sea, y esas cantidades no existen, y por tanto la verdad es que esas deudas en su totalidad no se pagarán nunca. Es lo que se llama un sistema piramidal de pagos, los últimos se arruinan y los primeros se ponen a tope, y un día la pirámide se hunde por puro desabastecimiento. No existe el dinero que se ha firmado que se pagará, y si se fabrican más billetes valen cada vez menos, porque lo que vale es el dinero equivalente a cosas materiales producibles, acumulables, comprables y vendibles, no una pura manifestación en forma de papel impreso. Un dólar no es un dólar, es lo que puedes comprar con él. Querer confundir pagarés en los que se ha escrito que se pagarán tanto o cuantos millones de dólares o euros con lo que puede comprar cada ciudadano realmente con dólares o euros es una burda falacia en la que hace muchos años que vive el mundo. Eso es todo.
No todo, además, el mundo no puede soportar la explotación de materias primas o de producción agrícola y ganadera creada artificialmente a base de la destrucción del equilibrio generado durante miles de años que hasta la fecha estaba estructurado aceptablemente con la expansión del mayor predador que existe: la raza humana. Ahora si que podemos decir que eso y lo otro, es todo. Pero en estas dos cuestiones entraremos más despacio otro día.

sábado, 15 de septiembre de 2012

EL DE LOS TRISTES DESTINOS

 Así calificó el republicano Galdós a la Isabelona, reina destronada a la que visitó cuando ya era una anciana en su exilio de París. Aquella Isabel II había reinado un tercio de siglo y había conseguido –con notables colaboraciones de politicastros y criminales- dejar destrozado el país para varias generaciones. El escritor habló con ella largamente y acabó concluyendo que era una pobre mujer sin nada interesante en el pensamiento, sin nada valioso en el espíritu, sin nada profundo en el sentimiento, a la que las circunstancias habían llevado a un poder desmesurado y que estúpidamente traía las peores consecuencias, incluso el fusilamiento, de aquellos sufridos ciudadanos que hubieron de soportar su cruel y vacuo reinado. Por eso la definió como la de los tristes destinos, tristes para ella, tristes para su país, tristes para sus gentes, tristes para la historia.
Ahora quizás tengamos que decir de Rajoy que es el de los tristes destinos: Lo mejor que se puede decir de él es eso de nada por aquí, nada por allá, y ¡zas! un gazapo en la chistera.
Nada por ningún lado, nada de proyecto, nada de explicaciones, porque efectivamente no tiene nada que explicar, nada que comentar, porque nada hay que pueda este hombre justificar. Montones de divagaciones extemporales, montones de lugares comunes, actitud de sufrido padre de familia burguesa decimonónica que debe soportar la imposibilidad de que sus jóvenes vástagos comprendan que él, por el hecho de ser su padre, sin duda tiene la razón, sea cual sea la simpleza o la barbaridad que proponga. Y para colmo repetir cansinamente que él sufre mucho imponiendo durísimos castigos a sus ignorantes hijos, pero que sepan que lo hace exclusivamente por su bien.
De vez en cuando sale a Europa y le reciben otros dirigentes, sean cuales sean sus ideas, a los que tras arduas conversaciones no ha explicado nada. Así pasan los días, las semanas, los meses y cada día todo va peor, sus dietas estrictas llevan a un aspecto espectral a sus pobres y amados hijuelos, todo se va degradando mientras él repite que eso es absolutamente necesario para que sus hijuelos crezcan fuertes y sanos, si bien eso sólo ocurrirá el día de mañana, quizás cuando ya estén muertos de hambre y miseria.
Y van llegando con verdadera preocupación todos los dirigentes europeos, uno, dos o hasta tres cada semana, agobiados porque el hundimiento de España sería un golpe de casi imposible superación para toda Europa, y el gran padrazo les recibe, les escucha, les presenta a los periodistas locales y foráneos, y cuando llegan a sus países comprenden que han perdido inútilmente un día de sus vidas políticas, y que se vuelven no ya igual, si no mucho más desorientados y confusos que cuando llegaron.
Y todos le dicen lo mismo: ¡Pida ya el rescate urgentísimamente! ¡No ve que cada día que pasa sin pedirlo sus deudas aumentan en millones de euros sólo por no haberlo pedido todavía! ¡No puede usted darse el lujo de supeditar su futuro, el de su país, y quizás el de Europa, a la suerte de su pequeño partido en las elecciones locales de una pequeña comunidad autónoma local llamada Galicia!
Y mientras, sus avezados defensores han de salir a la palestra cada día para decir que lo único que pasa es que no se trata de un rescate, sino de un sencillo rescatillo sin importancia de ni se sabe cuanto dinero, ni para cuando, ni en qué condiciones, ni quien lo daría, ni nada de nada, y que por tanto el sensato pater familiæ está obligado a ser muy prudente, incluso hiperprudente y esperar a que llueva un día para arriba o las ranas críen pelo para tomar esas determinaciones que en nada pueden afectar a la vida diaria del un país feliz.
Y ya en el límite al que hemos llegado, el mayordomo de palacio, listillo como él sólo, habla y negocia con sus colegas de la banca internacional, con presidentes y ministros, y con altos dirigentes económicos mundiales, y misteriosamente le llega a la prensa que en Bruselas han decidido que entre las condiciones para darle los préstamos descomunales y arriesgadísimos de nada menos que casi medio billón de euros al sufrido y humilde pater familiæ español, está inexorablemente el que se retire a meditar bajo una higuera y nombre urgentemente un vicepresidente con amplios poderes decisorios con el que se pueda efectivamente negociar. ¡Guindos for (real) president! O lo que es lo mismo, en vez de nombrar un banquero desde Bruselas, Frankfurt y Washington para presidente del consejo de ministros español, como han hecho en Italia y Grecia, lo nombran sin quitar, al menos nominalmente, al simplicísimus local, tanto monta, monta tanto. Se ve que tanta divagación y un anodino presidente difuso, confuso, afuso y que ni sabe lo que puso, piensan que para una país profundamente corrompido y adormilado, es una astuta alternativa para retrasar la bomba de relogería en la que lenta pero inexorablemente se está convirtiendo la sociedad española.  

viernes, 14 de septiembre de 2012

EL AUTOR AL LECTOR

El autor de estos artículos desea pedir disculpas a sus lectores por el vacío de estos pasados días.
Compromisos de tipo personal y profesional me han obligado a suspender la publicación de notas nuevas durante ese periodo.
Vuelvo a la palestra y espero que si algún interés han tenido alguna de mis notas, puedan seguir siendo de cierta utilidad para los lectores.
Disculpen, y gracias por atender esta lectura.

LA DIADA Y EL DESAFÍO DEMOCRÁTICO

Es más que curioso escuchar las variadísimas opiniones sobre la manifestación de BCN en la reciente Diada. Las que generalmente pueden oírse en Cataluña, salvando algunas pocas voces españolistas, vienen a resumirse en la afirmación de que millones de catalanes están hartos de los poderes que desde España les llevan de mal en peor. Y lo peor no es el poder político cuyo vacío está tan perfectamente representado en el propio presidente del gobierno, si no en el lamentable poder judicial, y especialmente en el estrictamente político Tribunal Constitucional, que ni es Tribunal, ni es Constitucional, si no una selectísima reunión no electa por la ciudadanía de personajes y personajillos políticos de los partidos dominantes en España, a veces con una simple licenciatura en alguna Facultad de Derecho.
Pero lo más interesante es escuchar las variopintas opiniones de quienes ven la cuestión catalana desde fuera, e incluso desde la confrontación. Es gracioso que todos ellos tienen opiniones muy elaboradas, pero escaso o ningún interés por conocer y comprender la cuestión y los puntos de vista y sentimientos de los ciudadanos de Cataluña. Se parte desde el prejuicio, no desde el análisis, y obviamente la respuesta a un prejuicio sin análisis está dada de antemano y no resulta fácilmente rectificable.
Así que vamos a la confrontación por pura estulticia de demasiados profesionales del españolismo, unos por puro convencimiento anticatalán y otros por el barato oportunismo de la caza del voto fácil de la enorme masa de españoles que desconocen el mundo catalán y además desean perseverar en su actitud. Son aquellos de los que D. Antonio Machado decía lo de “Castilla miserable, ayer dominadora, / envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora”, son aquellos que ni saben ni les interesa llegar a saber lo que decía Joan Maragall cuando escribió, en condiciones tan dramáticas como las actuales, el amargo poema Adeu Espanya.
Y hay un resultado transversal de la manifestación de la Diada que no hay que olvidar: las elecciones del próximo mes en Euskadi. Sin duda el éxito de los independentistas catalanes animará aún más a los electores vascos a inclinarse en el mismo sentido. Esto quiere decir, suponiendo como todos suponemos que el actual gobierno vasco es inmantenible, que las elecciones vascas llevarán a una mayoría claramente nacionalista, y probablemente independentista al poder en Euskadi. Independentista quiere decir que dentro de los partidos de la derecha nacionalista de Euskadi y Cataluña, las posiciones más independentistas tomarían un lugar dominante sobre las posiciones más pactistas.
Y esto representa un nuevo retroceso del PP en Euskadi y sobre todo en Cataluña, y un desafío al PSOE en sus vertientes catalana y vasca, ya de por si integradas ligera o muy ligeramente en el propio PSOE.
Y en este desafío tenemos los ciudadanos que poner a prueba a ese Partido Socialista que tiene la costumbre de moverse como una anguila en este tema, y de camino, en varios más.
En el PSOE piensan muchos en mentalidad españolista, e incluso muchos de ellos en actitud anticatalanista oscuramente inconfesable, como inconfesable resulta la pasión por el neoliberalismo más crudo que defienden sus dirigentes en los hechos y procuran disimular en el discurso. Otros muchos socialistas piensan sin embargo en actitudes más equilibradas y federalistas, y al final tanto unos como otros tienen que definirse no sobre el independentismo catalán, sino sobre el Artículo 8 de la Constitución, que es la verdadera clave del tema.
El artículo 8 afirma taxativamente que el Ejército es el garante de la unidad nacional de España. Es manifiesto que esto es una de las varias inclusiones antidemocráticas de nuestra birriosa y mediocre Constitución. ¿Está el Ejército español constitucionalmente por encima de la soberanía ciudadana? Sin duda. ¿Es aceptable democráticamente que por encima de la soberanía ciudadana haya poderes fácticos armados? ¿Hay en España demócratas de cualquier tendencia o partido que puedan compartir posiciones tan manifiestamente antidemocráticas?
Y lo principal: Si era tan fácil cambiar la Constitución, como se vio hace unos pocos meses, sin consultar a la ciudadanía si no por un simple acuerdo parlamentario, ¿No se hará urgente proponer por el PSOE a las Cortes la supresión de ese párrafo concreto del artículo 8 de la Constitución. Si lo plantean otros partidos ¿El PSOE aplaudirá con entusiasmo tal toma de posición transparentemente democrática? ¿Se pondrán de perfil para evitar dar la cara ante algo tan impresentable como ese párrafo de la Constitución? Y al no parecer posible llegar a un acuerdo con un partido tan dudosamente democrático en la cuestión nacional como es el PP, ¿Propondrían un referéndum?
En los días previos a la Diada hemos podido ver y oír a un generalote de uniforme prácticamente ciscarse públicamente en la ciudadanía catalana, con grandes elogios a la Dictadura franquista, El Ministro de Defensa ha resuelto el tema en el Parlamento limitándose a decir la simpleza de que este tipo está ya en la reserva y que por tanto no se le puede aplicar el llamado Código de Justicia Militar. O sea que el Ministro está de acuerdo con él, al menos en lo esencial, dado que ni siquiera se la ha ocurrido hacer una declaración institucional condenando tan desafiantes posiciones antidemocráticas y anticatalanas, dichas por un individuo que portaba el uniforme de quienes según la Constitución deberían intervenir por la fuerza en Cataluña si desde esa Comunidad se intentase proclamar la independencia, incluso actuando en contra de las decisiones que tomara el gobierno del Estado.  
Y también parece estar de acuerdo con este reservista armado, como lo afirma públicamente, la ínclita Aguirre, y desde luego parecen estarlo los ministros de Interior y Justicia y la Fiscalía del Estado, ya que no han tomado ninguna decisión ante un hecho sobre el que no se puede dudar de que existen indicios razonables de actitud delictiva, al menos debería aplicársele la legislación antiterrorista que prohíbe la exaltación pública del terrorismo, y sin duda posible para terrorismo el de la Dictadura, sus cárceles, sus crímenes, sus asesinatos, desapariciones, secuestros de niños, etc. ¿Alguien va a presentar una denuncia ante los Tribunales de Justicia, en Cataluña, contra este propagandista del terrorismo franquista?