La discusión se produce al menos a tres niveles: uno primero que pretende aclarar en qué consiste esta crisis, uno segundo acerca de cómo se puede superar, y uno tercero sobre los plazos que esta posible superación requiere.
Empezando por el final, por lo de los plazos, parece mentira que llevemos ya nada menos que cinco años de crisis, el empeoramiento de la situación económica general es constante, la situación social es cada día más traumática, los servicios públicos se hunden lenta pero irremisiblemente, y ninguna de las fórmulas que los poderes aplican funciona para paliar siquiera mínimamente la situación, y sin embargo se siga aceptando discutir sobre si se saldrá el primer trimestre del segundo semestre del año que viene, o en el segundo semestre del año que comienza. Si a lo largo de cinco años te repiten cada día que ya mismo se va a salir y la pura experiencia indica a cada plazo dado por los poderes públicos y privados justo lo contrario, parece francamente estúpido aceptar seguir oyendo esa cansina cantinela. Es evidente que lo dicen a ojo y que no tienen más intención que ganar tiempo para seguir haciendo sus negocios con nuestro dinero, es decir con nuestro trabajo, nuestras pensiones, nuestra sanidad, nuestros servicios sociales, nuestros transportes públicos, etc.
El plazo no importa mucho, serán años, muchos o muchísimos, pero años, serán cada vez más duros, y por ahora se corresponden con una crisis local circunscrita a ciertos países de alto nivel medio de vida como son los de la Europa del sur, los EEUU o el Reino Unido. Aparte, la crisis japonesa resulta ya endémica, pero no sobrepasa límites sociales intolerables. Todos los indicadores económicos manifiestan sin género de dudas que con las medidas que se están ejecutando y las estructuras económicas dominantes la crisis se irá extendiendo de forma mecánicamente inevitable sobre los países aún estables de Europa, y a la vez la crisis se reproduce con mecanismos muy parecidos sobre los llamados países emergentes, sobre todo la económicamente caótica China. Y todo eso sin contar con los grandes espacios geopolíticos en los que nunca ha dejado de haber una situación extremadamente crítica, como el África subsahariana, el mundo árabe, la América central y gran parte de la América del sur.
Cuando la crisis se vaya extendiendo y los movimientos migratorios masivos de poblaciones afectadas resulten incontrolables, cuando la emergencia del nacionalismo y la extrema derecha sean políticamente dominantes, entonces comprobaremos el absurdo que resultaba que pocos años antes se estuviera hablando de si se iba a salir de la crisis en tantos meses o tantos otros.
Acerca de cómo superar la crisis se escucha todo tipo de simplezas, pero sobre todo se discute si deben aplicarse medidas restrictivas del gasto o combinarse con medidas supuestamente expansivas. Esto quiere decir que los banqueros a los que se deben sumas incontroladas de dinero exigen a sus deudores que saquen todo el dinero que puedan de donde sea y les paguen aunque se mueran de hambre y el mañana deje matemáticamente de poder existir para países enteros, o que se haga exactamente lo mismo pero los bancos centrales, los que tienen la maquinita de fabricar billetes, le den al botón y repartan unos miles de millones de dólares o euros para crear la ilusión de que circula más dinero y además de trabajar más y peor los ciudadanos compren cosas. Se llama inflación y es el peor error que se puede cometer. La combinación de extrema austeridad e inflación es el método más eficaz para acelerar la ruina de un país. Lo están practicando en los EEUU por razones puramente de urgencia, pero tienen la ventaja de que las cantidades que deben los norteamericanos al resto del mundo san de tal magnitud que por mucho que le den a la maquinita de imprimir billetes no se notarán sus consecuencias desastrosas en unos años. Luego, efectivamente la ruina de las clases trabajadoras y medias y de los comerciantes, profesionales y pequeños empresarios. Pero esto será luego, hoy y mañana por la mañana un poquitillo de alegría comercial.
Cuando la oportunista y muy corta de miras Sra. Merkel se opone a que el propio Banco Central Europeo compre la deuda externa de los países euro, no se equivoca. Es una oposición firme en la que sin duda tiene toda la razón porque es exactamente lo mismo que darle a la maquina de imprimir billetes. Si el Banco que emite, compra lo que deben sus emitidos, o sea les reparte unos cuantos miles de millones de euros y se reduce a apuntar en sus libros oficiales que se lo deben, como esos millones que repartirá en forma de préstamo, como compra de deuda soberana de los países arruinados tiene que sacarlo de alguna parte, lo hará, fabricándolos, lo hará necesariamente con la emisión de billetes equivalentes a esas deudas. Es francamente incongruente, porque eso quiere decir que al final del proceso las deudas las pagarán los diferentes países deudores por debajo de su valor inicial ya que habrá más billetes circulando y la producción de bienes reales sin embargo será igual o menor, con lo que cada vez los billetes valdrán menos, pero los bancos y fondos acreedores no lo notarán, ya que a su vez nominalmente tendrán los mismos euros que tenían apuntados en sus libros que se les debían, sólo que si se sigue emitiendo para pagar las deudas y cada vez hay más euros en el mercado, insistimos, cada vez valdrán menos.
Por eso han planeado que lo mejor es que en vez de prestar esos millones directamente el BCE, lo haga un organismo creado ex profeso cuyos fondos sean aportados por los Estados de los propios países euro, o sea que el Estado alemán y el Estado francés presten a través de ese organismo su dinero a los países que les deben el dinero a bancos alemanes, franceses, y también españoles, para que esos países se lo devuelvan a esos bancos a los que se los deben, parecería resultar igual de incongruente, ya que esos Estados que aportarán el dinero fresco lo tendrán que sacar de algún lado y ese lado se llama BCE o sus propios bancos en forma de créditos al Estado, o sea incrementando la propia deuda soberana de Alemania y Francia, lo que sería transferir la deuda soberana española, italiana, griega o portuguesa a Alemania y Francia. Se comprende que la Sra. Merkel ponga cara de perro a semejante solución y que el Sr. Hollande esté a verlas venir con descomunal preocupación. Insistimos, fórmulas de mala ingeniería financiera que no producen más que ilusiones de prestidigitador y a la larga, inflación, más aún, al ir bajando continuamente la producción de cada país con deuda soberana, incluida Alemania, deflación.
Por último lo de en qué consiste en realidad esta crisis merece mayor análisis, pero esencialmente la cuestión que casi nadie quiere decir es bastante simple: Todos los acreedores y deudores del mundo, particulares, empresas, bancos, fondos, ayuntamientos, regiones, estados y cualesquiera otras entidades, han firmado en los últimos quince años créditos que pendientes de pago al día de hoy superan con mucho, y probablemente más que duplican, lo que el mundo entero produce al día de hoy. Es todo una ficción de papeles que ponen que fulano pagará en tal fecha a mengano tantos miles, millones, o miles de millones de euros, dólares, yens, o lo que sea, y esas cantidades no existen, y por tanto la verdad es que esas deudas en su totalidad no se pagarán nunca. Es lo que se llama un sistema piramidal de pagos, los últimos se arruinan y los primeros se ponen a tope, y un día la pirámide se hunde por puro desabastecimiento. No existe el dinero que se ha firmado que se pagará, y si se fabrican más billetes valen cada vez menos, porque lo que vale es el dinero equivalente a cosas materiales producibles, acumulables, comprables y vendibles, no una pura manifestación en forma de papel impreso. Un dólar no es un dólar, es lo que puedes comprar con él. Querer confundir pagarés en los que se ha escrito que se pagarán tanto o cuantos millones de dólares o euros con lo que puede comprar cada ciudadano realmente con dólares o euros es una burda falacia en la que hace muchos años que vive el mundo. Eso es todo.
No todo, además, el mundo no puede soportar la explotación de materias primas o de producción agrícola y ganadera creada artificialmente a base de la destrucción del equilibrio generado durante miles de años que hasta la fecha estaba estructurado aceptablemente con la expansión del mayor predador que existe: la raza humana. Ahora si que podemos decir que eso y lo otro, es todo. Pero en estas dos cuestiones entraremos más despacio otro día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario