jueves, 27 de septiembre de 2012

LA IMAGEN QUE SE VE, LA QUE SE QUIERE VER, Y LA QUE NO SE PUEDE VER

La imagen muestra y oculta a la vez. Enseña, demuestra, transforma, revela, y también esconde, disimula, pero no engaña.
La primera imagen es la de las extraordinarias fotografías de Samuel Aranda para el NY Times. Veinte imágenes que no pueden dejar indiferente a nadie. Tristeza, dolor, cansancio,  hambre, abandono, rebeldía, ira, protesta, ordenada y cívica, pero determinada, segura, decidida.  Han dado la vuelta al mundo. El reportaje decía que esa era la imagen de la España de hoy.
Cierto que esas mismas fotos podían haber sido tomadas en casi cualquier país del mundo, que serían habituales en los Estados Unidos, que no faltan en Alemania, o en Mozambique, pero en ese periódico se han dado como la imagen de España y todo el que las ve sabe que son ciertas, ciertísimas, que esa es imagen de España hoy.
Samuel Aranda, catalán internacional, premio Wordpress del pasado año, freelance que publica imágenes en la más importante prensa del mundo, realizó este reportaje recientemente y quien quiera verlo completo, lo tiene sin más que pedirlo en internet por el NY Times o por su propio nombre.
La segunda imagen es la de la carga policial del 25S en el Congreso de los Diputados. Sangre, violencia, y otra vez manifestantes resueltos, determinados, vencidos pero decididos a seguir, enfrentados a monstruos oscuros, cuyo rostro se oculta, cuya imagen recuerda a las enigmáticas tropas oscuras de aquella guerra de las galaxias.
Pero la imagen se quiebra, al menos dos vídeos muestran que entre los manifestantes que actúan en primera fila y se enfrentan violentamente a la policía para provocar la carga, hay unos cuantos maderos infiltrados, cubiertos de pasamontañas, armados de palos. Son de ellos. Demasiado cutre ha quedado el montaje. La imagen ahora revela, es imagen de ida y vuelta.
Pero la imagen, doble, y explosiva, ha dado también la vuelta al mundo, es nuevamente la nueva imagen de la España de hoy. Así nos ven porque así nos vemos, guste a unos más y a otros menos.
La tercera imagen es la del presidente de gobierno paseando en NY frente a Radio City con un buen veguero echando buen humo, tranquilo, anodino. Esa es también la imagen de España que todos reconocen: nadie dirige la vida del país, un vago individuo que pasea indiferente por el centro de NY fumándose un puro, ajeno a la realidad, a la vida. Esa es también la imagen de España hoy.
Y una cuarta imagen más antigua: aquella en que los presidentes de la patronal y de la mediana y pequeña empresa aparecen juntos riéndose a carcajadas el día que se anuncia la brutal reforma laboral que al poco de llegar al poder decretó el gobierno de ese anodino fumador de habanos.
Y la imagen del pobre toro Ratón al que su amo lleva por los pueblos valencianos y que se ha hecho famoso por haber matado ya a varios valientes locales que enloquecen medio borrachos lanzándose a la calle para que o les mate o les vean otros no tan valientes con estúpida admiración.
Y por qué no hablar de la penosa imagen de un señor que gasta varios cientos de miles de euros del erario público para fotografiarse entre un elefante al que ha asesinado, una amante millonaria y un traficante de armas y de comisiones.
Recapitulemos: La familia de Carlos IV, Los fusilamientos del 3 de mayo, Los disparates, las tauromaquias, Los desastres de la guerra, El miedo, El aquelarre. Naturalmente que nuestros lectores saben bien de lo que estamos hablando: de la España eterna.

Y las imágenes no explícitas: ¿Desde Bruselas o Alemania se nos ve como un desastre seudofederal en el que todas las administraciones se triplican gracias a haber creado 17 miniestados que se llenan de inútiles funcionarios a los que no habrá más remedio que despedir? No, nadie más que nuestros gobernantes nos ven así. En realidad todos ven lo mismo salvo ellos y sus interesados seguidores del partido ultraespañol llamado “Jefe, ¿Qué hay de lo mío?”. No hay 17 seudominiestados, hay 17 cuevas de Alí Baba donde se refugian, ríen y acumulan sus robos y desfalcos, miles de políticos, jueces, banqueros y empresarios corruptos. El problema no está en la estructura sino en la corrupción de quienes la manejan a su antojo sin posible control de la ciudadanía. De lo que está harta la ciudadanía no es de su autonomía, sino de sus corruptos autonómicos. Curiosamente, salvo en Euskadi, donde la corrupción es mínima y similar a la de cualquier país civilizado del norte de Europa, y Cataluña donde están ya más que hartos de los diferentes gobiernos centrales, de la insidia de los partidos estatales, de las decisiones políticas de los tribunales estatales, de que les insulten desde media España, de que les ridiculicen desde esa misma media España y de que les sigan diciendo demasiados exaltados eso de “Hable español, ¡imbécil!”.
Y además quedan las imágenes ocultas, las que nadie ha podido ver. Un verano de sequía produce cientos de miles de hectáreas incendiadas. ¿Lo produce el verano? Cientos de profesionales afirman que la inmensa mayoría eran provocados. Nadie duda que lo son. ¿Está el país lleno de locos incendiarios? ¿O hay alguien interesado en crear el caos? ¿No suena un poco raro tanto incendio provocado en medio de esta crisis? ¿Quiénes están detrás de tantas cosas de tal manera que no salen en las fotos?
Recomendamos a nuestros lectores aprovechar su ordenador para entrar en páginas de la ultraderecha. Hay cientos de ellas, algunas violentísimas, muchas de pasma, maderos, picoletos, gorilas, guindillas y seguratas, unas cuantas proponiendo entrenamiento militar o seudomarcial, muchas con insultos claramente dolosos hacia personas y entidades públicas y privadas. Quizás uno de los numerosos errores de la izquierda es el de limitarse a mirar en internet sólo páginas de izquierda.












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